jueves, 8 de noviembre de 2012

El Barcelona pierde el tren de Glasgow

El Celtic saca petróleo de su solidez defensiva y su veloz contraataque

Wanyama y Watts marcaron para los escoceses y Messi recortó distancias en el 90'

Los de Vilanova siguen líderes de su grupo y se jugarán el pase a octavos contra el Spartak


Tenía el Barcelona la ocasión de sacar el billete para clasificarse en clase VIP a los octavos de final, pero perdió el tren de Glasgow. Los de Vilanova se durmieron en el andén de la estación escocesa y perdieron la oportunidad de clasificarse como primeros de grupo para la siguiente ronda de la Liga de Campeones. Messi no pudo erigirse en una suerte moderna de Bruce Reynolds y fue incapaz de llevar a cabo el asalto. Operación fracasada. Esta vez, el ingenio y la eficiencia del futbolista argentino no fueron suficientes para ejecutar a la perfección la embestida. Si el pequeño Thiago no trajo un gol debajo del brazo, a la segunda intentona fue la vencida y Papá Messi se pudo llevar el dedo pulgar a la boca para dedicarle su primer gol paternal. "A buenas horas", pensará el retoño, no sin razón.

La operación tuvo un comienzo prometedor para los intereses blaugranas. El contingente se desplegó con puntualidad británica, conscientes de que la formalidad puntúa el doble en la vieja Copa de Europa. Tocaba y tocaba el Barça a la espera de encontrar la oportunidad de lanzar la ofensiva definitiva. Xavi e Iniesta ejercían de Tom Wisbey y Robert Welch. Centralizaban la conducción del balón para hipnotizar a los contrarios. El procedimiento habitual para maniatar a los rivales. Messi culminó una aproximación con un disparo que se marchó alto. Los escoceses esperaban su oportunidad a la contra.

En su primera aproximación a la meta de Valdés forzaron un córner. Malas noticias para el barcelonismo. Sufre el Barça en las acciones a balón parado. La incertidumbre era máxima porque Tito partió con Mascherano y Bartra en el centro de la zaga, con Song de pivote defensivo. Piqué, estandarte del juego aéreo, en el banquillo. La enfervorizada grada de Celtic Park celebró con júbilo el saque de esquina. Y sus jugadores no defraudaron las expectativas. Wanyama se elevó imperial en el segundo palo, evidenciando el miedo a las alturas de Jordi Alba, y remató de cabeza a la red. Alba (1.70 metros) contra Wanyama (1.88 metros): gigantes y cabezuso. O el espectáculo del bombero torero a la escocesa. Desconcierto en Can Barça.

Con Messi moviéndose por todo el frente del ataque, Alexis se constituyó en la principal referencia ofensiva del Barcelona. El objetivo era distraer a los centrales del Celtic, dos férreos agentes de seguridad. Y tuvo que ser el argentino el autor de la mejor ocasión para el conjunto blaugrana con un remate que se marchó fuera después de acariciar el larguero. Iniesta inició una jugada de tiralíneas que culminó el zurdazo envenenado de Messi. A punto estuvieron de meter mano al botín que se escondía en el vagón del convoy escocés. La intentona no tuvo éxito. Tenían desviado el punto de mira. Alexis cabeceó al palo tras un centro de Alves. Entre las maderas y Foster no encontraban los blaugranas la llave para abrir el convoy del dinero. La posesión era culé, pero el marcador sonreía a los escoceses. Eficacia absoluta. La fortuna no siempre sonríe a los ladrones.

El capitán Neil Lennon había desplegado un férreo dispositivo de seguridad. No quería sorpresas. El arranque del segundo tiempo siguió un guión parecido al de la primera parte. El Barça acechaba la portería del Celtic. Alexis buscaba el gol desesperadamente, pero se le disipaban las ideas en los últimos metros y no lograba definir con acierto. Tiene un problema Vilanova con el chileno. Parece una temeridad dejar a Villa en el banquillo para dar minutos en su lugar a un futbolista demasiado impetuoso. Es cuestión de lógica: la anarquía chilena contra la precisión asturiana. Cuestión de gustos.

Vilanova volvió a recurrir al Guaje en el minuto 65, con 25 minutos por delante más el descuento para desequilibrar el encuentro. Pero volvió a ser Messi el que tuvo la mejor ocasión ante la meta de Forster, aunque nuevamente el cancerbero hizo una estirada felina para abortar la oportunidad. Tito agitó el carrusel de cambios y dio entrada a Piqué y Cesc al rectángulo de juego. Pero la imprecisión era manifiesta. Y como reza el tópico, cuando se perdona, se paga. No se roba. Y en una contra fulgurante, aprovechando un saque rápido de Forster, Xavi no acertó a tocar en el centro del campo, le llegó el cuero a Watt que definió a la perfección con un remate cruzado ante el que nada pudo hacer Valdés. En el último minuto marcó Messi aprovechando un rechace de Forster tras una magistral jugada de tiralíneas del conjunto blaugrana.


Perdió el Barcelona. No jugó mal, pero los de Vilanova sufrieron su segunda derrota en 17 partidos tras la del 29 de agosto en la Supercopa de España contra el Real Madrid. Llevaban 6 años sin perder fuera de casa en la fase de grupos de la Champions League. Hasta que fracasó el asalto al tren de Glasgow. Una pelicula que tiene como banda sonora el "You´ll never walk alone" no puede terminar mal para los que la cantan espontáneamente. Porque cantar bien también tiene premio.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Vilanova alumbra un nuevo récord

El Barcelona completa el mejor arranque liguero de su historia

Trabajada victoria blaugrana frente a un extraordinario Celta

Marcaron Adriano, Villa y Alba, en fuera de juego. Bermejo, para los vigueses


Tres goles y un biberón. Un día después de que Thiago Messi apareciera por este mundo, el Barcelona de Tito Vilanova dio a luz un nuevo récord. Firma el mejor arranque liguero de un entrenador en la historia del club blaugrana, con nueve triunfos y un empate en 10 jornadas. El empate a 2 que firmaron contra el Real Madrid en el Camp Nou es un pequeño islote en mitad del océano triunfal por el que navega imparable la nave del capitán Vilanova: 28 puntos de 30 posibles. Louis Van Gaal, que ostentaba la mejor plusmarca desde la temporada 1997-98, contempla desde la popa la envidiable singladura que lleva el transatlántico. Cruyff y Guardiola divisan con catalejo el rumbo victorioso, admirando la mano firme con la que Tito lo conduce. El marinero ejerce magistralmente de capitán. Lo reconocen los veteranos.


Como no todo van a ser flores en el bosque, Messi no marcó. E incluso terminó el partido con molestias en su rodilla derecha. El argentino quería marcar a toda costa para dedicarle el gol a su hijo, pero se quedó con las ganas. Se obcecó más de la cuenta y su excesivo afán de protagonismo quedó retratado en la jugada que no concretó porque quiso ser el niño en el bautizo. Y ni había bautizo, ni banquete. Pudo haberlo, pero Papá Messi se recreó ante Javi Varas y perdió la oportunidad de brindarle el primer tanto a su vástago. No le faltarán oportunidades. Quizás cuando no se encuentre delante con Varas, que ya le paró un penalti la pasada temporada, se le iluminará la bombilla y podrá definir con mayor precisión. El orgullo paternal y personal, después de ofrecer la Bota de Oro al respetable del Camp Nou, le jugaron una mala pasada. Los genios también estornudan.

En la fiesta de Messi se coló un extraordinario Celta. Ofrece un fútbol de quilates el conjunto de Paco Herrera, que cuenta con un futbolista majestuoso: Iago Aspas, hombre sin complejos, atrevido y de mucho talento. El pontevedrés se mueve con peligro por todo el frente de ataque, es muy rápido y se sabe asociar con sus compañeros. Da gusto verlo. Pueden presumir en Vigo de tener en su equipo a un jugador tan desequilibrante. Pero eso no debe restar mérito al entrenador. Herrera, que se reencontró en el Camp Nou con su pupilo Vilanova, al que entrenó en el Badajoz. Esta vez, el alumno le ganó la partida al profesor aunque no se puede desdeñar el planteamiento del técnico visitante, que consiguió en varias contras sacarle las costuras al Barcelona. Fútbol valiente.

