sábado, 31 de diciembre de 2011
El mundo a mis pies
"Estaba amaneciendo y tenía ante mis ojos algo mágico. Veía los valles casi oscuros y las puntas de las montañas iluminadas por los primeros rayos de sol. A la derecha de la cumbre, vi una luz enorme, como un foco deslumbrante. Unos astrónomos me confirmaron semanas después que era el planeta Venus. Estaba admirando un espectáculo grandioso. Me encontraba en el lugar con el que tantas veces soñé y me sentía inmensamente feliz. Fue el momento más emocionante de mi vida. Aunque no llegase a la cima, aquel fascinante panorama recompensaba todo mi esfuerzo. Recuerdo a la perfección aquel instante en el mirador más espectacular del planeta. Como para no recordarlo. El Balcón del Everest es una arista desde la que se puede contemplar un paisaje sublime a 8.450 metros de altura. Divisar ese panorama mágico en el que la majestuosidad de las montañas le gana la partida a las nubes, es el sueño de cualquier alpinista.Y yo lo he vivido. Un momento único que demuestra que el cielo de las ilusiones no es inalcanzable.
No fue fácil llegar hasta allí. Primero tuve que hacer filigranas para conseguir el respaldo financiero que requiere un reto de tal envergadura. Pero Cristina, mi esposa, me dio el empujón que necesitaba para superar todas las trabas y lanzarme definitivamente a la gran aventura. Nunca encontraré palabras suficientes para describir y agradecer la comprensión y el apoyo de Cris. Gracias a su ayuda me pude embarcar en un reto colosal con la tranquilidad de saber que no hipotecaba el bienestar de la familia. "Adelante, hazlo, ve a cumplir tu sueño. Ya se arreglarán las cosas". Esas palabras, junto a la aparición milagrosa de un ángel de la guarda llamado Ángel Barutell, jefe de relaciones externas de El Corte Inglés, me dieron suficientes motivos para intentar la hazaña de conquistar el Everest, la cima del mundo. ¡A mis 62 años! Pero tenía suficientes motivos para dar una satisfacción a mi gente, a los que no me abandonaron ni en los peores momentos.
Ya me había estrellado dos veces ante esa pared. Prefiero no recordarlo. Estaba decidido a que a la tercera, iba a ir la vencida. Ya sabes que en mi vocabulario no caben las palabras "frustración" y "rendición". Volé hasta Katmandú, me asenté en las faldas del Everest, miré hacia lo alto y me dije: "Allá voy". Hubo problemas con el guía nativo, pero tuve la suerte de coincidir con Juan Benegas, su hermano había muerto en el Aconcagua y quería homenajearle con la dedicatoria de la conquista del techo del mundo, y Peter Gardner, un veterano montañero austríaco. Con ellos fui avanzando por las empinadas rampas de aquella ascensión interminable hasta llegar al campo 4, donde nos tomamos el último respiro antes de afrontar el asalto definitivo. Juan y Peter tenían sus sherpas correspondientes, pero el mío no me quiso acompañar. Así que me fuí solo con dos botellas de oxígeno en la espalda, un termo para mantener el té caliente y un saco de vivac. No te imaginas cómo pesaba aquello. Calculo que unos 12 kilos. Además era de madrugada y aún no había amanecido. ¿Mete un poquito de miedo, verdad? No te preocupes.
A las cinco de la mañana llegué a ese lugar mágico que te comenté hace un momento: el Balcón del Everest. Te puedes imaginar mi emoción en aquellos momentos. Me habría quedado allí gustosamente, pero tenía que continuar. Al reiniciar la marcha, me volví a cruzar con Peter, al que había dejado atrás hace un buen rato; le saludé y seguí hacia adelante. Entonces tuve un gran problema. Cuando estaba a 8.700 metros de altura, tuve que cambiar el oxígeno porque ya había consumido la primera botella. Saqué la otra de la mochila y, al hacer la operación de ajuste, el oxígeno se empezó a escapar. Para que te hagas una idea es como cuando se te desinfla un globo pinchado. La situación era angustiosa. Estaba desesperado. La temperatura era de 35 grados bajo cero y, a pesar de lo abrigado que iba, el viento se clavaba en mi piel. No sabía qué hacer. ¡Solo me quedaba la mitad del oxígeno! Entonces, la suerte que me había esquivado anteriormente, me hizo un guiño. Aparecieron Willy Benegas, el primo de Juan, y su sherpa. Ellos me prestaron un regulador de repuesto y me sacaron del apuro. Seguí mi travesía. Willy me aconsejaba que no siguiera porque hacía mucho viento y el tiempo estaba empeorando por momentos, pero yo estaba convencido de llegar como mínimo a la cumbre sur.
