sábado, 25 de octubre de 2014

El Sporting no pierde la esperanza

Los de Sandoval sufren para llevarse tres valiosos puntos de Almería
Golazo de oro de vaselina del canterano Santi Jara
El equipo gijonés sufre en la media hora final tras la expulsión de Lora

Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 24 de marzo de 2013
Cumpliendo aquello de que para vivir hay que sufrir, el Sporting logró una valiosa victoria contra el Almería. Fue un triunfo contra viento y marea. Contra los elementos tuvo que lidiar el equipo gijonés en el estadio de los Juegos Mediterráneos. En concreto, contra el caótico arbitraje de Martínez Munuera, extremadamente casero e inclinado del lado almeriense. Pero ni eso fue suficiente esta vez para tumbar a los hombres de José Ramón Sandoval, que son mucho más equipo que la gran mayoría de sus rivales en la categoría. Aunque el mensaje más positivo de la tarde, con diferencia, es la reivindicación de Santi Jara, un canterano que ya hace mucho tiempo que tiró la puerta para ganarse un sitio de honor en el primer equipo. El de Almansa (Albacete), un futbolista poco común, marcó un gol de oro que mantiene iluminada la esperanza sportinguista.
El verde sigue siendo el color de la esperanza sportinguista. A este paso, el Sporting terminará disputando todos los partidos con esta camiseta. Dos encuentros ha jugado vistiendo esta casaca y dos victorias de postín ha logrado. En el recuerdo colectivo está el sufrido triunfo contra el Lugo el día del estreno de esta zamarra. Verde que te quiero verde, color talismán de un equipo que aspira a cotas más altas que luchar por evitar el descenso a Segunda B. A este paso, los más grandones terminarán aspirando a algo más que la promoción de ascenso. En Gijón “caballo grande ande o no ande”; bromas aparte, el sportinguismo se empieza a creer que es posible mantener la racha y meterse en play off.
Rompiendo la tónica habitual de sufrimiento que acompaña al Sporting en los Juegos Mediterráneos, un estadio donde hasta hoy nunca había ganado el equipo asturiano, los de Sandoval estaban muy bien plantados sobre el terreno de juego a pesar del carrusel de tarjetas del árbitro valenciano, que incluyó la primera amonestación para Lora. Ahí comenzó el nefasto festival del colegiado, excesivamente empeñado en acaparar protagonismo a base de aplicar el reglamento a su manera. Por si no fuera suficiente con ésto, Pichu Cuéllar tuvo que abandonar el campo por lesión al paso por el primer cuarto de hora para dejar su lugar bajo los palos a Juan Pablo.
Santi Jara parte la pana
Pero ningún contratiempo iba a frenar esta vez al Sporting. Avisó Bilic, a pase de Trejo, con una clara oportunidad a la que se anticipó Esteban. Y no perdonó Santi Jara. El canterano demostró que es un diamante en bruto inventándose una vaselina por encima del guardameta almeriense recogiendo una asistencia cruzada de Sangoy. El manchego es un futbolista de muchos quilates y ya presume de instinto goleador. Dos jornadas consecutivas lleva marcando el de Almansa. Pero es que no se quedó aquí. Estaba desatado; inmediatamente después del gol mandó un obús al palo que pudo romper el partido. También la volvió a tener Bilic, que casi provoca el gol en propia puerta de Pellerano tras un centro cargado de veneno.
La derrota obligó al Almería a lanzarse al ataque en el segundo tiempo. Gracia movió el banquillo y sacó a Chumbi y Aleix Vidal, por Rubén y Carlos Calvo. Pero los almerienses convirtieron al árbitro en su mejor aliado. Martínez Munuera se inventó la expulsión de Lora por una mano inexistente y obligó a Sandoval a improvisar una solución alternativa rápidamente. Salió al campo Luis Hernández por Sangoy en una clara apuesta por recuperar la solidez defensiva mostrada hasta entonces y perdida por obra y gracia del colegiado. La superioridad numérica lanzó al Almería al ataque. Un disparo al larguero de Corona y dos de Falque sin consecuencias fueron el bagaje, aunque el Sporting pudo sentenciar por medio de David Rodríguez pero Gunino se interpuso de manera providencial.
La victoria insufla una ingente dosis de optimismo entre los sportinguistas. Se colocan a siete puntos de la zona de promoción de ascenso y la semana que viene jugarán una auténtica final contra el Castilla en El Molinón. El partido contra el filial del Real Madrid será la gran batalla que dictaminará si, definitivamente, los hombres de Sandoval dan un paso al frente y se meten en la escapada buena por el ascenso. Eso sí, ya será con la habitual elástica rojiblanca y sin la providencial camiseta verde.

Vuela Vettel, gripa Alonso

Gran batalla por el triunfo de los dos pilotos Red Bull
Abandono de Fernando Alonso en la segunda vuelta
El piloto asturiano rompió el alerón de su Ferrari adelantando al alemán


Crónica escrita con @robert16bm para CRONÓMETRO DEPORTIVO el 24 de marzo de 2013
La crónica del Gran Premio de Malasia nos remite a los míticos contratiempos de Carlos Sáinz y Luis Moya en los muchos rallies que disputó este mítico tándem que ya forma parte de la historia del automovilismo español. Entre la cabezonería de Fernando Alonso, las ansias de protagonismo de FelipeMassa y la descoordinación de los ingenieros de Ferrari, la carrera derivó hacia un “quítate tú, pa ponerme yo” que acabó como suelen terminar estas cosas: mal. Alonso, de excursión por el exterior de la pista con el alerón a rastras, Massa deambulando sin pena ni gloria por el circuito y los de boxes dándose de cabezazos por su mala estrategia. Solo faltó que le dijeran por radio al asturiano: “Trata de arrancarlo, Fernando, por Dios”.
Fue, en definitiva, un cúmulo de despropósitos al que asistieron incrédulos los miembros del equipo Red Bull, que sacaron provecho y consiguieron situar a sus dos pilotos en lo más alto del podio. Eso sí, tampoco estaban para tirar cohetes ya que acabaron con caras largas por el impresionante duelo de Sebastian Vettel con Mark Webber, que se terminó llevando el alemán para desesperación del australiano. Completaba tan disparatado cuadro en el podio, Lewis Hamilton, también con rostro contrariado, seguramente por su visita por sorpresa al box de su antiguo equipo.
La carrera fue un “zasca” en toda la boca para todos los alonsistas. Y eso que desbordaban buenas sensaciones antes de la carrera dominical. Los buenos tiempos que registraban vuelta tras vuelta Alonso y  Massa, siempre por delante de sus más estrechos rivales, invitaban al optimismo. Tan solo una nueva genialidad del tricampeón del mundo pudo doblegar la superioridad de los pilotos de Ferrari, que supieron adaptar con maestría su conducción a las cambiantes condiciones meteorológicas en la Q3. Es evidente que estamos ante uno de los mejores calificadores de la historia, y aun teniendo un vehículo menos competitivo que en años anteriores, es capaz de sacarse de la chistera una vuelta mágica para continuar alargando su leyenda semana tras semana. No pudo acercarse a las primeras líneas de la parrilla el que fuera líder del mundial, Kimi Raikkonen, que se situó séptimo a priori, pero recibió una sanción de tres puestos por obstaculizar a Nico Rosberg en su vuelta lanzada.
Como ya ocurriera en Australia, tanto la calificación como la carrera se convirtieron en una lotería de la que esta vez Red Bull salió mejor parada. Incluso antes de la salida, varios coches sufrieron para mantenerse dentro de la pista, realizando excursiones por la gravilla y dañando seriamente sus vehículos de cara a la salida.
Massa falla en la estrategia
Son muchas carreras las que lleva Massa a la sombra del piloto español. Él tampoco estuvo a la altura de las circunstancias y erró en su estrategia. Tras una salida muy igualada, el brasileño vio en Alonso a su peor enemigo y, en vez de colaborar con él para superar a Vettel, se lanzó hacia el interior de la curva para cerrar al piloto asturiano. Esto facilitó la escapada del tricampeón y la espectacular remontada de Webber. Si a esto le sumamos que un error de cálculo del ovetense en la segunda curva hirió de muerte su monoplaza (rotura del alerón delantero) ya solo un milagro evitaría el desastre.
Arriesgó Alonso en demasía para no lastrar el resultado final al no parar tras el incidente en boxes y, en plena recta de meta a más de 200 kilómetros por hora, el soporte del alerón delantero se rindió y provocó su salida de pista, sin posibilidad de poder reincorporarse de nuevo a la competición. Abandono del asturiano en su carrera número 200, una desgraciada manera de celebrar tan destacada efeméride.

