viernes, 27 de marzo de 2009

Renovación o defunción





Ramón Calderón no se resiste a dar por perdida la presidencia del Real Madrid. Y los diarios deportivos madrileños echan chispas ante la bomba informativa que explotó en las últimas horas. El ex presidente blanco dice que se presentará a las elecciones. Parece una maniobra desesperada por arrojar sombras sobre la inminente reaparición de Florentino Pérez, el hombre que hizo soñar al madridismo y terminó devorado por los egos de una plantilla que él alimentó con anterioridad. Según la información que difunde el diario As, Calderón asume que no va a ganar pero advierte que "la voy a liar"; también recoge el rotativo deportivo de PRISA que "Bernabéu me dice que nos apoyan los 18.000 socios que hemos hecho". En la batalla blanca, igual que en el amor, todo vale. Hasta invocar apellidos que evocan la época más gloriosa del club madridista. Un tiempo en el que los equipos temían los combates contra el Real Madrid porque el desenlace siempre solía ser el mismo: victoria blanca. Ese anhelo por esa pujanza internacional, el deseo de revivir en color esa etapa brillante, marca los deseos de los aspirantes a dirigir a la entidad en el futuro. El problema es que el tiempo ha empañado el esplendor de antaño y los rivales ya no tiemblan ante la camiseta blanca.

Algo debe tener el contacto directo con el cargo de máximo responsable madridista. Quienes han pasado por ese trance han terminado absorbidos, atolondrados y desorientados. Debe resultar muy divertido sentirse el Mr Marshall de Berlanga cuando tienes un imperio deportivo a tus pies, pero también supondrá un trauma permanente el recuerdo de los hechos no consumados, las traiciones no evitadas y los resultados inesperados. La caída es dura, sí. Y eso es lo que les ha pasado a los hombres que intentaron levitar en el sillón presidencial durante los últimos 4 años. En este tiempo se han sentado 5 presidentes en el palco del Bernabéu: Florentino Pérez, Fernando Martín, Luis Gómez Montejano, Ramón Calderón y Vicente Boluda. A la espera de lo que ocurra con Boluda, que se enfrentará este domingo a la asamblea más caliente de los últimos años, ninguno de los cuatro se fue por la puerta grande. Ésto ha causado una incertidumbre tremenda en el club, que navega en un mar de dudas.

Muchos sueñan con el retorno de Florentino. Con la vuelta de los proyectos galácticos. De los grandes fichajes. Un amplio sector de la afición madridista se conforma con las llegadas de dos cracks del fútbol mundial, Kaká y Cristiano Ronaldo, para transformar la dinámica decadente del Madrid en un equipo aspirante a todos los títulos, que siembra el temor entre sus rivales y recauda millones de euros en concepto de márketing. Si a ese anhelo se le suman las incorporaciones de figuras del fútbol español como Xabi Alonso, Villa o Césc Fábregas, se llega a la exaltación total y la guinda necesaria para un equipo temible. Otros dudan de la capacidad de transformación real de la entidad que conseguiría otro vestuario lleno de egos, con jugadores que se sienten los mejores en su puesto al ser buenos y guapos. No daré nombres porque no está bien señalar con el dedo pero soy escéptico en cuanto a la regeneración de esta entidad. Con los fichajes de los hombres anteriormente citados y de un prestigioso entrenador, más la llegada de un nuevo director deportivo, se conseguiría lavar la cara del equipo; pero no creo que se pueda detener la inercia. Y la inercia no es buena.

Cuando Florentino llega a la presidencia del Real Madrid en 2000, con el fichaje de Luis Figo bajo el brazo, el equipo acababa de ganar la octava Copa de Europa en París y tenía un buen bloque de jugadores, liderado por Vicente del Bosque en la parcela técnica. Allí estaban Casillas, Roberto Carlos, Hierro, Raúl y Morientes, entre otros. La columna vertebral del equipo ya estaba construida y se le había añadido un gran apoyo con Figo, que venía de ser el estandarte del Barça. El único revés fue la baja de Fernando Redondo, que se marchó al Milan. La gestión del recambio para el inolvidable cerebro madridista fue un botón de muestra de los fallos que estaban por venir. La contratación de Claude Makelele, uno de los mejores medios defensivos de los últimos años, vino acompañada de la llegada de Flavio Conceiçao, por el que se invirtieron 4.100 kilos de la época. Jorge Valdano, el hombre fuerte de Pérez para la gestión deportiva, no se lució en esta operación. Aunque Makelele se consolidó en el centro del campo, Del Bosque tuvo que hacer infinitas pruebas en la medular para conseguir un doble pivote de garantías. Un carrusel de rotaciones que terminó con los huesos del bien pagado Flavio en el banquillo. Al verano siguiente y con el equipo madridista como flamante campeón de Liga, Conceiçao abandonó el club. Makelele mantuvo la titularidad durante unas temporadas más, pero también se vio obligado a emigrar agobiado por la locura que marcó los últimos instantes del Florentinato. Se pasó de apostar descaradamente por Valdano y Del Bosque a terminar en las manos de Benito Floro y López Caro.