Ya estaba desesperado. Tenía miedo de volver a quedarme a un paso de hacer cumbre. El riesgo era evidente, pero era mi momento. Era mi tercer intento y, con 62 años, seguramente no tendría otra oportunidad para cumplir mi sueño. Tiré, avancé y me encontré con Mario Merelli, un amigo italiano. Me animó mucho y me dijo que podría bajar sin oxígeno. Seguimos juntos hacia la cumbre sur, desde allí divisé el llamado Escalón Hillary, un trozo de roca que está a una hora de la cima, escalando a buen ritmo. Con mucho empuje, coraje y un poco de oxígeno, llegué a lo más alto. Eran las dos de la tarde del 23 de mayo de 2001. Había cumplido mi sueño. Estaba con un pie en Nepal y otro en China. Impresionante. Pero mis fuerzas ya estaban muy justas y todavía me quedaba el descenso. La bajada era muy peligrosa y la hice solo porque Mario bajaba más rápido que yo. Anduve con mucho cuidado porque las aristas eran complicadísimas. La pendiente era muy pronunciada y resbaladiza. Un error me podía costar caro. Me encontré con el sherpa de Juan Benegas, me traía una botella de oxígeno pero no la quise cambiar. No tenía fuerzas y la tienda ya estaba cerca. Cuando la encontré, suspiré de alivio. Y me abracé con Juan. En ese momento me comunicó una noticia terrible. Peter resbaló y se cayó por un precipicio cuando regresaban del balcón. Una tragedia que me hizo pensar que pude haber sufrido algo parecido. Pasamos una noche muy triste, a 8.000 metros, pero al día siguiente continuamos el descenso, llegamos al campo 2 y un par de días después, me encontré con la familia en el campamento base.
Y aquí estoy. A mis 72 años, con nueve ochomiles a cuestas. En toda mi vida no he parado de mirar a los techos de la Tierra. Ascendí mi primer ochomil con 51 años, subí al Everest a los 62, al K2 con 65, y esta primavera, cumplidos los 72, coroné el Lhotse. Me duele todo. pero desde que estoy jubilado tengo el dinero y tiempo para alimentar mi pasión. ¡Si hasta he sido el protagonista de un libro que escribieron Francisco José Delgado y David Alonso, periodiststas de la Cadena SER! Ahora llega el patrocinio del BBVA. Todo esto es una bendición. Y en marzo quiero subir al Kanchenjunga, luego intentaré el Annapurna, y quiero cerrar el círculo en el Dhaulagiri para completar la ascensión de las 14 montañas más altas de la tierra y seguir contándote cuentos de superación y sueños cumplidos. Así es tu abuelo, el alpinista Carlos Soria."
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miércoles, 21 de diciembre de 2011
Manu Carreño, el fair play en las ondas
"Es imposible que discutas con Manu Carreño. Es un tío espectacular". Pocas personas pueden opinar con mayor precisión sobre el comunicador vallisoletano. Juanma Castaño, compañero y presentador de Deportes Cuatro, resume a la perfección la bonhomía de Carreño. Ha tenido tiempo para ello. Desde 2005 trabajan juntos y han tenido que presentar juntos innumerables veces. En todos estos años, Castaño ha tenido tiempo suficiente para comprobar la profesionalidad, inteligencia y amabilidad de Carreño. Un periodista vallisoletano que se ha ganado a pulso una fama de elegancia que le ha convertido en uno de los periodistas más respetados y admirados de España. Eso que, por desgracia, no abunda en el periodismo. Manu Carreño no tiene enemigos ni una corte suprema de aduladores que le sitúan por encima del bien y del mal. No ha tenido broncas con nadie. Y tampoco se ha adscrito a la corriente de fanatismo que abunda en el periodismo deportivo. Como dice Juanma Ortega: es Manu Carreño, el hombre al que veías y ahora también escuchas. El personaje del año, el periodista de 2011, el comunicador más mediático del momento.
