sábado, 24 de enero de 2015

¿Debe seguir Mourinho en el Madrid?

Opinión para el debate de CRONÓMETRO DEPORTIVO del 9 de mayo de 2013
SÍ. Por supuesto que Jose Mourinho se debe quedar en el Real Madrid. La duda ofende, Alberto. De bien nacidos es ser agradecidos y no hay ni punto de comparación entre el equipo que le legó el ingeniero Pellegrini y el que dejaría en herencia el portugués. Entre otros muchos, uno de los principales logros de Mourinho es que el Madrid ha pasado a caer en las semifinales de la Champions mientras que antes se la pegaba en octavos de final, al más puro estilo de la selección española “pre 2008″ en cuartos. Este entrenador ha conseguido espolear al madridismo. Mentalidad ganadora se llama eso. Solo hay que recordar cómo acabó el Bernabéu el duelo de semifinales contra el Borussia Dortmund. Dura el partido dos minutos más y…
Mourinho es un ganador nato y un formidable estratega capaz de terminar con la hegemonía del otrora imbatible Barça de Guardiola, al que mandó de retiro forzoso a Yankilandia como terapia de desconexión. El barcelonismo está deseando que coja las de Villadiego y eso es por algo. ¿Que ha sentado a Casillas? Es lo que tiene el principio de autoridad de los entrenadores. Yo también lo hubiese hecho, por cierto. Y más viendo a ese tal Diego López que ha demostrado ser un portero espectacular. Así que, Alberto, no seas pipero, ríndete a la evidencia y reconoce que Mourinho es el entrenador ideal para el Real Madrid. No creo que ningún entrenador acerque tanto al Madrid a la deseada Décima. Otra cosa es lo que venda “el entorno".

El ´Messías´ resucita al Barça

El argentino lidera la remontada ante un gran Betis
Providencial Villa, que empata antes de ceder su sitio a Messi
Los de Vilanova pueden cantar el alirón este miércoles o el próximo domingo en el Calderón
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 5 de mayo de 2013
Nadie encarna mejor el espíritu que necesita este Barcelona. Él es el hombre que representa mejor que ningún otro los valores que debe tener el Barça. Leo Messi ha vuelto a demostrar que es la divinidad que lleva la paz, el sosiego, las ganas y los goles a un equipo que lo necesita más que nunca. Tras perderse el partido de vuelta contra el Bayern Múnich, en una concesión demasiado generosa por parte de Tito Vilanova, el argentino volvió ante el Betis para reivindicarse como rey, gobernante y restaurador del barcelonismo. Aunque también ha demostrado ser un siervo sufriente que, como cualquier ser humano, padece lesiones y contratiempos. A todo se sobrepone esta divinidad que ha encarrilado el alirón azulgrana. La próxima semana, en un escenario de tanto postín como el Vicente Calderón y ante un rival de pedigrí como es el Atlético de Madrid, el Fútbol Club Barcelona puede ganar su 22ª Liga. Eso suponiendo que el Madrid hará los deberes ante el Málaga.
Pero antes de que El Messías hiciera acto de presencia y resucitara a su equipo al grito de “levántate y anda”, el Barcelona pasó las de Caín para ganar al Betis. Los de Pepe Mel se adelantaron por dos veces en el marcador y pusieron contra las cuerdas a los de Vilanova. Partidazo del equipo sevillano, una de las sensacione de la Primera División, que a base de una presión incesante, un juego atrevido y mucha solidaridad atemorizó al barcelonismo. Una valiente apuesta que recogió sus frutos con los goles de Pabón y Rubén Pérez, aunque el providencial empate de David Villa dejó muy tocados a los béticos. Un día más ha sido decisivo el delantero asturiano que, sin darse un ápice de importancia, también aparece cuando más lo necesita el equipo. Cierto es que no marcó ante el Bayern el pasado miércoles, pero después de una temporada tan difícil para él, no se le pueden pedir milagros al langreano. Para eso ya está Messi.
Un primer tiempo por peteneras
Por si no hubiera suficiente marcha en el guateque blaugrana, el Betis se arrancó por peteneras y se marcó una sevillana en el primer minuto que encendió la Liga. Fue Pabón quién marcó el compás de lo que sería un intenso partido con un gol que desnudó las miserias defensivas del Barcelona. Balón colgado al área, Adriano no sabía por dónde soplaba el viento y el colombiano no desaprovechó la concesión. Tan tempranero gol incendió el Camp Nou. El barcelonismo se hacía cruces pensando que podían perder una Liga que tenían atada y bien atada. Tan caldeado estaba el ambiente que tuvo que ser un matador chileno el que se vistiera de bombero para apagar el incendio. Alexis Sánchez cogió el extintor y cabeceó para empatar el partido. Jugador peculiar este chileno que se complica demasiado la vida en el campo por su excesivo ímpetu y sus ganas de hacerlo bonito. Al final se termina haciendo un nudo a sí mismo de lo difícil que se lo pone.