Vettel dobla la apuesta y gana
El alemán fue el primero en cambiar las gomas de intermedias a duras, y aunque en principio el vehículo no tuvo la adherencia necesaria, a las dos vueltas comenzó a distanciarse de sus más directos rivales. Quizás este arranque de valentía facilitó la labor de Webber que por una vez y sin que sirva de referente, salió beneficiado con respecto a su compañero en la estrategia de equipo. Transcurrió la carrera sin grandes variaciones hasta las diez últimas, incluyendo incidentes curiosos como el pit-stop de Hamilton en el box de su anterior equipo McLaren, que se personó por sorpresa en el box de su antiguo equipo y solo le faltó entonar un “ola ke ase? flipar o ke ase?” a la inglesa ante el desconcierto de sus antiguos compañeros; los desastrosos y lentos cambios de ruedas del equipo Force India o el grito de desesperación de Vettel por radio exigiendo que apartaran a Webber de su camino “porque era demasiado lento” -cosa que no era real ni por asomo-. He aquí la confirmación de la teoría de que el primer enemigo que tienen los pilotos, son sus propios compañeros.
Al final, victoria de Vettel tras un intenso pulso con Webber. Fue tan apretado el duelo que saltaron chispas dentro y fuera de la pista. El australiano, que no se resigna a ser el conejillo de indias y el gregario del alemán, se mostró visiblemente dolido por no haber ganado la carrera y puso en una tesitura francamente complicada a Adrian Newey y al resto de ingenieros de Red Bull. Las escenas que se vivieron antes y durante la ceremonia de premiación en el podio, nos remitieron a las inolvidables imágenes de la temporada 2007, con aquellos míticos pulsos de Hamilton y Alonso cuando ambos corrían en McLaren. Veremos si este curso sigue derroteros parecidos, Newey ejerce de Ron Dennis y, al final, el piloto de Ferrari, que ahora es el asturiano, saca tajada como la que sacó Raikkonen entonces para proclamarse campeón de mundo. Eso sí, para conseguirlo, el ovetense y su equipo deberían tratar de ser menos cabezotas e irracionales en las estrategias de carrera. De momento, Vettel cobra ventaja y ya lidera el Mundial.

Frenazo en seco de España

Finlandia sobrevive al vendaval español y arranca un empate de El Molinón
La defensa española sorprendida en la única llegada finlandesa
Ramos, centenario y goleador, no culmina su aniversario con un triunfo


Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 22 de marzo de 2013
No hay muchas formas de puntuar contra España. El empate es una opción remota contra la vigente campeona del mundo y Europa, un combinado que rara vez va por detrás en el marcador. Ni adelantarse ofrece muchas garantías. Solo Suiza tiene la fórmula. Y emulando el planteamiento de la selección de Hitzfeld en aquel peculiar partido del Mundial de Sudáfrica 2010Finlandia aparcó el autobús en su área y se dispuso a cobrar un billete muy caro a los futbolistas españoles. Pero ni por esas los nórdicos saborearon la miel de adelantarse en el luminoso.
Y eso que se presentaba una noche de celebración para los nuestros. Cumpleaños, reencuentro y partido oficial: todos los ingredientes necesarios para cocinar una gran noche de fútbol. Ambiente festivo por el reencuentro de Gijón, ocho años después, con el combinado español, el regreso de Villa a su casa y el aniversario de Sergio Ramos, que cumplía su partido 100 con España y se convertía en el jugador europeo más joven en alcanzar el centenario de internacionalidades. La guinda era la oficialidad del encuentro; la clasificación para el Mundial de Brasil 2014 pasaba por este partido. Con estas velas, sin ser una charlota o una gijonesa, la tarta tenía una pinta deliciosa.
El escenario y el momento estaban dispuestos para una gran fiesta. O haciendo honor al escenario del partido: para una romería. A la asturiana. Gijón se engalanó para recibir ocho años después a la selección española. Fiesta grande en la villa de Jovellanos. Un día grande para los amantes del fútbol en el Principado de Asturias. La foto de El Molinón, vestido con sus mejores galas patrias, bañado en rojo chillón y poblado de 28.000 espectadores, ya forma parte de la historia.
Nada parecía impedir una goleada. Pero el guión se empezó a torcer en el primer tiempo. El monólogo español no se traducía en goles, aunque el goteo de ocasiones resultaba constante. Andrés Iniesta se inventó una particular “iniestinha” que levantó de sus asientos a los aficionados que teñían de color y le ponían banda sonora al partido con sus continuos cánticos. El manchego demostró que bien vale la pena pagar el precio de una entrada cuando se metió entre dos contrarios con un gesto técnico sencillamente imponente. Ese detalle de calidad y un derechazo bombeado y cargado de cascabeles, que obligó a estirarse a Menp para enviarlo a córner, fueron el bagaje más destacado de un primer tiempo desesperanzador.
Torero Ramos
Recién empezado el segundo tiempo, para espantar los fantasmas y demostrando que España hace daño a balón parado, marcó Sergio Ramos, que se había pasado el partido preparando el momento de la celebración (la carrera por el césped, el deslizamiento de rodillas, los abrazos a repartir). El defensa sevillano sopló las velas el día de su cumpleaños con el combinado nacional y cabeceó a la red. Como en el partido contra Francia en el Vicente Calderón. Tantas ganas tenía el de Camas que casi se lesiona en el momento del festejo. Se pasó de frenada en la tumbada. Estas cosas solo le pasan a él. Y menos mal que no había ninguna copa por el medio. Al final, el susto se quedó en anécdota y su gol devolvió la alegría al juego español. Las gradas correspondieron la gran faena del torero andaluz entonando los pertinentes “olés“. En estado de gracia, Ramos casi corta las dos orejas con un disparo desde fuera del área que se marchó desviado ligeramente a la derecha de la meta de Menp.

