viernes, 23 de enero de 2015

El Sporting se queda sin opciones

Derrota ante una Ponferradina que sueña con la promoción de ascenso
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 20 de abril de 2013
Hay días en los que por mucho que te empeñes, no te sale nada. Lo intentas y lo intentas, pero te estrellas continuamente. Le pasó al Sporting en El Toralín. Derrota inapelable en un partido cargado de imprecisiones. Se perdió la oportunidad de sumar tres puntos obligatorios para mantener vivas las aspiraciones de ascenso. Ni por arriba ni por abajo, ni por la derecha ni por la izquierda. No hubo manera de meterle mano a la Ponferradina, que reentabilizó al máximo su fútbol ramplón y sin concesiones a la galería. Un juego tosco y aburrido pero efectivo, que ha permitido a la Deportiva meterse de lleno en la pelea por la promoción de ascenso. Los bercianos acumulan ya 55 puntos con siete partidos por jugar y están en una posición óptima. Desde Gijón ya se contempla con frustración tan privilegiada situación porque a los de José Ramón Sandoval apenas les quedan cartuchos.
Y eso que la Mareona volvió a demostrar que también riega en secano y más de 3.000 fieles del sportinguismo llenaron de ambiente  y de luz las gradas del coqueto estadio leonés, convertido para la ocasión en el pequeño Molinón del Bierzo. A la ya de por sí luminosa tarde leonesa, los sportinguistas le añadieron un vistoso colorido rojiblanco.
Como si los jugadores estuvieran digiriendo una copiosa ración de botillo, el partido resultaba bastante pesadote. Juego lento, pausado e impreciso, sin ocasiones de peligro, los porteros eran meros espectadores. Hasta que al cabo de la media hora de partido, Santi Jara apareció por la derecha para servir un preciso pase al corazón del área que cazó Bilic para enviarlo fuera por milímetros. Fue la mejor jugada de Sporting en la primera parte, una nueva demostración de que este equipo no necesita acaparar la posesión para generar ocasiones. La ocasión despertó a la Ponferradina, que primero replicó con un centro muy cerrado de Carpio desde la derecha que no alcanzaron por poco en boca de gol Máyor y Yuri. El propio Yuri cabecearía después con mucho peligro un envenenado centro de Saúl, pero respondió con una gran estirada Pichu Cuéllar. No fueron oportunidades muy claras, pero volvieron a demostrar que los de Sandoval sufren mucho atrás.
Baró marcó un gol decisivo
El segundo tiempo fue más interesante. No hubo tiempo ni para acomodarse. A escasos segundos de reanudarse el juego, Bilic soltó un endiablado derechazo que se estrelló en el palo. El partido entró en una fase confusa, el escenario adecuado para las aspiraciones de la Ponferradina. Avisó Yuri, pero Iván Hernández se cruzó para despejar a córner. Ese saque de esquina resultó mortal para el Sporting. Fue un gilicórner en corto que terminó en las botas de Acorán, al que dieron tiempo para controlar, amagar y ensayar un disparo que merodeó la portería de Cuéllar hasta que lo cazó Baró para alojar el balón en la meta sportinguista. Un mazazo que disparó las revoluciones de los sportinguistas, conscientes de que este gol dilapidaba casi todas las opciones de meterse en los puestos altos de la clasificación.
La Ponferradina improvisó un autobús defensivo, adelantó sus líneas para que los atacantes del Sporting cayeran continuamente en fuera de juego y el paso de los minutos comenzó a resultar demasiado rápido. Sandoval agitó la ruleta de los cambios y dio entrada a Carmona y Juan Muñiz por Jara y Casesbuscando mayor frescura y capacidad de sorpresa en ataque. Minutos antes ya había metido a David Rodríguez por un Sangoy más apagado que de costumbre. Ni a Trejo se podía aferrar el sportinguismo, El Chocota tampoco tenía su día. Y Jonathan tuvo en sus botas la sentencia para matar al Sporting, pero su disparo se marchó incomprensiblemente fuera cuando lo tenía todo a su favor. Balones colgados, marabunta rojiblanca, espacios para favorecer las contras de la Deportiva… Los últimos minutos fueron tácticamente un desastre. Al final se mantuvo el uno a cero, aunque poco importaba ya el margen de la derrota a los pacientes e infatigables aficionados rojiblancos, que terminaron resignados a su suerte. Volvieron a ver otro partido nefasto de su equipo.
Ni siquiera le queda al sportinguismo el consuelo de confiar en no ceder ni un punto en las próximas jornadas, confiando en que la competencia se dejará alguno. No nos llamemos a engaños. Las calculadoras tienen un límite y cuando se introducen demasiadas combinaciones, lo más probable es que la máquina se termine saturando y toque cambiarla. Los números son los que son. El Sporting está en este momento a 9 puntos del sexto puesto que ocupa Las Palmas, que no cedió en su visita al colista en Chapín. Y todavía hay que viajar a las islas, de manera que el reto que dibujaba Sandoval se antoja imposible. Las próximas jornadas podrían ser un banco de pruebas para dar minutos a los menos habituales y, a partir de ahora, llegará el momento de planificar la próxima temporada, esperando  no repetir los errores de la presente temporada. Porque no todo consiste en aferrarse a la fe.