Con la presencia de Busquets y Mascherano en el centro de la defensa, Vilanova apostó por la salida fluida del balón. Jugaron adelantados para asociarse con facilidad con los mediocentros y de esto se aprovechó el Celta. Busquets era el péndulo del reloj: reculaba cuando tocaba defender y se adelantaba en los ataques. No fue una buena idea porque el equipo vigués se aprovechó de su desconcertante movimiento y creó peligro. La mejor ocasión fue un mano a mano de Aspas contra Valdés, que salvó milagrosamente el portero del Barça. Al final, Busquets se vio obligado a fijar su demarcación en el centro de la zaga. Su tarea se limitaría a cortar balones y a facilitar la circulación del esférico. Sin más. Sincronizados los relojes, se sucedieron las operaciones ofensivas del equipo blaugrana. En una de esas marcó Adriano aprovechándose de una buena combinación con Pedro Rodríguez. Entre tanto delantero, el de Coritiba se hizo fuerte en el área rival y marcó su tercer gol en esta Liga, convirtiéndose junto a San José en el defensa más goleador del campeonato. Desgraciadamente para él, se lesionó en esa jugada en el aductor de su pierna derecha y estará tres semanas de baja.

Pero el Celta no estaba dispuesto a servir el banquete por el nacimiento de Thiago Messi. Mario Bermejo, que ha marcado 2 goles en los 2 partidos que ha jugado en el Camp Nou, se aprovechó del rechace de Valdés tras un mano a mano con Alex López y estableció el empate. Los vigueses encontraron una autopista por la derecha y de ahí nació la contra de Krohn-Dehli que culminó el delantero santanderino. El partido estaba loco. Y tuvo que ser David Villa el que calmase la situación. El delantero más eficaz de la actual edición de la Liga BBVA (1 gol cada 54 minutos) no desperdició una impresionante incursión de Iniesta, por la izquierda, hasta la línea de fondo. Villa, que jugó de extremo izquierdo, inquietó constantemente a los zagueros vigueses. Aunque no lo inviten, El Guaje acude a todos los saraos.

La lesión de Adriano obigó a Vilanova a hacer cambios en el once. Metió a Alves en su lugar y a Bartra por Cesc. Un cambio que aplaudió Busquets porque le permitió recuperar su posición privilegiada en el centro del campo. Justo en la reanudación, Aspas, el mago celtiña, se plantó en el área de Valdés, se escoró demasiado, pero aun así se sacó del interior de su bota izquierda un remate con veneno que se perdió por un palmo a la derecha de la portería de Valdés. Después llegó la polémica. Motivado por el gol de Adriano, demostrando que el zaguero brasileño no tiene la exclusividad goleadora en la defensa blaugrana, Jordi Alba lanzó un órdago a la grande, se sumó al ataque para tratar de transformar la ocasión que antes había desperdiciado Messi y no falló. Pero la jugada está ensombrecida porque Alba estaba en posición antireglamentaria. Fernández Borbalán lo pasó por alto y el segundo tanto liguero del ex defensa del Valencia sentenció un animado partido. El Celta bajó los brazos, el ritmo paró y los invitados se fueron a sus respectivas casas.

El resultado mantiene al Barcelona en lo más alto de la clasificación. Messi no le pudo dedicar un gol a Thiago y se marchó tocado del terreno de juego, pero al menos puede estar contento porque su reciente paternidad no le impidió disputar un vibrante partido. Y el primer biberón para Messi Junior tiene forma de 3 puntos escritos con letras de récord histórico. A la salud de Vilanova.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Goles, abrazos y caricias

Victoria burocrática del Barcelona en Vitoria

Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut

Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció

La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.

Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.

No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.

A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.

Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.

Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.

lunes, 29 de octubre de 2012

El Barça de Tito es un rayo

Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana

Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas

Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés


Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.

Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1 empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros. Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido de pivote defensivo.

No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos. Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa, Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo y salió trasquilado.

Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana. Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante, cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió. Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí, tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo más goleado de Primera con 22 goles encajados.

David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300 goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la opción premiada era la segunda.

Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias, que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de alcanzar los 75 de Pelé en 1959.

Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria. Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes de tiempo.

Jordi Alba ejerce de Cesarini

Un providencial gol del lateral azulgrana en el 94 decide un agitado partido

Las aportaciones de Villa resultaron determinantes en los últimos minutos

Sostenido por su portero, el Celtic puso en muchos aprietos al Barcelona


Jugador singular, imprevisible, pillo y oportuno. Renato Cesarini fue un futbolista argentino que pasó a la posteridad por tener la virtud de marcar en los últimos minutos de los partidos decidiendo encuentros trabados y disputados. En homenaje a ese espadachín del tiempo se acuñó la expresión de ´Zona Cesarini´ para definir esa franja final  en la que se mezcla lo divino con lo terrenal.  Mitad suerte, mitad justicia. Mitad partido, mitad descuento. Entre la vida y la muerte circula ese intervalo temporal en el que se marcan los goles más decisivos e inesperados. Los bocados de chocolate que más se saborean porque ya no queda ninguna unidad más al alcance de la mano. Caviar para los paladares más inconformistas. Pecados para la posteridad.

Jordi Alba ejerció de Cesarini tres una agitada noche en el Camp Nou. No es argentino, pero ha demostrado que los de Hospitalet de Llobregat también son indetectables y determinantes. No pongan un radar en su camino porque se lo saltará. Se las sabe todas. Es un Lazarillo del fútbol español que tiene la capacidad de adelantarse a los ratones para comerse el queso. Posee el ingenio suficiente para ser obispo y monaguillo. Y todo a una velocidad fulgurante porque, al igual que al mítico futbolista argentino, el reloj sonríe a Alba. Cuando las manillas enfilaban la dirección del túnel de vestuarios y la sufrida afición clamaba al cielo, apareció este habilidoso lateral para darle la victoria al Barça. Chico listo este Jordi.

Como se trataba de ganar para encarrilar el acceso a los octavos de final de la Copa de Europa y se ganó, el barcelonismo tuvo una noche feliz. Se mueve bien este Barça al filo de la navaja. Así son estos malabaristas del fútbol, capaces de hacer equilibrios con el balón y el paso de los minutos. No conviene abusar de este talento, pero todo vale en el circo del fútbol. Aunque la función estuvo a punto de terminar mal para los equilibristas de Vilanova porque el Celtic de Glasgow plantó el autobús en el Camp Nou y cerca estuvo de atropellar a los intrépidos acróbatas azulgranas. Apoyados en una sujección defensiva férrea, con diez hombres metidos en su propia área, y en un buen parachoques en la portería, los escoceses averiaron las correas de distribución del juego culé. Le encontraron las vueltas a Song en el centro del campo y causaron estragos al bueno de Bartra, gran novedad del once barcelonista. El entrenador del equipo escocés, Neil Lennon, apuntó en su libreta los puntos débiles del Barcelona y dio donde más duele.
En el minuto 17, en su primera aproximación al área de Valdés, colgaron una falta desde la derecha, se aprovecharon de su superioridad en el juego aéreo, el gigante Samaras se convirtió en Gulliver ante Alba, cabeceó y el liliputiense Mascherano no pudo evitar que el cuero rebotara en su espalda y se colara en la meta de un impotente Valdés. Los aficionados veían pisoteadas sus esperanzas de encarrilar por la vía rápida el pase a octavos y asistían malhumorados a la melodía que tocaban los gaiteros de Lennon. No encontró una mejor excusa el técnico escocés para llamar a la calma y apelar al sentido común de sus huestes: cabeza, cabeza y cabeza. Contaba con que el golpe iba a cortocircuitar al Barcelona. Y así fue.