Después de marcar, España comprobó que el gol tenía una digestión difícil. Bien es cierto que tuvieron ocasiones de sobra para marcar y acecharon continuamente la portería finlandesa, pero faltaba inspiración a la hora de concretar. El asunto tuvo mucho que ver con la retirada de Villa del terreno de juego, sustituido por Negredo para que el asturiano no llegue muy castigado al decisivo partido contra Francia. Gijón se había encomendado al Guaje, que quería volver a saborear las mieles de golear en su casa. No pudo ser. Y la burbuja que había hinchado la incansable afición asturiana, se desinfló ligeramente. Coyuntura favorable para Finlandia.
Premio a la estrategia finlandesa
Fue a partir de ahí cuando Finlandia se alejó del pánico y empezó a disfrutar de su mínima derrota. Recreados en el desacierto ofensivo español, los finlandeses se vinieron arriba y rápidamente entendieron que el resultado era magnífico. Les mantenía con vida y demostraba que las precauciones defensivas habían dado resultado. Estaban con vida y comprendieron cuál es uno de los métodos más eficaces para resistir ante España: disimular, hacerse el muerto. Ganaban metros al mismo tiempo que los cedía España. Como buenos compatriotas de Kimi Raikkonen, los finlandeses aprovecharon la pájara hispana para adelantarse y acercarse a los dominios de Valdés. Y en esas estábamos cuando Pukki les ganó la espalda a los centrales españoles y, en boca de gol, fusiló al portero español aprovechando una buena asistencia desde la izquierda.
Quedaban apenas once minutos para reaccionar y se reaccionó. Pero con demasiada ofuscación, agitación, precipitación. Faltaba frescura en el ataque y eso que Negredo porfiaba continuamente la portería de Menp. Pero, primero con un cabezazo y después con un remate en el primer palo, no pudo batir al portero finés. Asedio infructuoso, desesperación de Vicente del Bosque y desilusión en las gradas. Triste panorama que no hace justicia a los esfuerzos e ilusiones depositadas por la afición asturiana en los seleccionados españoles.
Ahora, el último tren pasa por París, concretamente por el Stade de France. Una estación poco recomendable para andar con apuros y carreras a última hora. Allí, las faltas de puntualidad y el descontrol se pagan con un precio muy caro. Los franceses ya demostraron en Madrid que aguantan pacientemente hasta el último minuto la oportunidad de ajustar cuentas. Esta vez, tampoco les importará emplear idéntica estrategia; de manera que Del Bosque y los suyos deberán recuperarse con rapidez del frenazo contra Finlandia, poner los motores a pleno rendimiento y carburar a todo gas este martes en Francia. Porque Brasil pasa por París. Y París bien vale un Mundial.

Sociedad ilimitada

La conexión Messi-Villa da la victoria al Barcelona ante el Rayo
Con dos goles y una asistencia, el argentino lidera el triunfo azulgrana
Lesión de Adriano que estará entre cuatro y seis semanas de baja


Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 17 de marzo de 2013
En una noche de promesas incumplidas, se impuso la lealtad goleadora de la sociedad Leo Messi-David Villa. Se las prometían muy felices los barcelonistas. Animados por la histórica remontada del pasado martes, se agitaban en sus asientos en previsión de otra noche de muchos goles. Tuvieron mucha culpa de ello dos hombres que se empeñan en demostrar que lo que el fútbol ha unido, no lo separará el hombre. Fue la noticia refrescante de la noche. La alianza goleadora entre el argentino y el asturiano pone de manifiesto que serán fieles el uno con el otro hasta que los millones los separen. O en su defecto, las decisiones tácticas, esos extraños ataques de entrenador que se empecinan en apartar a Villa de la titularidad. A base de goles, asistencias y entrega constante, el delantero de Tuilla pelea por tener un sitio en el once. Si de Messi y de él dependiera, el Barcelona no habría incumplido la promesa goleadora que había realizado en el primer tiempo.
Como si fuera la tercera parte del partido contra el Milan del pasado martes, el Barcelona empezó lanzado. Salieron como un tiro los de Jordi Roura, que en apenas 10 minutos ya habían tenido un par de ocasiones claras; un pase de la muerte de Cesc que no encontró a Messi en boca de gol y una rosca endiablada del argentino que se estrelló en el larguero. El fútbol azulgrana era una marejada constante, un oleaje permanente, un ir y venir continuo. El Rayo improvisó un rompeolas con Arbilla, Figueras, Gálvez y Tito, más Adrián y Trashorras de faros, y Rubén de dique final. Así pudieron contener hasta bien avanzado el primer tiempo las aproximaciones de los azulgrana, tan volcados en el ataque que se quedaron sin darse cuenta con un hombre menos por la lesión de Adriano. El brasileño intentó rematar desde la línea de fondo, forzó demasiado y torció el gesto desde el primer momento, consciente de que la cosa pintaba mal. Se quedó tendido en el suelo, pidió el cambio e inmediatamente entró Alves en su lugar. Fue la peor noticia de la noche porque el de Coritiba estará de baja entre cuatro y seis semanas.
Messi y Villa se entienden
Para devolver la ilusión, Messi condujo un contragolpe desde el centro del campo y Villa lo culminó aprovechando el magnífico pase del argentino. Un gol a cero y el asturiano apuntando a Messi, dedicándole el tanto, aunque ese cuchillo entre los dientes casi apuntaba más a las malas lenguas que hablan de una mala relación entre ambos. Juntos y revueltos. Pero se debían el favor. Un rato después, la asistencia fue del Guaje y el gol de La Pulga. En ese instante pensamos que el Rayo había planteado un órdago a la grande y podía salir trasquilado del Camp Nou. Es lo que tiene la valiente apuesta de Paco Jémez. Un planteamiento futbolístico a muchos goles, que a veces caen en contra por las escasas precauciones adoptadas. Las oportunidades del Barça se sucedían, guiadas por el instinto de un Villa hambriento de gol. El descanso fue la mejor noticia para los rayistas.
En la segunda parte no cambió mucho el panorama. El palo salvó al Rayo de un envenenado disparo de Alves y el peso de la responsabilidad aplastó a Alexis con todo a su favor. El chileno se resarció a continuación con un preciso pase en profundidad para Messi que, tras dejar atrás a Arbilla, se plantó ante Rubén y le picó el balón lo justo para marcar el tercero de la noche, culminar su doblete y sumar ya 42 goles en el campeonato. A partir de aquí, el Barça bajó el ritmo y el oleaje dio paso a una marea baja y plana. El tic-tac del reloj monopolizó el sonido ambiental de la noche barcelonesa hasta que un murmullo indicó que  algo había cambiado en el campo. En efecto era así. Tamudo entraba al terreno de juego y la gent blaugrana, que no olvida el Tamudazo que les costó una Liga hace unas cuantas primaveras, dirigió una sonora pitada al delantero. Indiferente al ambiente, el ex ariete del Espanyol marcó en el primer balón que tocó. Su facilidad de hacer goles en el Camp Nou es un infalible medidor de la categoría de este jugador y la talla de un valiente Rayo que no teme a nadie.
El resto del tiempo transcurrió con un intercambio continuo de ocasiones y golpes entre ambos equipos. Como si la victoria no estuviera en el marcador, sino en hacer temblar el mayor número posible de veces a Rubén y Pinto. Las palabrotas que musitaba el guardameta gaditano del Barcelona después de desviar un potente lanzamiento de Piti, ilustraban el estado de agitación en el que vivían los porteros. Sin tiempo para recrearse. Sin motivos para la gloria. Sin más honor que el de hacer bien su trabajo. Así acabó el partido. Sin Adriano, pero con fútbol, matrimonio goleador y, sobre todo, tres puntos más cerca del horizonte.