El espíritu de Alexis contagió al Barcelona y comenzó su bombardeo del área bética a través de continuas ráfagas. Un rosario de ocasiones que no conseguía convertir, fundamentalmente, por la superlativa actuación de Adrián. El portero sevillano desesperó a los atacantes barcelonistas, que no se veían capaces de superar esa muralla. En especial Villa, que se topó continuamente con él. Primero respondió con una magnífica estirada a un zurdazo cruzado del Guaje y después metió de forma providencial su pierna derecha para desviar un remate franco en boca de gol del asturiano. Aunque la ocasión más clara, y polémica, fue un derechazo de Tello que superó la línea tras estrellarse ferozmente en el larguero. Gol fantasma.
Se aliaban los elementos a favor del Betis, que pasó de estar encerrado en su área a adelantarse gracias a un potente derechazo de Rubén Pérez desde fuera del área. Alexis se hizo un nudo en la frontal de su propia área, Nosa le robó el cuero, vio el desmarque de Pérez y el mediocentro bético no desperdició la ocasión. Los de Pepe Mel vivían su particular Feria de Abril, con varios días de retraso, en el Camp Nou. Un escenario soñado para el equipo sevillano, que cada vez que se acercaba a las proximidades de Pintomareaba a los barcelonistas. El intercambio de golpes desnudaba las miserias defensivas del Barça. Solo Tello e Iniesta desde la izquierda trataban de aportar criterio y profundidad al juego en ataque blaugrana, pero sus intentos eran vanos. Bien porque no encontraban rematador, bien porque terminaban desbaratados por el portero y los defensores verdiblancos.
Messi resucita a la tropa azulgrana
Las señales con las que nacía el segundo tiempo no eran precisamente alentadoras para los culés. Piquébostezaba recién entrado al campo tras el intemedio. No estaba precisamente el partido para bostezar, ni estaba el Barça tan cómodo como para relajarse de esa forma. Pero así empezó el segundo asalto de una trepidante batalla que no se quiso perder El Messías del barcelonismo. Messi empezó a calentar en la banda y el Camp Nou se levantó. Cuando todas las miradas apuntaban al calentamiento del argentino, Alves protagonizó una gran cabalgada por la derecha que desembocó en un centro al segundo palo donde estaba Villa, que remató en plancha para establecer el empate. De premio, Tito le mandó al banquillo para dejar paso a Messi. Resignado a su suerte y en un nuevo alarde de profesionalidad, el asturiano cedió su sitio sin rechistar.
2013-05-05_FCB_-_REAL_BETIS_BALOMPIE_011.v1367788354
El Messías demostró sus credenciales al poco de ingresar al campo con un impecable lanzamiento de falta que se coló pegado a la escuadra izquierda de la portería de Adrián. La aparición cambió la cara del Barça, que se volvió a poner ese traje de las mejores noches que tan grande ha hecho a este equipo. Pero el dominio de la posesión no se tradujo en grandes ocasiones de peligro. Tuvo que ser Messi, explotando su faceta de pateador, quien causara estragos con los lanzamientos de falta. Tras el gol, lanzó una peligrosa rosca que se estrelló en la cruceta. Después, le tocaría al Betis asustar a Pinto, pero una aparición providencial de Adriano evitó un remate franco. Y sería de nuevo Messi el que acabaría con todos los fantasmas. Cargó desde la derecha, se asoció con Iniesta en la frontal, el manchego abrió de tacón para la llegada de Alexis por la derecha y éste se la puso al argentino para que marcara a placer. El Messías lideró la remontada culé.
Ganar al Betis estaba costando sangre, sudor y lágrimas. Y casi cuesta algo más porque, tras salvar de forma inverosímil el intento de vaselina de Alexis, Adrián golpeó con el pie en sus partes nobles al chileno que se quedó visiblemente dolorido en el campo. Estas cosas suceden cuando fías todo tu juego a la testiculina. Suerte que la cosa se quedó finalmente en un doloroso susto. Para evitar males mayores, Vilanova sacó a Alexis del campo para dar entrada a Thiago, que debe amortizar los minutos sueltos que se le conceden para demostrar su enorme talento. Y así tocando y tocando el balón, el Barcelona pasó el trago durante los últimos minutos a la espera de que pitase el colegiado. Al final, el árbitro pitó y el Barça vio el cielo. Queda menos para el alirón, que podría llegar este miércoles si el Real Madrid no gana al Málaga.

