miércoles, 17 de febrero de 2010

El gol de sus vidas

No hace falta ser Messi o Cristiano Ronaldo para marcar un gol desde el centro del campo. "La Jornada de tu vida" ha puesto al alcance de ciudadanos corrientes una hazaña a la que, a priori, solo aspiraban los cracks del fútbol, esos que ocupan la primera plana de la actualidad cada día. El Club Deportivo Móstoles organizó una iniciativa similar en el descanso del partido que le enfrentó al Santa Ana en el campo municipal de El Soto, un encuentro perteneciente al grupo VII de la tercera división española. Tres aficionados, que fueron seleccionados a través de un sorteo, tuvieron la ocasión de efectuar un lanzamiento desde el centro del campo. El vencedor optaba a diferentes galardos. Dos botellas de vino, un jamón ibérico y un viaje de dos días a Palma de Mallorca fue el suculento botín que se llevó el más atinado de cara a puerta. Los nervios fueron evidentes entre los candidatos. Sólo podía quedar uno y los estiramientos previos al chut supusieron una buena forma de descargar tensión porque no cabía la posibilidad de realizar disparos previamente.

El primero en probar suerte fue Gonzalo Peláez. Lanzó un chut ajustado al palo derecho que se marchó desviado a la derecha de la portería. No pudo ser. Tampoco tuvo fortuna David Martín, cuyo lanzamiento se quedó corto y el balón se durmió antes de sobrepasar la corona del área pequeña. La frustación era notable entre estos lanzadores que iban a contemplar con notable expectación el disparo de Carlos Cascallana. Toda la presión del mundo recayó en este mostoleño que debía asumir la responsabilidad de marcar el único gol para convertirse en el indiscutible vencedor de la jornada. Carlos tomó carrera, levantó la cabeza, armó su pierna derecha y envió un fuerte disparo que se coló por el centro de la portería del fondo Sur de El Soto. Fue el delirio para este mostoleño que, indiscutiblemente, había marcado el gol de su vida. El público presente en las gradas del estadio mostoleño recompensó con una sonora ovación su acierto, e incluso los que aprovecharon el descanso para tomarse algo en la cafetería del campo dirigieron una mirada cómplice y un sentido aplauso para este jabato. "Gracias a mi hijo me animé a probar suerte y ya ves. He tenido suerte y ahora voy a ser el protagonista del día", bromeó Cascallana, de 41 años de edad, al que sus compañeros miraban con cierta envidia disimulada por las reverencias que le dedicaron mientras atendía a la prensa. El ganador se sintió por unos momentos como un crack de la Liga Española y no tuvo problemas en sacar pecho para declarar "quizás Cristiano Ronaldo no habría estado tan atinado".

La hazaña de Cascallana tuvo un espectador de lujo que ya había hecho los deberes con anterioridad en un escenario completamente diferente. Fue el domingo 14 de febrero en "La Jornada de tu vida" que se celebró en el descanso del partido que enfrentó al Atlético de Madrid y el Fútbol Club Barcelona en el Vicente Calderón.240.000 euros de premio se podía lleavr el ganador, aunque fueron dos de los cuatro participantes los que se llevaron 120.000 euros cada uno al tener la nómina domiciliada en BBVA. Sin embargo, la presión no atenazó al mostoleño Raúl Martín, que fue el primero en lanzar. Los nervios no le traicionaron, lanzó con el interior y marcó un golazo que se coló por la izquierda de la portería y le supuso 120.000 euros. "El dinero no será para mí porque yo chuté porque fue mi tío fue seleccionado en el sorteo del banco y él me encargó tirar", subrayó Martín que, no obstante, es consciente de que se llevará "un buen pellizco" en reconocimiento a su eficacia. Una precisión goleadora que pulió en los equipos inferiores del Móstoles aunque su objetivo siempre será triunfar en el Real Madrid. "Quiero triunfar en mi equipo y meter algún día goles parecidos en el Vicente Calderón", proclamó sin reparos. Con gestas parecidas a la conseguida en El Soto, Raúl se aproxima a su sueño.