Raikkonen da el primer trago

Extraordinaria victoria del piloto finlandés en Australia
Notable carrera de Fernando Alonso para terminar en segunda posición
Vettel acaba en el tercer cajón del podio tras sufrir varias complicaciones

Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 17 de marzo de 2013
No podía ser otro. Aunque nadie contaba con él en la primera fiesta de la temporada, él se presentó por sorpresa y saboreó el primer triunfo del MundialKimi Raikkonen fue el invitado inesperado en Australia. No lo habían invitado al sarao de los favoritos, pero el finlandés de hielo no necesita invitaciones para darse un buen trago y brindar el primero. Ya ganó un Mundial contra todo pronóstico en 2007 al volante de un Ferrari y, seis temporadas después, en un sorprendentemente veloz Lotus Renault, se llevó la primera victoria del curso a pesar de su falta de rodaje en la pretemporada. Como si fuera la demostración sobre ruedas de que los viejos rockeros nunca mueren, Iceman realizó un carrerón en toda regla, propio de un campeón del mundo en ciernes. Los reconocimientos al final de la carrera que le dedicaron un bicampeón como Fernando Alonso y un tricampeón como Sebastian Vettel, demuestran a la perfección el mérito de Kimi. Y eso que ellos también cuajaron dos brillantes actuaciones. Raikkonen no lo vio claro en el podio por el baño de champán al que le sometió Vettel, pero sí que lo vio muy claro en una vibrante carrera enredada desde las primeras vueltas.
La trama se comenzó a enredar desde que se subió el telón. Fue ponerse en verde el semáforo y empezar el vuelo rasante de los Ferrari. Massa y Alonso adelantaron a Webber y Hamilton en la pequeña recta de poco más de 200 metros. No tuvieron una buena salida ni el piloto australiano de Red Bull, que pasó del segundo al séptimo puesto en apenas dos vueltas, ni el flamante fichaje de Mercedes, que luchaba por no caer de la quinta plaza. Solo Vettel fue capaz de resistir el vuelo rasante de los monoplazas de la escudería italiana. El alemán desplegó las alas y se mantuvo firme en la primera posición para ir ganando una considerable distancia. Lejos del campeón del mundo, el vigente subcampeón se tuvo que afanar en competir por la segunda plaza con su compañero de equipo. Para una vez que lo invitaron a la fiesta de los nobles, Massa no se quiso marchar. Mantuvo su privilegiada segunda posición ante el desconcierto de su jefe de filas, que ya soñaba con librar el primer duelo de la temporada contra su gran rival usando el DRS cuan espadachín.
Los dos Ferrari acosaban al Red Bull de Vettel, caballo solitario en cabeza de carrera. Massa y Alonso marcaban mejores tiempos que el alemán en una circunstancia inédita durante la pasada temporada, llegando a colocarse a menos de un segundo del líder. Pero un invitado sorpresa se empeñó en unirse a la fiesta. Tras adelantar a Hamilton, Raikkonen se situó inmediatamente después de Alonso y se metió en la lucha por el podio. Tanta igualdad se tenía que resolver en las paradas. Vettel fue el primero en parar concediendo a Massa su minuto de gloria liderando la carrera, bajando hasta la novena plaza lo que le topó de bruces con tráfico en su regreso a la pista. Ferrari se vio obligado a mover ficha. Primero paró Massa y, acto seguido, Alonso entró en boxes porque ya estaba degradando en exceso los neumáticos en su pugna con Raikkonen. Emulando sus duelos de antaño, asturiano y finlandés hicieron a la vez el Pit Stop para poner en escena de paso los neumáticos duros.
Sutil se suma a la fiesta
El paso por boxes le vino muy bien a Vettel para empezar a abrir hueco con Massa. Mientras, Hamilton y Rosberg, que aún no habían parado, lideraban la carrera acompañados de otro invitado sorpresa, Adrian Sutil. Los favoritos contemplaban incrédulos el buen comportamiento del Force India, que se mantuvo en la pista después de la entrada en boxes de los pilotos de Mercedes, llegando a liderar la carrera durante ocho vueltas. Un alemán marcaba el ritmo en Australia, pero ni era campeón del mundo ni pilotaba un Red Bull. Sutil mantenía a raya a su compatriota, beneficiando a su vez a los dos Cavallinos, que galopaban con firmeza detrás de Vettel. Alonso tuvo que volver a boxes para hacer su segunda parada, mientras que el sorprendente líder todavía no había hecho ninguna. Inaudito. Sutil entró al fin en boxes en la vuelta 22 y Massa pasó a liderar fugazmente la prueba. La jugada le salió redonda al ovetense.
Aprovechando las paradas, Alonso adelantó a Sutil y Vettel. Pero el alemán de Red Bull, hastiado de tantos contratiempos y aprovechando sus nuevos neumáticos, le arrancó las pegatinas a su compatriota de Force Inda y se lanzó a la caza y captura del piloto español. Por detrás, haciendo honor a la fama de desguace que acompaña al circuito australiano, Maldonado se despedía de la prueba; bandera amarilla en el primer sector y prohibición del DRS. Por delante también hubo movimientos porque Rosberg se quedó parado por causas mecánicas y se vio obligado a abandonar la carrera. Otra buena noticia para Alonso, que se colocaba tercero y veía aumentada su distancia sobre Vettel. El Red Bull es un avión con gomas nuevas en las primeras vueltas, pero luego pierde comba a cuenta del graining.
Alonso adelantó a Hamilton 
Kimi Raikkonen lideraba la carrera aventajando en 13 segundos a los Ferrari, a Vettel y a Sutil. Mientras, Fernando Alonso comenzaba una espectacular persecución sobre Lewis Hamilton. El asturiano terminó adelantando al inglés, que se fue inmediatamente para boxes, con el alemán de Red Bull por detrás. Alonso no acusaba la presión del campeón del mundo y volaba bajo en Albert Park, marcando incluso vueltas rápidas. Raikkonen seguía en cabeza hasta que hizo un Pit Stop que sirvió para que el español se pusiera al mando, una circunstancia puntual porque tenía que parar otra vez. Felipe Massa hizo lo propio y se descolgó de los puestos de cabeza. El vigente subcampeón trató de aumentar la ventaja sobre el finés antes de su parada. Entre medias paró Vettel, que salió justo delante de Massa, quien marcó una vuelta rápida que le acercó al teutón; fue una aproximación pasajera.
Paró Alonso y se colocó tercero por detrás de Raikkonen y del sorprendente Sutil, que se volvió a situar líder. Abandonó Ricciardo, Hamilton volvió a entrar en boxes por lo que se despidió de los puestos de cabeza y todos se preguntaban cuánto tiempo iba a aguantar el de Force India los ataques del finés. Al final, el finlandés volador adelantó al alemán y le causó a su vez un problema al asturiano, que se encontró con el indeseable obstáculo de Sutil en su camino, aunque finalmente se lo quitó de encima. Para entonces, Kimi ya volaba solo y marcaba vueltas rápidas al mismo tiempo que ampliaba su renta. Con Vettel pasándolas canutas por los problemas en sus neumáticos, unas gotas de lluvia hicieron acto de presencia en Albert Park. Falsa alarma. No cambiaron en absoluto el desarrollo de la carrera.
Brillante victoria de Raikkonen
A pesar de encontrarse con varios doblados, Alonso recortó ligeramente la ventaja de Raikkonen. Pero el finlandés supo rentabilizar su renta y no le tembló el pulso ante la persecución del asturiano. Economizó el gran rendimiento y la duración de sus neumáticos duros, además de su estrategia a dos paradas. El asturiano, que también completó una extraordinaria carrera, no pudo alcanzar al finlandés y terminó en un segundo puesto que le sabe a gloria porque ha terminado la primera carrera del curso por delante de Sebastian Vettel, su gran rival en la lucha por el Mundial. El alemán de Red Bull completó el podio tras una carrera en la que sufrió más problemas de los previstos.
El desenlace tras la accidentada sesión de clasificación, partida en dos días por obra y gracia de Charlie Whiting, dejó mucho margen para las sorpresas. Y así fue como un frío finlandés volador se reencontró con el agradable sabor de la victoria. Un triunfo de oro que le sitúa como líder del campeonato, siete puntos por encima de Alonso y diez sobre Vettel. El 24 de marzo en Malasia, Raikkonen espera demostrar que no se trata de algo pasajero y confía en reverdecer viejos laureles. Por algo es todo un campeón del mundo.