Con el orgullo no basta

El Sporting planta cara a Las Palmas pero termina goleado víctima de su infortunio
Lamentable arbitraje de Pino Zamorano, indeseable protagonista del partido
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 4 de mayo de 2013
Se había encomendado el Sporting al orgullo para sacar algo positivo en su visita al Estadio de Gran Canaria, pero ni por esas. Los males de este equipo van más allá de la vergüenza torera o, como sostenía José Ramón Sandoval, de portarse como paisanos. Las apelaciones a la testosterona del entrenador están muy bien de cara a la galería, pero las proclamas populistas deben realizarse a tiempo. Y a ser posible basadas en unos ciertos argumentos futbolísticos. No a estas alturas de la temporada, con la mayor parte del pescado vendido, y ante un rival con aspiraciones reales de ascenso. Porque a pesar de que llevan una hora de retraso en relación a los habitantes de la península, en Canarias se pagan caras las faltas de puntualidad. En especial las castiga esta Unión Deportiva Las Palmas, que se ha subido a tiempo al tren que lleva a Primera y no se quiere bajar hasta la última estación. Por su parte, el Sporting se apeó antes en la estación de Ponferrada en una derrota que todavía escuece. Y eso por no hablar de la infame derrota de la semana pasada ante el Hércules en el apeadero de El Molinón. Ni en su propia casa responde este Sporting.
Al margen de las reclamaciones que se puedan realizar ante la ventanilla del míster Sandoval, el sportinguismo también puede mostrar su malestar por el pésimo arbitraje de Pino Zamorano. Esperpéntica actuación del árbitro madrileño erigido en el indeseable protagonista del encuentro. Generó disparidad de opiniones pero todas ellas basadas en su mala actuación. Porque no convenció a los canarios, que protestaron el dudoso penalti de Murillo sobre Lora y la excesiva facilidad del trencilla para sacar amarillas. Pero sobre todo castigó al Sporting, pitando penalti en una dudosa mano de Iván Hernández y expulsando al propio defensa madrileño y al portero suplente, Juan Pablo, además de un constante goteo de amonestaciones que condicionaron en gran medida a los rojiblancos. Como tiene pocos problemas el Sporting, encima sufrió en El Insular a uno de los colegiados más lamentables del fútbol español.
Demasiada agitación
El ambiente ya estuvo demasiado caldeado durante la semana. La derrota contra el Hércules ha escocido mucho en el sportinguismo y si además a eso se le suman decisiones polémicas como no convocar a Sangoy esgrimiendo unas supuestas faltas disciplinarias, el ambiente se torna en irrespirable. Aún así, como ese montañero que apura la escalada a pesar de ir muy necesitado de oxígeno, el Sporting boqueó en los primeros compases del partido y mantuvo el tipo ante Las Palmas. Y tuvo la suerte de que le pitaron un penalti por un dudoso derribo de Murillo sobre Lora. David Rodríguez no perdonó desde los once metros y, como quien no quiere la cosa, el equipo gijonés se vio por delante en el marcador.
Pero a Pino Zamorano le dio por aplicar a su manera la ley de la compensación y, acto seguido, sancionó con penalti una supuesta mano de Iván Hernández, más que dudosa porque el jugador madrileño tenía su mano derecha pegada al cuerpo. El regalo no lo desaprovechó Vitolo y estableció el empate. Otra vez tocaba remar. Pronto se vería que las aguas estaban demasiado agitadas por la expulsión de Juan Pablopor protestar en la banda, lo que dejaba al Sporting sin portero suplente. A rezar para que no le diese a Cuéllar ni por estornudar porque, en ese caso, el problema ya tendría proporciones bíblicas. El equipo aguantó y se llegó con tablas al descanso.
Un segundo tiempo de locos
Mejorando lo presente en la primera parte, el segundo tiempo fue de locos. Las Palmas meneó con paciencia el árbol sportinguista a la espera de que comenzasen a caer los frutos. Y el Sporting se terminó cayendo de maduro. Fue Vitolo quien, con un disparo desde fuera del área aprovechando un pase de Thievy, adelantó al equipo canario. La herida pudo sangrar más a continuación si Chrisantus, una pesadilla para la zaga rojiblanca, llega a estar más acertado ante Cuéllar. Los canarios ya estaban demostrando con creces por qué son aspirantes al ascenso y Sandoval se vio obligado a buscar remedios en su banquillo. Doble cambio: Juan Muñiz por Cases y Carmona por Santi Jara. Así, el equipo ganó en claridad de ideas y profundidad. Pero cuando se intentaba reponer a base de tocar el balón e imaginar soluciones ofensivas, volvió a aparecer Pino Zamorano para mostrar la doble amarilla a Iván Hernándezy dejar al Sporting con diez hombres.
Un jugador menos en Canarias ya era demasiado, pero aún así se apeló a la vergüenza torera y, recurriendo a la proclama del técnico madrileño, los jugadores se portaron como paisanos. Primero apareció Casq552-sp.jpg.recorte3uero, que soltó uno de sus míticos casquerazos, pero respondió con una magnífica mano el guardameta Barbosa. David Rodríguez rozó su segundo de la tarde, pero se anticipó Murillo a su remate. Entre medias casi dicta sentencia Las Palmas con un disparo de Nauzetque Pichu sacó de la escuadra con una gran parada. Sería demasiado castigo para el Sporting, que consiguió empatar con un gol de Carmona tras una orgullosa incursión de Lora por la derecha que le sirvió el gol en bandeja al mallorquín. Una merecida alegría para la paciente afición sportinguista que se volvió a dar de bruces contra la realidad inmediatamente después.
El mismo guión que en la primera parte. Marca el Sporting y enseguida responde Las Palmas. En esta ocasión fue Chrisantus quien, más listo que nadie, apareció en boca de gol para meter un gol que ya sería un obstáculo insalvable. Y por si quedaba alguna mínima esperanza, Thievy se encargó de acabar con ellas. El franco-congoleño, que también provocó muchos trastornos a los defensores rojiblancos, se vistió de gacela y protagonizó una endiablada galopada que terminó con un remate seco, inapelable y cruzado ante Cuéllar. Y así se terminó otra película trágica para el sportinguismo.
El enésimo disgusto, la enésima decepción. Sigue la tortura para los sportinguistas. La Liga se ha convertido en un valle de lágrimas que no lleva a ninguna parte. Y casi mejor. Porque, ahora mismo, este Sporting cotiza más a la baja que al alza. Vale más quedarse en tierra de nadie, en mitad de la tabla, alejados del infierno. El descenso ya sería demasiado, así que habrá que dar gracias porque el equipo asturiano ha sido capaz de sumar con antelación 49 puntos que le mantienen alejado de la quema. Pero acumula demasiadas desilusiones el sportinguismo. Desde la destitución del añorado y eterno Manolo Preciado, gestionada de manera lamentable por el consejo de administración, esta entidad no levanta cabeza. Y no se sabe hasta dónde llegará la paciencia de los sportinguistas, pero a este paso no irá muy allá. Las butacas de El Molinón pueden notar la desesperación en forma de un progresivo vaciado de las gradas.
FICHA TÉCNICA
Las Palmas: Barbosa; Pignol, Deivid, Murillo, Atouba; Tato (Javi Castellano, minuto 75), Nauzet, Vicente Gómez (Momo, 82´), Vitolo; Thievy y Chrisantus (David González, 87´).
Sporting: Cuéllar; Lora, Bernardo, Iván Hernández, Borja; Mandi, Cases (Juan Muñiz, minuto 62), Jara (Carmona, 62´), Casquero (Guerrero, 85´), Trejo; y David.
Goles:1-0, min 17, David, de penalti; 1-1, min 21, Vitolo, de penalti; 2-1, min 57, Vitolo; 2-2, min 79, Carmona; 3-2: min 82, Chrisantus; 4-2: min 92, Thievy.
Árbitro: Pino Zamorano, del comité castellano-manchego. Expulsó a Iván Hernández por doble amarilla. Amonestó a Murillo, Thievy, Pignol, Vicente Gomez y Nauzet, de Las Palmas, y a Cuéllar, Bernardo, Casquero, del Sporting.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la trigésimo séptima jornada de la Liga Adelante disputado en el estadio de Gran Canaria ante 12.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por el ex jugador local Yeyos y un dirigente canario.