El Barcelona disparó las revoluciones y se echó en tromba sobre la portería de Foster. Avisó Messi con un lanzamiento de falta que bailó por la red superior de la portería. Pocos minutos después, combinaron Messi, Iniesta y Xavi, jugando a la quema en el área escocesa y culminó el de Fuentealbilla, medio cayéndose, con un remate ajustado que se coló en la portería escocesa. No pudo elegir una ocasión mejor el manchego para estrenar su cuenta goleadora esta temporada.

Las infructíferas combinaciones y carambolas de billar eran la unica alternativa azulgrana para acechar la meta de Foster. Pero el arquero estaba empeñado en demostrar que el fútbol escocés también puede fabricar magníficos porteros. Sacó tres manoplas determinantes: primero ante Messi, luego ante Alexis y, de nuevo, ante el argentino, en un remate a bocajarro que el guardameta rechazó con su guante izquierdo en una estirada felina. Partidazo del portero escocés que estaba impacientando a la gent blaugrana, que se encomendó al Guaje Villa. Salió el asturiano al campo en el minuto 80 de partido. Se podría escribir una tesis sobre el concepto de urgencias que maneja Tito Vilanova ya que metió a su único delantero a diez minutos del final del encuentro. El caso es que el 7 blaugrana a punto estuvo de demostrarle por qué se merece ser el único ariete del Barça. Lanzó un balón al palo en el minuto 87. Muchos pensaban que ahí había estado la victoria azulgrana y el langreano no iba a tener más oportunidades.

Hasta que en tiempo de descuento, Adriano sirvió un buen balón al corazón del área, Villa fijó a dos defensas del Celtic para habilitar la llegada por sorpresa de Jordi ´Lazarillo´Alba, que ganó la espalda a la zaga, entró como un cohete para tocar lo justo y marcar en el minuto 94. Delirio en el Camp Nou. Se volvió loco el barcelonismo al ver que se habían ganado un encuentro durísimo. No se sabe si celebraban el triunfo de la fe, la suerte o la pillería. Hubo una liberación total. Exorcismo completado. Homenaje a Cesarini.

lunes, 22 de octubre de 2012

Papá Messi manda en el patio

El hat trick del crack argentino decidió un partido de locos

Los errores de ambos equipos mantuvieron la emoción hasta el final

El Barça suma su séptima victoria liguera pero se queja del arbitraje de Paradas



Messi ya ejerce de padre. Puso orden en un partido de locos. Lo que se disputó en Riazor fue una pachanga de patio de colegio, un espectáculo que encandila a los aficionados pero que pone de los nervios a los entrenadores. El fútbol más puro. Un canto a favor de la anarquía futbolística. Un choque a la inglesa. Con un ritmo electrizante, constantes imprecisiones y puntuales variaciones en el marcador. Lo más normal es que este encuentro hubiese terminado en empate. Por el número de errores que se produjeron en las dos áreas, cabía pensar en las tablas. Pero ya se sabe que este Barcelona va a contracorriente, camina sobre las aguas y es capaz de salir airoso de los envites más peliagudos.

Le van los retos al Barça de Tito, que firma un registro espectacular al comienzo del campeonato liguero: 22 puntos sobre 24 posibles, 7 partidos ganados sobre 8 disputados y 24 goles a favor. Los duendes sonríen al proyecto de Vilanova porque anteponen los datos positivos al preocupante bagaje defensivo: 11 goles encajados. No recibía tantos goles en las 8 primeras jornadas desde la Liga 2002-03. Se lo tienen que hacer mirar, aunque poco tiene que ver este Barcelona con aquel equipo al que entrenaba Louis Van Gaal. La envergadura de este conjunto se comprueba a la perfección cuando se mira con perspectiva histórica, ya sea con catalejo, prismáticos y telescopio. En otra época, no hace muchos años, el Barcelona no hubiese ganado el partido de Riazor. Pero seguramente tampoco habría ganado los choques contra el Osasuna y el Sevilla. Ni tan siquiera hubiera empatado contra el Real Madrid en el Camp Nou. Ahora tiene ángel y vive cómodo bajo la inspiración divina de un espíritu celestial procedente de Rosario.

El crack argentino es insaciable. No para. Vive en una mejoría permanente. Pasan los años, los partidos y los campeonatos, y no se cansa de añadir sorpresas a su inabarcable repertorio. De mejorar su estilo de juego. No deja de perfeccionar su inagotable talento. Mientras, los rivales se estrujan los sesos en el microscopio para tratar de encontrar una fórmula mágica que les permita frenar a la pulga más peligrosa del fútbol mundial. De momento, el proceso es arduo e infructuoso. Sus números meten miedo: con sus 3 goles y su asistencia en Riazor, ya suma 267 goles y 100 asistencias en 341 partidos disputados. Esta temporada ya lleva 11 goles y es el máximo goleador de la Liga. Messi no entiende ni de virus, ni de maldiciones, ni de despistes. Vive por y para el fútbol. Además, ahora ya puede presumir de que sabe imponer a los partidos sus condiciones usando para ello su emergente instinto paternal. Lo tiene todo.

En el patio de Messi se colaron los goles de Jordi Alba, Tello y las asistencias de Fábregas. Fue un partido no apto para los más tardones y despistados. A los 18 minutos ya ganaba 0-3 el Barcelona. Abrió la espita Jordi Alba en una jugada que recordó a la de su gol en la final de la Eurocopa, pero con menos recorrido y distinto asistente: en aquella ocasión fue Xavi el que sirvió un balón envenenado a la llegada de la bala de Hospitalet, y esta vez fue Cesc Fábregas quien dio el pase decisivo al supersónico lateral para que marcara con un zurdazo raso y ajustado ante la salida de Aranzubia estrenando así su cuenta goleadora con el Barça. Poco después, Messi comenzó su exhibición con una buena jugada que culminó con una apertura hacia Tello, que se perfiló, buscó el remate y marcó con un potente disparo cruzado. Y el tercero de la noche fue obra de Messi, que sorprendió con un imponente trallazo desde fuera del área aprovechando un extraordinario pase de tacón de Fábregas. A esta hora se sigue sin saber el número de telas de arañas que destrozó el disparo del argentino. Cuando el partido parecía irse encaminado hacia una goleada de escándalo de los azulgranas, apareció Paradas Romero para inventarse que un derribo fuera del área de Mascherano sobre Riki era penalti y Pizzi no perdonó desde el punto fatídico. Poco después, Bergantiños añadió más picante al encuentro con un remate que se coló por debajo de los brazos de Víctor Valés. El Barça estaba tirando por la borda su fulgurante arraque, hasta que volvió a aparecer Messi para marcar su segundo de la noche aprovechando una nueva asistencia de Fábregas.

Al comienzo del segundo tiempo surgió de nuevo Pizzi para superar a la barrera y a Víctor Valdés con un impecable lanzamiento de falta. No acabaron aquí los disgustos para la parroquia culé porque, a continuación, Paradas expulsó a Mascherano por un golpe sobre Riki. El argentino vio la segunda amarilla y fue el chico malo de la clase que tuvo que irse a la caseta antes de tiempo. Queda en el aire la duda de si ese golpe del argentino sobre el atacante del Depor se merecía la doble amonestación. A Tito le entraron las prisas y decidió combatir esta ostensible baja con las incorporaciones de Adriano, Pedro y Xavi al terreno de juego con el fin de ganar en control del juego. La igualdad y la incertidumbre eran máximas. Deportivistas, colchoneros y madridistas soñaban con el gol del empate, un tanto que pondría picante a la lucha por el liderazgo. Pero Messi no estaba dispuesto a una sorprendente indigestión.

La Pulga impuso su ley, comenzó una arrancada endiablada desde la zona de tres cuartos, se plantó, amagó y dribló a Laure y Ze Castro, ganó posición de tiro y disparó un misil a nivel de tierra que superó a Aranzubia. El argentino culminaba su hat trick convirtiéndose de este modo (15) en el futbolista del Barça que ha marcado 3 o más goles en más partidos de Liga. La batalla parecía que estaba decidida, pero en esas Alba emuló a Romario y picó el balón ante la media salida del guardameta azulgrana para recortar distancias. Jordi no quería. Su error avivó el espíritu de remontada de los coruñeses, que soñaron con culminar con un empate. Así llegaron a los últimos minutos, en los que el propio Aranzubia subió al remate de un saque de esquina recordando su tanto ante el Almería el 20 de febrero de 2011. Era la gran esperanza, pero la defensa del Barça alejó el peligro y ratificó la victoria.