Desde el pasado 14 de agosto, Manu Carreño es el director de Carrusel Deportivo, el programa decano de la radio española. Y conserva el buen rollo con Juanma Castaño a pesar de que éste ha fichado por la Cadena COPE, rechazando una gran oferta de la Cadena SER para convertirse en su mano derecha. El mejor ejemplo para ilustrar este sentimiento de hermandad fue el mensaje que lanzó Carreño en los primeros minutos de su primer Carrusel: "A nuestros amigos Paco, Pepe y especialmente a Manolo y a Juanma, un abrazo muy fuerte y que Dios reparta suerte". Lo cortés no quita lo valiente. La lógica competencia entre la SER y la COPE no supone un obstáculo para que haya buen rollo entre los profesionales de estas dos emisoras. Más si cabe, con Juanma Castaño y Manolo Lama. "Es bonita esta competición entre nosotros. Cada tres meses diremos ´Eh, que ya te dije yo que ésto iba a funcionar´", dijo Manu Carreño en una entrevista con Pablo Motos en El Hormiguero pocos días después de conocerse su próximo destino. Y no menos original es cómo se enteró de su nueva responsabilidad: "Me llamó Manolo Lama y me dijo: ´¿Sabes que vas a Carrusel Deportivo?´ y a la media hora me lo confirmaron".
Manu Carreño ha creado escuela dentro del mundo del periodismo. Ha aprovechado todas las oportunidades que se le han ofrecido para instaurar un estilo propio. Desde Torre Picasso hasta Tres Cantos, pasando por la Gran Vía. Desde sus inicios hasta la actualidad, Carreño ha demostrado que es un todoterreno de la comunicación. Comenzó su etapa profesional madrileña en la redacción de deportes de Canal+, donde permaneció durante 4 años narrando, junto al Lobo Carrasco, los partidos de Segunda División con un estilo muy característico que han imitado muchos profesionales de Sogecable. Después fichó por Antena 3, donde presentó El show de los récords, Los vigilantes de la tele y El Gran Test, y el informativo de mediodía, con Olga Viza. En este período tuvo tiempo para adaptarse a diversos registros y perfeccionar su propio estilo. Este estilo le permitió abandonar la televisión para crear un nuevo formato radiofónico en Onda Cero. Le ofrecieron cubrir el hueco que había dejado José María García en las noches de esta cadena y así nació Al primer toque, un programa que aún está en antena presentado por Ángel Rodríguez.
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Para explotar al máximo su perfil de periodista multidisciplinar, capaz de adaptarse a diferentes formatos, Sogecable lo recuperó para presentar el mítico programa de entrevistas, Lo + plus, junto a Ana García Siñeriz. Pero ha sido el comienzo de las emisiones de Cuatro, el acontecimiento que ha provocado el más significativo cambio de rumbo en la trayectoria de Manu Carreño. Se situó al frente de la redacción de Deportes Cuatro y concibió una nueva manera de tratar la información deportiva en la televisión. Entre Manolo Lama y él cambiaron el concepto clásico de la presentación de los bloques de deportes en los informativos televisivos. Crearon "Los Manolos", un singular formato que ha cosechado unas notables cifras de audiencia apoyado en el extraordinario nivel del equipo de deportes de Canal+ y en una sobresaliente compenetración con Lama. A pesar de las críticas recibidas por quienes les acusan de forofismo, a pocos periodistas deportivos se les ve menos identificados con los dos grandes equipos del fútbol español. Este pucelano no tiene problemas en prodigar a los cuatro vientos que es del Real Valladolid, un club histórico que no goza del respaldo mediático de los dos colosos.
