lunes, 24 de noviembre de 2008

El deporte español es oro







1.42 h. Poco más puedo añadir después de semejantes tesoros gráficos. Estas cinco instantáneas resumen perfectamente lo que ha sido el año 2008 para España. Las imagenes de Alberto Contador, en Milan, tras ganar el Giro de Italia el pasado mes de mayo; de Iker Casillas, en el Pratter de Viena, levantando la Eurocopa; de Rafa Nadal dando el ansiado mordisco al trofeo de Wimbledon, que ganó tras derrotar al gran Roger Federer en un interminable partido en el All England Tennis Court; de los jugadores de la selección española de baloncesto tras conseguir la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín, y del equipo español, nuevo campeón de la Copa Davis (Feliciano López, Tommy Robredo, David Ferrer y Fernando Verdasco, con el capitán Emilio Sánchez Vicario) demuestran la buena salud y la magia que destilan nuestros deportistas. Y faltan unos cuantos: Samuel Sánchez (medalla de oro en la prueba de ciclismo en ruta de los Juegos); Carlos Sastre y Óscar Pereiro (vencedores del Tour de Francia) o los componentes de la selección española de fútbol sala (brillante subcampeones del mundo). Sin olvidar al asturiano Fernando Alonso, bicampeón del mundo de Fórmula Uno. Ellos han llevado al deporte español a dominar casi todas las disciplinas. Ya sólo nos falta un campeón de los pesos pesados de boxeo, de los 100 metros lisos de atletismo y un campeonísimo de ajedrez para completar la cuadratura del círculo. Para llegar a ser la armada invencible.


Hoy tenía pensado relatar más vivencias personales, pero me embarga la emoción al ver a mis compatriotas en lo más alto del podio. No quiero hablar sobre mí mismo con este rosario de fueras de serie tocando la gloria con las yemas de sus dedos. Se merecen los mayores honores y el homenaje más cariñoso. Este blog se lo dedico a ellos. Porque son un orgullo para España, un motivo de satisfacción del que podemos sacar pecho lejos de nuestras fronteras. Son honrados, honestos, sencillos, humildes, triunfadores naturales que han nacido para hacer feliz a todo un pueblo, a todo un país. Ya no son los equipos de fútbol los únicos que llevan al deporte español a la gloria. No es necesario esperar a que el Real Madrid o el Barcelona ganen la Copa de Europa para presumir de ser español. Lo podemos hacer más, mejor y a menudo gracias a los tenistas, pilotos (no me olvido de Jorge Lorenzo, Dani Pedrosa o Héctor Barberá, entre otros, que coronan de laurel el motociclismo español un domingo sí y otro también), ciclistas, los ÑBA (denominación de origen de los jugadores españoles, que ya han tocado el cielo gracias a sus admirables canastas), y los futbolistas (jabatos como Fernando Torres, "El Guaje" Villa, Iker Casillas, Sergio Ramos, Cesc Fábregas, Xavi Hernández o Andrés Iniesta que han llevado a nuestro fútbol a las cotas más altas de su historia). Sus habituales logros alegran la vida cotidiana de muchos ciudadanos corrientes, que tienen sus preocupaciones, miedos e inquietudes. Vivimos rodeados y estimulados por héroes, por ese esfuerzo sano, verdadero, por superarnos, por encontrar la excelencia. La victoria de hoy ante la aguerrida Argentina en la Davis, tercera ensaladera para nuestro tenis, ha vuelto a obrar el milagro de unir a una nación en la felicidad. Somos buenos, sí. Somos auténticos. Somos españoles.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La ilusión de sentirse una estrella


2.20 A.M. Se va un día agradable de conversaciones profundas y sinceras. Por la mañana desayuné con Gabi y por la noche, cené con Rubén. Dos grandes amigos que, una vez más, me emocionaron y sacaron lo mejor de mí. Recuperaron mi ilusión por sentirme una estrella. Ese ideal de ser periodista que viví en aquella inolvidable temporada 2002-03 en la que formé parte de la gran familia de la Cadena SER. Esa temporada en la que compaginé el primer curso de Periodismo, la carrera que siempre quise estudiar, con mis prácticas en la redacción de deportes de Radio SER Gijón gracias a la oportunidad que me concedió su jefe de deportes, Manfredo Álvarez, de incorporarme al programa de deporte juvenil "Jóvenes y campeones". Jamás olvidaré los momentos tan especiales que viví en aquella emisora con aquellos compañeros tan genuinos, en esos estudios tan coquetos y rodeado de tanta profesionalidad.

