El Celtic saca petróleo de su solidez defensiva y su veloz contraataque
Wanyama y Watts marcaron para los escoceses y Messi recortó distancias en el 90'
Los de Vilanova siguen líderes de su grupo y se jugarán el pase a octavos contra el Spartak
Tenía el Barcelona la ocasión de sacar el billete para clasificarse en clase VIP a los octavos de final, pero perdió el tren de Glasgow. Los de Vilanova se durmieron en el andén de la estación escocesa y perdieron la oportunidad de clasificarse como primeros de grupo para la siguiente ronda de la Liga de Campeones. Messi no pudo erigirse en una suerte moderna de Bruce Reynolds y fue incapaz de llevar a cabo el asalto. Operación fracasada. Esta vez, el ingenio y la eficiencia del futbolista argentino no fueron suficientes para ejecutar a la perfección la embestida. Si el pequeño Thiago no trajo un gol debajo del brazo, a la segunda intentona fue la vencida y Papá Messi se pudo llevar el dedo pulgar a la boca para dedicarle su primer gol paternal. "A buenas horas", pensará el retoño, no sin razón.
La operación tuvo un comienzo prometedor para los intereses blaugranas. El contingente se desplegó con puntualidad británica, conscientes de que la formalidad puntúa el doble en la vieja Copa de Europa. Tocaba y tocaba el Barça a la espera de encontrar la oportunidad de lanzar la ofensiva definitiva. Xavi e Iniesta ejercían de Tom Wisbey y Robert Welch. Centralizaban la conducción del balón para hipnotizar a los contrarios. El procedimiento habitual para maniatar a los rivales. Messi culminó una aproximación con un disparo que se marchó alto. Los escoceses esperaban su oportunidad a la contra.
En su primera aproximación a la meta de Valdés forzaron un córner. Malas noticias para el barcelonismo. Sufre el Barça en las acciones a balón parado. La incertidumbre era máxima porque Tito partió con Mascherano y Bartra en el centro de la zaga, con Song de pivote defensivo. Piqué, estandarte del juego aéreo, en el banquillo. La enfervorizada grada de Celtic Park celebró con júbilo el saque de esquina. Y sus jugadores no defraudaron las expectativas. Wanyama se elevó imperial en el segundo palo, evidenciando el miedo a las alturas de Jordi Alba, y remató de cabeza a la red. Alba (1.70 metros) contra Wanyama (1.88 metros): gigantes y cabezuso. O el espectáculo del bombero torero a la escocesa. Desconcierto en Can Barça.
Con Messi moviéndose por todo el frente del ataque, Alexis se constituyó en la principal referencia ofensiva del Barcelona. El objetivo era distraer a los centrales del Celtic, dos férreos agentes de seguridad. Y tuvo que ser el argentino el autor de la mejor ocasión para el conjunto blaugrana con un remate que se marchó fuera después de acariciar el larguero. Iniesta inició una jugada de tiralíneas que culminó el zurdazo envenenado de Messi. A punto estuvieron de meter mano al botín que se escondía en el vagón del convoy escocés. La intentona no tuvo éxito. Tenían desviado el punto de mira. Alexis cabeceó al palo tras un centro de Alves. Entre las maderas y Foster no encontraban los blaugranas la llave para abrir el convoy del dinero. La posesión era culé, pero el marcador sonreía a los escoceses. Eficacia absoluta. La fortuna no siempre sonríe a los ladrones.
El capitán Neil Lennon había desplegado un férreo dispositivo de seguridad. No quería sorpresas. El arranque del segundo tiempo siguió un guión parecido al de la primera parte. El Barça acechaba la portería del Celtic. Alexis buscaba el gol desesperadamente, pero se le disipaban las ideas en los últimos metros y no lograba definir con acierto. Tiene un problema Vilanova con el chileno. Parece una temeridad dejar a Villa en el banquillo para dar minutos en su lugar a un futbolista demasiado impetuoso. Es cuestión de lógica: la anarquía chilena contra la precisión asturiana. Cuestión de gustos.
Vilanova volvió a recurrir al Guaje en el minuto 65, con 25 minutos por delante más el descuento para desequilibrar el encuentro. Pero volvió a ser Messi el que tuvo la mejor ocasión ante la meta de Forster, aunque nuevamente el cancerbero hizo una estirada felina para abortar la oportunidad. Tito agitó el carrusel de cambios y dio entrada a Piqué y Cesc al rectángulo de juego. Pero la imprecisión era manifiesta. Y como reza el tópico, cuando se perdona, se paga. No se roba. Y en una contra fulgurante, aprovechando un saque rápido de Forster, Xavi no acertó a tocar en el centro del campo, le llegó el cuero a Watt que definió a la perfección con un remate cruzado ante el que nada pudo hacer Valdés. En el último minuto marcó Messi aprovechando un rechace de Forster tras una magistral jugada de tiralíneas del conjunto blaugrana.
