lunes, 29 de octubre de 2012

El Barça de Tito es un rayo

Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana

Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas

Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés


Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.

Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1 empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros. Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido de pivote defensivo.

No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos. Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa, Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo y salió trasquilado.

Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana. Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante, cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió. Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí, tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo más goleado de Primera con 22 goles encajados.

David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300 goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la opción premiada era la segunda.

Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias, que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de alcanzar los 75 de Pelé en 1959.

Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria. Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes de tiempo.

Jordi Alba ejerce de Cesarini

Un providencial gol del lateral azulgrana en el 94 decide un agitado partido

Las aportaciones de Villa resultaron determinantes en los últimos minutos

Sostenido por su portero, el Celtic puso en muchos aprietos al Barcelona


Jugador singular, imprevisible, pillo y oportuno. Renato Cesarini fue un futbolista argentino que pasó a la posteridad por tener la virtud de marcar en los últimos minutos de los partidos decidiendo encuentros trabados y disputados. En homenaje a ese espadachín del tiempo se acuñó la expresión de ´Zona Cesarini´ para definir esa franja final  en la que se mezcla lo divino con lo terrenal.  Mitad suerte, mitad justicia. Mitad partido, mitad descuento. Entre la vida y la muerte circula ese intervalo temporal en el que se marcan los goles más decisivos e inesperados. Los bocados de chocolate que más se saborean porque ya no queda ninguna unidad más al alcance de la mano. Caviar para los paladares más inconformistas. Pecados para la posteridad.

Jordi Alba ejerció de Cesarini tres una agitada noche en el Camp Nou. No es argentino, pero ha demostrado que los de Hospitalet de Llobregat también son indetectables y determinantes. No pongan un radar en su camino porque se lo saltará. Se las sabe todas. Es un Lazarillo del fútbol español que tiene la capacidad de adelantarse a los ratones para comerse el queso. Posee el ingenio suficiente para ser obispo y monaguillo. Y todo a una velocidad fulgurante porque, al igual que al mítico futbolista argentino, el reloj sonríe a Alba. Cuando las manillas enfilaban la dirección del túnel de vestuarios y la sufrida afición clamaba al cielo, apareció este habilidoso lateral para darle la victoria al Barça. Chico listo este Jordi.

Como se trataba de ganar para encarrilar el acceso a los octavos de final de la Copa de Europa y se ganó, el barcelonismo tuvo una noche feliz. Se mueve bien este Barça al filo de la navaja. Así son estos malabaristas del fútbol, capaces de hacer equilibrios con el balón y el paso de los minutos. No conviene abusar de este talento, pero todo vale en el circo del fútbol. Aunque la función estuvo a punto de terminar mal para los equilibristas de Vilanova porque el Celtic de Glasgow plantó el autobús en el Camp Nou y cerca estuvo de atropellar a los intrépidos acróbatas azulgranas. Apoyados en una sujección defensiva férrea, con diez hombres metidos en su propia área, y en un buen parachoques en la portería, los escoceses averiaron las correas de distribución del juego culé. Le encontraron las vueltas a Song en el centro del campo y causaron estragos al bueno de Bartra, gran novedad del once barcelonista. El entrenador del equipo escocés, Neil Lennon, apuntó en su libreta los puntos débiles del Barcelona y dio donde más duele.
En el minuto 17, en su primera aproximación al área de Valdés, colgaron una falta desde la derecha, se aprovecharon de su superioridad en el juego aéreo, el gigante Samaras se convirtió en Gulliver ante Alba, cabeceó y el liliputiense Mascherano no pudo evitar que el cuero rebotara en su espalda y se colara en la meta de un impotente Valdés. Los aficionados veían pisoteadas sus esperanzas de encarrilar por la vía rápida el pase a octavos y asistían malhumorados a la melodía que tocaban los gaiteros de Lennon. No encontró una mejor excusa el técnico escocés para llamar a la calma y apelar al sentido común de sus huestes: cabeza, cabeza y cabeza. Contaba con que el golpe iba a cortocircuitar al Barcelona. Y así fue.