Era un tornado y actuaba como tal. Me costaba estar quieto un sólo minuto. Quería trabajar, trabajar y trabajar. Desde el mismo día en que me confirmaron que contaban conmigo, me puse a punto para rendir al 100 por ciento. Sabía que me iba a enfundar el maillot amarillo de los números uno y no quería defraudar. La declaración de intenciones fue contundente: "Mi intención es llegar algún día a presentar Carrusel Deportivo en Madrid". Se lo dije a Manfredo cara a cara en nuestro primer encuentro y alucinó. "Veo que eres ambicioso", me preguntó con una complicidad notable. Tal vez pecara de excesiva ambición pero los grandes del periodismo y mis mejores amigos, grandes de la vida, siempre me recomendaron luchar al máximo por cumplir mis sueños. Como dice Juan Antonio Alcalá, redactor de deportes de la Cadena SER y un profesional a seguir, "cuando los sueños se persiguen con ganas y buena voluntad, se terminan cumpliendo". Y con estas ideas en la cabeza, me puse por primera vez delante del micrófono. Aquel joven inmaduro y entrometido que, a sus 18 años, se sentía Paco González, Pepe Domingo Castaño, Manolo Lama, Juanma Castaño...

Juanma Castaño, actual presentador de los deportes en Noticias Cuatro y redactor de la Cadena SER, fue mi referente. Consciente de que también debutó en "Jóvenes y campeones" y trabajó en SER Gijón durante 8 años antes de llegar a Madrid, me fijé la meta de emular sus pasos. Sospechaba que iba a ser un buen modelo para cumplir mis sueños. Intentar seguir una trayectoria similar a la suya. Podría ser una garantía de acceso a la capital, pensé. Unos años después, he comprobado que yo voy por otro camino. Opté por terminar los estudios de Periodismo y, al tiempo, probé experiencia en otros medios. El resultado es que ahora estoy en un periódico que no me gusta y en el que soporto unas condiciones leoninas, tal y como he apuntado aquí varias veces. Aguantar, aguantar y aguantar hasta que llegue la hora. Ese es el lema que sigo desde 2003 y, transcurridos 5 años desde mi "hasta siempre" en "Jóvenes y campeones", continuo esperando mi turno. En esto de los ejemplos, mi amigo Gabi me lleva mucha ventaja, seguro que a él se le ocurriría algo más preciso, elegante y comprensible. En mi opinión, mi situación debe resultar muy similar a la de ese futbolista que juega durante una temporada con el filial del Madrid, sueña con la opción de debutar con el primer equipo y, al final, acaba fuera por planteamientos de los técnicos. Después milita en equipos de Segunda y Segunda B para destacar y recibir una llamada del Madrid. Transcurridos 3 años recibe esa llamada, consigue esa oportunidad soñada, se va a Madrid, realiza la prueba, le sale bien, lo seleccionan para hacer la pretemporada con el primer equipo pero no se puede ir para el Real Madrid porque su economía no se lo permite. Es una triste historia propia de cuento de hadas pero esa es mi historia personal. Ni más ni menos. Y en esa espiral estamos. Como al principio.