De paseo por La Romareda

Cómoda victoria del Barcelona en un partido sin complicaciones
Tello ejerce de héroe con un doblete que le consagra como candidato a la titularidad
Jiménez trata de caldear el ambiente y acaba rendido a la superioridad culé

Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 14 de abril de 2013 
Si algo bueno tienen los malos partidos de fútbol, es que dan pie a las más variopintas conversaciones. Charlas que van de lo mundano a lo humano, y que tratan acerca de todo tipo de vicisitudes: desde el tiempo hasta la suplencia de Íker Casillas en el Real Madrid, pasando por las decisiones arbitrales. Todo vale para pasar el rato. El aburrimiento da pie a acaloradas charlas, interrumpidas de vez en cuando por expresiones como “¡pues vaya golazo que ha marcado el chico!” o “esta no es nuestra Liga”. Un pequeño paréntesis que dura tanto como el proceso de apertura de un Kit Kat, y que deriva inmediatamente en otra cháchara sobre la novia de Messi o la cuestión independentista en Flandes. Y así se pasa el rato.
Más o menos, así pasaron el partido los hombres de Manolo Jiménez. Más pendientes de los cuchicheos de las gradas que del profundo debate futbolístico que se planteó sobre el verde de La Romareda. Y eso que allí se presentó un Barcelona renqueante y resacoso. Renqueante por las bajas y resacoso por la reciente jornada de Champions. Aún resuenan en el ambiente los ecos del sufrido pase a las semifinales de la vieja Copa de Europa tras un vibrante partido contra el PSG. Entre resacas, rotaciones y ausencias, el once que mostró el Barça ante el Zaragoza poco tenía que ver con la alineación presentada ante los franceses. Como en las mejores bodas gitanas, los pupilos de Vilanova tuvieron resaca de varios días por apurar la noche del miércoles hasta las últimas consecuencias; de ahí que Tito optase por minimizar riesgos en el compromiso liguero. Bartra, Thiago, Song, Alexis y Tello tuvieron su oportunidad, a costa de que titulares como Piqué y Villa se quedaran en el banquillo. Tan diferente era el once culé que incluso sorprendió la reaparición liguera de Víctor Valdés bajo los palos después de cumplir una sanción de 4 partidos.
Inútil resistencia maña 
Sin resignarse a ser un convidado de piedra, el Zaragoza presentó sus mejores galas domingueras y un once perfectamente apañado para la ocasión de sorprender a un líder mermado. Les valió para merodear el área del Barça, pero a la hora de la verdad se les nublaba el punto de mira ante Valdés y no creaban peligro, más que a través de protestas aisladas por acciones dudosas. Entre esa falta de ideas en ataque y la intensa presión del equipo calippo, se compuso el mejor escenario para el líder. Así llegó el gol de Thiago. Él se lo guisó, Alexis le sirvió un preciso servicio y el hispano-brasileño se lo comió con un disparo raso y cruzado. Tercer gol del hijo de Mazinho en esta temporada a pase de un chileno que se ha venido arriba en el tramo decisivo del curso, tanto en su faceta de asistente como de goleador. Falta le hacía.
El Zaragoza no varió su incisiva apuesta y una caída de Víctor Rodríguez ante Song dentro del área de Valdés fue la ocasión idónea para rememorar la inolvidable bronca del célebre “Rafa, no me jodas”. Jiménez y el público la aprovecharon para echarse encima de Fernández Borbalán, aunque la acción no pareció objeto de sanción. Fue una buena oportunidad de caldear el ambiente y presionar al trencilla. No sirvió de mucho. Despertó la ira culé, Tello sacó el látigo y desde la izquierda encarriló el partido con un zurdazo inapelable. Ahí murieron las endiabladas intenciones de los maños, que comenzaron a asumir que no era la tarde adecuada para pedir milagros. Hasta la Pilarica descansa algunos domingos.
La consagración de Tello
La segunda parte comenzó con idéntico dominio por parte de los visitantes. Alexis, con una vaselina que se estrelló contra el travesaño, casi sentencia. Pero no tardaría en llegar. Jugada por la izquierda de Tello, se metió en el área, burló a Loovens, encaró a Roberto y ajustició con un disparo ajustado. Protestaron los futbolistas del Zaragoza, más por frustración que por convicción. De poco valió porque el gol era indiscutible y, como corresponde en la mayoría de los casos, subió al luminoso. Apoño vio la amarilla por protestar y el Barça sentenció.
Lo que vino después fue la historia de una rendición anunciada, expresada en los aplausos dirigidos por el respetable a un viejo amigo de los zaragocistas, David Villa, cuando empezó a calentar por la banda. Un reconocimiento amplificado por los cambios introducidos por Vilanova. Se produjo una unánime ovación dirigida a a vuelta de Abidal, la retirada de Xavi y la entrada del Guaje en su regreso a La Romareda. Por cierto, el aplauso también se debería dirigir al gran detalle de Xavi, que cedió su brazalete de capitán al defensa francés.
Las apariciones estelares de dos valores de La Masía valieron un cómodo triunfo que sentencia aún más el título liguero. Si el mítico delantero inglés Gary Lineker popularizó aquella frase de que “el fútbol es un deporte inventado por los ingleses y en el que siempre ganan los alemanes”, al paso que va esta Liga algún rival terminará pronunciando algo parecido, pero esta vez para reconocer la superioridad del Barcelona. Porque entre debate y debate, el Barcelona ha heredado la fiabilidad, contundencia y puntualidad germánica. No necesitan de primeros espadas para ganar las batallas domésticas porque con recurrir a la pegada y al talento de los espadachines noveles les basta y les sobra. Y así, más de uno entona aquello de “colorín, colorado, esta Liga se ha acabado”.