Ahora, asentado en radio y televisión, no sabemos si Manu Carreño será conocido dentro de unos años por su nombre de pila como sucede con un maestro de la comunicación como es Iñaki Gabilondo o será conocido por su apellido como pasa con muchos otros periodistas deportivos. O seguirá siendo una cara de Los Manolos. De cualquier modo, por su voz, su presencia en cámara y su talento, ha instaurado un estilo propio que demuestra que en el periodismo deportivo se puede compatibilizar radio y televisión. Quizás sea el comunicador con más facilidad para cambiar de registro ante todo tipo de soportes y situaciones. Pero el verdadero calibre de la figura de Manu Carreño se medirá en la radio. A él le corresponde la tarea de modernizar Carrusel Deportivo, "ese pisito" que dejaron amueblado los periodistas que hicieron en 2010 el trasvase entre la SER y la COPE. Para eso cuenta con la ayuda de otro todoterreno de PRISA, José Antonio Ponseti. Por cierto, ¿será Ponseti el personaje del año 2012?
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jueves, 15 de diciembre de 2011
Bienvenidos al circo
"Yo estuve allí. Muchos presumirán de haberlo presenciado en directo desde el circuito. Otros, más asépticos, presumirán de que lo vieron por la televisión. Los consuelos de cada cual son muy particulares, personales e intransferibles. Como el momento histórico que vivimos ayer. El automovilismo elevado a una de las bellas artes. La Formula Uno, como un ejercicio de precisión, resistencia y valentía. Los pilotos emocionados y extenuados. Los mecánicos, en éxtasis. Los aficionados, en trance. Las chicas guapas, sonriendo en el podio, dispuestas a besar al campeón, al elegido de la gloria. Es Fórmula Uno. Es otro mundo. Es el circo".
martes, 13 de diciembre de 2011
Mucho Barça para tan poco Madrid
LA CRÓNICA
Debe de ser cierto eso de que se ha terminado el ciclo triunfal del Barcelona. Encajó un gol tonto en los primeros minutos y no dio la sensación de equipo sólido, e incluso cruel, de otras temporadas. Lo extraño es que el Madrid no fue capaz de aprovecharlo y apenas frecuentó el área de Valdés. Algún mal pensado incluso ensalza el mérito de Mourinho y lo señalan con el dedo, aunque no está bien eso de señalar, porque ha conseguido que la diferencia entre el Barça del primer año de Guardiola y el de esta temporada se haya reducido a la mitad: se ha pasado del 2-6 al 1-3. Ya se sabe aquello de que ocuparse en exceso de la alimentación de los cuervos lleva a que estas aves te extirpen los ojos. Anoche en el Bernabéu no cantaron las golondrinas, ni siquiera los gallos, aparecieron los cuervos y los buitres. Para disgusto de Don Emilio Butragueño y el resto de la nobleza madridista.
El Madrid echó cuerpo a tierra en cuanto el Barcelona se apoderó del balón. Y fió su suerte a la brillantez de sus estrellas, pero anoche estaba nublado en Concha Espina. No apareció la Luna. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Y eso que no había eclipse. Lo constatable, más allá del hermoso entorno, es que el Madrid ha hincado la rodilla en el peor momento, a su vez el más importante de lo que llevamos de temporada. No crean que me olvido de la Supercopa de España, pero el alzheimer selectivo no permite florituras en partidos de este calibre. Mundo cruel ese en el que el glamour de Cristiano, la magia de Ozil y el misticismo de Benzema choca con la testiculina de Puyol, la clarividencia de Xavi y el divismo de Messi. Como el buen comer, el fútbol es un arte y se saborea mucho mejor cuando acostumbras al paladar a los mejores platos. Y en Barcelona han demostrado tener mejor mano para este arte.