Papá, ¿por qué somos del Barcelona?

Alfombra roja hasta Wembley para un imperial Bayern Múnich
Soberano repaso táctico de Heynckes a Vilanova en las semifinales
Los culés, resignados ante el siete encajado ante los alemanes
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 2 de mayo de 2013 
Qué manera de aprender, qué manera de sufrir, qué manera de palmar. Por fin, el himno del Fútbol Club Barcelona tiene letra en castellano. No es necesario contratar por horas a cantantes como Serrat, Beth o Peret. Con aprovechar las frases del himno del Atlético de Madrid de Sabina, es suficiente. Para el videoclip, basta con incluir los goles encajados ante el Bayern Múnich en estas semifinales de la Liga de Campeones. Soberano repaso del equipo de Jupp Heynckes a un Barça impotente al que le encajaron un 7 en el global de la eliminatoria. Cuatro goles en el Allianz Arena y tres en el Camp Nou: un total de siete a cero en dos partidos volcados claramente del lado alemán. Lo que más escuece de esta derrota es la frustración e impotencia que se siente después de pasar por debajo de una apisonadora. Qué manera de perder. Un mazazo en toda regla para los sufridos barcelonistas.
Bienaventurados los culés que creyeron en la remontada porque de ellos será el reino del barcelonismo. O al menos, debería serlo. Bendita ingenuidad, bendito optimismo. Por aficionados como ellos tiene sentido la religión culé. Van sobrados de espíritu y de capacidad de sufrimiento, una meritoria forma de vida que les hizo ilusionarse y soñar con una remontada imposible. Pero el gran mérito lo tienen los devotos que acudieron fieles al Camp Nou, esa catedral donde se profesa la doctrina barcelonista, aferrados a una reacción inverosímil. Porque solo con ver las alineaciones del partido y la presencia en el banquillo de su Mesías de cabecera, se preveía que la vuelta contra el Bayern iba a ser un entrenamiento con público para los de Heynckes. Un duro, y caro (el precio de las entradas oscilaba entre los 90 y los 360 euros), trance para los culés, y una faena de aliño para los alemanes que disfrutaron de un trámite de lujo antes de afrontar la madre de todas las batallas contra el Borussia Dortmund en Wembley. Los clásicos han tomado el vuelo y ahora también hablan en alemán.
Sin goles hasta el segundo tiempo
El Barcelona comenzó bullicioso. con Villa, Pedro y Fábregas repartiéndose el protagonismo ofensivo ante la ausencia de un Messi que ha llegado reventado al tramo decisivo de la temporada. El argentino se tuvo que conformar con seguir el partido desde el banquillo, confiando en un milagro para salir en los últimos minutos cual Cid Campeador al verde del Camp Nou. No fue necesario apelar a la épica porque desde bien temprano se comprobó que corren malos tiempos para la lírica en Can Barça.
Desde los primeros minutos, el Bayern tuvo muy controlado el partido e incluso pudo machacar en algún contragolpe gracias a esas flechas llamadas Arjen Robben y Franck Ribéry. Aún así, fue el Barça el equipo que dominó el juego y que creó más peligro. Con un disparo desde lejos, Pedro obligó a Neuer a lucirse; Xavi la engatilló a quemarropa pero su remate se marchó alto, y el guardameta alemán se tuvo que volver a esforzar para evitar la opción de tiro de Cesc. Otra vez muy impetuoso, pero excesivamente lento de ideas un Fábregas que no termina de encontrar su sitio en este Barça.
Un Bayern sin piedad
El empate a cero con el que se llegó al descanso, frenó las ilusiones que pudieran albergar los culés más optimistas. Pero por si reservaran alguna remota esperanza de emular el épico arrebato del Real Madridante el Borussia Dortmund, un ex madridista como Robben se encargó de disipar cualquier ilusión. El holandés acunó el balón en la frontal, bailó a Adriano y soltó una rosca endiablada que se coló por la escuadra derecha de Valdés. Golazo de un futbolista que, al fin, parece decidido a ganar la Copa de Europa, esa conquista que tanto se le resiste. Aquí comenzó el desagüe de las esperanzas culés.