El Sporting se aferra a los números

La cómoda victoria ante un blando Guadalajara permite seguir echando cuentas
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 13 de abril de 2013
A seis puntos del play-off. No hay más cera que la que arde y no hay mejor resumen para condensar lo que fue el partido del Sporting, un equipo aferrado a los números. Mientras las matemáticas concedan opciones a los hombres de José Ramón Sandoval, no dan por perdida la batalla por el ascenso. Las cuentas siguen alimentando las opciones del conjunto asturiano y esa es la mejor consecuencia que se extrae de la cómoda goleada al Guadalajara, un rival muy blandito. Los alcarreños fueron un sparring, un juguete roto, en manos de un equipo que ya luce una pegada contundente. Lo saben los rivales y ya toman buena nota de ello.
Al contrario de lo que pasó ante el Sabadell, el partido se desequilibró muy pronto del lado rojiblanco. A los tres minutos ya ganaba el Sporting. Nadie la tocó, nadie la buscó, Razak se la tragó y la falta botada por Sangoy se coló hasta el fondo de la portería alcarreña. Octavo gol en la Liga del argentino, un imprescindible del equipo gijonés. Y el extravagante portero siguió con su recital tras un centro de Santi Jara que se comió, pero esta vez se encontró con la ayuda fundamental del palo. El propio Sangoy rozó el gol poco después, pero entonces ya no tuvo la misma fortuna. El Guadalajara, mientras, se intentaba aproximar tímidamente al área del Sporting sin apenas inquietar al Pichu Cuéllar. Fue una primera parte más aburrida que contar flores en el campo. Es más, de no ser por las escasas opciones de ascenso a las que todavía se aferra el sportinguismo, alguno hubiese preferido contar flores antes que contemplar tan tedioso partido.
Bilic y David marcaron en la segunda parte
Con más pinta de portero de discoteca que de portero de fútbol, Razak no terminó su particular recital en el primer tiempo. Lo demostró en cuanto salió a pista y realizó un nuevo cante. Porque en la reentré de la segunda parte se marcó un baile ante Sangoy que casi le cuesta muy caro, de no ser porque el argentino se escoró demasiado. Muy parado, trabado y sin intensidad, el partido era infame. Una comedia sin gracia y una ofensa hacia el noble arte de la siesta. Y entre bostezo y bostezo, caídas y caídas de jugadores del Guadalajara en el área del Sporting, más por la inercia de la gravedad que por otra cosa, transcurrieron los minutos.
Después de su gol y de ser la principal baza sportinguista en ataque, Sangoy salió del terreno de juego y dejó su lugar a Mendy. Y el senegalés la puso, su centro pegó en la mano de Javi Barral, que vio la segunda amarilla y se marchó a la calle. Penalti a favor de un Sporting en superioridad numérica y gol de Bilic. No perdonó el croata que, acto seguido, rozó su segundo de la noche con un remate rabioso que se fue rozando el palo derecho de Razak, un buen hombre que no sabía ni por dónde le llegaban los tiros. Para que el delantero balcánico recibiera la pertinente ovación de la grada, Sandoval lo cambió por David Rodríguez.
La entrada de Mendy aportó frescura y llegada por la izquierda al juego ofensivo del Sporting, que halló una nueva vía de agua por la que hacer daño al Guadalajara. Si a eso se le suman las peligrosas escaramuzas de Jara por la derecha y la opción de tocarla a placer en el medio que ofrecieron los alcarreños, lo extraño es que el Sporting no marcase más goles. Tal es así que David Rodríguez decidió irse con todas las consecuencias hacia la cocina del equipo rival, Razak se interpuso en su camino pero David lo burló como a una estantería, se escoró y marcó a puerta vacía. 3-0. Sin más. Lección de efectividad del Sporting, que si se hubiese aplicado defensivamente en la Nova Creu Alta, a estas horas podría estar dentro de la zona de promoción. Pero, como mientras hay vida hay esperanza, y mientras los números alimenten la fe rojiblanca, a ningún sportinguista le robarán la ilusión de obrar el milagro.