El partido fue una ensalada. Tuvo de todo y en sus justas proporciones. Fruto de un formidable barullo en el área del Barcelona, Benzema abrió el marcador con un gol que no ejerció un efecto balsámico. Fue aceite de colza envenenado para el Madrid porque a partir de aquí el plato que había cocinado Mourinho comenzó a desprender un fuerte olor a podrido. A ello contribuyo el guiso de Guardiola, que no apagó el fuego y fue fiel a sus convicciones. Renunció a la defensa de cuatro y, siguiendo las lecciones magistrales de Johan Cruyff, el Panoramix del Barça, pasó a una defensa formada por Puyol, Piqué y Abidal. Y Valdés, entre tanto, luciendo palmito porque se mantuvo en su línea habitual de juego combinativo, como si fuera un jugador más.
El paradón de Casillas a Messi sirvió de preámbulo de lo que estaba por llegar. Rayos y truenos, polvos y centellas, romanos contra galos. El gol del empate de Alexis, aprovechando una mano en forma de pase que le había tendido Messi, demostró que se puede matar con elegancia. La segunda parte de la batalla fue un paseo para el Barcelona, que se exhibió al toque de clarines, trompetas y violines de Xavi. Busquets y un superlativo Iniesta. Por si no fuera suficiente, el zumbido de Messi y Alexis terminó de cortocircuitar por completo las ideas del ejército de Mourinho. El colmo ya fue el gol de Xavi, ayudado por el desvío involuntario de Marcelo, que desmontó por completo a la tropa madridista. Y como una sentencia dulce, una forma de morir con una sonrisa, surgió Cesc Fábregas. El de Arenys recogió un bombón relleno de nata que le sirvió Alves desde la derecha y estableció el 1-3 definitivo ante un pueblo hundido, machacado y resignado a su suerte. Al Madrid no le quedó más remedio que plegar banderas y reconocer la superioridad del rival. Porque el gran mérito del Barça de Guardiola es que es capaz de llevarte feliz a la silla eléctrica.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Madrid, Barça y el miedo escénico
El miedo escénico ha tomado el puente aéreo. El miedo escénico, esa célebre expresión de Gabriel García Márquez que Jorge Valdano tomó prestada para definir el miedo que un jugador sentía cuando saltaba al césped del estadio Santiago Bernabéu. Gabo admitía tener miedo cuando saltaba a un escenario por el terror que le producía estar solo en el escenario, ante un auditorio pendiente de sus palabras. Ese mismo sentimiento de pánico, según Valdano, paralizaba a los rivales europeos del Real Madrid en el Bernabéu. La presencia machacona de un público agobiante, bullicioso e impulsivo, que creaba un ambiente muy tenso, atenazaba cuerpo y mente de los visitantes que salían bloqueados, y muchas veces goleados, del coliseo madridista. Y no solo los equipos europeos jugaban amordazados, el propio Fútbol Club Barcelona fue víctima del miedo escénico cuando jugaba contra su eterno rival. Cada visita al feudo merengue se convertía en un marrón para el Barça. Por ahí se puede encontrar respuesta a varias derrotas sonadas de los culés en Chamartín: 5-0 en 1995, 2-0 en 1996, 3-0 en 2000, 4-1 en 2008...
Pero la historia ha cambiado. Y de qué forma. La etapa triunfal que vive el barcelonismo desde hace tres temporadas ha cambiado las tornas y el miedo escénico cunde ahora entre el madridismo. Los madridistas ya no afrontan de la misma forma un partido contra el máximo rival. Lógicamente se mantiene el respeto, pero el miedo escénico se ha instalado entre los propios madridistas. Los jugadores están acosados por los rumores, las críticas y el juego del rival, mientras que los aficionados sufren desconfianza, incertidumbre, miedo y vergüenza ajena al ver que sus futbolistas y ellos mismos son víctimas de las burlas hirientes de sus eternos rivales. Grandes jugadores como Casillas, Cristiano, Xabi Alonso y Sergio Ramos salen acogotados en los clásicos, y la razón de fondo es el miedo escénico que aparece como un fantasma en cuanto las cosas se tuercen mínimamente. No pierden el espíritu ganador, por supuesto, pero la ola invisible de la desconfianza les coarta.