El escepticismo de muchos madridistas aumenta cuando se recuerda el rendimiento de su equipo en los partidos decisivos de las últimas ediciones de la Copa de Europa. Durante el mandato de Florentino Pérez (2000-06) sólo se pasó el umbral de las semifinales en una ocasión (2002 con posterior victoria en la competición). El resto de temporadas, el Madrid quedó eliminado en cuanto se midió a un rival de gran envergadura. En 2001, el verdugo fue el Bayern Munich en semifinales; en 2003, la Juventus apeó a los madridistas también en semifinales; el Mónaco de Giuly y Morientes se cruzó en el camino en cuartos de final en el año 2004; la Juventus volvió a ser el verdugo en octavos de final en 2005. Con Fernando Martín de presidente, el Arsenal de Henry, Reyes y Césc truncó las esperanzas en los octavos de final de 2006, año en que el Barcelona ganó su segunda Copa de Europa. Ramón Calderón tampoco puede presumir de su andadura europea porque, durante su gobierno, el Madrid cayó contra el Bayern Munich y la Roma en octavos de final en 2007 y 2008, respectivamente. Vicente Boluda es la última víctima de la deprimente travesía europea merengue. Sus jugadores no fueron capaces de eliminar al Liverpool en octavos de final y sufrieron una vergonzosa derrota en Anfield Road (4-0), a pesar de las palabras de Boluda en los días previos a la eliminatoria profetizando "un chorreo".

Expuesta la situación, es comprensible la incertidumbre de un amplio sector de la afición. La institución madridista precisa un cambio, no un añadido. No se trata sólo de comprar sino de sustituir, vender, renovar, modificar filosofías y suprimir proyectos caducados. Por doloroso que pueda parecer en un principio, sería necesario prescindir de nombres históricos del club, cuyo rendimiento ha sido francamente irregular durante las últimas campañas. Sin traumas ni dramas. Simplemente recordar las mejores carreras deportivas y agradecer los servicios prestados. En definitiva, borrón y cuenta nueva. Me ahorro la referencia a reconocimientos porque ya han sido suficientemente premiados en el campo y en los contratos. Ya no queda ninguna deuda pendiente, está claro. Y no hace falta jubilar a nadie. Simplemente se trata de buscar nuevas referencias para abrir otra etapa. De lo contrario, a pesar de todos sus tropiezos, el Barcelona seguirá marcando la diferencia.

martes, 10 de marzo de 2009

El hermoso ejemplo de una gran afición



Son ellos. Los reds. Los inquilinos del emblemático campo de Anfield Road. La afición del Liverpool, el club de Los Beatles. Una afición única. Extraordinaria. Sobran los calificativos para valorar a unos seguidores que, antes de cada partido, protagonizan la más hermosa liturgia que se vive actualmente en un campo de fútbol. Desde la mítica grada conocida como "The kop" hasta cualquier rincón del estadio se corea el espectacular "You´ll never walk alone", el mayor canto al fútbol que se ha hecho nunca y que pone los pelos de punta a cualquiera. Ni los inigualables "barras bravas" argentinos o los temibles aficionados griegos pueden igualar en sus feudos, el ambiente que se alcanza cuando Anfield comienza a corear al unísono este himno.

Hoy, a eso de las 20.45 horas, los jugadores del Real Madrid escucharán desde cerca ese sonido inmortal. Un sonido que introduce mejor que ninguno toda la magia de un partido clave de una competición única como la Copa de Europa. Casillas, Pepe, Ramos, Lass, Raúl e Higuaín tienen la difícil misión de silenciar con sus goles a unos hinchas que no se cansan de vitorear a su Liverpool del alma. ¿Podrán? Los hombres de Benítez, con la armada española a la cabeza, tienen la misión de reentabilizar el 0-1 del partido de ida en el Santiago Bernabéu y mantener viva la ilusión de una afición que sueña con vencer en la más importante competición de clubes del mundo. Sobre el césped, ganará el mejor y se dirimirán todas las diferencias futbolísticas. De entrada, pase lo que pase, hay un indiscutible vencedor: el fútbol.