Messi y Pedro pueden con todo

El Barça se encomienda a su santo de cabecera para pasar a semifinales
El gol del canario nace de una gran jugada del argentino nada más entrar al campo
El PSG acapara la posesión y roza la clasificación gracias a un gol de Pastore
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 11 de abril de 2013  
San Lionel abrió las aguas y San Pedro, más listo que nadie, fue el primero que las cruzó. No podían ser otros los protagonistas de un nuevo milagro blaugrana. No es una parábola. El Barcelona se había encomendado a un milagro para superar un complicadísimo partido ante un gran París Saint Germain, y el milagro se hizo realidad gracias a la misericordia de Messi y el oportunismo de Pedro Rodríguez Ledesma. En un acto de fe, todo el barcelonismo se agarró a la divina providencia para empatar el gol de Pastore que, merecidamente, había adelantado al equipo francés. Pero para ello contó con la aquiescencia y el apoyo del santo de cabecera de los culés. Aun convaleciente de su lesión en el Parque de los Príncipes en la ida, el argentino volvió a asumir la responsabilidad de echarse al equipo a la espalda. Y ayudado por la imprescindible definición de Pedro, obraron el milagro de superar la eliminatoria más difícil. Más incluso que la del Milan, a tenor de los errores mostrados por los blaugrana durante los más de 180 minutos que duraron estos intensos cuartos de final.
Esto es Europa. Esto es la Liga de Campeones. Y, al final, en la vieja Copa de Europa se penalizan los errores. El PSG fue superior en el cómputo parcial de la eliminatoria, pero los dos goles encajados en su feudo y las ocasiones marradas fueron una losa más pesada que la Torre Eiffel. Pocas veces se encontrará este equipo en una situación más favorable para acceder a las semifinales de la Champions League a costa de eliminar a uno de los grandes del continente europeo. No pocos franceses se estarán lamentando a estas horas del penalti provocado por Sirigu en la ida. Ese penalti, que transformó de manera inapelable Xavi, desequilibró la eliminatoria a pesar del posterior cante de Valdés. A pesar de los problemas que arrastra Messi, ir al Camp Nou en la tesitura de ganar, o en su defecto de empatar a más de dos goles, es más complicado que ascender corriendo el Tourmalet. Aún así, el cuadro de Ancelottiha demostrado ser un muy buen equipo, digno cuartofinalista y no hubiese sido extraño ni inmerecido su pase a semifinales. Pero, valga el tópico, así es este negociado.
Superioridad francesa
Sin tiempo apenas para templar la temperatura del sistema nervioso del partido, Xavi contuvo la respiración de todos con un peligroso disparo que se perdió lamiendo el exterior de la red de la portería del PSG. Pero ese amago que iba directo al mentón de los franceses, no descompuso ni un ápice el valiente planteamiento del equipo de Ancelotti, que se recompuso rápidamente y por medio de Lavezzicomenzó a acechar la meta de Valdés. Primero con una rosca que detuvo el portero y después con una arrancada endiablada que cortó de forma providencial Piqué. Las llegadas del incisivo argentino demostraron a las claras, por si alguien tenía alguna duda, que el PSG no había ido de turismo a Barcelona.
Los franceses no fueron al Camp Nou a verlas venir, a esperar agazapados atrás la oportunidad de hacer daño a la contra. Nada de eso. No fueron ni el Inter de Mourinho, ni el Chelsea de Di Matteo, ni siquiera el inefable Milan de Allegri. No se lo podían permitir porque el empate a cero clasificaba al Barcelona. Así que no les quedo otra opción que hacerse fuertes con el balón para tratar de sorprender y discutir la posesión blaugrana. Y lo consiguieron. Al Barça se le vieron las costuras entre los centrales y laterales, con Lucas Moura erigido en un peligroso puñal por el costado derecho del ataque francés. No obstante, a la contra, Pedro, Iniesta, Fábregas y Villa daban trabajo a la zaga francesa, más que por ocasiones claras de peligro, por los constantes movimientos de los integrantes del mascarón de proa. En efecto, Tito Vilanova no tuvo más remedio que recurrir al manual del contragolpe.
El dominio del PSG pronto se materializó en forma de ocasiones y Valdés comenzó a adquirir protagonismo. Primero por bajo ante Lavezzi, más tarde sacando una mano providencial ante un envenenado remate de Moura que se iba para dentro. El Barça intentaba hacerse con el control del balón para detener así las embestidas francesas, pero les costaba elaborar jugadas de peligro ante un equipo muy bien plantado en el 105 x 68 del coliseo barcelonista. Transmitían tal solvencia y tal comodidad los de Ancelotti que parecían los locales. Se notaba a las claras que habían estudiado y preparado perfectamente la batalla. Pero no consiguieron marcar y se llegó con empate a cero al descanso, la mejor noticia posible para los barcelonistas.
Aparición providencial de Messi
La segunda parte fue un torbellino de emociones, una trepidante montaña rusa a la que no le faltó de nada. Emoción, intensidad, ocasiones, ritmo, buen juego y, por supuesto, goles. Fueron solo dos, pero bien pudieron llegar más. El segundo asalto fue vibrante. Nada más reanudarse el juego, para recompensar los esfuerzos realizados en el primer tiempo, marcó el PSG. Ibrahimovic, que no solo es un gran delantero capaz de marcar goles de todas las formas y colores, sino que es un magnífico asistente, se inventó un pase milimétrico para la galopada de Pastore y el argentino, después de ganarle la carrera a Alves, le cruzó perfectamente el cuero a Valdés. Se encendieron todas las alarmas en el Camp Nou. “Messi, te necesito”, espetó Vilanova y el argentino acudió raudo y veloz a la plegaria de su entrenador. Entró por Adriano, lesionado y amonestado con una amarilla que le impedirá jugar la ida de las semifinales, y el Barça respiró.
El barcelonismo se agarró a su jugador franquicia para levantar un partido que se les estaba poniendo muy difícil. El embarullado juego del Barça servía para atacar por oleadas la portería de Sirigu, al tiempo que causaba la zozobra en el Camp Nou. Muchos barcelonistas temblaban al pensar en un contragolpe del PSG que podía reventar definitivamente la eliminatoria. La volvió a tener Pastore, pero su disparo se marchó desviado por poco. Ante semejante amenaza, al Barcelona no le quedó otra opción que irse con todo al ataque. Y al final llegó el premio. Recién entrado al campo y en su primera aparición, Messi arrancó con el balón cosido a su bota derecha, sirvió un balón entre líneas hacia la posición de Villa en el balcón del área francesa, el asturiano la dejó franca para la llegada de Pedro y el de Abades no perdonó. Le pegó con el alma de su bota izquierda y alojó el cuero en el fondo de la meta de Sirigu. El empate volvía a clasificar al Barça para semifinales, aunque un gol de los visitantes volvería a llevar la zozobra. Los de Ancelotti lo intentaron, pero ya acusaron en exceso el desgaste del esfuerzo físico realizado desde los primeros minutos. Y se mantuvo el empate.
El Barcelona se clasifica por sexto año consecutivo para las semifinales de la Liga de Campeones, una plusmarca histórica de un equipo acostumbrado a codearse con la élite de la gran competición de clubes. Semejante logro no debe ocultar, sin embargo, los problemas que muestra este conjunto. Presenta una gran dependencia de Messi, una preocupante tendencia a perder balones y un desconcierto defensivo causado por las continuas lesiones que asolan al Barça en esa franja. Ahí le duele a este equipo, al que siempre le quedará la fe de confiar en los milagros de Iniesta, Pedro y, sobre todo, Messi.