El primer gol fue el toque de corneta que marcó el comienzo de la tortura para el Barcelona. Las balas que el Bayern luce en sus bandas, Robben y Ribéry, enloquecieron a los laterales barcelonistas y causaban estragos en cada contra. Entre ambos casi marcan el segundo de la noche pocos minutos después del primero. El Barça no sabía ni qué hacer. Si irse al ataque a la desesperada para lograr un gol inútil, tocar y tocar el balón para pasar los minutos de la manera menos dañina o ponerse a cubierto para evitar que el resultado fuese todavía más duro. Eligieron la vía menos ortodoxa, es decir ninguna, y así encajaron el segundo tanto, todo un despropósito. Ribéry la puso mansa desde la izquierda y, como si fuera Mandzukic, apareció Piqué para marcar en su propia portería. Lo que le faltaba a este Sansón barcelonista, que parece haber perdido poderes desde que se rapó la cabeza. No son buenos tiempos para experimentar. Si eres futbolista y juegas en el Barça, menos.
Despiadado e insaciable, el Bayern no se conformaba con la ventaja de dos goles. Querían hacer más sangre barcelonista al tiempo que lucían sus encantos futbolísticos ante todo el mundo del fútbol. Estos jugadores se sienten los primos de Zumosol del fútbol europeo y no admiten ni el más mínimo cuestionamiento. Da igual que salga un perro de presa de la talla de Javi Martínez para dar entrada a Tymoshchuk, la intensidad es la misma. Así, llegó el tercero de la noche. Nuevamente apareció Ribéry por la izquierda, centró y surgió la cabeza de Müller en el segundo palo para dictar sentencia.
Qué manera de vivir
Severo correctivo para un equipo que se aferra a la frescura de jóvenes como Thiago, de lo mejorcito que se vio anoche en el Estadi, para lamer sus heridas, venirse arriba y recuperar la grandeza desaparecida. Un infierno para un Barcelona que vive en una depresión que calmará temporalmente el título de Liga y que debería curar al final del curso. Porque ha sido una temporada muy dura para este equipo, a pesar de que la victoria en el campeonato doméstico añada un ligero toque de laurel. La enfermedad de Tito y Abidal, los tropiezos contra el Madrid de Mourinho, la excesiva dependencia de Messi, el bajón de Xaviy los problemas defensivos, han condicionado de una forma desgraciadamente decisiva el primer año post Guardiola.
Se ha acabado la aventura europea para los equipos españoles. Y bastante lejos ha llegado, cierto es. Ahora toca reconocer el momento álgido del fútbol alemán, que vivirá su clímax el próximo 25 de mayo en la final de Wembley. Bayern Múnich y Borussia Dortmund han demostrado ser los amos del balompié europeo y dirimirán entre ellos la supremacía del continente. Una cura de humildad para nuestros equipos que, esta vez sí, deberían aprender cómo se pueden hacer las cosas de una forma diferente y mejor.

Pesadilla sportinguista

El Sporting cae ante el Hércules y desespera a su abnegada afición
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 27 de abril de 2013
Desolador. El panorama que se vislumbra tras la enésima caída del Sporting no puede ser más desalentador. Las remotas opciones de alcanzar los “playoff” se han desvanecido definitivamente después de la lamentable derrota ante el Hércules. No es cuestión de pesimismo, sino de realismo. La temporada se ha terminado para este equipo. Los partidos hasta el final de la Liga se convertirán en trámites insoportables que, al menos, deberían servir para rodar a jugadores del filial, empezando por no ir de turismo a Las Palmas la próxima semana. Pero lo peor llegará en pleno verano, cuando empiece el desfile hacia la puerta de salida de varios jugadores clave. De momento, futbolistas de la talla de Canellay Trejo ya se prueban distintos modelitos para ir conjuntados a partir del otoño por las pasarelas de Primera División.
¡Ay la Primera División! Esa Primera que vendió José Ramón Sandoval como un objetivo irrenuciable y que, finalmente, se ha revelado como algo inalcanzable. No se pueden pedir peras al olmo ni milagros a este Sporting. Lo debería saber el técnico de Humanes que, tras renovar su continuidad al frente de la nave, mucho deberá cambiar sus planteamientos el próximo curso para reflotar la situación. El asunto no tiene un pase. El sportinguismo, harto y profundamente dolido de remar en un buque a la deriva, ya ni asegura que El Molinón luzca el envidable ambiente habitual. No es para menos. La abnegada afición, principal soporte de esta entidad, ya se ha cansado de tropezar contra tantos icebergs. Y miedo da pensar en la entrada que puede presentar el templo rojiblanco en los últimos partidos del campeonato. Triste final para una temporada que se ha convertido en una pesadilla.
Lamentable partido
La jornada ya amaneció con nubes. Desde los primeros minutos se comprobó que iba a ser un partido muy gris, jugado por dos equipos limitados y con las ideas nubladas. Solo se vio el sol tímidamente durante escasos minutos a raíz de los goles del Córdoba a Las Palmas. En El Molinón solo alegraban la vista los destellos de calidad que mostraba Trejo, ese futbolista que podría estar escribiendo las líneas de su epílogo sportinguista. Ante tan mediocre espectáculo, un sector de la hinchada explotó en el minuto 20 y comenzó a entonar cánticos contra José Fernández, máximo accionista del Sporting y principal responsable de la deriva vivida en esta entidad. La paciencia tiene un límite y el sportinguismo se harta de comulgar con tanta mediocridad. Los años de Preciado, con el ansiado ascenso y las permanencias en Primera, fueron un oasis en mitad del desierto en el que se ha convertido el Sporting.
El paso de los minutos pesaba tanto como comer una fabada antes de jugar un partido. Con o sin fabada, seguramente, alguno se quedó traspuesto cuando se paró el juego por la lesión de Cortés. Y seguramente alargó el pigacín hasta que el árbitro, López Acera, señaló el final del primer tiempo, deseoso a su vez de llegar al vestuario para espabilar. Porque tan esperpéntico primer tiempo lo dejó KOhasta a él. Caminaba y trotaba el colegiado por el verde tranquilamente, con absoluta parsimonia, aprovechando que solo alteraba su apacible tarde sabatina alguna que otra falta. Fue un primer tiempo lamentable. Se debería prohibir su exhibición en las escuelas de fútbol a riesgo de provocar pesadillas en los más jóvenes aspirantes a dedicarse a este deporte. El Hércules no chutó a puerta y el Sporting solo se aproximó por medio de un Santi Jara poco inspirado en los últimos metros.
Paglialunga dictó sentencia
Para añadir un poco de cafeína a tan soporífero partido, Sandoval dio entrada a Sangoy en lugar de Jara recién comenzado el segundo tiempo. Pero el despertador fue Portillo. El ex delantero del Real Madriddribló a Cuéllar, que salió de su portería y se fue de excursión a unos 35 metros de su portería, y con toda la portería para él, el punta del Hércules la mandó alta. Acto seguido, Edu Bedia probó fortuna con un disparo desde fuera del área que se marchó desviado por poco. Los jugadores herculanos espabilaron en el descanso y salieron más enchufados que el Sporting. Del destacado papel de los centrales (Pamaroty Cabrera) en el primer tiempo, se pasó a una segunda parte donde dominaron la posesión gracias a la entrada de Sardinero, que entró por Escassi en la reanudación para imprimir mayor consistencia en la medular.
El Sporting estaba jugando a la ruleta y para añadir más crédito ofensivo, Sandoval sacó al artillero Miguel Ángel Guerrero por Casquero. Su entrada animó a David Rodríguez, que casi salta la banca con un remate raso que se estrelló en el palo después de ganarle la carrera a Pamarot. Quique Hernándezaceptó el desafío y metió a Nacho González por Eldin. El Hércules se fue con todo a por el equipo asturiano y Paglialunga, llegando desde atrás, enterró las aspiraciones sportinguistas con un gol que acaba hasta con las más minimas posibilidades. Justo premio para el equipo alicantino que, desde la reanudación, dominó con claridad.  El tanto visitante convirtió en una tortura los últimos minutos del encuentro, un adelanto de lo que le puede esperar al Sporting a partir de ahora, y solo sirvieron para que muchos aficionados se fueran del estadio antes del final para evitar el atasco y no seguir prolongando su agonía.
Tardarán los sportinguistas en recuperarse del mal cuerpo que les invade tras recibir el enésimo golpe, una nueva decepción, otro disgusto más. Suerte que sumaron suficientes puntos en la segunda vuelta para alejarse de la zona peligrosa porque, vista la irregular trayectoria del Sporting durante la campaña, se ve más cerca de los puestos de descenso que de los de ascenso. Y por si estuviera poco agitada la lucha por la salvación, el equipo de Sandoval se ha encargado de animarla aún más, concediendo tres puntos de oxígeno a un Hércules que sale de la quema a costa de dejar muy tocado al Racing. Resulta penoso que dos históricos del fútbol español, rebautizados como primos-hermanos por sus buenas relaciones y por aquello del Pacto de Llanes, deambulen ahora de una forma tan penosa por la Segunda División.