El Barcelona disparó las revoluciones y se echó en tromba sobre la portería de Foster. Avisó Messi con un lanzamiento de falta que bailó por la red superior de la portería. Pocos minutos después, combinaron Messi, Iniesta y Xavi, jugando a la quema en el área escocesa y culminó el de Fuentealbilla, medio cayéndose, con un remate ajustado que se coló en la portería escocesa. No pudo elegir una ocasión mejor el manchego para estrenar su cuenta goleadora esta temporada.

Las infructíferas combinaciones y carambolas de billar eran la unica alternativa azulgrana para acechar la meta de Foster. Pero el arquero estaba empeñado en demostrar que el fútbol escocés también puede fabricar magníficos porteros. Sacó tres manoplas determinantes: primero ante Messi, luego ante Alexis y, de nuevo, ante el argentino, en un remate a bocajarro que el guardameta rechazó con su guante izquierdo en una estirada felina. Partidazo del portero escocés que estaba impacientando a la gent blaugrana, que se encomendó al Guaje Villa. Salió el asturiano al campo en el minuto 80 de partido. Se podría escribir una tesis sobre el concepto de urgencias que maneja Tito Vilanova ya que metió a su único delantero a diez minutos del final del encuentro. El caso es que el 7 blaugrana a punto estuvo de demostrarle por qué se merece ser el único ariete del Barça. Lanzó un balón al palo en el minuto 87. Muchos pensaban que ahí había estado la victoria azulgrana y el langreano no iba a tener más oportunidades.

Hasta que en tiempo de descuento, Adriano sirvió un buen balón al corazón del área, Villa fijó a dos defensas del Celtic para habilitar la llegada por sorpresa de Jordi ´Lazarillo´Alba, que ganó la espalda a la zaga, entró como un cohete para tocar lo justo y marcar en el minuto 94. Delirio en el Camp Nou. Se volvió loco el barcelonismo al ver que se habían ganado un encuentro durísimo. No se sabe si celebraban el triunfo de la fe, la suerte o la pillería. Hubo una liberación total. Exorcismo completado. Homenaje a Cesarini.

lunes, 22 de octubre de 2012

Papá Messi manda en el patio

El hat trick del crack argentino decidió un partido de locos

Los errores de ambos equipos mantuvieron la emoción hasta el final

El Barça suma su séptima victoria liguera pero se queja del arbitraje de Paradas



Messi ya ejerce de padre. Puso orden en un partido de locos. Lo que se disputó en Riazor fue una pachanga de patio de colegio, un espectáculo que encandila a los aficionados pero que pone de los nervios a los entrenadores. El fútbol más puro. Un canto a favor de la anarquía futbolística. Un choque a la inglesa. Con un ritmo electrizante, constantes imprecisiones y puntuales variaciones en el marcador. Lo más normal es que este encuentro hubiese terminado en empate. Por el número de errores que se produjeron en las dos áreas, cabía pensar en las tablas. Pero ya se sabe que este Barcelona va a contracorriente, camina sobre las aguas y es capaz de salir airoso de los envites más peliagudos.

Le van los retos al Barça de Tito, que firma un registro espectacular al comienzo del campeonato liguero: 22 puntos sobre 24 posibles, 7 partidos ganados sobre 8 disputados y 24 goles a favor. Los duendes sonríen al proyecto de Vilanova porque anteponen los datos positivos al preocupante bagaje defensivo: 11 goles encajados. No recibía tantos goles en las 8 primeras jornadas desde la Liga 2002-03. Se lo tienen que hacer mirar, aunque poco tiene que ver este Barcelona con aquel equipo al que entrenaba Louis Van Gaal. La envergadura de este conjunto se comprueba a la perfección cuando se mira con perspectiva histórica, ya sea con catalejo, prismáticos y telescopio. En otra época, no hace muchos años, el Barcelona no hubiese ganado el partido de Riazor. Pero seguramente tampoco habría ganado los choques contra el Osasuna y el Sevilla. Ni tan siquiera hubiera empatado contra el Real Madrid en el Camp Nou. Ahora tiene ángel y vive cómodo bajo la inspiración divina de un espíritu celestial procedente de Rosario.