Pero me gusta el periodismo, adoro esta profesión. El País de Nunca Jamás es aquel entresuelo en la calle Jovellanos, aquella redacción tan acogedora, ese pequeño estudio de emisión desde el que se informa y entretiene a los gijoneses, en ese esfuerzo tan sano, tan ejemplar, por contar la vida, con sus miserias y sus grandezas. Por eso me gustó trabajar en SER Gijón, sentía que cada día en lugar de un resultado, una crónica o una pequeña noticia iba a contar un cuento que me iban dictando los logros sucesivos de los jovenes deportistas asturianos. Daba gusto ir a trabajar porque vivía rodeado y estimulado por modelos a seguir, por ejemplos de superación, por la búsqueda continua de la excelencia, por el fin eterno de ser una estrella. Cada día tengo más claro que quiero volver a vivir aquellos momentos tan especiales, esas ganas que tuve en aquel tiempo y ya nunca más he vuelto a sentir. Cosas del paso de los años. Fue bonito, pero algún duende juega al escondite con mi felicidad. Pero sigo en mis trece de que trabajar con ese espíritu es la mejor manera de pasar la vida, que el trabajo puede resultar hermoso para sentirse persona, para sentir personas a los demás.

Bien es cierto que no tuve mucho tiempo para disfrutar de aquella hermosa estancia. Fueron unos 6 meses, segmentados en trabajar viernes, sábado y domingo que se me pasaron en un suspiro. Y, curiosamente, era feliz. Desconozco si por exceso o por defecto, pero cada domingo me sentía bien al irme de la redacción. Principalmente porque me sentía orgulloso de mí mismo por el trabajo que había hecho durante la jornada, y también influía el sonido de fondo de Carrusel Deportivo. La mejor banda sonora dominical que me amenizaba el trayecto, a pie o en autobús, hasta mi domicilio. La mezcla de goles, ocasiones, preguntas de Paco González y los puritos, las Coronitas, los talonarios y la Quiniela de Pepe Domingo animaban mucho el recorrido. Si a eso le sumas las amenas conversaciones de mesa y mantel que mantenía con mi compañero de fatigas, Julio Alberto, el resultado era muy agradable. Alguna vez se sumaba Néstor a lo que yo llamaba el "Comer por comer para hablar". Qué tiempos...Según escribo estas líneas se me vienen a la mente mil imágenes y mil experiencias que viví en la emisora. Las charlas con el director, Joaquín Fernández-Carvajal, en las que me explicaba la historia e intrahistoria de la radio para un trabajo de clase; las eternas disertaciones de Manfredo en las que cruzaba con una facilidad pasmosa el deporte y el periodismo (cosas de los deportivos de la SER); mis revelaciones prematuras a Julio Alberto; las conversaciones periodísticas con Paloma Llanos, José Ángel Leiras o David Fernández; los consejos de Néstor Domínguez; las bromas de Juan Ahuja y mis esfuerzos permanentes por superarme cada día en antena. En resumen, momentos de radio. También viví sensaciones peores por discusiones puntuales, algo normal en toda convivencia. Si ellos lo olvidan, yo lo olvido.

Entre esos momentos, insisto, no puedo olvidarme de los domingos. David González se encerraba en el estudio de control de emisiones para comenzar su Carruselín, conexión incluida con Manfredo que estaba a pie de césped en El Molínón; mientras tanto Julio Alberto y un servidor se quedaban sólos en medio de la redacción con cara de incredulidad por la engañosa soledad. Eran las 15.30 horas, comenzaba Carrusel Deportivo. "El de los goles, el de la emoción, el del espectáculo..." Tensión, satisfacción y responsabilidad se apoderaban de mí mientras Pepe Domingo apuraba la presentación antes de que Paco tomara el testigo para repasar rápidamente la actualidad deportiva del fin de semana. Sin tiempo para asimilar tal mezcla de sensaciones, se cumplían las 15.36 horas. "Desde ahora y hasta que sean las 4, las 3 en Canarias, su información local y regional, en el Carrusel, que ya empieza en la SER". Estas palabras de Paco significaban el ingreso inmediato en el estudio de emisiones. Yo me colocaba en el micrófono central y Julio, a mi derecha. David, al otro lado de la pecera. ¡Qué momento! Me sentía importante y los nervios los intentaba templar como podía. David repasaba el calendario del fin de semana y a los pocos minutos llegaba nuestro turno. Micrófono levantado, cabeza alta y mirada al frente. Pose marcial, prácticamente. "Repasamos ahora los marcadores en categorías inferiores que nos traen Alejandro Rozada y Julio Alberto Morales..." Y allá vamos. Repasaba los resultados con las mismas ganas que Heri Frade relataba los de Segunda División B en la edición nacional y me compenetraba con Julio como si ya fuesen las 7 de la tarde y estuviera media España pendiente de los marcadores en Primera, Segunda y resto de categorías del fútbol español que ibamos a leer nosotros. Toda la magia de la radio se escenificaba en aquellos momentos. Al salir del estudio, de cumplir mi pequeña misión, tenía la satisfacción del deber cumplido.