Die revanche (La revancha)

El Bayern arrasa al Barcelona y se saca la espina del 4-0 de 2009
Mario Gómez, Robben y Müller por partida doble, goleadores del equipo germano
Noche aciaga para el barcelonismo, que paga caro el penoso planteamiento de Tito
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 24 de abril de 2013
“Olé, olé, olé, olé”. El grito de guerra de los seguidores del Bayern Múnich en los últimos minutos del partido, resume bien lo que se vio sobre el terreno de juego del Allianz Arena. Delirio de la incansable hinchada germana para reconocer el colosal partido que disputaron sus jugadores. Partidazo del Bayern, un gigantesco equipo que cabalga majestuoso por Europa. Su entrenador, Jupp Heynckes, ha construido una máquina técnicamente perfecta, un ejército sencillo en las formas pero contundente en el fondo, un rodillo que avanza imparable hacia la conquista de la Champions. Y pobre de aquel que se cruce en su camino. Le ocurrió al Barcelona que, a esta hora, todavía no sabe por dónde le vinieron los tiros. Casi les hubiese venido mejor no comparecer sobre el coliseo muniqués. Sanción, 3-0, y a correr. Mucho mejor que este deshonroso 4-0, el desquite de 2009. ¿Cambio de ciclo?
Más allá del mérito de un brillante Bayern, lo cierto es que el lamentable partido jugado por el Barça en Múnich puede marcar un antes y un después. Un punto de inflexión no solo a nivel doméstico, donde mantiene una encarnizada rivalidad con un Real Madrid que le ha tomado la medida en sus últimos duelos, aunque lo superan en la Liga, sino allende las fronteras. El fútbol alemán se hace cada día más fuerte. Y esta goleada, que deja al Bayern con pie y medio en Wembley, ejemplifica a la perfección la constante progresión del fútbol alemán. La reivindicación del tiki taken. Un barcelonista de toda la vida como Guardiola lo ha sabido ver a tiempo y por eso emigra a Alemania para llevar las riendas de un purasangre. Tipo inteligente este Pep, que ya da clases intensivas de alemán, el idioma de moda.
Noche de fiesta en el Allianz Arena
Un fascinante ambiente blanquirrojo en el Allianz Arena, un terreno de juego húmedo y la ansiada presencia de Messi sobre el terreno de juego. Todos esos condimentos dieron forma a un espectacular cóctel futbolístico, aunque los culés se quejaban de que estaba demasiado aguado por el manguerazo que le dieron al verde del coliseo muniqués. Los muniqueses, por su parte, se encargaron de ponerle gas. El Bayern salió efervescente como un refresco agitado antes de abrir. Salió tan potente que desbordó el vaso blaugrana y a los tres minutos ya había exigido una buena intervención de Valdés tras un peligroso remate de Robben. Después rebajó ligeramente la intensidad y ofreció la iniciativa al Barça, que tocaba de manera aséptica sin merodear el área de Neuer, mientras sufría en silencio las hemorroides provocadas por la intensa presión germana. Los jugones azulgranas pasaban más tiempo tendidos sobre el campo que de pie, más soldados rasos que sargentos. Para sargentos, los alemanes.
El Bayern esperaba su oportunidad a la contra confiando en los balones parados, la pesadilla de los zagueros blaugrana. Complicada tesitura para un meritorio como Bartra, que se veía exigido en un imponente escenario en un momento clave. Su fallo en el segundo tiempo escenifica su ansiedad. Y en una de esas acciones a balón parado, los alemanes reclamaron penalti por mano de Piqué tras un disparo de Lahm desde la frontal. A la segunda ya no avisaron. Nuevo balón colgado al área, Dante toca a placer en el primer palo para la llegada felina por el segundo de Müller, que no perdona. Primera cornada. Comenzó la faena alemana contra un manso Barcelona. La herida pudo ser mayor antes del intermedio si Viktor Kassai hubiese pitado la mano de Alexis en otra estocada de un desatado Bayern. El árbitro se dio mus, el uno a cero se mantuvo al descanso y el Barça se dio con un canto en los dientes. “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”, pensaron los culés. Y así les lució el pelo en el segundo tiempo.
Rodillo muniqués
La segunda parte duró exáctamente cuatro minutos. Ese fue el tiempo que tardó el Bayern en marcar el segundo gol. Mario Gómez remató en fuera de juego y el juez de área lo vio pero se lavó las manos y le pasó el muerto al juez de línea. Este gol antireglamentario no debe disimular el desastre que es la zaga blaugrana en las acciones a balón parado. Piqué por un lado, Bartra por el otro, Valdés a por uvas y Gómez habilitado en boca de gol. El día que se trabajaron las jugadas a balón parado, los defensas del Barça debían de estar haciendo pellas. Con Messi de paseo por el campo muniqués, cual jubilado, el partido se puso de perlas para los intereses del equipo bávaro. Robben dispuso de dos buenas ocasiones para ampliar la renta, pero el tercer gol se resistía.