El Sporting pierde la gran esperanza

Los sportinguistas caen ante el Sabadell tras un partido de infarto


Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 7 de abril de 2013
De infarto. Los últimos minutos del Sabadell-Sporting fueron el mejor reflejo de un partido cardiaco. Todo el Sporting abalanzado sobre la portería de Nauzet buscando un empate agónico. Un asedio continuo en el área del Sabadell que rompió el encuentro del tal manera que los catalanes casi cazan el quinto tras una contra fulminante. Un instante de locura puso la rúbrica a un choque vertiginoso. Si los sportinguistas hubiesen atacado durante el tiempo reglamentario con el mismo empeño de los instantes finales, otro gallo hubiese cantado en la Nova Creu Alta. Se perdió una gran ocasión de engancharse a la escapada buena por el ascenso, precisamente la jornada en la que los rivales directos no perdonaron.
Lo cierto es que el gallo cantó muy pronto y tocó remar a contracorriente desde los primeros instantes. A los 21 segundos, Aníbal se quedó solo ante Juan Pablo, los defensas se quedaron mirando al jugador del Sabadell como vacas que miran el paso del tren y marcó a placer. Un mazazo inesperado en la primera jugada del partido. El Sporting se tuvo que rearmar rápidamente para remontar, confiando en repetir la hermosa faena del día del Barça B en El Molinón. Pero no parecía la noche indicada. No habían pasado ni seis minutos cuando Abraham Paz cabeceó desde el área chica a la red ganando perfectamene la posición al sportinguista Luis Hernández. Inexplicable. El sportinguismo se quedaba sin palabras contemplando la empanada que arrastraban sus futbolistas. Tocaba machada histórica.
Cinco goles en el primer tiempo
Para añadir mayores dosis de dramatismo al asunto, lejos de conformarse con el prematuro gol, Aníbal se puso el uniforme de actor y se inventó una agresión inexistente de Borja López después de darle un cabezazo cual búfalo al zaguero del Sporting. Un acto irresponsable propio de un mal compañero. La travesía para remontar el partido ya no era una simple remontada al uso, había que remar cual regata Oxford-Cambridge. Vista la apatía de los hombres de Sandoval parecía un reto comparable a ir nadando desde Gijón hasta Tarifa. Máxime si se recuerda la nefasta travesía del Sporting por la costa mediterránea; no queda tan lejos el severo correctivo que les propinó el Barça B en el Miniestadi (3-0).
Los de Sandoval tardaron 25 minutos en botar el primer córner del partido y 37 minutos en disparar por primera vez a portería, pero el chut de Sangoy se marchó alto por muy poco. Y quién si no El Chanchopara recortar distancias con un extraordinario lanzamiento de falta que arrancó las telarañas a la portería del Sabadell y dejó petrificado a un impotente Nauzet. A la media hora de partido, el Sporting ganó algo de vida. Pero al igual que el equipo asturiano, el cuadro catalán no necesitó más que un balón parado para poner tierra de por medio. Se abrió la barrera, Juan Pablo se quedó vendido y el disparo de Collantes se coló hasta el fondo de la meta sportinguista. Un gol de patio de colegio antes del descanso para enterrar definitivamente las esperanzas de remontada. Nuevamente tuvo que ser Sangoy el que inquietara al portero rival con un lanzamiento de falta que alejó el arquero con un despeje de puños y, en el último suspiro del primer tiempo, marcó David Rodríguez por debajo de las piernas del cancerbero.
Una segunda parte de infarto
La verbena de la defensa sportinguista continuó en el segundo tiempo. Borja López derribó a Aníbal dentro del área y el árbitro sancionó penalti sin dudar ni un segundo. Tendrá pesadillas el zaguero sportinguista con este jugador del Sabadell. No marró el lanzamiento Lanzarote y subió el cuarto tanto al luminoso. Pero Anibal estaba demasiado pasado de revoluciones esta noche y vio la roja directa tras propinar un codazo a Bernardo. Respiraron aliviados los defensas sportinguistas, que vieron eliminada del terreno de juego a su gran preocupación. El Sabadell se quedó con diez y esto volvió a espolear al Sporting. Nacho Cases se vistió de Schuster y sirvió un majestuoso pase en largo que llegó al corazón del área, lo cazó Bilic y culminó la jugada. De manera increíble, los hombres de Sandoval se encontraban todavía perdiendo a pesar de haber marcado tres goles fuera de casa. Pero es que el Sabadell llegó 5 veces y marcó 4 goles. Un preocupante dato que invita a la reflexión.
Los instantes finales del partido fueron un acoso continuo a la meta de Nauzet. “¡Qué demonios! Ya que el Sabadell se quedó con un hombre menos y nuestra defensa fue una absoluta verbena, me voy con todo al ataque y me da igual encajar 4 que 5 goles”, pensó Sandoval. El toque a rebato del técnico de Humanes se extendió rápidamente al terreno de juego y el Sporting terminó el partido con 4 delanteros (Bilic, Sangoy, Trejo y David, hasta que éste cedió su sitio a otro hombre de ataque, Carmona). El asedio fue incesante. Le anularon un gol a Trejo, el cabezazo de David se marchó fuera por muy poco, Carmona y Mendy se encontraron con dos providenciales intervenciones del portero del equipo catalán… En definitiva, un tardío goteo de ocasiones que no consiguió superar el entramado defensivo del conjunto de Carreras, que no acusó la expulsión de Aníbal y rentabilizó al máximo su cerrojo defensivo.
La ocasión la pintaban calva. Una racha de tres victorias consecutivas y un rival que venía de ser goleado en sus cuatro últimas jornadas, eran los argumentos que alimentaban la ilusión del sportinguismo. Pero el Sporting se topó de bruces con su habitual realidad cuando parece tenerlo todo a favor. No tuvo que pasar ni un minuto para comprobar la meticulosidad que atesora este equipo en su historia reciente para chocar de bruces contra el fatalismo. El calendario y los rivales dictaminarán a partir de ahora cuál será el desenlace que le espera al Sporting hasta junio, pero no son pocos los que ya dan por amortizada la temporada y piensan en el próximo curso, confiando en corregir los errores exhibidos en la presente campaña.