El caso es que pasan los años y no ceso en mi interés de repetir esos momentos. Salvando las distancias y el tiempo, me encantaría volver a esa silla sobre la que se sentaba un muchacho vehemente que se sentía uno de los grandes. Desde allí me tocó despedir la edición de "Jóvenes y campeones" de esa temporada, que cerré con un contundente "Hasta siempre". Porque no me gusta la palabra adiós. Porque la vida da muchas vueltas y nunca se puede descartar que me acabe reencontrando a mitad del camino con aquel estudio, aquellas mesas, esos micrófonos amarillos tan inconfundibles, tan solemnes. Llevo muchos años con la espina del reencuentro clavada en mi alma y no me la termino de arrancar. Quiero volver a ser ese chaval tan ilusionado de por aquel entonces. A pesar de que muchos parecen empeñados en quitarme ese anhelo, no les haré caso y seguiré a lo mío. Ellos deben disfrutar lo que tienen porque el Dios de la vida les ha sonreido. Otros confiamos en un milagro. Ese milagro que tocó a todos los grandes de la comunicación para llegar a lo más alto. Mi sueño es llegar a decir lo mismo que Iñaki Gabilondo cuando se despidió de "Hoy por hoy" en 2005: "Aquel niño que pasaba por delante de la radio y que quería vivir ahí, ha superado sus sueños".

miércoles, 12 de noviembre de 2008

¡Qué grande es el histórico Real Unión de Irún!


1.25 A.M. No tenía previsto pasar esta noche por este bar para desahogar mis penas pero como los bares no sólo se abren para enjuagar lamentos, voy a disfrutar un poco. Pasad, pasad, podéis coger acomodo en mesa o apostaros sobre la barra. Yo limpio los vasos. Podéis tomaros una copita, porque la cosa va de copas. De copazos, mejor dicho. Menudo trago se pegó el Real Unión esta noche en el Santiago Bernabéu. Esta pobre gente que da forma a una plantilla humilde y perseverante ha eliminado a todo un Real Madrid de la Copa del Rey. Un equipo que milita en Segunda División B se ha cargado a una institución mastodóntica con 9 Copas de Europa. ¡Qué grande es el fútbol y qué distinta es la Copa! Volvió el fantasma del Centenariazo a Chamartín. Fue un bombazo similar al que hizo estallar el Deportivo de la Coruña cuando venció la final de la Copa del centenario, contra todo pronóstico, en el coliseo blanco. Aquel 6 de marzo del año 2002 ha pasado a la historia porque el Madrid perdió en su campo el partido que, para muchos, iba a poner la guinda a los actos del centenario. Hoy la cosa fue diferente porque el Real Unión ya había ganado el partido antes de jugarlo. Llevaba ventaja de la ida y ese 3-2 fue una losa para los madridistas.

Sólo la Copa nos puede transportar como nos ha transportado esta eliminatoria por una montaña rusa de descomunales subidas y bajadas. Del 3-2 en Irún al 4-3 del Bernabéu en la vuelta. La secuencia de los dos partidos fue así: gol del Irún, gol del Madrid, gol del Irún, gol del Madrid. Al final, reparto de victorias y el Real Unión llega a octavos de final de la Copa. Alucinante. No recuerdo una gesta parecida de un equipo humilde en el Santiago Bernabéu en la competición copera. En 1998, un Alavés de Segunda eliminó al Real Madrid tras ganar 1-0 en Mendizorroza y empatar a 1 gol en Madrid. También me viene a la mente aquel inolvidable 4-0 que le endosaron los blancos al Zaragoza y que no valió para nada porque los maños habían vencido 6-1 en La Romareda. Pero estos partidos históricos no tienen la misma gracia que el de hoy. Porque lo que se vivió esta noche fue algo insólito. En un campo abarrotado, con un once repleto de internacionales delante, un histórico del fútbol español hizo un partido primoroso. De esta forma se redondeó una eliminatoria inolvidable que demuestra que los sueños se pueden hacer realidad cuando se persiguen con empeño y buena voluntad.