La inminente paternidad de Messi no le ha restado ni un ápice de voracidad goleadora. Su hat trick en Riazor ha vuelto a demostrar que es el chico más listo de la clase y el referente para la mayoría de sus compañeros. Él ganó el partido contra el Depor tendiendo una manita que las imprecisiones defensivas de sus compañeros estuvieron a punto de estropear. Ante tanta locura, Messi volvió a ser el más cuerdo.

lunes, 8 de octubre de 2012

No es un adiós, es un hasta luego


Se mantiene la diferencia de 8 puntos, pero el gran partido que el Real Madrid disputó en el Camp Nou invita al Barcelona a mantener la intensidad y la seriedad. A no relajarse. Porque un liderazgo bien vale tener las orejas tiesas. Si el primer tiempo sirve como objeto de estudio, la diferencia futbolística real entre madridistas y azulgranas no llega ni a los 3 puntos. Hay Liga. Aunque a punto estuvo de no haberla, si Montoya y Pedro hubiesen apuntado bien.

Fue el partido de los inconformistas. El clásico de los ganadores. Otro partido del siglo que decidieron los espadachines que nunca se rinden, esos que golean hasta en las porterías imaginarias de sus sueños. Messi y Cristiano han demostrado una vez más que no entienden de rendición ni de conformismo. Les da igual la circunstancia, el momento y el lugar, ellos siempre buscan el gol. Siempre quieren ganar. Esta vez se marcaron un doblete cada uno. Ambos ya llevan 8 goles en la Liga.

Tito no se debería andar con experimentos. Y antes del clásico se metió en el laboratorio y sacó de la probeta a Adriano de central. Guardiolada. O si me apuran, una "cruyffada". Recuerda al invento guardiolista de Alves de extremo derecho hace 2 cursos o a las variantes de Johan, cuando cambiaba el esquema los días que se enfrentaba a los blancos. De ahí nació el cacareado canguelo. La entrada de Adriano poco tiene que ver con el canguelo, más bien es un experimento con gaseosa del profesor Vilanova que a punto estuvo de salirle rana. 

El Barcelona fue una comparsa durante el primer tiempo. La nave azulgrana navegó lastrada por la fuga que presentaba a popa. Las ausencias de Piqué y Puyol pesan demasiado. Le cuesta a Tito reordenar esa defensa. Esa vulnerabilidad es aprovechada por los rivales, que encuentran un punto débil por el que atacar con especial virulencia. Sobre todo un equipo con tanta mordiente como es el Real Madrid. Capitaneados por unos mariscales llamados Xabi Alonso y Mesut Ozil, el Madrid avasalló a los culés en la primera parte. Les puso los congojos por corbata con un cabezazo de Ramos que se marchó un palmo a la izquierda de Valdés y lo reventó todo con el zurdazo de Cristiano, que se coló inapelable por el primer palo. Era previsible. El Barça hacía aguas y el Madrid estaba desfilando portentoso por el césped del Camp Nou. A punto estuvo de matar a su rival por medio de Benzema, al poste, y Di María, su remate se marchó desviado un palmo a la izquierda del portero azulgrana.

Como se demostró en el Pizjuan la semana pasada, este Barça sabe navegar contra corriente. Las circunstancias eran francamente desfavorables. A esa defensa de gente de baja estatura, por no decir pequeños, le crecieron los enanos en el sentido metafórico del término con la lesión de Alves. Le sustituyó el canterano Montoya y como en el fútbol, igual que en la vida, Dios escribe derecho en renglones torcidos, ese cambio resultó alentador para los intereses de los barcelonistas. Y como este Barça tiene ángel en los momentos complicados, Pedro encaró por la zona derecha, exigió a un Marcelo que estaba desbordado por la falta de ayudas, sirvió un centro interior, se lo comió Pepe y Leo Messi aprovechó el regalo para situar las tablas en el luminoso. Nunca le regales un bombón a un oportunista porque siempre se lo comerá y te exigirá más. 

Catapultado por el gol y por la incorporación de Montoya, el Barça se vino arriba y empezó a apretar al madrid.  Cesc e Iniesta, apoyados por las llegadas de Jordi Alba, causaron serias dificultades a la zaga madridista, pero entre Arbeloa y las ayudas de Khedira supieron abortar el peligro hasta llegar al intermedio. El Barça había sabido voltear una difícil situación precipitada por la espectacular primera media hora del Madrid. El descanso sirvió para que los jugadores de ambos equipos se pusieran las pilas y salieran muy enchufados al césped del Camp Nou.

Casi da primero el conjunto madridista si Delgado Ferreiro hubiese pitado un posible penalti de Mascherano sobre Ozil. Hubo contacto, cierto es, pero también es cierto que es una jugada confusa y a primera vista es complicado señalar la pena máxima. Ocurrió lo mismo con un posible penalti de Pepe sobre Iniesta, pero el colegiado tampoco lo pitó, cabe pensar que por aquello de las compensaciones y las leyes.

Lo que sí pitó fue la falta de Xabi Alonso sobre Messi. El Barça se volvió a apoyar en el 10 para desequilibrar la balanza. El argentino transformó un libre directo que se coló a la izquierda de Casillas, que realizó una sospechosa estirada con el brazo izquierdo a medio estirar. Los santos tampoco son de chicle. Con este golazo, "La Pulga" se convirtió en el jugador que más goles (6) ha marcado en el Camp Nou en partidos ligueros. No hubo tiempo ni para disfrutarlo con un trago, un beso o una flor. A los 5 minutos, Ozil separó las aguas y vio la llegada de Cristiano por el centro para servirle un pase estratosférico que el portugués no desaprovechó. La unión de los panes y los peces, los hados y las hadas, el fado y la cerveza. Definición perfecta de Ronaldo, que ya ha marcado 16 goles en Liga a pase del alemán, tantos como Ronaldo a pase de Zidane. La ópera y el rock no son incompatibles. Que se lo digan a Freddy Mercury. 

Todos los jugadores estaban entregados a la causa, especialmente un Cristiano que peleó como un titán a pesar de que estaba tocado del hombro. Y así acabó el partido. No se puede dudar del compromiso del portugués con la causa madridista. El empate parecía un resultado justo, aunque escaso para los más incondicionales seguidores madridistas. En esas remató Montoya al larguero y, poco después, Pedro disparó un dardo envenenado que se marchó silbando el palo derecho del arco de Casillas. Suspiros y quejidos repartidos por toda la geografía española. "Virgencita, que me quede como estoy". Así de grande es el fútbol.

Después de la batalla del Camp Nou se mantienen los 8 puntos de distancia entre Barcelona y Real Madrid. Es una distancia considerable, pero no es una distancia definitiva para separar a estos dos transatlánticos del fútbol español. Como los buenos enamorados no se dicen adiós, se dicen hasta luego.

viernes, 31 de agosto de 2012

Un Supercampeón golpea primero


El Madrid gana el primer título de la temporada tras vencer 2-1 al Barcelona en el Bernabéu

Los blancos noquearon a los culés en el primer tiempo con los goles de Higuaín y Cristiano

Improductivo dominio azulgrana en el segundo tiempo a pesar de las ocasiones de Tello, Montoya y Messi

Por Alejandro Rozada (@alexrozada)

Le bastó con 20 minutos. El Real Madrid se ha proclamado campeón de la Supercopa de España gracias a un arranque fulgurante. Los goles de  Higuaín y Cristiano Ronaldo noquearon al Barcelona. Quién sabe si la cantada de Víctor Valdés en el partido de ida fue el primer gol madridista en el partido de vuelta. Muchos le culpan de la derrota. La historia interminable. Pero si no llega a ser por sus intervenciones, no hubiese habido historia. Ni interminable, ni con fecha de caducidad. Valdés es uno de esos futbolistas con los que solo el peso de la historia hará historia. Hasta entonces, entretenimientos al margen, solo queda rendirse al primer campeón de la temporada y profundizar en los errores defensivos que, una vez más, han condenado al conjunto azulgrana.