Goles, sonrisas y aplausos

Noche mágica para el Barcelona que celebra las reapariciones de Vilanova y Abidal
Fábregas, con un triplete, y Alexis, con su doblete, llaman a la puerta de la titularidad
Pésimo partido del Mallorca, que se hunde en lo más bajo de la clasificación
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 7 de abril de 2013
Las sonrisas de la ilusión. Tuvo que sufrir el Mallorca el rodillo del Camp Nou para que el Barcelonarecupere la alegría. En ello tuvieron mucho que ver los regresos de Tito Vilanova y Eric Abidal al coliseo blaugrana. Sin duda, lo mejor para el barcelonismo se produjo anoche sobre el terreno de juego. Fue un partido redondo que devolvió la sonrisa a actores secundarios como Cesc Fábregas y, sobre todo, Alexis Sánchez. La sonrisa que lucían los alternativos estandartes ofensivos del Barça es la viva imagen de la ilusión. Una lógica expresión de alegría porque esta vez les salió todo. Ellos, y en especial el equipo, necesitaban un partido así. Entre los goles, y las felices reapariciones, la noche terminó en aplausos. Los aplausos de la esperanza.
Para demostrar que sin Messi también hay vida, Tito presentó un once repleto de novedades; hombres como Tello y Alexis querían demostrar que prepararon bien las oposiciones para cubrir la vacante temporal del argentino. Pero no fueron los únicos aspirantes que se examinaron este sábado bajo los focos del Camp Nou. Pinto, Montoya, Bartra, Song y Thiago también se esforzaron para demostrar que son dignos candidatos a la titularidad. La evaluación de la noche es un aprobado general, rozando el notable, aplicable igualmente a los postulantes que entraron al rectángulo de juego en la segunda parte (Jonathan Dos Santos, Deulofeu y, sobre manera, Abidal). A la espera de que el rey Lionel vuelva a ocupar su trono en el once blaugrana, el Barça demostró que su apuesta por el fútbol dinámico, atrevido y por el juego al primer toque no se circunscribe únicamente a la presencia del crack argentino sobre el terreno de juego. Toques, combinaciones y llegadas continuas por la banda que desarmaron por completo al Mallorca.
Fábregas-Alexis, sociedad de garantías
Con paciencia y usando el balón como principal arma arrojadiza, el Barça empezó a menear el manzano mallorquín. No cayó una ensaimada, sino un bonito chicharro de Cesc Fábregas, que se alió con Alexis Sánchez en la corona del área  y finalizó la jugada con un remate raso y cruzado, inalcanzable para Aouate. Idénticos protagonistas participaron en la jugada del segundo gol sin tiempo ni para contemplar el color del fruto que acababa de caer del árbol. Disparo seco de Fábregas, rechace del guardameta  y llegada por la derecha de, oh sorpresa, Alexis para marcar a placer. Sonreía el chileno en una muesca de alegría que demuestra a la perfección el cambio de tendencia en cuestión de unos días que se ha instaurado en el equipo catalán.
Presentaba una fuga de agua el Mallorca por su banda derecha, un agujero defensivo que Montoya, Iniesta, Tello y Fábregas convirtieron en una reserva de petróleo. Por ahí le dolía al equipo bermellón, hoy teñido de blanco para la ocasión -cada uno quiere imponer respeto a su manera-, que se desesperazaba al contraataque sin fe, a ráfagas, como si esa fuera la manera de huir despavoridos de la marabunta blaugrana. Pero toda la pólvora de la noche estaba guardada en el almacén culé. Cuando el partido había entrado en un periodo de calma chicha que pretendía aprovechar el Mallorca para acortar distancias, Cesc y Alexis se asociaron en una jugada parecida a la del primer tanto y el de Arenys culminó el tercero desde el corazón del área. A falta de la sociedad titular (Messi-Villa), la dupla alternativa estaba de dulce. Y el incansable chileno no se quedó anclado en su faceta de asistente porque, a continuación, marcó el cuarto batiendo por bajo a Auoate recogiendo una asistencia a lo Laudrup de su socio barcelonés.
Abidal protagoniza el segundo tiempo
El mismo guión se siguió en el segundo tiempo. “Hola, soy Cesc Fábregas y acabo de culminar mi hat trick con un golazo de 9 auténtico”. Y es que el ex del Arsenal se inventó una genial maniobra en una baldosa del área chica para rubricar la manita. Después se produjo un pequeño susto por el tanto de Alfaro, pero el delantero del Mallorca se encontraba en claro fuera de juego y su gol ilegal no subió al marcador. La felicidad ya fue completa cuando Eric Abidal empezó a corretear por la banda. El calentamiento del bravo defensa francés hizo las delicias del respetable, que rompió en una merecida y unánime ovación. El Barça, guiado por Thiago, apostaba por un fútbol total y de ello se aprovechó Piqué, que se fue al ataque con brío y casi marca de cabeza tras un medido centro de Tello. Estaba tan animado el zaguero catalán que poco después se arrancó con un lanzamiento de falta que se perdió por muy poco sobre la meta de Aouate.