El Madrid sale trasquilado del envite copero a las primeras de cambio, con una victoria de mentira y escaso orgullo. Sólo el incombustible Raúl, que con sus tres goles de esta noche ya suma 300, y el canterano Bueno, que se estrenó con un gol de bandera, tienen motivos para irse con la cabeza bien alta. El resto de la plantilla blanca, infame. Dudek está fuera de forma y es una caricatura de portero; Michel Salgado vive del juego sucio; Cannavaro es una vulgaridad de defensa que sólo sobrevive por las rentas, Metzelder es un poste, Drenthe se pasa de revoluciones y juega demasiado pegado a la línea lateral, Marcelo naufraga en la zona defensiva, Van der Vaart va a su rollo y es un jugador muy simple, Gago personifica los defectos del futbolista canchero bonaerense y es una mala imitación de Fernando Redondo, y a Sneijder le falta compromiso. Si a eso se le une un entrenador cabreado con el mundo, la mezcla es explosiva. El proyecto de Ramón Calderón se está descomponiendo a marchas forzadas y únicamente se salva por las individualidades de sus figuras, que no siempre dan resultado. La afición se está empezando a hartar y el primero que puede salir escaldado es Bernardo, que tiene nombre de perro y actúa como tal. En la parte trasera de su traje o chándal debería poner: precaución, muerde. Veremos hasta cuando lo agüantan por Concha Espina.

Pero el principal protagonista de esta jornada es el Real Unión de Irún. Todos los honores para un formidable conjunto, que no se arrugó y supo resistir todas las embestidas merengues. Se sientó desbordado en alguna fase del encuentro, pero mantuvo el tipo. Resistió el impacto de cuatro goles con una solidez envidiable, en un escenario imponente. Lo pasó mal, pero supo lucir la calidad de sus hombres y matar a las contra. Ha pasado la más dura de las pruebas y se merece ganar la Copa del Rey. Por merecer se merecen jugar la Champions League, una competición que debería disputar el campeón copero y extrañamente no juega. Son los daños colaterales de una Copa que sigue maltratada y que, hasta la final, debería disputarse a un sólo partido. Y que gane el mejor. Enhorabuena para Eduard, Larrainzar, Berruet, Iglesias, Gurrutxaga, Manu García, Behobide, Salcedo, Juan, Seguro, Eneko Romo, Aitor, Abasolo y Goikoetxea, los héroes de la temporada. Y felicidades a su entrenador, Iñaki Alonso, que desde la humildad y la cordialidad, ha dado una buena lección práctica de estrategia futbolística. Tome nota, Don Bernardo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Odisea por el disco de Carrusel


Jueves 6, 19 horas. Voy a comprar el disco de Carrusel Deportivo. Leo en el blog de Gallego que el precio del CD, que incluye DVD con el making off del programa, es de 15 euros. A continuación, repaso los comentarios de los oyentes y veo sorprendido que algunos informan de que el precio se eleva hasta los 16, e incluso 20 euros, dependiendo del punto de venta. Como estaba dispuesto a conseguir este trabajo a toda costa, en honor a los esfuerzos de Gallego, ahorré 15, 50 euros para la compra. Y con esta imponente cantidad en el bolsillo, dí un buen paseo hasta El Corte Inglés para comprar el disco. No negaré que no tuve más de una dificultad para encontrarlo en el departamento de discos del centro comercial citado. Los últimos trabajos de Pitingo, Rosario Flores, Soraya, Anastacia o Amaral copaban las estanterías y mi deseado disco no aparecía en un lugar destacado entre las novedades musicales.