Fumata azulgrana

El Barcelona levanta el 2-0 de San Siro con una goleada al Milan

Messi, por partida doble, Villa y Alba, goleadores en una noche mágica

El equipo azulgrana logra la remontada histórica que pedía Xavi Hernández



Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 13 de marzo de 2013
Siempre que el Fútbol Club Barcelona juega un partido oficial durante un Cónclave Papal, gana 4-0. Tres partidos ha disputado coincidiendo con esta reunión religiosa y los tres los ha saldado con idéntica goleada. Hoy, contra el Milan, no fue la excepción, precisamente en el día más indicado. En el partido de vuelta de los octavos de final de la Liga de Campeones. Para remontar una eliminatoria que se había puesto muy difícil después del 2-0 encajado en San Siro. Una derrota que a su vez precedió a las derrotas contra el Real Madrid en la Copa del Rey y en la Liga. El precedente copero era desalentador pero, tal como pedía Xavi Hernández, a este Barcelona le faltaba una remontada histórica. Y llegó tras una noche mágica en el Camp Nou. El coliseo azulgrana vivió una velada de ensueño y, al final, la generación de los Xavi, Messi, Puyol, Iniesta, Valdés o Villa ha disfrutado de un triunfo para la posteridad. Una goleada que aparca, al menos de momento, los problemas. Toca disfrutar.
Quizás la ayuda divina concedió al Barça la garra y fortuna que le faltó en San Siro y contra el Real Madrid. El Colegio cardenalicio azulgrana se reunió en los días previos a la decisiva cita contra el Milan y por aclamación popular se comprometieron a lograr la remontada. Quedó declarado el estado de optimismo en la entidad a pesar de los negativos precedentes. Ni ante el Inter de Mourinho en 2010, ni el Chelsea de Di Matteo la pasada campaña, se pudo remontar. Pero esta vez vez tocaba soñar. El pesimismo quedó eliminado por decreto y se creó una atmósfera ideal para lograr la hazaña. En ello tuvieron mucho que ver los incansables fieles azulgranas. La afición llenó las gradas del Camp Nou, desplegó una espectacular mosaico con el lema “Som un equip” y creó un ambiente único. En definitiva, marcaron el primer gol de la noche. El humo que salió de la caldera barcelonista fue azulgrana. Hubo fumata azulgrana.
Casualidades de la vida. En un día tan señalado, Messi marcó el primer gol. No podía ser otro. Nadie como el argentino para echarse al equipo a la espalda en una noche muy importante. El argentino tiene la pegada e inspiración necesarias para asumir el protagonismo en una cita tan relevante. Necesitó apenas cinco minutos para demostrarlo por enésima vez. Tiró una pared con Xavi en la frontal del área, controló ligeramente y se inventó un zurdazo de rosca que Abbiati solo pudo contemplar. El portero italiano no pudo hacer otra cosa más que admirar la belleza de la enésima creación mágica del Leonardo Da Vinci del Barça. La puso en la escuadra.
Esta vez, el Barça no se sació con el primer bocado y siguió acechando a su presa, un Milan encerrado literalmente en su campo. Messi estuvo a punto de asestar el segundo mordisco al pastel en el que se había convertido la defensa del equipo italiano, pero su cabezazo se estrelló contra el lateral de la red. De tanto darle vueltas al catenaccio, al final se les pasó de vueltas a los italianos y el resultado fue una zaga demasiado gris, desbordada por la fuerza del rodillo azulgrana. Tan quemados que el propio Flamini tuvo que recibir asistencia médica por una brecha en la cabeza. Eso sí, la intensa presión milanista y la velocidad de Niang resucitaron viejos fantasmas en la noche barcelonesa. El atacante francés se plantó solo ante Valdés, cruzó el balón y lo mandó al poste. Ahí tuvo el empate, el partido y la eliminatoria el conjunto de Allegri. De repente, el barcelonismo se encontró con los espíritus de Ramires y Torres sobre el césped, pero este equipo se había exorcizado de tal manera que consiguió superar tan maléfico trance.
Semejante acto de fe tuvo su recompensa en la siguiente jugada. Iniesta le sirvió un pase extraordinariamente profundo a Messi que, desde la frontal, soltó un latigazo raso e inalcanzable para Abbiati. No se había alcanzado el descanso y el Barcelona ya había igualado la eliminatoria. Al mismo tiempo sigue el feliz idilio del crack argentino con los octavos de final de la Liga de Campeones, donde lleva 15 goles en 16 partidos disputados. Y así se llegó al descanso, tiempo para recargar fuerzas ante el torrente de emociones que aún estaba por llegar porque el 2-0 llevaría a una dramática prórroga. En la segunda parte cambió la decoración de la ceremonia porque el Milan se vio obligado a adelantar sus líneas para acercarse a la portería de Valdés. Pero ni así llevó la zozobra el equipo italiano.
El Barça tenía el santo de cara. Se encargó de certificarlo David Villa, con un zurdazo cruzado que batió a Abbiati. 3-0 y remontada conseguida. El delantero asturiano, que necesitaba marcar para desterrar de una vez por todas el mal fario y la desconfianza que le rodean, marcó un gran gol para demostrar que, si no se merece un lugar indiscutible en el once titular del equipo azulgrana, cerca debe de andar. Desde el partido contra el Viktoria Pilsen disputado en octubre de 2011 no marcaba El Guaje en la Liga de Campeones, pero el ariete de Tuilla siempre tiene una flecha más que el resto. Y más en estas ocasiones. Su suplencia se antoja un lujo innecesario. Los hechos son irrefutables. Los goles marcan diferencias. Y la gent blaugrana lo sabe; por eso rompió en una ovación unánime después del gol del 7 de España. A partir de aquí, el tradicional fatalismo que caracteriza al barcelonismo hizo acto de presencia. Un gol del Milan dejaba fuera a los hombres de Roura.
Alexis no aportó en el ataque la pegada deseada y eso desquició a muchos aficionados, que no entendían cómo el chileno no era capaz de acechar la portería de Abbiati. Tal descontrol unido a semejante precipitación dio alas a los italianos que se hicieron fuertes con el balón y, espoleados por la frescura de Robinho y Bojan, comenzaron a inquietar a la zaga barcelonista. El cambio de Mascherano por Puyol dejó en evidencia a Piqué, hasta entonces cubierto de manera magistral por “El Jefecito” y Busquets. Un viejo conocido como Bojan se la hizo al central catalán en la derecha y sirvió un centro raso al corazón del área al que milagrosamente no llegó Robinho. El milagro llegó en forma de Jordi Alba, que metió una pierna determinante cuando el brasileño se disponía a fusilar a Valdés. El lateral de Hospitalet se convirtió en el mejor dique de contención de la zaga azulgrana; siempre atento al corte, muy rápido en la presión y sin complicarse a la hora de sacar el balón.