El crack argentino es insaciable. No para. Vive en una mejoría permanente. Pasan los años, los partidos y los campeonatos, y no se cansa de añadir sorpresas a su inabarcable repertorio. De mejorar su estilo de juego. No deja de perfeccionar su inagotable talento. Mientras, los rivales se estrujan los sesos en el microscopio para tratar de encontrar una fórmula mágica que les permita frenar a la pulga más peligrosa del fútbol mundial. De momento, el proceso es arduo e infructuoso. Sus números meten miedo: con sus 3 goles y su asistencia en Riazor, ya suma 267 goles y 100 asistencias en 341 partidos disputados. Esta temporada ya lleva 11 goles y es el máximo goleador de la Liga. Messi no entiende ni de virus, ni de maldiciones, ni de despistes. Vive por y para el fútbol. Además, ahora ya puede presumir de que sabe imponer a los partidos sus condiciones usando para ello su emergente instinto paternal. Lo tiene todo.

En el patio de Messi se colaron los goles de Jordi Alba, Tello y las asistencias de Fábregas. Fue un partido no apto para los más tardones y despistados. A los 18 minutos ya ganaba 0-3 el Barcelona. Abrió la espita Jordi Alba en una jugada que recordó a la de su gol en la final de la Eurocopa, pero con menos recorrido y distinto asistente: en aquella ocasión fue Xavi el que sirvió un balón envenenado a la llegada de la bala de Hospitalet, y esta vez fue Cesc Fábregas quien dio el pase decisivo al supersónico lateral para que marcara con un zurdazo raso y ajustado ante la salida de Aranzubia estrenando así su cuenta goleadora con el Barça. Poco después, Messi comenzó su exhibición con una buena jugada que culminó con una apertura hacia Tello, que se perfiló, buscó el remate y marcó con un potente disparo cruzado. Y el tercero de la noche fue obra de Messi, que sorprendió con un imponente trallazo desde fuera del área aprovechando un extraordinario pase de tacón de Fábregas. A esta hora se sigue sin saber el número de telas de arañas que destrozó el disparo del argentino. Cuando el partido parecía irse encaminado hacia una goleada de escándalo de los azulgranas, apareció Paradas Romero para inventarse que un derribo fuera del área de Mascherano sobre Riki era penalti y Pizzi no perdonó desde el punto fatídico. Poco después, Bergantiños añadió más picante al encuentro con un remate que se coló por debajo de los brazos de Víctor Valés. El Barça estaba tirando por la borda su fulgurante arraque, hasta que volvió a aparecer Messi para marcar su segundo de la noche aprovechando una nueva asistencia de Fábregas.

Al comienzo del segundo tiempo surgió de nuevo Pizzi para superar a la barrera y a Víctor Valdés con un impecable lanzamiento de falta. No acabaron aquí los disgustos para la parroquia culé porque, a continuación, Paradas expulsó a Mascherano por un golpe sobre Riki. El argentino vio la segunda amarilla y fue el chico malo de la clase que tuvo que irse a la caseta antes de tiempo. Queda en el aire la duda de si ese golpe del argentino sobre el atacante del Depor se merecía la doble amonestación. A Tito le entraron las prisas y decidió combatir esta ostensible baja con las incorporaciones de Adriano, Pedro y Xavi al terreno de juego con el fin de ganar en control del juego. La igualdad y la incertidumbre eran máximas. Deportivistas, colchoneros y madridistas soñaban con el gol del empate, un tanto que pondría picante a la lucha por el liderazgo. Pero Messi no estaba dispuesto a una sorprendente indigestión.

