domingo, 20 de marzo de 2011

El relevo más esperado

- Eduardo Inda deja de ser director del diario Marca para pasar a dirigir Veo7
- Unidad Editorial opta por Óscar Campillo para pilotar el futuro de sus deportes

Era un secreto a voces. El rumor fue cobrando fuerza con el paso de los días y finalmente se ha convertido en la noticia más impactante del periodismo deportivo español en los últimos años. Eduardo Inda ya no es el director del diario Marca. Su lugar lo ocupará Óscar Campillo, hasta ahora director de Televisión de Castilla y León. Inda pasa a coordinar Veo7, la cadena en TDT de Unidad Editorial. Por su interés reproducimos el comunicado íntegro de Unidad Editorial en el que se explican los detalles de estos nombramientos:

La dirección de Unidad Editorial ha acordado proponer al Consejo de Administración de Unidad Editorial la designación de Óscar Campillo como nuevo director de Marca y la de Eduardo Inda como nuevo director de Veo7.
Ambos nombramientos se harán efectivos en la reunión del próximo consejo y se inscriben en el desarrollo multisoporte de las principales cabeceras del grupo. Fruto de esa estrategia ha sido el espectacular despegue en audiencia de 'Marca' en todas sus versiones y soportes durante los últimos años, y en ella se incluye ahora el desafío de convertir Veo7 en la cadena que refleje los valores periodísticos de EL MUNDO, 'Expansión' y las principales revistas y suplementos del grupo.
Tanto Óscar Campillo como Eduardo Inda asumirán sus nuevas responsabilidades durante las próximas semanas, garantizando la continuidad y la excelencia en la cobertura informativa propias de Unidad Editorial.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con suspense, pero en cuartos

- El Barcelona sella la clasificación tras superar a un Arsenal conservador
- Messi volvió a ser el azote de la defensa del equipo inglés


Fue un partido enigmático, de los que parecen sacados de una serie de intriga. Había buenos y malos. Repartan ustedes los papeles, aunque el desarrollo del encuentro se encargó de aclarar el reparto. El resultado (3-1) hace justicia a los méritos futbolísticos de uno y otro equipo, por encima de discusiones puntuales sobre el papel que jugó el árbitro en el desenlace de la eliminatoria. El Barcelona fue muy superior al Arsenal, que no remató ni una sola vez contra la portería de Víctor Valdés.

Las bajas en ambos equipos, las declaraciones de los entrenadores y, sobre todo, el resultado del partido de ida cargaron de suspense las horas previas al partido. Como si se sintiera cómodo dentro de ese ambiente, Arsene Wenger planteó el partido a la defensiva sin importarle que el Barcelona fuese el amo y señor del balón. El guión le falló poco antes del descanso, cuando Messi culminó una obra de arte que había iniciado Iniesta y daba la clasificación momentánea al equipo catalán. Sin embargo, el destino le concedió una segunda oportunidad a Wenger cuando marcó Busquets en propia puerta y establecía el empate.


Pero el Barcelona no estaba dispuesto a doblar la rodilla ante los maquiavélicos planteamientos de Wenger. Realizó su propio partido, sin ninguna concesión hacia el rival y con la esperanza de que la inspiración de Messi volviese a desequilibrar la balanza. No se sintieron presionados y controlaron la circulación del balón a la espera de que su asedio a la meta de Almunia, que había sustituido a Szczesny mediada la primera parte, obtuviera su recompensa. Y el premio llegó para jolgorio de los culés. Alguno incluso se acordó de los que reprocharon al equipo de Guardiola que le faltaba una remontada.

La presencia de Van Persie en el once inicial del Arsenal constituyó uno de los grandes alicientes del partido. Después, comprobando la aportación del delantero holandés al juego de su equipo, se comprobó que su participación no pasó de mera anécdota. Eso sí, en la segunda parte, él fue el protagonista de la jugada polémica del encuentro. El ariete continuó una jugada cuando el árbitro ya había señalado el fuera de juego y tiró a puerta. Al colegiado suizo Massimo Bussaca no le tembló el pulso y le expulsó al sacarle la segunda amarilla. Los jugadores del Arsenal protestaron con mucha severidad esta decisión alegando que Van Persie no escuchó el pitido del trencilla por el tremendo ruido que había en el campo.


Ante un Arsenal debilitado por la expulsión de uno de sus mejores hombres, todo parecía encaminado hacia la clasificación del Barcelona. Iniesta asumió la responsabilidad de conducir la mayoría de los ataques de su equipo y dirigió una jugada magistral que terminó en las botas de Xavi, que tocó lo justo para superar a Almunia. Poco después llegó el tercer gol azulgrana gracias a un penalti de Koscielny sobre Pedro y que transformó Messi con sangre fría. Parecía que este tanto iba a servir para finiquitar el partido y los últimos minutos se iban a convertir en un mero trámite.

El Arsenal no estaba dispuesto a darse por vencido con tanta facilidad y, en un giro inesperado del guión del partido, Bendtner se plantó solo ante Víctor Valdés. Una excelente llegada que parecía encaminada a terminar irremisiblemente con el segundo gol del equipo inglés. En esas surgió de la nada Mascherano, que se jugó el tipo y la expulsión para cortar la jugada, tocar lo necesario y entregar el balón mansamente a Valdés. El Barcelona había desbaratado con éxito la mejor ocasión del Arsenal. La clasificación estaba sellada. Ahora toca esperar un rival en cuartos de final, pero el Barcelona puede presumir de haber superado el sinuoso guión que le deparó una eliminatoria digna de Champions, que afortunadamente terminó con final feliz para los intereses del equipo catalán.