Perdió el Barcelona. No jugó mal, pero los de Vilanova sufrieron su segunda derrota en 17 partidos tras la del 29 de agosto en la Supercopa de España contra el Real Madrid. Llevaban 6 años sin perder fuera de casa en la fase de grupos de la Champions League. Hasta que fracasó el asalto al tren de Glasgow. Una pelicula que tiene como banda sonora el "You´ll never walk alone" no puede terminar mal para los que la cantan espontáneamente. Porque cantar bien también tiene premio.
jueves, 8 de noviembre de 2012
lunes, 5 de noviembre de 2012
Vilanova alumbra un nuevo récord
El Barcelona completa el mejor arranque liguero de su historia
Trabajada victoria blaugrana frente a un extraordinario Celta
Marcaron Adriano, Villa y Alba, en fuera de juego. Bermejo, para los vigueses
Tres goles y un biberón. Un día después de que Thiago Messi apareciera por este mundo, el Barcelona de Tito Vilanova dio a luz un nuevo récord. Firma el mejor arranque liguero de un entrenador en la historia del club blaugrana, con nueve triunfos y un empate en 10 jornadas. El empate a 2 que firmaron contra el Real Madrid en el Camp Nou es un pequeño islote en mitad del océano triunfal por el que navega imparable la nave del capitán Vilanova: 28 puntos de 30 posibles. Louis Van Gaal, que ostentaba la mejor plusmarca desde la temporada 1997-98, contempla desde la popa la envidiable singladura que lleva el transatlántico. Cruyff y Guardiola divisan con catalejo el rumbo victorioso, admirando la mano firme con la que Tito lo conduce. El marinero ejerce magistralmente de capitán. Lo reconocen los veteranos.
Como no todo van a ser flores en el bosque, Messi no marcó. E incluso terminó el partido con molestias en su rodilla derecha. El argentino quería marcar a toda costa para dedicarle el gol a su hijo, pero se quedó con las ganas. Se obcecó más de la cuenta y su excesivo afán de protagonismo quedó retratado en la jugada que no concretó porque quiso ser el niño en el bautizo. Y ni había bautizo, ni banquete. Pudo haberlo, pero Papá Messi se recreó ante Javi Varas y perdió la oportunidad de brindarle el primer tanto a su vástago. No le faltarán oportunidades. Quizás cuando no se encuentre delante con Varas, que ya le paró un penalti la pasada temporada, se le iluminará la bombilla y podrá definir con mayor precisión. El orgullo paternal y personal, después de ofrecer la Bota de Oro al respetable del Camp Nou, le jugaron una mala pasada. Los genios también estornudan.
En la fiesta de Messi se coló un extraordinario Celta. Ofrece un fútbol de quilates el conjunto de Paco Herrera, que cuenta con un futbolista majestuoso: Iago Aspas, hombre sin complejos, atrevido y de mucho talento. El pontevedrés se mueve con peligro por todo el frente de ataque, es muy rápido y se sabe asociar con sus compañeros. Da gusto verlo. Pueden presumir en Vigo de tener en su equipo a un jugador tan desequilibrante. Pero eso no debe restar mérito al entrenador. Herrera, que se reencontró en el Camp Nou con su pupilo Vilanova, al que entrenó en el Badajoz. Esta vez, el alumno le ganó la partida al profesor aunque no se puede desdeñar el planteamiento del técnico visitante, que consiguió en varias contras sacarle las costuras al Barcelona. Fútbol valiente.
Con la presencia de Busquets y Mascherano en el centro de la defensa, Vilanova apostó por la salida fluida del balón. Jugaron adelantados para asociarse con facilidad con los mediocentros y de esto se aprovechó el Celta. Busquets era el péndulo del reloj: reculaba cuando tocaba defender y se adelantaba en los ataques. No fue una buena idea porque el equipo vigués se aprovechó de su desconcertante movimiento y creó peligro. La mejor ocasión fue un mano a mano de Aspas contra Valdés, que salvó milagrosamente el portero del Barça. Al final, Busquets se vio obligado a fijar su demarcación en el centro de la zaga. Su tarea se limitaría a cortar balones y a facilitar la circulación del esférico. Sin más. Sincronizados los relojes, se sucedieron las operaciones ofensivas del equipo blaugrana. En una de esas marcó Adriano aprovechándose de una buena combinación con Pedro Rodríguez. Entre tanto delantero, el de Coritiba se hizo fuerte en el área rival y marcó su tercer gol en esta Liga, convirtiéndose junto a San José en el defensa más goleador del campeonato. Desgraciadamente para él, se lesionó en esa jugada en el aductor de su pierna derecha y estará tres semanas de baja.