El despliegue de Jordi Alba se merecía el mejor premio posible. Y llegó en el mejor momento. En el tiempo añadido, Messi inició una eléctrica contra, abrió para Alexis y el chileno se la puso al ex lateral del Valencia para que cerrara la goleada. El cuarto de la noche. Fin de fiesta estelar en el Camp Nou por gentileza de un futbolista de Hospitalet que se ha empeñado en convertirse en el mejor lateral zurdo del mundo y, de continuar con esta progresión, terminará por conseguirlo. Con Marcelo desaparecido, el de Hospitalet es un tren de alta velocidad que siempre acude puntual para cumplir con los deberes que le encomienda el equipo. Su gol a Italia en la final de la pasada Eurocopa no fue un espejismo.
Y así terminó una noche inolvidable para el barcelonismo. Aficionados y jugadores del Fútbol Club Barcelona se unieron en un solo grito de celebración para festejar el pase a los cuartos de final de la Liga de Campeones. Se vivieron momentos parecidos a los de aquella mágica noche del año 2000 contra el Chelsea en el Camp Nou. Un 5-1 que clasificó al equipo entrenado por Van Gaal para las semifinales de la Copa de Europa. Pero, cuidado, porque después llegó el Valencia de Cúper y Piojo López, para eliminar al Barça tras una goleada en Mestalla (4-1) y una bochornosa noche en Barcelona (2-1), pañolada al palco incluida. Pero eso es pasado y el barcelonismo, que no se olvida del feliz regreso de Tito Vilanova en dos semanas, solo piensa en el futuro.

La derrota más dolorosa

El Sporting cae en El Madrigal en el último minuto del tiempo añadido
El Villarreal celebra su 90 aniversario con una victoria agónica

Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 10 de marzo de 2013
Perder un partido de baloncesto por un triple del equipo contrario en el último segundo, un partido de tenis por cometer una doble falta en la última bola del juego decisivo o una gran vuelta ciclista en el sprint final de la última etapa. Hay muchas maneras de perder en el mundo del deporte. Evidentemente, también en el fútbol. Caer en el último minuto de la prolongación es una de las formas más dolorosas. La pesadilla de cualquier aficionado. Pues eso fue lo que le pasó esta tarde al Sporting en El Madrigal. El equipo gijonés perdió un encuentro decisivo en el suspiro final. En el último minuto del tiempo añadido (93), Uche se plantó ante Cuéllar, duda hasta última hora por molestias en un tobillo, y ajustició a los hombres de Sandoval, que se fueron del terreno de juego hundidos y rumiando en silencio su decepción. Se veían incapaces de perder un punto que creían bien amarrado y lo perdieron.
Lo cierto es que el Villarreal jugó un muy buen partido y su victoria no es para nada inmerecida. No les pitaron un claro penalti sobre Uche con empate a cero, se adelantaron en el marcador y tuvieron ocasiones de sobra para marcar. El problema es que el Sporting se hizo ilusiones porque Sangoy sacó petróleo y consiguió el tesoro del empate en el ecuador del segundo tiempo. Incluso soñaban con sorprender al Submarino amarillo en alguna contra para continuar la racha que comenzó ante el Alcorcón -San Pichu mediante-  y se coronó con la goleada de la ilusión ante el Girona. El guión de la película de hoy no deparaba un final feliz para el sportinguismo y amargo para los castellonenses, que precisamente estaban de fiesta celebrando el 90 aniversario de su equipo. Al final, Uche sopló las velas de la tarta de cumpleaños del Submarino y alimenta las opciones de ascenso de un conjunto que huele a Primera.
Comenzó sin contemplaciones el Villarreal, dispuesto a encarrilar el partido por la vía rápida. El primer aviso lo dio Uche con un potente zurdazo que se marchó rozando el poste de Cuéllar. En ese fulgurante arranque se cruzó el árbitro, que no vio un claro penalti cometido por Iván Hernández sobre el delantero nigeriano. El manchego Arcediano Monescillo se dio mus y no quiso penalizar el derribo. Ese fue el despertador que encendió los ánimos de la, hasta entonces, parsimoniosa afición de El Madrigal. Con el ambiente caldeado por el error arbitral y el claro dominio del Villarreal, el Sporting se encomendó a las contras para crear peligro. Y calmó los ánimos momentáneamente Trejo con un remate que se marchó ligeramente desviado; fue un pequeño oasis en pleno desierto de juego rojiblanco. Enseguida se retomó el guión inicial y el Submarino amarillo volvió a controlar la situación.
El gol de Uche hizo justicia a los méritos del Villarreal. Ganó la espalda a Iván Hernández con total tranquilidad, avanzó con idéntica parsimonia hasta la línea de fondo y desde allí, ligeramente escorado, soltó un latigazo que entró por el primer palo de Cuéllar. Sangoy lo intentó antes del descanso, pero el marcador ya no se movió hasta la reanudación. En el segundo tiempo se alternaron las ocasiones de los dos equipos, aunque los locales llevaban nuevamente la iniciativa y tuvieron oportunidades de sobra para sentenciar. No lo consiguieron y el Sporting, que fiaba su suerte a las contras, inició un contragolpe eléctrico con un saque en largo de Cuéllar hacia la posición de Trejo, avanzó con el balón y dibujó un gran pase entre líneas para la llegada de Sangoy, que desde el vértice del área pequeña remató raso y cruzado para batir a Juan Carlos. Los argentinos se cambiaron los papeles en relación a la pasada jornada y se inventaron un gol muy importante. 
El empate del Sporting empujó definitivamente al Villarreal hacia el campo del conjunto asturiano. El terreno de juego se inclinó hacia la portería de Cuéllar y las opciones sportinguistas pasaban por sorprender en algún contraataque. Lo sabía Sandoval que movió el banquillo en busca de más arsenal ofensivo y sacó a David Rodríguez al terreno de juego; después a Miguel Ángel Guerrero en lugar de Sangoy, en una decisión muy polémica porque el de Humanes agotó los cambios y Trejo tuvo que quedarse en el campo a pesar de tener problemas en un gemelo. Parecía un cruce de despropósitos e infurtinos entre ambos equipos porque el Villarreal se desesperaba por no ser capaz de marcar el segundo. Pereira se topó con el portero, Aquino disparó al larguero mientras que Uche y Hernán Pérez chocaban continuamente contra los zagueros rojiblancos. Tuvo que ser Uche en el último minuto quien marcara el gol de la victoria aprovechando un pase interior al que no llegó Bernardo y que habilitó al delantero ante Cuéllar. El nigeriano no perdonó y llevó el delirio a las gradas de El Madrigal. El Villarreal había ganado un partido muy complicado.