19.30 horas. Me ví en la obligación de preguntar a una trabajadora para saber si lo habían recibido. No tenía ni idea e interrogó a su vez a otra compañera, que salió corriendo tras la pregunta. Allá ella, pensé. Cuando ya no contaba con una respuesta porque días antes había preguntado en otro centro comercial y no lo habían recibido, irrumpió la chica con el disco en una mano y me preguntó: "¿Es éste?". Rápidamente contesté: "Sí!". Era un hombre feliz. Pero mis revoluciones por segundo bajaron cuando comprobé el precio (16.50 euros). Pensé en Internet, en la Ley de Murphy y tuve un recuerdo agrio para los cálculos económicos de Gallego. Pero la cosa no iba contra el buen hombre que sacó adelante a la criaturita, reflexioné enseguida. Tras esta rápida meditación, escogí la opción más socorrida: salir lanzado a buscar el euro que me faltaba, no sin emplazar amablemente a la vendedora a que me conservase "la joya" durante unos minutos. Confiaba en un milagro en forma de presencia de madre, padre, amigo o allegado en las instalaciones del hipermercado.

19.40 horas. El paseo hasta los teléfonos públicos del centro comercial me resultó eterno. Incluso me topé con un chico muy amable que me invitó a sacar la tarjeta de compra de El Corte Inglés. No estaba el horno para promociones y le dije gentilmente que no disponía de un minuto porque me iba a hacer una llamada fundamental. Alcanzo la cabina e intento localizar a mis padres y a un amigo creyendo que podrían estar cerca. Supuse mal. El teléfono de mi madre comunicaba y mi amigo no me respondió. Probé por segunda vez y el resultado fue idéntico. En ese momento pensé en desistir, pero me lancé a la búsqueda de un alma caritativa que me pudiera dar el codiciado euro. Aunque fuera un desconocido y mi madre me prohibiera de pequeño hablar con extraños. Y me volví a topar con el chico de la tarjeta de El Corte Inglés a los pocos segundos, mientras realizaba el trayecto de vuelta por el mismo pasillo.

19.50 horas. "¿Has podido realizar esa llamada tan importante", me preguntó el muchacho de la que me vio pasar a su lado. Le respondí con sinceridad: "No localicé a ningún familiar, ni a un amigo, y necesito un euro como sea para comprar un disco. Me voy a buscar a alguien que me lo deje". Con una flema imponente, el chico se ofreció a darme el dinero que necesitaba para el disco, a cambio de recibir información y obtener la tarjeta de compra de El Corte Inglés. Acepté su irresistible propuesta. Le dí mis datos y, en cinco minutos, estampé mi firma en su documentación. Acto seguido recompensó mi cortesía con dos euros. No era cuestión de aprovecharme en exceso de su buena voluntad y le entregué el euro sobrante. Y me fuí corriendo a por el disco que lucía imponente en el mostrador del departamento musical. La vendedora me miraba con gesto de sorpresa e incredulidad. Le había animado la tarde.

20 horas. Al final realizé la transacción de la compra y me marché con las manos llenas. Del generoso comerciante nada he vuelto a saber, aunque pasaré por el centro comercial para devolver el préstamo. Nobleza obliga. El caso es que he podido disfrutar con el deseado disco. Me gustaría felicitar a Gallego por su recopilación de canciones, su trabajo de producción y su introducción en la que reparte agradecimientos a diestro y siniestro, sólo falta el saludo a José "Fransisco" desde Murcia. Pero como suele ocurrir en estos casos me siento más identificado con el making off, sin duda porque muestra lo que generalmente no se ve y desvela secretos. También me han convencido las fotografías de Lama, Paco y Castaño: excepcionales documentos gráficos que les asemejan con Los Panchos. Del prólogo de Paco González sólo puedo decir que es el prólogo de Paco González. Es decir, una bacalá como él mismo concluye. Pensaba haber escrito sobre vivencias personales. En esta entrada tenía previsto hablar sobre mi vuelta al trabajo con sesudos argumentos. Al final he preferido ver, escuchar y así, de paso, cerraré la boca.