La fiesta incluyó otra merecida ovación para Fábregas, adalid del juego ofensivo esta noche, cuando dejó su sitio a Deulofeu. Disfrutó el barcelonismo de una noche mágica, con reminiscencias hacia la etapa dorada del Guardiolismo. Pero el instante más mágico fue el aplauso unánime del Camp Nou cuando Abidal entró al terreno de juego. Rugió el coliseo para reconocer a un francés ejemplar. Aunque consiguió el mejor triunfo de su vida al ser capaz de volver a los terrenos de juego tras una milagrosa recuperación de un cáncer y un trasplante de hígado, cada intervención de Abi se celebraba en las gradas como un gol. No era para menos.
El feliz regreso de Abidal fue el mejor epílogo posible para una emocionante velada, inmejorable preámbulo de la batalla del próximo miércoles contra el París Saint Germain. Esté o no esté Messi contra el PSG, sus compañeros y el míster Vilanova demostraron esta noche que sin el rey argentino también hay paraíso. Y en un momento tan importante de la temporada, un poco de esa vitamina de ilusión es mucho.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Un empate muy caro

El Barcelona no sentencia en París tras un final de infarto
Un fallo garrafal de Valdés en el último minuto mantiene vivo al PSG
Las lesiones de Messi y Mascherano añaden incertidumbre sobre el futuro azulgrana
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 3 de abril de 2013
En uno de los grandes coliseos del fútbol europeo, el Fútbol Club Barcelona escenificó una pintoresca ópera prima. El Parque de los Príncipes acogió una particular ceremonia futbolística que concluyó con un empate agridulce para los azulgranas. No cabe hablar de mal resultado porque el partido de vuelta en el Camp Nou alimenta el favoritismo del Barcelona, pero el parte de lesiones invita cuanto menos a la precaución. Las caras de euforia de los seguidores y futbolistas del París Saint Germain es la imagen que ilustra a la perfección las sensaciones con las que terminaron unos y otros. Mientras que el barcelonismo se tiraba de los pelos por ceder un empate en el último suspiro, en el PSG imperaba un ambiente festivo. Ni en sus mejores sueños concibieron un final de partido como el que les propició el garrafal fallo de Víctor Valdés, que desafinó en París en el momento menos adecuado. Y eso que el guardameta catalán mantenía hasta la fecha un peculiar idilio con la capital francesa. Lo cierto es que la rocambolesca partitura del partido invitaba a pensar en un despropósito. Al final, el presagio se hizo carne por obra y gracia de Valdés, que cantó en un suave remate de Matuidi.
Pero el principal problema del Barcelona se encuentra en la enfermería. Allí ya se sabía que estaban Puyol y Adriano, pero Mascherano y Messi también están ahí desde este martes. Los dos argentinos salieron heridos de la batalla en el Parque. El Jefecito estará fuera de los terrenos de juego durante seis semanas por una rotura del ligamento de su rodilla derecha tras un choque fortuito con Jordi Alba, mientras que el Pibe de Oro fue sustituido al descanso por una lesión en el bíceps femoral de la pierna derecha que le impedirá jugar el partido de vuelta, a falta de que este miércoles se le hagan más pruebas para conocer el alcance exacto de su lesión. En cualquier caso es una notable complicación para Tito Vilanova, que deberá resolver un complicado rompecabezas cuando aún no le ha dado tiempo ni para saborear su feliz regreso a la rutina deportiva. El fútbol, muchas veces, no comprende de sentimentalismos.
Improductivo dominio francés
Parte de lesiones al margen, el desarrollo del partido no fue tan negativo para el Barça. Desde los primeros minutos del encuentro se percibió que la divina providencia futbolística no iba a castigar con especial virulencia al equipo azulgrana. Al menos, en lo que al resultado se refiere. Porque el PSG tuvo muchas y muy buenas ocasiones para tomar ventaja en el marcador. Un remate de Lavezzi desviado por Busquets al palo contra su propia portería, un disparo raso de Pastore que exigió una intervención en dos tiempos de Valdés y un zurdazo de Ibrahimovic que se marchó cruzado por muy poco. Asustaba el bagaje ofensivo del equipo parisino en la primera parte, más si cabe por la amenazante presencia del torreón sueco en el ataque y de las peligrosas llegadas de los alfiles argentinos, complementados peligrosamente con el brasileño Lucas Moura y culminando la producción creativa de Beckham y, sobre todo, Matuidi en el centro del campo.