Mourinho le ha hecho un pijama al Barça. Y se lo pone para andar por casa. En las competiciones domésticas. Primero le puso un pijama de marca en la Copa del Rey de 2011 gracias al gol de Cristiano. Después, un traje de algodón que le permitió ganar la Liga de la pasada temporada con la máxima calidad, sin sudar y sin alergia, con 9 puntos de renta, incluso le puso un camisón en el Camp Nou. Y ahora le ha hecho un pijama de verano, totalmente transpirable que permite al conjunto blanco afrontar con mayor frescura los primeros compases de la temporada. Digamos que ese pijama llevaba incorporada una bomba de oxígeno para que el Real Madrid se recupere de un inicio titubeante.


Para ponerle ese pijama al Barcelona, Mourinho tuvo que arriesgar y apostó por un estilo valiente para darle la vuelta a la eliminatoria. Sin corsés defensivos. Salió con decisión a por el Barcelona y lo embistió con sus dos miuras más peligrosos. Primero avisó Higuaín con un disparo cruzado que rechazó Valdés, pero a la segunda no perdonó. Pepe habilitó al delantero argentino con un pase en largo, Mascherano hizo una mala imitación de Karate Kid, El Pipita se quedó solo delante del portero azulgrana y lo superó con un remate, que se coló por debajo de las piernas de Valdés. No pasaron ni diez minutos y Cristiano Ronaldo se aprovechó de otra indecisión de Piqué, se gustó con una espuela y llegó hasta el área azulgrana para marcar con un remate que dejó sentado al guardameta azulgrana. El portugués suma y sigue. Otro gol en un clásico. Sale a uno por partido. Cristiano sabe elegir.


El Real Madrid estaba desatado y los azulgranas no sabían dónde meterse para frenar el chaparrón. Desde el banquillo, Vilanova contemplaba atónito el bochornoso espectáculo que estaba ofreciendo su equipo. Las líneas de pases madridistas les habían abierto las costuras que ya se dejaron ver el pasado domingo en el Reyno de Navarra. Hubo aliados y enemigos. El mejor aliado fue el árbitro, Mateu Lahoz, que anuló un gol de Pepe a la salida de una falta lateral. Y el enemigo culé, Adriano. Infame partido del lateral brasileño, que terminó expulsado. Entre una cosa y otra, algunos ya dejaban entrever una noche histórica en el Santiago Bernabéu. Manita a la vista, sospechaban. Pero Higuaín perdonó. El día que el delantero argentino materialice todas las ocasiones de las que dispone, será considerado uno de los más grandes de la historia.

Aquí hizo acto de presencia el orgullo de los jugadores del Barça. Y si tienes a un tal Leo Messi en tu equipo, eso lo tienes asegurado. Fue el argentino, quién si no, el que asomó la cabeza  para recortar distancias y devolver la emoción al partido con un latigazo de falta que se coló a la derecha de Casillas. Golazo de Messi para que el equipo azulgrana recuperase la identidad y afrontase la segunda parte con opciones. Pero el duelo perdió espectacularidad en el segundo asalto, el Madrid no supo aprovechar la superioridad numérica, se durmió, algunos jugadores resistían a duras penas y los barcelonistas soñaban con el empate, que les daría el primer título de la temporada.


El Barcelona tocaba y tocaba sin ton ni son, a la espera de sorprender al Real Madrid en un renuncio. Y a punto estuvo de conseguirlo gracias a dos canteranos que revolucionaron el partido. Tello y Montoya dispusieron de dos ocasiones claras ante Casillas pero, en ambos casos, el guardameta madridista se volvió a convertir en un obstáculo insuperable. Se les hizo de noche y el Dios Ra del madridismo arrojó luz sobre su equipo, acongojado y rendido ante una intensidad inesperada a estas alturas del curso. Cuando todo parecía encaminado hacia la celebración blanca, Messi estuvo a punto de reventar titulares y cambiar portadas, pero su lanzamiento se perdió a la derecha de Casillas.

El Real Madrid, supercampeón. A pesar de perder por la mínima el primer asalto de la eliminatoria, dio dos veces en los primeros minutos del partido de vuelta y se llevó el torneo. Quizás, la próxima temporada, con Modric y Song plenamente asentados en ambos equipos, cambiarán las tornas. O no. Lo que es de suponer que se mantendrá inalterable, es la bipolaridad de los últimos años en el fútbol español. Ya nos hemos acostumbrado a ellos. Porque si dos son pareja, tres son multitud.

     
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viernes, 24 de agosto de 2012

Valdés enreda la Supercopa

Di María aprovecha un error del guardameta del Barcelona para avivar las opciones del Real Madrid

Los madridistas se quejan de que Pedro estaba en fuera de juego en el gol del empate

Recital de Iniesta y oportuna aparición de Messi para adelantar al Barça de penalti


Estamos en agosto. Seguimos en pretemporada. Aunque haya comenzado ya la Liga, los equipos están de rodaje. La Supercopa de España no deja de ser una partida de poker de andar por casa. Si tienes una buena mano, te puedes llevar el premio pero sin llegar a hacer un ´All In´. Hasta entonces, te lo pasas bien. El intercambio de movimientos es entretenido e interesante, intenso e imprevisible. Juegos reunidos. Fútbol de verano. Una buena opción para combatir el calor veraniego. Cuando los jugadores tienen cartas tan buenas, el resultado es una partida como la de esta noche en el Camp Nou.

El primer periodo dejó malas sensaciones entre el respetable. Que si no hay ocasiones, que si faltan estrellas, que si no hay  ritmo… Entre el calor y la falta de minutos de los jugadores, el partido era una cama sin sábanas. Te las quitas porque tienes calor, pero temes el traicionero frío de madrugada. Me refiero a las ausencias de Jordi Alba, Cesc Fábregas, Di María o Higuaín en los onces titulares. Ellos son las sábanas que calientan un partido y esa fue la razón que dejó fríos a muchos aficionados al final de los primeros 45 minutos. A pesar de todo hubo ocasiones y jugadas interesantes. Diamantes compartidos.

Piqué hizo un gran trabajo de contención, e incluso de creación; Xavi, una vez más, fue el mariscal de la posesión del esférico; Alves, hiperactivo en las incursiones por la banda derecha. En el Real Madrid, Xabi Alonso era la brújula que orientaba el juego y la defensa formada por Coentrao, Ramos, Albiol y Arbeloa resolvía los ataques de los azulgrana con acierto, aunque para ello empleando mucha dureza en algunos momentos. El Camp Nou dedicó una monumental pitada a Clos Gómez por no penalizar una dura entrada de Coentrao sobre Messi.  Al descanso se fueron con amarilla Xabi Alonso, Arbeloa y Mascherano, este último por una durísima entrada sobre el lateral portugués madridista. Los aficionados bostezaban. Entre la hora y el desarrollo del primer tiempo, echaban en falta estar en una terraza tomando algo al raso disfrutando de la canícula estival.


La segunda parte fue otra historia. Parecía el Carranza. O el Teresa Herrera. Los jugadores de ambos equipos salieron muy mentalizados al terreno de juego y la partida se puso muy interesante. El intercambio de golpes comenzó con un dudoso penalti sobre Alexis, que Clos Gómez no señaló. El colegiado aragonés no defraudó las expectativas y tuvo mucho protagonismo. Como lo tuvo el día que Mourinho salió a la sala de prensa del Santiago Bernabeu con la famosa lista, o cuando expulsó a Guardiola en Almería. Muchos árbitros poseen la extraña habilidad de sacar de quicio a simios y troyanos. Y en la vuelta, cita con Mateu Lahoz. Pedro Piqueras pide la palabra para describir lo que se puede vivir ese día en Madrid.