martes, 4 de noviembre de 2008

Justo, hermoso y necesario





Lewis Hamilton es el nuevo campeón del mundo de Fórmula Uno. Tras las alegrías del ascenso a Primera del Sporting, la victoria de España en la Eurocopa de fútbol y los éxitos de Rafa Nadal, he disfrutado como un niño con el agónico triunfo conseguido por el bravo muchacho británico que revolucionó el Gran Circo. A sus 23 años, Hamilton es el ganador más joven de un Mundial y el hijo pródigo de Gran Bretaña. Un piloto que simboliza toda la grandeza del deporte, al ser todo un ejemplo de superación y constancia. El mejor piloto ganó el título, y lo hizo defendiendo un estilo más honorable que cualquier otro. Un estilo elegante, con talento, que despierta recelos en muchos devotos de Fernando Alonso y en más de un piloto, pero que es más bello, más moderno, y que hace de las carreras un espectáculo atractivo para todos los publicos. Todos los honores para un gran vencedor que culmina la evolución del automovilismo.

Fue una victoria justa, hermosa y necesaria. Protagonizada por un chaval nacido en un pueblecito llamado Stevenage, que es la gran esperanza del deporte inglés. Ese triunfador de nacimiento al que se esperó durante muchos años en las islas británicas y que ha superado al futbolista David Beckham en los ránkings de popularidad y carisma de Reino Unido. En España, muchos hemos gozado con sus alegrías. Nos hemos enfadado con sus errores. Y hemos sufrido lo indecible por defender la inocencia deportiva de un joven piloto que tuteó a todo un bicampeón del mundo. A los españoles nos puede el forofismo y hemos imitado un viejo defecto francés e inglés: el chovinismo. Está bien valorar lo propio, pero no se puede despreciar lo ajeno. Rafa Nadal es un gran campeón, pero su grandeza tiene en Federer al mejor complemento. Gasol ha triunfado en la NBA, gracias al respaldo de un equipo como los Lakers donde su calidad luce mucho más. Y las hazañas pirenaicas de Alberto Contador brillarán mucho más con la sombra de Armstrong detrás. Somos así. Y nos gusta. Pero debemos tener respeto. Porque lo que no quieras para tí, no lo quieras para tus rivales. Esta carrera ha castigado a los que desean el mal del prójimo y lo ha hecho de la manera más placentera para los que han acompañado al McLaren de Lewis. Con un adelantamiento invisible que no detectó ni la inteligente vista del maestro Pedro de la Rosa, un señor en los circuitos y un caballero de la vida.

La Fórmula Uno no es como el fútbol. La incertidumbre de las carreras llega hasta la última curva de la última vuelta. No hay márgen para la especulación con el resultado. No cabe la relajación porque lo que has conseguido en 70 vueltas, lo puedes perder en un segundo. Es imprevisible y cruel. Fernando Alonso comenzó a encarrilar su primer Mundial gracias al desgraciado accidente sufrido por el finlandés Kimi Raikkonen a falta de dos vueltas en el circuito alemán de Nurburgring, cuando ocupaba la primera posición. Y el gran Michael Schumacher rompió el motor de su imponente Ferrari en un Gran Premio de Japón, cuando marchaba en cabeza en la penúltima carrera de la temporada 2005-06. Son las cosas de este deporte. Un deporte muy cruel que castiga la ingenuidad y el desenfreno. Lo comprobó el propio Hamilton hace un año cuando perdió el título mundial en Interlagos. Parece simple, pero es así. La proyección internacional de la Fórmula Uno ha crecido tras este triunfo de Hamilton, no sólo porque es el mejor piloto, sino porque corona un hermoso cuento con sueños cumplidos y enemigos batidos que hace felices a muchos.

Gracias a Felipe Massa por perder con nobleza lo que rozó gracias a una trayectoria sobresaliente. Lo pude comprobar desde las gradas del circuito urbano de Valencia, donde Felipe consiguió un triunfo incontestable. Gracias a Michael Schumacher por engancharme a este espectáculo único. Gracias a Kimi por ser tan rápido y genuino. Gracias a Ron Dennis, por formar una escudería muy especial en la que su tozudez ha sido el elemento básico para formar un grupo feliz. Y un recuerdo especial para Fernando Alonso, un prodigio al volante que ha sido víctima de su enorme afán competitivo.