El Barcelona intentó contener el torbellino ofensivo francés con su mejor arma, el balón. Se apropiaron del cuero apoyados en sus mejores equilibristas: Busquets, Xavi e Iniesta. Obra del manchego fue la primera ocasión de claro peligro del Barça en la primera parte con una rosca que se marchó silbando por encima de la escuadra del PSG. Pero si algo diferencia a los grandes equipos como el Barça es la pegada. Y casi sin querer, en los últimos minutos del primer tiempo, llegó el gol. En su mejor aportación del partido, Dani Alves le sirvió un gran pase con el exterior a Messi y el argentino, más listo que nadie, se acomodó el balón para soltar un latigazo cruzado imparable. Volvió a aparecer en el momento más adecuado Leo I de Barcelona, que casi deja en herencia otro gol si llega a apuntar mejor en la delicada rosca que se inventó antes de abdicar del terreno de juego por una indeseable lesión muscular.


Un segundo tiempo de locura
Sin Messi sobre el tapete, Vilanova y su cuerpo técnico se tuvieron que afanar en calibrar una solución de garantías para afrontar con tranquilidad el segundo asalto. Salió Fábregas al campo en una nueva reivindicación de la apuesta por el falso 9 para propiciar continuos movimientos en el ataque aprovechando la movilidad de Alexis, Villa y del ex del Arsenal. La apuesta por el dinamismo ofensivo se tradujo en un dominio claro de la posesión aunque no terminaba de llegar el gol que podría encarrilar la eliminatoria. La fogosidad del PSG creaba muchas complicaciones a Piqué y Mascherano, que se tenían que esmerar para detener las embestidas de Ibra y compañía. Tan es así, que el argentino vio la amarilla que le impediría jugar la vuelta en el Camp Nou por una entrada a destiempo sobre Ménez. No era la noche del Jefecito, que a continuación sufrió un choque fortuito con Alba que le dejó malherido. Ambos jugadores se quedaron fuera del terreno de juego con un córner a favor del PSG y la siguiente jugada acabó, como era previsible, en tragedia. Recogiendo un cabezazo al palo de Thiago Silva, Ibrahimovic marcó el empate en claro fuera de juego.
Mascherano cedió su lugar a Bartra, un telonero que se encontró con que tenía que componer una sinfonía de primera categoría en un complicado escenario. El canterano se acomodó en una defensa claramente de circunstancias en la que resultó providencial Alves al salvar un peligroso envío sobre Gameiro. La situación era extremadamente delicada para el Barcelona, pero en esas estaban cuando se les apareció Sirigu. Alexis, hasta entonces desacertado y completamente negado de cara a gol, fue arrollado por el guardameta del PSG dentro del área del equipo parisino. Penalti claro que Wolfgang Stark no pasó por alto. No estaba Messi pero sí estaba Xavi, que no perdonó el lanzamiento. La cosa pintaba muy bien porque, entre tanto despropósito, el Barça se encontró con el partido ganado a un suspiro del final. No contaba con que 90 minutos en el Parque de los Príncipes son “très longs” y, en el tiempo añadido, Matuidi superó a Valdés con un disparo envenenado que descolocó por completo al guardameta azulgrana y se lo tragó por completo.
El gol de Matuidi fue la nota final de la desafinada partitura que le salió a la orquesta azulgrana en París. Ni fue un valls, ni fue un tango. Ni siquiera una sardana. Fue un completo despropósito de partido que les ha salido muy caro a los azulgranas. El Barça se encuentra ahora con una defensa de circunstancias que Vilanova y su cuerpo técnico se deberán de afanar en recolocar; al margen de la tremenda ausencia de Messi, baja con casi toda probabilidad para el decisivo partido de vuelta en el Camp Nou. El barcelonismo, decisivo en la mágica remontada ante el Milan, deberá volver a remar para llevar en volandas a sus jugadores en otra noche mágica que debería conducir a las semifinales de la Copa de Europa por sexto año consecutivo. Semejante logro bien vale un sufrimiento en París.