La Pulga impuso su ley, comenzó una arrancada endiablada desde la zona de tres cuartos, se plantó, amagó y dribló a Laure y Ze Castro, ganó posición de tiro y disparó un misil a nivel de tierra que superó a Aranzubia. El argentino culminaba su hat trick convirtiéndose de este modo (15) en el futbolista del Barça que ha marcado 3 o más goles en más partidos de Liga. La batalla parecía que estaba decidida, pero en esas Alba emuló a Romario y picó el balón ante la media salida del guardameta azulgrana para recortar distancias. Jordi no quería. Su error avivó el espíritu de remontada de los coruñeses, que soñaron con culminar con un empate. Así llegaron a los últimos minutos, en los que el propio Aranzubia subió al remate de un saque de esquina recordando su tanto ante el Almería el 20 de febrero de 2011. Era la gran esperanza, pero la defensa del Barça alejó el peligro y ratificó la victoria.

La inminente paternidad de Messi no le ha restado ni un ápice de voracidad goleadora. Su hat trick en Riazor ha vuelto a demostrar que es el chico más listo de la clase y el referente para la mayoría de sus compañeros. Él ganó el partido contra el Depor tendiendo una manita que las imprecisiones defensivas de sus compañeros estuvieron a punto de estropear. Ante tanta locura, Messi volvió a ser el más cuerdo.

lunes, 8 de octubre de 2012

No es un adiós, es un hasta luego


Se mantiene la diferencia de 8 puntos, pero el gran partido que el Real Madrid disputó en el Camp Nou invita al Barcelona a mantener la intensidad y la seriedad. A no relajarse. Porque un liderazgo bien vale tener las orejas tiesas. Si el primer tiempo sirve como objeto de estudio, la diferencia futbolística real entre madridistas y azulgranas no llega ni a los 3 puntos. Hay Liga. Aunque a punto estuvo de no haberla, si Montoya y Pedro hubiesen apuntado bien.

Fue el partido de los inconformistas. El clásico de los ganadores. Otro partido del siglo que decidieron los espadachines que nunca se rinden, esos que golean hasta en las porterías imaginarias de sus sueños. Messi y Cristiano han demostrado una vez más que no entienden de rendición ni de conformismo. Les da igual la circunstancia, el momento y el lugar, ellos siempre buscan el gol. Siempre quieren ganar. Esta vez se marcaron un doblete cada uno. Ambos ya llevan 8 goles en la Liga.

Tito no se debería andar con experimentos. Y antes del clásico se metió en el laboratorio y sacó de la probeta a Adriano de central. Guardiolada. O si me apuran, una "cruyffada". Recuerda al invento guardiolista de Alves de extremo derecho hace 2 cursos o a las variantes de Johan, cuando cambiaba el esquema los días que se enfrentaba a los blancos. De ahí nació el cacareado canguelo. La entrada de Adriano poco tiene que ver con el canguelo, más bien es un experimento con gaseosa del profesor Vilanova que a punto estuvo de salirle rana. 

El Barcelona fue una comparsa durante el primer tiempo. La nave azulgrana navegó lastrada por la fuga que presentaba a popa. Las ausencias de Piqué y Puyol pesan demasiado. Le cuesta a Tito reordenar esa defensa. Esa vulnerabilidad es aprovechada por los rivales, que encuentran un punto débil por el que atacar con especial virulencia. Sobre todo un equipo con tanta mordiente como es el Real Madrid. Capitaneados por unos mariscales llamados Xabi Alonso y Mesut Ozil, el Madrid avasalló a los culés en la primera parte. Les puso los congojos por corbata con un cabezazo de Ramos que se marchó un palmo a la izquierda de Valdés y lo reventó todo con el zurdazo de Cristiano, que se coló inapelable por el primer palo. Era previsible. El Barça hacía aguas y el Madrid estaba desfilando portentoso por el césped del Camp Nou. A punto estuvo de matar a su rival por medio de Benzema, al poste, y Di María, su remate se marchó desviado un palmo a la izquierda del portero azulgrana.