Pero los indiscutibles protagonistas del segundo tiempo fueron los jugadores. Cristiano Ronaldo apareció de la nada para marcar el primero con un cabezazo a la salida de un corner botado por Ozil y marcar su cuarto gol consecutivo en el Camp Nou. El portugués siempre tiene una buena mano. Pero no tardó en llegar la respuesta del Barça. Pedro también se maneja bien en la línea del azar y, aprovechando un pase magistral de Mascherano, le ganó la espalda a Coentrao y batió a Casillas con un disparo cruzado. Los madridistas lamentan que el canario se maneja tan bien porque hace trampas e inciden en que partió en posición anti reglamentaria en la jugada del gol. Empate técnico en la partida hasta que Messi desniveló la balanza al transformar un penalti claro de Ramos sobre Iniesta.

Hay jugadores para los que no existe la pretemporada. Ellos siempre juegan al máximo nivel. Caso de Andrés Iniesta. Afronta cada partido como si fuera una final, incluso las semifinales veraniegas a doble partido. Su recital de pases, controles y regates en cada partido debería de grabarse en vídeo y difundirlo por escuelas de futbolistas de todo el país. El de ayer no fue una excepción. Y la prueba irrefutable es el pase que le sirvió a Xavi para lograr el 3-1. Volvía a aparecer la pareja más productiva del fútbol internacional. Todo parecía encarrilado para el Barcelona, que buscaba el cuarto gol para vencer la partida a lo grande.

Pero en esas se enredaron Adriano y Valdés con un “quitame allá esa cesión” y el más listo de la clase, Di María, se movió con la agilidad de un fideo para marcar un gol que enreda la Supercopa y pone picante al primer trofeo de la temporada futbolística. Las complicaciones del guardameta del Barça con las cesiones son dignas de estudio, aunque no se puede obviar la mala actuación defensiva en los goles del Real Madrid. Marcajes inexistentes.

El desenlace, en unos días, en el Santiago Bernabéu. Habrá que volver a escribir rápido para no terminar esta crónica a la hora del desayuno. A estas horas, uno ya no sabe si toca cenar o desayunar. Probablemente, los futbolistas tampoco.

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viernes, 8 de junio de 2012

Se apagó la luz del sportinguismo



Se apagó el sol del sportinguismo. Para siempre. Tiemblan los dedos al escribir esta frase, pero la vida tiene estos giros inesperados. Costará días, semanas, meses e incluso años, asumir que un traicionero infarto de corazón ha apagado para siempre, a los 54 años, la luz que iluminó al sportinguismo en las últimas temporadas. Porque Manuel Preciado Rebolledo extendió una frase que se ha repetido como una letanía durante los últimos años en Gijón:  “Mañana saldrá el sol”. Así se define la vida de un hombre que lideró la revolución pacífica del sportinguismo. Así se ilustra con total precisión su etapa como entrenador del Sporting. Y así se titula el libro que narra las vivencias del entrenador cántabro y que escribieron los periodistas Javier Barrio y Carlos Llamas. Se va justo antes de ponerse al mando de un ilusionante proyecto en el Villarreal. Las tragedias tienen estas paradojas.
Apagada la luz del Preciado, se enciende la llama de la eternidad. Porque Preciado ya es eterno. Se lo ganó a pulso en el campo, a pesar del borrón que supuso su última temporada en el Sporting de la que no salió todo lo bien que se merecía al ser destituido por la mala trayectoria del equipo. Y, sobre todo, se lo ganó a pulso por su extraordinaria calidad humana. Su talla personal se comprobó  desde el mismo día de su presentación en Gijón. Llegó a la sala de prensa de la Escuela de Fútbol de Mareo y se lamentó ante los periodistas del ambiente negativo que rodeaba al equipo.

“Me da la impresión de que si algo falta aquí, es alegría; alegría bien entendida y vamos a ver si entre todos damos un giro y hacemos posible lo que otros piensan que es imposible”, afirmó el entrenador de Astillero (Santander) en su primera rueda de prensa. Como si se tratara del discurso de un líder político de primer nivel, su mensaje caló en el sportinguismo y se extendió como un mantra por la ciudad. La afición se abrazó a la religión del “Preciadismo” y se declararon “preciadistas practicantes”, convirtiendo cada partido en El Molinón en una liturgia consagrada a su líder.
A la primera no pudo ser, pero a la segunda fue la vencida. En la temporada 2007-08, el Sporting logró el ascenso a Primera División después de diez campañas de travesía por el oscuro infierno de la Segunda. Y ahí no podía faltar Manuel Preciado. Para la posteridad queda la imagen del abrazo que se dio con su hijo Manu al final del partido contra el Eibar en El Molinón un 15 de junio de 2008. Era el tercer ascenso de su carrera después de subir de categoría a la Gimnástica de Torrelavega, al filial del Racing de Santander y al Levante. Pero ningún ascenso tenía el componente épico del conseguido por el Sporting. Lo necesitaba el equipo y, sobre todo, lo necesitaba la ciudad. Así nació una extraordinaria comunión entre afición y equipo, que consagró a Preciado como el indiscutible emperador del sportinguismo moderno y un abanderado de Gijón. Después de Quini, ningún personaje se ha comprometido ni identificado tanto con esta entidad. Por eso, ya han surgido voces que reclaman el nombramiento de Manuel Preciado Rebolledo como hijo predilecto de Gijón. Se le considera el cántabro más gijonés de la historia.





Hasta Jose Mourinho, con el que mantuvo un duro intercambio verbal durante la temporada 2010-11, ha dedicado una carta ´in memoriam´ a Preciado. Porque el fútbol español quiere a Preciado, un personaje que se ganó el aprecio general por su carácter afable, campechano y cabal. Y, por encima de todas las cosas, por ser un luchador que se sobrepuso a los obstáculos que le presentó la vida. En 2002 se fue su mujer por un cáncer; en 2004, su hijo murió tras un accidente de moto; en 2011, su padre falleció atropellado por un coche; y en un macabro guiño del destino, el 7 de junio de 2012, Manuel Preciado se fue al cielo con ellos. Parecía que el destino tenía preparada esta jugarreta para un hombre que afrontó la vida a cara descubierta: sin anclajes, sin chantajes y sin medias tintas. Hay vidas marcadas y la de Preciado parecía estar marcada por la tragedia. A pesar de todo, él decidió vivirla de frente y, haciendo gala de una eficiencia admirable, administró todos sus recursos para alcanzar la felicidad. Se mentalizó de que no merece la pena pasar la vida preocupado por pequeñas cosas. Y se convirtió en un defensor a ultranza de la alegría, aplicando a la realidad los versos de Benedetti.


Podría ser recordado por lo deportivo. Podría ser recordado por lo extradeportivo. Lo importante es que Preciado será recordado. En Gijón ya es un mito y la ciudad lo considera un hijo adoptivo. Esta ciudad se queda ahora resignada y melancólica. El descenso del Sporting queda en segundo plano porque las desgracias deportivas son subsanables, pero una pérdida humana no puede ser reemplazada por nada. Se fue Manuel Preciado. Se fue un buen hombre, un luchador, un tipo admirable. Sirvan estas líneas de responso gráfico para honrar en la hora del adiós a un vitalista para el que siempre saldrá el sol. Manuel Preciado ha sido una de esas estrellas que, en ocasiones, alumbra el fútbol. Porque Preciado siempre se comportó como ese hombre feo, fuerte y formal al que le cantó Loquillo: “En el calor de la noche, a plena luz del día, siempre dispuesto, para alegrarte el día. Hombre de bien a carta cabal”. ¡Hasta siempre, míster!

miércoles, 25 de abril de 2012

Un final no apto para niños


Absténganse los culés más jóvenes de continuar leyendo esta crónica. Puede herir su sensibilidad. El Barcelona cayó ayer en la Copa de Europa de la manera más cruel. Víctima de un gol de ese al que llamaban "Fallando" Torres. De un muchacho de Fuenlabrada de eterno aspecto infantil. Un futbolista acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre, en las dudas, en un pero continuo. Por cada halago recibe un palo. Que si tiene grandes condiciones técnicas y físicas, pero le cuesta convivir con la presión; que si tiene mucho futuro, pero no se merece ser una estrella porque el Chelsea pagó demasiado por él (58,5 millones de euros); que si asume muchas responsabilidades y tiene mucho futuro, pero le falta instinto asesino y es la eterna promesa... Pues si no quieres taza, toma taza y media. Ayer, Torres les dijo a sus detractores "aquí estoy yo" y se reivindicó en el Camp Nou para caldear aún más el ambiente de una olla a presión en la que El Niño quiso administrar la dosis letal al Barça.