Del Vicente Calderón a El Soto. Del Atlético de Madrid-Barça. De Carlos Cascallana a Raúl Martín. Dos generaciones unidas por el amor al fútbol y por una eficacia goleadora que evidencia que no sólo son capaces los grandes cracks de conseguir hazañas con el balón. Así de emocionante es el fútbol español. Y estos son los alicientes que motivan a los aficionados a vivir con tanta intensidad este deporte.

domingo, 14 de febrero de 2010

La pareja perfecta

No suelo hacer mucho caso a la prensa del corazón. No me gusta este tipo de periodismo. Recelo de los paparazzis. Si una revista de papel cuché llega a mis manos, lo máximo que puedo hacer es ojearla como paso previo a arrojarla en el contenedor más próximo, preferiblemente de reciclaje. Con todos los respetos hacia las personas que se ganan la vida gracias a estos contenidos, no hago mucho caso de las informaciones que publican "¡Hola!", "Lecturas", "Qué me dices" o "Diez minutos". Me resultan publicaciones excesivamente huecas y previsibles, alejadas del factor novedad que siempre debe acompañar al buen periodismo.

Sin embargo, hay informaciones a las que concedo al menos el beneficio de la duda. Siempre que tengan, claro está, un tono ligero, afable y educado, acompañado de imágenes de buen gusto. Muy alejadas de las prácticas que se siguen últimamente en determinadas revistas y ciertos programas del cotilleo. Un ejemplo de este tipo de informaciones potables lo pude encontrar este sábado, víspera de San Valentín, en el suplemento "La Otra Crónica" de El Mundo. Ya en la primera página de este periódico se podía encontrar un sumario que anticipaba la noticia: "El portero batido por la reportera. Iker Casillas y Sara Carbonero, nueva pareja del año". Ya en el citado cuadernillo, junto a una gran fotografía de los dos protagonistas, encontré más detalles acerca del probable idilio entre uno de los futbolistas más carismáticos del mundo y la periodista más sexy del planeta. Según relata el artículo, al término del encuentro que enfrentó al Real Madrid y el Espanyol, el portero madridista se fue con varios amigos a la discoteca Pachá. Allí coincidió con Sara Carbonero. En la penumbra de un reservado, ambos dejaron entrever que eran más que amigos. La flecha del amor había hecho diana.

Son la pareja perfecta. El mejor portero del mundo con la periodista más deseada. Ninguno tiene dependencia del otro. Es la combinación ideal. Él no necesita a su lado a un monumento para presumir y saciar el apetito de su ego. Ella no se deja deslumbrar por el primer galáctico que se cruza en su camino. Los dos son guapos y ricos. Pero, sobre todo, son dos personas normales con los pies sobre la tierra. Íker es un tipo discreto, sencillo y humilde de Móstoles, amigo de sus amigos, al que no le deslumbran los flashes de la fama, el poder y el dinero. Gana muchos millones al año por hacer bien su trabajo, por ser un currante leal a su compromiso con un club de fútbol, y no es un arrogante que sucumbe ante cualquier delantera potente. A Sara le sucede algo parecido. Es una profesional brillante que se ha ganado el respeto de los espectadores sin necesidad de recurrir a sus encantos primarios. La audiencia canta y respalda cada noche esta afirmación al situar su informativo entre los más vistos de su franja horaria. Algunos dicen que cobra 100.000 euros anuales por ser la subdirectora de deportes de Telecinco. Seguramente podría cobrar aún más si se dejase llevar por las ofertas que recibe para ejercer otro tipo de periodismo. Sara no se vende. Tiene la suficiente personalidad para desechar estos cantos de sirena y seguir ejerciendo su vocación de periodista deportiva.

No hace falta ocultar que Íker y Sara, Sara e Íker, van a dar mucho que hablar en los próximos días. Seguramente aparecerán muchas informaciones sobre su relación. Las lenguas viperinas se afilarán para poner en cuestión su idilio. Cosas de la envidia. Ellos, que son suficientemente guapos y maduros, seguirán adelante porque no tienen nada que esconder. Casillas no necesita a Carbonero para ordenar su vida y ser más respetado. Carbonero no necesita a Casillas para ser más apreciada y aumentar su fama. La lista de pretendientes de ambos es interminable. Ninguno necesita alardear de sus virtudes para sentirse mejor. Ya son triunfadores, famosos y deseados por separado. Entonces, ¿por qué se unen? Simplemente porque no cambian para estar juntos. Son naturales y espontáneos, sencillos y honestos, bellos y encantadores. Ahí comienza la auténtica seducción. Y, sobre todo, se quieren a ellos mismos tal y como son. Así han conseguido el éxito en la vida. Sin debilidad. Ya dijo Baltasar Gracián aquello de "no hay perfección donde no hay elección". La pareja de Íker Casillas y Sara Carbonero pone de manifiesto que Cupido lo ha vuelto a conseguir. El amor verdadero ha triunfado. El periodismo está de enhorabuena.