Hubo una fase en la que el Barça se hizo con el control del balón y comenzó a tocar para tratar de aproximarse a los dominios de Neuer. Fue más bien un arrebato de vergüenza torera y un ataque de austeridad por parte de Xavi e Iniesta, que un ataque por convicción. Pero ese ejercicio no cuela en el país de Angela Merkel. Porque el Barcelona era un equipo nulo ofensivamente. Vilanova, entre tanto, no daba carrete a los suplentes. No hacía ni el amago de mover el banquillo. La falta de revulsivos e ideas frescas bloqueaba la circulación del balón y dejaba el partido en el punto exacto que le interesaba al Bayern. Guiados por una bala llamada Arjen Robben, los alemanes recurrieron a las contras para ampliar su ventaja y así llegó el tercero. Con la inestimable ayuda de Müller, que aprovechó su condición de torreón alemán para bloquear a Alba, Robben se plantó ante Valdés y lo batió sin la menor contemplación. Fue la tercera cornada de la noche, la herida culé ya era de pronóstico reservado. Las caras de Abidal, Thiago, Tello y Fábregas en el banquillo eran el poema de mio Cid.
Los aficionados del Bayern animaron incansablemente a sus jugadores para ampliar el marcador desquitándose así del 4-0 que el Barça de Guardiola les endosó en el Camp Nou allá por 2009. ¡Cuánto ha llovido desde entonces y cuánto han cambiado ambos equipos! Se demostró en la jugada del cuarto gol, donde el equipo germano atacó como una manada para que finalmente Alaba se la dejase en posición franca a Müller para que éste marcase a placer. 4-0. Y por ahí ya no pasó Tito que sacó a Villa en lugar de Pedro. ¿Para qué? No lo sabe ni él. Quizás pretendía que El Guaje marcara el del honor. Un marrón porque la suerte ya estaba echada. Lo debería haber tenido en cuenta Jordi Alba, que se dejó guiar por sus más bajos instintos pandilleros en el último minuto y le tiró el balón a la cara a Robben. Gesto de mal perdedor por el que se ganó una merecida amarilla y que le impedirá jugar la vuelta, aunque quizás ese fue el motivo del injustificable acto del lateral azulgrana. “Lamentabla”, que diría Xavi.
Mala temporada
Múnich
 fue la estación final del viaje del Barcelona por esta edición de la Liga de Campeones. El partido de vuelta en Barcelona será una faena de aliño que habrá que afrontar con profesionalidad, sin preciosismos, esperando no recibir otra cornada de cuatro trayectorias. Si se gana, bien, pero la principal tarea que tiene ahora este Barça es recuperar la dignidad y la vergüenza torera. Ambas le faltaron en el Allianz Arena, igual que tampoco las mostraron en San Siro o en el partido de vuelta contra el Real Madrid en la Copa del Rey. La remontada contra el Milán queda atrás y el pase contra el PSG fue un mero pasaporte al infierno.
Quitando el edén que representa el título de Liga, donde sacaron petróleo de las derrotas del equipo blanco en los primeros partidos del campeonato, la travesía del Barcelona por esta campaña es propia del bombero torero. Una acumulación de despropósitos, caídas, tropiezos, ausencias y actuaciones esperpénticas que han empañado el primer año después de Guardiola. No es cuestión de cargar las tintas contra el bueno de Tito, que bastante tiene con lo suyo, pero en la vida y en el juego se conoce al caballero. Y los caballeros saben elegir y fijarse prioridades. Porque, como dice la abuela, con la salud no se juega.