El sportinguismo tardará unos días en digerir una derrota tan cruel. Semejante decepción frena esa corriente de optimismo que se había desatado tras los dos últimos triunfos. El sueño de los puestos que dan acceso a la promoción del ascenso vuelve a ser extremadamente difuso y la pesadilla del descenso, por el contrario, acecha por la espalda. El partido de la próxima semana contra el Barcelona B en El Molinón puede suponer una buena ocasión de alimentar las esperanzas, desatar el pánico o confirmar definitivamente que esta es una temporada para olvidar.

Prueba superada

El Barcelona supera con comodidad a un desahuciado Deportivo
Un cabezazo de Alexis abre el marcador y reconcilia al chileno con el gol
Messi canta los 40 goles en la Liga y marca por 17 jornada consecutiva
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 9 de marzo de 2013
No fue un entrenamiento con público por las sensaciones que rodeaban a la cita. Para el Barcelona tuvo la trascendencia típica de cualquier partido en la lucha por el título de Liga: para el Deportivo, el dramatismo habitual de todo partido en la batalla por eludir el descenso, amén de que era una buena oportunidad de dar una sorpresa de campeonato. Nada más. En cuanto empezó a rodar el balón por el césped del Camp Nou se comprobó que el Barça iba a superar con claridad este encuentro. Y eso que muchos barcelonistas ya no piensan, sueñan y hablan sobre otra cosa que no sea la final de este martes contra el Milan en el Camp Nou.
Pero este partido contra el Depor había que jugarlo, pelearlo y ganarlo para evitar que la gent blaugrana sufra un nuevo disgusto, vea aún más complicada la remontada europea y dude todavía más de su equipo. No sumar los tres puntos contra el colista en el coliseo blaugrana habría sido un mazazo de tales proporciones para los hombres de Jordi Roura que incluso se complicarían el alirón. Los recientes fracasos contra el Real Madrid en Liga y Copa pesan mucho. Demasiado.
Desde los primeros compases del partido se percibió una agradable y tranquila velada para el barcelonismo. Falta les hacía. Y eso que Piqué, Busquets, Iniesta, Pedro y Messi comenzaron el partido en el banquillo, al margen del lesionado Xavi y el sancionado Valdés, ambos fuera de la convocatoria. Jugadores como Cesc, Thiago, Alexis, Villa, Song y Adriano tuvieron la ocasión de reivindicar sus opciones de tener un hueco en el once titular de Roura. A simple vista, parece que solo Fábregas y El Guaje tienen alguna opción de titularidad para este martes.
La candidez del Deportivo, que afrontó el choque con una sorprendente e injustificable apatía dada su dramática situación, posibilitó que el Barcelona rápidamente se hiciera con el control del balón y comenzase a acechar la portería de Aranzubia. Entre el portero, el poste y la falta de definición de Alves, Thiago, Tello y Villa salvaron las peligrosas aproximaciones del Barça. El Depor bailaba en la cuerda floja al mismo tiempo que temblaba el suelo a  sus pies. Parecía inminente que el tambaleo iba a terminar echando abajo el particular candado que habían puesto en su portería. Tuvo que ser un ligero cabezazo de Alexis Sánchez lo que desmontara el entramado defensivo del equipo coruñés. El chileno se reconcilió al fin con el gol e incluso rebañó su remate para certificar el tanto después de la estirada del portero deportivista. Por si acaso. No las tiene todas consigo este futbolista, que no marcaba desde la matinal del pasado 10 de febrero, cuando abrió el marcador contra el Getafe en el Camp Nou, y al que se critica duramente. Poco más tuvo una primera parte monopolizada por el juego y las ocasiones de los azulgranas.
La expectación del segundo tiempo se concentró más en el debate sobre si Messi debería o no disputar algún minuto ante el Deportivo. El encuentro tenía tan poca miga que las miradas estaban más puestas sobre el banquillo que sobre el terreno de juego. La balanza la terminó de decantar Iniesta, que también disputó un partido paralelo en la banda. A la espera de que manchego y argentino cambiaran de bando, en el otro partido, el que daba los puntos, el Barça dominaba con tranquilidad el juego y no urgía la entrada de los titulares habituales. De este modo, los aficionados se podían entretener en la grada con dimes y diretes, juegos reunidos y bocadillos de Nocilla, o mortadela llegado el caso. Se fue Valerón del campo, para disgusto de los románticos porque pudo ser el último partido del mago de Arguineguín en el Camp Nou, y Roura terminó con los debates sacando a Messi por Villa e Iniesta por Thiago. Llamada de Tito desde el otro lado del Atlántico, cambios, ovaciones de rigor pero idéntica parsimonia sobre el tapete. El juego seguía siendo absolutamente plano y los agoreros comenzaban a creer en las posibilidades del Depor.
El conjunto de Fernando Vázquez está muy tocado y se presenta como un conjunto desahucido y resignado a su futuro en Segunda División. Tan negativa percepción se tradujo en una intensidad bajísima que terminó conduciendo al segundo gol del Barcelona. Messi tiró una buena pared con Alexis en la frontal, se ofreció, recibió y picó el esférico ante la presencia de Aranzubia para sentenciar y acudir puntual a la cita goleadora. El argentino ya lleva 17 partidos consecutivos marcando y en la Liga suma la impresionante cifra de 40 goles. El Barcelona baila al compás que marca Messi. Ya ha cantado los 40 el argentino, que busca establecer un nuevo récord en el campeonato liguero, con la mente puesta en superarse a sí mismo y batir los 50 de la pasada campaña. Parece seguro que lo conseguirá.
Al margen de los tres puntos y del valor moral de una victoria antes del decisivo enfrentamiento contra el Milan, el Barcelona también se va del partido contra el Deportivo con la buena noticia de que por fin ha dejado su portería a cero. No encajó goles Pinto que, a sus 37 años, ya es el futbolista más veterano que ha defendido la camiseta azulgrana en la Liga. Un aniversario feliz para el portero gaditano. Pero en la mente de todos los barcelonistas ya está la cita de este martes en la Liga de Campeones. El trascendental partido contra el equipo italiano puede marcar un punto de inflexión en la trayectoria del Barça o ser el tiro de gracia que convierta en un tormento el resto de la temporada para el barcelonismo.