Pero el Celta no estaba dispuesto a servir el banquete por el nacimiento de Thiago Messi. Mario Bermejo, que ha marcado 2 goles en los 2 partidos que ha jugado en el Camp Nou, se aprovechó del rechace de Valdés tras un mano a mano con Alex López y estableció el empate. Los vigueses encontraron una autopista por la derecha y de ahí nació la contra de Krohn-Dehli que culminó el delantero santanderino. El partido estaba loco. Y tuvo que ser David Villa el que calmase la situación. El delantero más eficaz de la actual edición de la Liga BBVA (1 gol cada 54 minutos) no desperdició una impresionante incursión de Iniesta, por la izquierda, hasta la línea de fondo. Villa, que jugó de extremo izquierdo, inquietó constantemente a los zagueros vigueses. Aunque no lo inviten, El Guaje acude a todos los saraos.
La lesión de Adriano obigó a Vilanova a hacer cambios en el once. Metió a Alves en su lugar y a Bartra por Cesc. Un cambio que aplaudió Busquets porque le permitió recuperar su posición privilegiada en el centro del campo. Justo en la reanudación, Aspas, el mago celtiña, se plantó en el área de Valdés, se escoró demasiado, pero aun así se sacó del interior de su bota izquierda un remate con veneno que se perdió por un palmo a la derecha de la portería de Valdés. Después llegó la polémica. Motivado por el gol de Adriano, demostrando que el zaguero brasileño no tiene la exclusividad goleadora en la defensa blaugrana, Jordi Alba lanzó un órdago a la grande, se sumó al ataque para tratar de transformar la ocasión que antes había desperdiciado Messi y no falló. Pero la jugada está ensombrecida porque Alba estaba en posición antireglamentaria. Fernández Borbalán lo pasó por alto y el segundo tanto liguero del ex defensa del Valencia sentenció un animado partido. El Celta bajó los brazos, el ritmo paró y los invitados se fueron a sus respectivas casas.
El resultado mantiene al Barcelona en lo más alto de la clasificación. Messi no le pudo dedicar un gol a Thiago y se marchó tocado del terreno de juego, pero al menos puede estar contento porque su reciente paternidad no le impidió disputar un vibrante partido. Y el primer biberón para Messi Junior tiene forma de 3 puntos escritos con letras de récord histórico. A la salud de Vilanova.
Trabajada victoria blaugrana frente a un extraordinario Celta
Marcaron Adriano, Villa y Alba, en fuera de juego. Bermejo, para los vigueses
Tres goles y un biberón. Un día después de que Thiago Messi apareciera por este mundo, el Barcelona de Tito Vilanova dio a luz un nuevo récord. Firma el mejor arranque liguero de un entrenador en la historia del club blaugrana, con nueve triunfos y un empate en 10 jornadas. El empate a 2 que firmaron contra el Real Madrid en el Camp Nou es un pequeño islote en mitad del océano triunfal por el que navega imparable la nave del capitán Vilanova: 28 puntos de 30 posibles. Louis Van Gaal, que ostentaba la mejor plusmarca desde la temporada 1997-98, contempla desde la popa la envidiable singladura que lleva el transatlántico. Cruyff y Guardiola divisan con catalejo el rumbo victorioso, admirando la mano firme con la que Tito lo conduce. El marinero ejerce magistralmente de capitán. Lo reconocen los veteranos.
Como no todo van a ser flores en el bosque, Messi no marcó. E incluso terminó el partido con molestias en su rodilla derecha. El argentino quería marcar a toda costa para dedicarle el gol a su hijo, pero se quedó con las ganas. Se obcecó más de la cuenta y su excesivo afán de protagonismo quedó retratado en la jugada que no concretó porque quiso ser el niño en el bautizo. Y ni había bautizo, ni banquete. Pudo haberlo, pero Papá Messi se recreó ante Javi Varas y perdió la oportunidad de brindarle el primer tanto a su vástago. No le faltarán oportunidades. Quizás cuando no se encuentre delante con Varas, que ya le paró un penalti la pasada temporada, se le iluminará la bombilla y podrá definir con mayor precisión. El orgullo paternal y personal, después de ofrecer la Bota de Oro al respetable del Camp Nou, le jugaron una mala pasada. Los genios también estornudan.
