sábado, 24 de enero de 2015

Pesadilla sportinguista

El Sporting cae ante el Hércules y desespera a su abnegada afición
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 27 de abril de 2013
Desolador. El panorama que se vislumbra tras la enésima caída del Sporting no puede ser más desalentador. Las remotas opciones de alcanzar los “playoff” se han desvanecido definitivamente después de la lamentable derrota ante el Hércules. No es cuestión de pesimismo, sino de realismo. La temporada se ha terminado para este equipo. Los partidos hasta el final de la Liga se convertirán en trámites insoportables que, al menos, deberían servir para rodar a jugadores del filial, empezando por no ir de turismo a Las Palmas la próxima semana. Pero lo peor llegará en pleno verano, cuando empiece el desfile hacia la puerta de salida de varios jugadores clave. De momento, futbolistas de la talla de Canellay Trejo ya se prueban distintos modelitos para ir conjuntados a partir del otoño por las pasarelas de Primera División.
¡Ay la Primera División! Esa Primera que vendió José Ramón Sandoval como un objetivo irrenuciable y que, finalmente, se ha revelado como algo inalcanzable. No se pueden pedir peras al olmo ni milagros a este Sporting. Lo debería saber el técnico de Humanes que, tras renovar su continuidad al frente de la nave, mucho deberá cambiar sus planteamientos el próximo curso para reflotar la situación. El asunto no tiene un pase. El sportinguismo, harto y profundamente dolido de remar en un buque a la deriva, ya ni asegura que El Molinón luzca el envidable ambiente habitual. No es para menos. La abnegada afición, principal soporte de esta entidad, ya se ha cansado de tropezar contra tantos icebergs. Y miedo da pensar en la entrada que puede presentar el templo rojiblanco en los últimos partidos del campeonato. Triste final para una temporada que se ha convertido en una pesadilla.
Lamentable partido
La jornada ya amaneció con nubes. Desde los primeros minutos se comprobó que iba a ser un partido muy gris, jugado por dos equipos limitados y con las ideas nubladas. Solo se vio el sol tímidamente durante escasos minutos a raíz de los goles del Córdoba a Las Palmas. En El Molinón solo alegraban la vista los destellos de calidad que mostraba Trejo, ese futbolista que podría estar escribiendo las líneas de su epílogo sportinguista. Ante tan mediocre espectáculo, un sector de la hinchada explotó en el minuto 20 y comenzó a entonar cánticos contra José Fernández, máximo accionista del Sporting y principal responsable de la deriva vivida en esta entidad. La paciencia tiene un límite y el sportinguismo se harta de comulgar con tanta mediocridad. Los años de Preciado, con el ansiado ascenso y las permanencias en Primera, fueron un oasis en mitad del desierto en el que se ha convertido el Sporting.
El paso de los minutos pesaba tanto como comer una fabada antes de jugar un partido. Con o sin fabada, seguramente, alguno se quedó traspuesto cuando se paró el juego por la lesión de Cortés. Y seguramente alargó el pigacín hasta que el árbitro, López Acera, señaló el final del primer tiempo, deseoso a su vez de llegar al vestuario para espabilar. Porque tan esperpéntico primer tiempo lo dejó KOhasta a él. Caminaba y trotaba el colegiado por el verde tranquilamente, con absoluta parsimonia, aprovechando que solo alteraba su apacible tarde sabatina alguna que otra falta. Fue un primer tiempo lamentable. Se debería prohibir su exhibición en las escuelas de fútbol a riesgo de provocar pesadillas en los más jóvenes aspirantes a dedicarse a este deporte. El Hércules no chutó a puerta y el Sporting solo se aproximó por medio de un Santi Jara poco inspirado en los últimos metros.
Paglialunga dictó sentencia
Para añadir un poco de cafeína a tan soporífero partido, Sandoval dio entrada a Sangoy en lugar de Jara recién comenzado el segundo tiempo. Pero el despertador fue Portillo. El ex delantero del Real Madriddribló a Cuéllar, que salió de su portería y se fue de excursión a unos 35 metros de su portería, y con toda la portería para él, el punta del Hércules la mandó alta. Acto seguido, Edu Bedia probó fortuna con un disparo desde fuera del área que se marchó desviado por poco. Los jugadores herculanos espabilaron en el descanso y salieron más enchufados que el Sporting. Del destacado papel de los centrales (Pamaroty Cabrera) en el primer tiempo, se pasó a una segunda parte donde dominaron la posesión gracias a la entrada de Sardinero, que entró por Escassi en la reanudación para imprimir mayor consistencia en la medular.
El Sporting estaba jugando a la ruleta y para añadir más crédito ofensivo, Sandoval sacó al artillero Miguel Ángel Guerrero por Casquero. Su entrada animó a David Rodríguez, que casi salta la banca con un remate raso que se estrelló en el palo después de ganarle la carrera a Pamarot. Quique Hernándezaceptó el desafío y metió a Nacho González por Eldin. El Hércules se fue con todo a por el equipo asturiano y Paglialunga, llegando desde atrás, enterró las aspiraciones sportinguistas con un gol que acaba hasta con las más minimas posibilidades. Justo premio para el equipo alicantino que, desde la reanudación, dominó con claridad.  El tanto visitante convirtió en una tortura los últimos minutos del encuentro, un adelanto de lo que le puede esperar al Sporting a partir de ahora, y solo sirvieron para que muchos aficionados se fueran del estadio antes del final para evitar el atasco y no seguir prolongando su agonía.
Tardarán los sportinguistas en recuperarse del mal cuerpo que les invade tras recibir el enésimo golpe, una nueva decepción, otro disgusto más. Suerte que sumaron suficientes puntos en la segunda vuelta para alejarse de la zona peligrosa porque, vista la irregular trayectoria del Sporting durante la campaña, se ve más cerca de los puestos de descenso que de los de ascenso. Y por si estuviera poco agitada la lucha por la salvación, el equipo de Sandoval se ha encargado de animarla aún más, concediendo tres puntos de oxígeno a un Hércules que sale de la quema a costa de dejar muy tocado al Racing. Resulta penoso que dos históricos del fútbol español, rebautizados como primos-hermanos por sus buenas relaciones y por aquello del Pacto de Llanes, deambulen ahora de una forma tan penosa por la Segunda División.

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