La victoria de la ilusión

El Sporting destroza al Girona y recupera la fe
Trejo, Bilic, Carmona y David firman una goleada de altos vuelos

Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 4 de marzo de 2013
Cuando José Ramón Sandoval anunció a finales del año pasado que el Sporting iba a meter miedo en febrero, ¿se refería a ésto? Porque anoche contra el Girona, el equipo del técnico de Humanes metió miedo. En el mejor sentido de la palabra. El más optimista. Una inyección de ilusión que da vitamina de optimismo a una afición a la que no le quedó más remedio que bajar los brazos. Demasiados palos. Demasiados bandazos. Demasiadas desilusiones. Hasta el partido contra el Girona, una cita que puede marcar un punto de inflexión en la temporada del equipo asturiano.
El entrenador del Sporting equivocó el tiro cuando situó el mes de febrero como el punto de inflexión de su equipo. Parece que ese punto de inflexión ha llegado en marzo, con un retraso de tres días. Da la impresión de que este mes ha comenzado una nueva etapa para el conjunto gijonés. Por la contundencia del resultado, la solidez mostrada y el juego exhibido, no estamos ante una victoria más. Porque tampoco el Girona es un rival más de la categoría. Llegaban a Gijón con la vitola de ser uno de los gallitos de la categoría. Terceros en la clasificación, abriendo los puestos que dan derecho a jugar los playoff de ascenso a Primera División. Pero llegaron a El Molinón y les cortaron las alas. Se las cortó un equipo que parece decidido, por fin, a cumplir con las expectativas que le situaban como uno de los favoritos al ascenso.
El Molinón presentaba anoche un gran ambiente. Ambiente de gran noche de fútbol. Quizás por la hora, quizás por la inquebrantable fe del sportinguismo, quizá porque la afición está decidida a demostrar que es el mayor patrimonio del Sporting, Más de 17.000 aficionados llenaron las gradas del templo rojiblanco convencidos de que seguiría la racha después del agónico triunfo ante el Alcorcón. Y esta vez no se defraudaron sus expectativas. Aunque la primera ocasión fue para el Girona, con un disparo de Tebar que se marchó muy cerca del palo izquierdo de la portería de Cuéllar, el Sporting pegó primero. Trejo abrió la lata con una precisa vaselina ante la salida de Dani Mallo tras cazar una asistencia mágica de Sangoy. Y como ya se sabe que el primero da dos veces, poco después Bilic marcaría el segundo de la noche. Fue el gol de la intriga porque el croata paró el mundo cuando encaró al portero, lo dribló, se escoró, se durmió pero finalmente puso el balón en la escuadra contraria. La intriga comenzó en la jugada anterior con un remate cruzado de Gerard que se fue fuera por muy poco y casi supone el empate. Como quien no quiere la cosa, el Sporting había encarrilado el partido en 25 minutos. Una situación sorprendente y desconocida. Incluso le sonrió la suerte arbitral porque el colegiado, Ocón Arrainz, no pitó un penalti de Iván Hernández sobre Luso.
Con el partido prácticamente sentenciado, la gran duda de la segunda parte estaba en saber si el Sporting sería capaz de aumentar la ventaja o se mantendría la renta de dos goles. Avisaron Santi Jara, con un disparo que se marchó lamiendo la escuadra de la portería del Girona, y Sangoy, que lanzó una falta muy ajustada al palo derecho y que Mallo atrapó sin problemas. Después le volvió a sonreir la fortuna arbitral con la expulsión de Moisés Hurtado por sacar el codo en el salto de cabeza con Bilic. Y a un rival roto y con diez hombres, lo pudo sentenciar con un fuerte derechazo de Sangoy que se estrelló en el larguero y tocó levemente el guardameta. Volvería a intervenir el portero del equipo catalán para enviar a córner un disparo de Trejo.
Ya en la recta final llegaron los goles. Carmona marcó el tercero con un cabezazo bombeado que no desaprovechó un extraordinario centro colgado por Sangoy. Vestido de Iniesta para la ocasión, el argentino volvió a ser decisivo en la jugada del cuarto de la noche sirviendo un preciso pase entre líneas para que David Rodríguez ganara la espalda a la defensa rival y, en el primer balón que tocó después de entrar al terreno de juego, sentenciara el encuentro. Si el valor de un futbolista se mide tanto por las asistencias como por los goles, el de Gastón Sangoy se tendría que disparar después de lo visto contra el Girona. No marcó, pero participó en tres de los cuatro goles que marcó el Sporting y se reivindicó como un estandarte de este equipo. Por algo Pep Guardiola dijo de él que es “un futbolista muy, muy, muy interesante”.
Y en Gijón ya hacen números. Se atreven a sacar los prismáticos para contemplar la zona noble de la clasificación dando por hecho que el descenso ya es un  lejano fantasma. Porque ya no da vértigo mirar hacia arriba. Llevan dos victorias consecutivas y, analizando el calendario, incluso se pueden permitir la licencia de echar cuentas. El sportinguismo encara con ilusión el trascendental partido de la próxima semana contra el Villarreal. Un duelo decisivo contra el quinto clasificado. Si el Sporting gana en El Madrigal, considerando que la última plaza de la zona de promoción la ocupa de momento un convidado de piedra como es el filial del Fútbol Club Barcelona, la vitamina de la ilusión se comenzará a vender en cantidades industriales en la villa de Jovellanos. Y pobre del que se la quiera robar al sportinguismo.