En la fiesta de Messi se coló un extraordinario Celta. Ofrece un fútbol de quilates el conjunto de Paco Herrera, que cuenta con un futbolista majestuoso: Iago Aspas, hombre sin complejos, atrevido y de mucho talento. El pontevedrés se mueve con peligro por todo el frente de ataque, es muy rápido y se sabe asociar con sus compañeros. Da gusto verlo. Pueden presumir en Vigo de tener en su equipo a un jugador tan desequilibrante. Pero eso no debe restar mérito al entrenador. Herrera, que se reencontró en el Camp Nou con su pupilo Vilanova, al que entrenó en el Badajoz. Esta vez, el alumno le ganó la partida al profesor aunque no se puede desdeñar el planteamiento del técnico visitante, que consiguió en varias contras sacarle las costuras al Barcelona. Fútbol valiente.
Con la presencia de Busquets y Mascherano en el centro de la defensa, Vilanova apostó por la salida fluida del balón. Jugaron adelantados para asociarse con facilidad con los mediocentros y de esto se aprovechó el Celta. Busquets era el péndulo del reloj: reculaba cuando tocaba defender y se adelantaba en los ataques. No fue una buena idea porque el equipo vigués se aprovechó de su desconcertante movimiento y creó peligro. La mejor ocasión fue un mano a mano de Aspas contra Valdés, que salvó milagrosamente el portero del Barça. Al final, Busquets se vio obligado a fijar su demarcación en el centro de la zaga. Su tarea se limitaría a cortar balones y a facilitar la circulación del esférico. Sin más. Sincronizados los relojes, se sucedieron las operaciones ofensivas del equipo blaugrana. En una de esas marcó Adriano aprovechándose de una buena combinación con Pedro Rodríguez. Entre tanto delantero, el de Coritiba se hizo fuerte en el área rival y marcó su tercer gol en esta Liga, convirtiéndose junto a San José en el defensa más goleador del campeonato. Desgraciadamente para él, se lesionó en esa jugada en el aductor de su pierna derecha y estará tres semanas de baja.
Pero el Celta no estaba dispuesto a servir el banquete por el nacimiento de Thiago Messi. Mario Bermejo, que ha marcado 2 goles en los 2 partidos que ha jugado en el Camp Nou, se aprovechó del rechace de Valdés tras un mano a mano con Alex López y estableció el empate. Los vigueses encontraron una autopista por la derecha y de ahí nació la contra de Krohn-Dehli que culminó el delantero santanderino. El partido estaba loco. Y tuvo que ser David Villa el que calmase la situación. El delantero más eficaz de la actual edición de la Liga BBVA (1 gol cada 54 minutos) no desperdició una impresionante incursión de Iniesta, por la izquierda, hasta la línea de fondo. Villa, que jugó de extremo izquierdo, inquietó constantemente a los zagueros vigueses. Aunque no lo inviten, El Guaje acude a todos los saraos.
La lesión de Adriano obigó a Vilanova a hacer cambios en el once. Metió a Alves en su lugar y a Bartra por Cesc. Un cambio que aplaudió Busquets porque le permitió recuperar su posición privilegiada en el centro del campo. Justo en la reanudación, Aspas, el mago celtiña, se plantó en el área de Valdés, se escoró demasiado, pero aun así se sacó del interior de su bota izquierda un remate con veneno que se perdió por un palmo a la derecha de la portería de Valdés. Después llegó la polémica. Motivado por el gol de Adriano, demostrando que el zaguero brasileño no tiene la exclusividad goleadora en la defensa blaugrana, Jordi Alba lanzó un órdago a la grande, se sumó al ataque para tratar de transformar la ocasión que antes había desperdiciado Messi y no falló. Pero la jugada está ensombrecida porque Alba estaba en posición antireglamentaria. Fernández Borbalán lo pasó por alto y el segundo tanto liguero del ex defensa del Valencia sentenció un animado partido. El Celta bajó los brazos, el ritmo paró y los invitados se fueron a sus respectivas casas.
El resultado mantiene al Barcelona en lo más alto de la clasificación. Messi no le pudo dedicar un gol a Thiago y se marchó tocado del terreno de juego, pero al menos puede estar contento porque su reciente paternidad no le impidió disputar un vibrante partido. Y el primer biberón para Messi Junior tiene forma de 3 puntos escritos con letras de récord histórico. A la salud de Vilanova.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Goles, abrazos y caricias
Victoria burocrática del Barcelona en Vitoria
Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut
Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció
La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.
Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.
No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.
A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.
Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.
Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.
Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut
Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció
La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.
Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.
No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.
A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.
Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.
Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.
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