viernes, 23 de enero de 2015

Fábregas resuelve el trámite

Victoria mínima del Barcelona ante un digno Levante
El gol de Cesc desatasca un enquistado partido
Gran partido de Keylor Navas, penalti parado a Villa incluido
Crónica publicada en CRONÓMETRO DEPORTIVO el 20 de abril de 2013 
Otra vez Cesc Fábregas. Después de su hat trick al Mallorca, mantiene su dinámica goleadora en el coliseo barcelonista. Fue ese oficinista que acude puntual a la cita para resolver el trámite más impensado. Cuando el Barcelona pensaba en solventar la papeleta sin estresarse demasiado, el Levantesalió al paso para demostrar que es un equipo con oficio capaz de estresar al Barça durante más de ochenta fatigosos minutos. Lo solucionó Cesc, que sigue pidiendo a gritos un hueco en el once titular. Un partido didáctico para el Barcelona, que a las puertas de su sexta semifinal consecutiva en la Championsy con el título de Liga en el bolsillo, debe volver a estudiar el libro de los tópicos para recordar que en el fútbol no hay rivales pequeños.
La ansiada titularidad de Abidal fue el principal aliciente de un partido teóricamente de transición, situado en la víspera de la apasionante batalla contra el Bayern Múnich. Se preveía una velada apacible contra el Levante. Echando un vistazo a la alineación del Barcelona, ya se apreciaba que Tito daba un perfil bajo a este partido. Otra ocasión ideal para teloneros como Montoya, Song, Thiago y Tello. Los grandes artistas como Alba, Busquets, Xavi y Pedro descansaban entre bambalinas, mientras que Messi, Puyol y Mascherarno contemplaban el espectáculo a distancia mientras se afinan. Lo mejor de la primera parte fue la ovación que volvió a recibir Abidal. Lo demás, recurriendo al término que ha puesto de moda Xavi, no dejará legado.
El Barcelona controló el partido con aires funcionariales, cumpliendo la rutina, sin alardes. Si además el último trámite a superar se llama Keylor Navas, la labor se convierte en una operación tediosa. El portero del Levante se convirtió en un desagradable cliente, siempre bien situado y respondón. El negociado del partido demostró claramente que era muy farragoso cuando un sencillo paso como un penalti a favor del Barça, se convirtió en un marrón. En principio, el penalti se lo inventó Undiano Mallenco porque el derribo de Diop sobre Iniesta se produjo fuera del área. El lanzamiento, que debería haber sido un simple papeleo al que Villa le debía estampar su firma, lo despejó Keylor con una acertada estirada y la segunda oportunidad en forma de rechace que debió aprovechar Fábregas se marchó a las nubes previa intervención del arquero costarricense. Ese lance, junto a las ocasiones marradas por el Barça, consagró al portero del Levante como el mejor del primer tiempo. Los barcelonistas se estrellaron contra un inspirado guardameta.
Un inesperado sofoco
No contaba el Barcelona con atragantarse esta noche ante el equipo valenciano. Máxime tras su cómoda victoria ante el Zaragoza. Para evitar angustias recurrió al procedimiento habitual, se hizo con el control del balón y bombardearon a su rival. Daba la sensación de que el gol estaría al llegar y llegó. Pero a favor del Levante. Marcó Accquafresca, aunque Undiano lo anuló porque consideró que el italiano estaba en fuera de juego. El colegiado debió de ser el único que vio al delantero levantinista en posición antireglamentaria.
El Barcelona seguía a lo suyo pero nada, no había manera, iba a tocar sufrir. Otra vez. Suspiros por las gradas. Resignación entre los aficionados. Tocaba dar vueltas de un lado para otro, con paciencia, confiando en encontrar la ventanilla adecuada para superar el cerrojo levantinista. Pases y más pases. Cargas de profundidad por bandas. Ocasiones aisladas. Cualquier método parecía válido para salir del laberinto en el que les había metido el inteligente planteamiento de JIM.

Salió Xavi por Iniesta y el Camp Nou lo reconoció con un sonora ovación. El de Terrassa aportó la coherencia, inteligencia, control e ideas que tanto habían escaseado hasta entonces. El fotonoticia_20130420221634_800juego del Barça tuvo otro aire. Solo necesitaban la necesaria dosis de paciencia para tramitar satisfactoriamente el envite. El Levante intentó sorprender a la contra, pero no asustó en exceso. Fueron intentos tímidos, que inquietaron a las gradas pero no alteraron especialmente ni a los defensas azulgranas ni a Valdés. Nada que ver con la fiereza con la que Alexis arrancó en el minuto 83 para servir un preciso pase a la llegada de Fábregas que disparó ajustado y pegado al palo, un remate imposible para Keylor Navas.

Sigue la racha de Fábregas en el Camp Nou. Su gol en la recta final sentenció un encuentro que dejó demasiados cabos sueltos. Una lección para el futuro más próximo, con la Quinta a tres partidos y la Liga en el bolsillo. Incluso podrían cantar el alirón la semana que viene si vencen al Athletic en la Catedral de San Mamés y el Madrid pierde luego el derbi del Vicente Calderón. Demasiadas cábalas y, en este momento, lo que más necesita el Barcelona son certezas. El martes, en el Allianz Arena, no habrá margen para dudar.