El partido fue una película de suspense, que tuvo ritmo rápido, acción frecuente, héroes ingeniosos y poderosos villanos. Máxima tensión. Alto riesgo. Un vertiginoso guión que se comenzó a escribir desde los minutos previos al inicio del encuentro gracias a la piña de los azulgranas y al ambientazo en las gradas del Camp Nou. Y en cuanto echó a rodar el balón, se dispararon las pulsaciones. El Barcelona tomó el control del esférico y comenzó a acosar la meta de Petr Cech. Pero la noche tenía preparadas fuertes emociones para los culés. Era un encuentro no recomendado para menores de 12 años. Tampoco para los más mayores por aquello de los peligros de los corazones cuando hiperventilan en exceso. Fruto de esa incertidumbre llegó un choque que revolucionó los corazones de la "gent" blaugrana. Valdés salió con todo a despejar el balón tras un saque en largo y se llevó un trompazo con su compañero Piqué, que permaneció tendido en el terreno de juego durante varios angustiosos minutos. Fue tan duro este choque que Piqué se quedó groggy y, después de varios dimes y diretes con Guardiola, tuvo que abandonar el terreno de juego para dejar paso a Alves, que hizo las veces de lateral.

A pesar de la mala noticia de la retirada de Piqué del frente de batalla, la táctica de máximo ataque del Barça no se detuvo. Continuaron las aproximaciones a la portería del equipo inglés, aunque en cada descuido defensivo, el eterno y solitario delantero de los blues, Didier Drogba, causaba estragos. En una de sus llegadas, el marfileño se fue de Piqué tras un saque en largo de Cech y, tras escorarse demasiado, no pudo superar a Valdés. A partir de esta jugada, el partido fue un monólogo del Barcelona. Parecía un partido de balonmano. El Chelsea se convirtió defendió con diez hombres que se plantaron en la frontal de su área y al Barcelona no le quedó más remedio que mover con paciencia el balón de un lado a otro para crear situaciones de superioridad hasta batir a Cech. Absoluta perseverancia de los azulgranas hasta que se abrieron las aguas gracias a una incursión de Isaac Cuenca por la izquierda, sirvió un pase atrás a Busquets que, con frialdad, mandó a la red. No se terminaron aquí las buenas noticias para los hombres de Guardiola porque no habían pasado ni dos minutos del gol de "Busi" cuando llegó la fechoría de Terry, que fue expulsado merecidamente por un absurdo rodillazo sobre Alexis sin balón de por medio. Se prodigaba así la leyenda negra del capitán del Chelsea en la Liga de Campeones después de fallar el penalti decisivo contra el Manchester United en la final de la Champions League de 2008.


El rugido del Camp Nou fue el grito de un King Kong furioso, que no se conformaba con cazar a la presa menor. Después de completar la primera parte del objetivo con el gol de Busquets y de cobrarse la pieza de John Terry, el Barcelona no se resignó y quiso destrozar a su oponente. Nadie quería que se repitiera el guion de la recordada eliminatoria frente al Inter en 2010. Y llegó el gol de Iniesta tras una extraordinaria asistencia de Messi, que ayer volvió a ser determinante en la labor creativa sin necesidad de prodigarse en exceso en la búsqueda del gol. Así se parecían conjurar todos los maleficios y espantar los fantasmas de perder la opción de jugar la final de la Copa de Europa la misma semana en la que se produjo la pérdida virtual de la Liga por la derrota contra el Real Madrid. El Barcelona estaba matemáticamente clasificado y muchos pensaban que otro Iniestazo volvería a resultar mágico y decisivo. Perfectamente engrasada, la maquinaria azulgrana funcionaba a las mil maravillas y parecía que esta historia iba a tener un final feliz. Un 2-0 era un óptimo resultado para llegar al descanso. En éstas apareció la conexión Lampard-Ramires. La defensa del Barça se abrió en canal y dejó en posición franca al brasileño, que se plantó con total tranquilidad ante Valdés al que superó con una vaselina perfecta. El suspense volvía a hacer acto de presencia en el coliseo azulgrana. Guardiola estaba frenético. Al igual que en Stamford Bridge, un contraataque del equipo inglés le había costado un gol. De nada habían servido los concienzudos análisis de los errores encadenados que costaron el gol de Drogba en el partido de ida.



Con el mazazo del inesperado gol de Ramires, se llegó al descanso y los futbolistas de ambos equipos afrontaron el intermedio francamente sorprendidos por el desarrollo de los acontecimientos durante el primer asalto. La superioridad del Barça era tan evidente como el golazo de Ramires, pero la reacción azulgrana no se hizo esperar. Al inicio del segundo periodo, el tiempo se congeló en el corazón del área del equipo londinense, Drogba derribó a Cesc y el árbitro señaló al punto de penalti. Pena máxima favorable al Barcelona que lanzó Messi y que se estrelló en la escuadra derecha. El argentino ha fallado tres de 13 penaltis lanzados con el Barça en esta temporada. Falló ante Sevilla (Liga), Valencia (Copa) y ayer ante el Chelsea (Europa). El partido se había convertido en una montaña rusa de emociones. El Camp Nou miraba continuamente la hora y los minutos pasaban de manera vertiginosa. Se sucedían las ocasiones azulgranas pero no había manera de superar el entramado defensivo que había dispuesto Roberto di Matteo. El guión resultaba muy angustioso y contrario a los intereses de la afición que llenaba las gradas del Camp Nou. Y la puñalada final estaba por llegar.


Al contrario de lo que sucede en muchas películas de guión fácil, esta película no tuvo final feliz. Y llegó de la manera más cruel. Con un protagonista inesperado con el que solo contaban los madridistas más optimistas y los culés más pesimistas. Fernando Torres ingresó al terreno de juego, tomó el testigo del trabajo que había realizado un incombustible jabato llamado Drogba, reciclado al lateral izquierdo, y se quedó con las orejas tiesas a la expectativa de aprovechar algún contraataque para establecer la igualdad. Los minutos pasaban como centellas para la afición del Barça y, en plena impotencia culé, Torres cazó un balón en el centro del campo y se fue en carrera a por Víctor Valdés al que encaró, regateó y batió en una jugada que recordó a la del gol de Raúl en la final de la Copa de Europa del año 2000 contra el Valencia. 

El fútbol tenía una deuda con el Chelsea desde que perdió trágicamente la final de la Champions de 2008 con el Manchester y cayó eliminado en las semifinales de la edición de 2009 con el Barça. Ayer, el Chelsea se cobró esa deuda y pudo haber finiquitado un ciclo glorioso del Fútbol Club Barcelona. Y lo hizo como llegan las muertes más dolorosas: con cara de niño.

viernes, 9 de marzo de 2012

Lavodrama, el profesor de las canchas



Intelectual, desprendido, dandy (no todos los jugadores y ex jugadores de baloncesto lucen una planta tan impecable, con o sin traje), conversador, listo (muchísimo, tanto que sería más aplicable utilizar el término inteligente), superviviente y oportunista, si se permite el término superviviente para definir a un deportista permanente que ha sabido cambiar de rol en función de los distintos escenarios por los que ha pasado. Porque él ha demostrado cómo se puede llegar a ser un hombre de buen vivir lejos del primer plano de las canchas. Porque la buena vida siempre es compatible con el buen baloncesto, el del máximo nivel.