Como se demostró en el Pizjuan la semana pasada, este Barça sabe navegar contra corriente. Las circunstancias eran francamente desfavorables. A esa defensa de gente de baja estatura, por no decir pequeños, le crecieron los enanos en el sentido metafórico del término con la lesión de Alves. Le sustituyó el canterano Montoya y como en el fútbol, igual que en la vida, Dios escribe derecho en renglones torcidos, ese cambio resultó alentador para los intereses de los barcelonistas. Y como este Barça tiene ángel en los momentos complicados, Pedro encaró por la zona derecha, exigió a un Marcelo que estaba desbordado por la falta de ayudas, sirvió un centro interior, se lo comió Pepe y Leo Messi aprovechó el regalo para situar las tablas en el luminoso. Nunca le regales un bombón a un oportunista porque siempre se lo comerá y te exigirá más. 

Catapultado por el gol y por la incorporación de Montoya, el Barça se vino arriba y empezó a apretar al madrid.  Cesc e Iniesta, apoyados por las llegadas de Jordi Alba, causaron serias dificultades a la zaga madridista, pero entre Arbeloa y las ayudas de Khedira supieron abortar el peligro hasta llegar al intermedio. El Barça había sabido voltear una difícil situación precipitada por la espectacular primera media hora del Madrid. El descanso sirvió para que los jugadores de ambos equipos se pusieran las pilas y salieran muy enchufados al césped del Camp Nou.

Casi da primero el conjunto madridista si Delgado Ferreiro hubiese pitado un posible penalti de Mascherano sobre Ozil. Hubo contacto, cierto es, pero también es cierto que es una jugada confusa y a primera vista es complicado señalar la pena máxima. Ocurrió lo mismo con un posible penalti de Pepe sobre Iniesta, pero el colegiado tampoco lo pitó, cabe pensar que por aquello de las compensaciones y las leyes.

Lo que sí pitó fue la falta de Xabi Alonso sobre Messi. El Barça se volvió a apoyar en el 10 para desequilibrar la balanza. El argentino transformó un libre directo que se coló a la izquierda de Casillas, que realizó una sospechosa estirada con el brazo izquierdo a medio estirar. Los santos tampoco son de chicle. Con este golazo, "La Pulga" se convirtió en el jugador que más goles (6) ha marcado en el Camp Nou en partidos ligueros. No hubo tiempo ni para disfrutarlo con un trago, un beso o una flor. A los 5 minutos, Ozil separó las aguas y vio la llegada de Cristiano por el centro para servirle un pase estratosférico que el portugués no desaprovechó. La unión de los panes y los peces, los hados y las hadas, el fado y la cerveza. Definición perfecta de Ronaldo, que ya ha marcado 16 goles en Liga a pase del alemán, tantos como Ronaldo a pase de Zidane. La ópera y el rock no son incompatibles. Que se lo digan a Freddy Mercury. 

Todos los jugadores estaban entregados a la causa, especialmente un Cristiano que peleó como un titán a pesar de que estaba tocado del hombro. Y así acabó el partido. No se puede dudar del compromiso del portugués con la causa madridista. El empate parecía un resultado justo, aunque escaso para los más incondicionales seguidores madridistas. En esas remató Montoya al larguero y, poco después, Pedro disparó un dardo envenenado que se marchó silbando el palo derecho del arco de Casillas. Suspiros y quejidos repartidos por toda la geografía española. "Virgencita, que me quede como estoy". Así de grande es el fútbol.

Después de la batalla del Camp Nou se mantienen los 8 puntos de distancia entre Barcelona y Real Madrid. Es una distancia considerable, pero no es una distancia definitiva para separar a estos dos transatlánticos del fútbol español. Como los buenos enamorados no se dicen adiós, se dicen hasta luego.