De eso se beneficia el Barcelona. Lo lleva haciendo en las últimas temporadas. Se nota la mano de Guardiola. Desde que el de Santpedor es el entrenador culé, la atmósfera del positivismo se ha instalado en el Camp Nou y el miedo escénico del Bernabéu se ha vuelto en contra del Madrid. El propio Guardiola es consciente de ello aunque haya declarado que envidia la mentalidad ganadora y la tradicional tendencia al éxito del madridismo. No le falta razón, pero esa humildad va acompañada de una rebeldía ante la historia. Porque Guardiola no está de acuerdo con la concepción histórica del miedo escénico que apadrinó Jorge Valdano, quien a su vez sostiene que el Barça ha derrotado al Madrid en el terreno de la propaganda. Guardiola ha vivido intensamente esta rivalidad y por eso conoce como nadie las entrañas del adversario. Y ataca por ahí.
Guardiola ha conseguido exprimir al máximo las fobias históricas de los madridistas hacia su equipo. Y las utiliza como arma arrojadiza. Sabe muy bien que el madridismo se puede volver en contra de sus jugadores en el momento que las cosas les salgan mal. Mete mano por ahí porque sabe que lo necesita para reforzar la moral de sus hombres. Porque sabe que el Barcelona necesita más para superar a un enemigo tan poderoso. Goles, ruido, impulso, rabia, mentalidad ganadora. Necesita ese viento que genera la afición madridista y que se propaga como un rodillo por el terreno de juego, allí donde solo saben mantener la cabeza fría los más grandes. Necesita del miedo escénico. Ese miedo escénico se dejó sentir anoche en el Bernabéu a pesar de que el Madrid navegó a favor de corriente por el tempranero gol de Benzema que convirtió al estadio en una caldera. Pero esa fogosidad se puede volver en contra del que la genera cuando las cosas no salen como se imaginan. Y ayer muchos madridistas creyeron que le iban a devolver la manita al Barça. Con eso, y con la calidad de sus futbolistas, contaba ayer el de Santpedor, que se ha permitido el lujo de relegar a un segundo plano a David Villa.
La fatiga acumulada por la fogosidad inicial pasó factura a los madridistas. La intensidad de los primeros minutos se fue apagando, al tiempo que caían embrujados por el insultante dominio de la pelota de los azulgrana. El público se impacientó y el Bernabéu bajó de revoluciones. El miedo escénico se apoderó de los jugadores y de los aficionados del Madrid. El Barça se creció y abrió el tarro de esencias. Iniesta, Xavi, Busquets, Fábregas y Messi se vistieron el traje de las grandes noches y tiraron de repertorio para lucir en el mejor escaparate posible. Llegaron tres goles como pudieron llegar seis. Cristiano se desesperó y la imagen de Casillas tumbado en el césped después del gol de Cesc ilustra a la perfección la impotencia blanca. Y el Madrid se fue al vestuario con la desesperación lógica de comprobar que el miedo escénico se ha vuelto en su contra.
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Italia, Irlanda y Croacia, los rivales de España en la Eurocopa 2012
España debutará en la Eurocopa 2012 el domingo 10 de junio ante Italia, a las 18:00 horas, en Gdansk (Polonia). Se medirá a Irlanda, en el mismo estadio, el jueves 14 de junio a las 20:45 horas y el tercer partido será ante Croacia, el lunes 18 de junio, también a las 20:45 y en Gdansk. En consecuencia, España ha evitado a Alemania, una de las selecciones más temidas por Vicente del Bosque y los miembros de la Federación Española. La vigente campeona de Europa y del mundo también se ha visto beneficiada porque disputará la primera fase del campeonato en Polonia, tal y como había pedido el staff técnico federativo.
El llamado grupo de la muerte será el B, que lo integran Holanda, Dinamarca, Alemania y Portugal. Robben, Sneijder, Ozil, Cristiano Ronaldo y los daneses que enviaron a la repesca a los hombres de Paulo Bento, se cruzarán en una liguilla que deparará duelos muy intensos. El cruce de cuartos para la selección española será con el grupo D, que lo integran Ucrania, Suecia, Francia e Inglaterra. En cuanto al grupo A, lo componen Polonia, Grecia, Rusia y República Checa, y teóricamente es el más flojo del torneo.
Esta crónica también se puede leer en una página web de referencia, www.iquattro.es
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