Hubiera podido ser lo que él hubiera querido, pero se cruzó en su camino el balón grande. "En mi familia, mi hermana mayor, la persona que me sirve mucho de ejemplo, y mis hermanos mayores hacían todos atletismo, balonmano y baloncesto. Les seguí los pasos y allí empezó todo a los 12 años". La familia, siempre aparece la familia en el camino de los deportistas. Y, en la mayoría de los casos, como éste que nos ocupa, para bien. A partir de aquí, Anicet Lavodrama comenzó su particular partido por las canchas.

El resto es una aventura que le llevó en 1988 a competir en los Juegos Olímpicos de Seúl. De su generación son Divac y Radja, contra los que compitió su selección (República Centroafricana) en esa cita. El propio Lavodrama cuenta maravillosas anécdotas de su aventura olímpica: "Hice un mate con defensa en zona y durante el partido me preguntaron si jugaba en la NBA, lo que para mí fue un gran cumplido”. Si de mates hablamos, y no nos referimos a la infusión paraguaya, Lavodrama tiene mucho que recordar: "A mí me encantaba pasar sin que el rival lo esperase, pero es cierto que pasé a la historia por mis mates y tapones. Hay momentos en los que te sientes explosivo, recuerdo cuando hice un mate tras un ‘alley oop’ que fue muy importante para mi Universidad de Houston Baptist". 

Y si menciono las habilidades ajenas es porque Lavodrama jamás ha tenido problema para enseñar a los demás. “Me gusta enseñar y algunos compañeros me han dicho que debería dedicarme a entrenar; he participado en campus de formación de niños en Estados Unidos, España y África. Es una sensación que me encanta”, destaca este centroafricano que puede presumir de haber sido búho y esponja a lo largo de su carrera. Así comenzó a destacar en la República Centroafricana y así coincidió en 1979 con un entrenador estadounidense de Carolina del Sur, llamado Christopher Pond, en la selección senior. Él le hizo el ofrecimiento de irse a estudiar a Estados Unidos, donde podría continuar sus estudios del COU (que era lo primordial para él). Allí comenzó una aventura que construyó una leyenda, que el propio Lavodrama se encarga de alimentar, alterando las anécdotas y fingiendo, según el humor, una traviesa mala memoria.


Con esa osadía se formó en en la República Centroafricana, el mejor entorno para el baloncesto, un país que se convirtió en un vivero para la NBA. Lavodrama lo vivió en sus propias carnes porque desde allí, se fue a Houston. Su historia es parecida a la de otro gigante del baloncesto, un tal Hakeem Olajuwon, al que Christopher Pond también bendijo y le propuso lo mismo. Hakeem aceptó y le aconsejó a su colega, con el que le unían mutuos lazos de respeto y amistad, que hiciera lo mismo, pero Anicet siguió su propio camino. “Los entrenadores me decían que yo era más intelectual que Olajuwon y que mi deseo por aprender era más cultural", recuerda este pensador de las canastas, que tuvo como gran espejo a su hermana mayor, jugadora de baloncesto y balonmano. Entre risas, Lavodrama evoca un hecho que demuestra su talento persuasivo: "Empezaron a jugar al basket mis dos hermanos mayores y les llevaba las bolsas. Yo empecé practicando el atletismo, hasta que a los 11 o 12 años comencé a jugar al baloncesto.

Si fuera un tipo normal le definirían sus títulos. Sin embargo, tanto como ellos, o más incluso, le define su carácter hercúleo, dentro y fuera de las canchas. Es un filósofo del baloncesto con una personalidad inquebrantable. Es una ´rara avis´ del mundo de la canasta que pudo disfrutar de una etapa inolvidable en la NCAA (La liga universitaria de Estados Unidos). "Fue una experiencia muy significativa a nivel de formación personal, de perspectiva de mi vida adulta y profesional, y una fase que me permitió ver todas las posibilidades que un joven podría tener buscando su formación académica al mismo tiempo que podía seguir mejorando y compitiendo en un entorno tan estructurado y con tantos medios y recursos a la disposición del deporte", cree Lavodrama que concibe el sistema de la NCAA como "el mejor sin duda para que un joven, con las ideas claras y siendo consecuente, pueda ver que se puede conseguir muchísimo, tanto académicamente como en el deporte de su elección. Luego, la sociedad estadounidense da el estímulo de la competitividad en todo los ámbitos". No obstante, precisa que "hay que saber gestionar la intensidad y dureza de esto".

Pero no es mi intención contar aquí su historia, entendida como un relato detallado de su vida y milagros, sino la mía. Conocí a Lavodrama desde la posición privilegiada de observador esporádico y de tertuliano ocasional. Así pude apreciar con nitidez la fotografía personal de un africano, de un negro, que es un ejemplo de experiencia y convivencia enriquecedora con distintas razas, nacionalidades, ideologías políticas y religiones variopintas. Así empezó a fraguar su convicción de que "la mayor problemática de la sociedad hoy en día es la crisis de identidad permanente del ser humano. Su identidad de cara a su percepción de él mismo y de los demás, y en relación a la percepción de los demás de él".

Desde mi privilegiada posición, en el segundo plano, aplaudí con rabia cuando tocó. El motivo es que siento un enorme respeto por este viejo profesor. Habrá quien diga que le he pillado con las uñas gastadas. Podría ser. No pongo en duda su crueldad llegado el caso; así imagino a todos los personajes que él me recuerda: dueños de casino en Las Vegas, rapero del Bronx, campeón de los 100 metros lisos. Pero sobre todo me recuerda a un corredor de bolsa. "Mi idea era ser corredor de bolsa, pero me dijeron que tenía que llegar a la NBA por mi talento". Si no fuera por el color de su piel, lo habría confundido con Kevin Spacey en "Margin Call". Sin embargo, igual que acepto las opiniones desfavorables hacia los brokers, defiendo la desinteresada amabilidad de este firme candidato a broker hacia quién no tenía que darle más que las gracias; conmigo en este caso. Desde esa sintonía tan imprevisible como hacerse entrenador de baloncesto en los años 30,  incluso corredor de bolsa en esta época de crisis, he escuchado a Lavodrama y me he quedado con ganas de más. Sin que haya visitado la luna (que se sepa), sus vivencias pertenecen a otro planeta, el de aquella África, el de aquel baloncesto y el de aquel mundo.


Se da por sabido que Lavodrama no es un ególatra, y él juega con esa convicción. No obstante, no tengo claro si es el ególatra más humilde de cuantos existen o el humilde más ególatra. Igual se declara un genio (“Es un orgullo haber sido ‘drafteado’ antes que Sabonis, que ha sido uno de los mejores pivots del mundo”) que un impostor (“Me hubiera gustado medir 2.05 metros, pero me quedé en 2.02”). Sabe mucho de casi todo, pero se exhibe poco y le gusta más escuchar que escucharse, defender argumentos y rebatirlos. Es por eso que reclama, casi antes que cualquier cosa, buenos conversadores.

Por buena conversación y buena presencia demuestra a la perfección el saber estar característico de un personaje que ha alcanzado el punto de madurez exacto, a medio caballo entre lo pasional y lo profesional. Un modelo de vida que sirve de ejemplo para que la sociedad actual destierre de una vez por todas la palabra racismo de su vocabulario. Ya lo dice el propio Lavodrama: "No tengo ningún problema con ninguna persona por su origen. Cuando pones cinco niños de distintos orígenes, juegan; el problema lo tienen los adultos. Me parece absurdo odiar a alguien basándome en su raza".

Conclusión (mi conclusión, para ser más preciso): la aspiración de cualquier gran club no debe ser que en sus filas haya un crack de primer nivel. La aspiración de cualquier institución histórica, como los Lakers o los Bulls, debe de ser reunir a un equipo campeón y esa congregación ganadora es mucho más complicada que dar con un genio solitario. Debe de haber muchos genios que sepan jugar en equipo, muchos Anicet Lavodrama que, haciendo bandera de la educación y el conocimiento, tengan las suficientes agallas para decirle que no a a la mejor liga de baloncesto del mundo: la NBA.