miércoles, 17 de junio de 2009

Vuelta a los orígenes

3.28 a.m. Antes de comenzar el sesudo análisis de la actualidad (que si Florentino, que si el Gobierno, que si la crisis) me siento obligado a plantear una reflexión íntima. Los habituales a este espacio están en su derecho de dedicarme una serie de comentarios que inciden en mi compromiso con el blog; mi falta de compromiso, mis frecuentes desapariciones, mis delirios. No basta con acudir y fichar, podrían decir. No sé mucho de blogs, pero me temo que un blog debe ser más ingenioso que un periódico digital y menos reiterativo que un foro. La lección es digna del mejor colegio y poco puedo alegar en mi beneficio. No soy bloguero, nunca lo fui; simplemente estoy interesado en dar rienda suelta a mis pensamientos puntuales. De ahí que este rincón haya pasado de ser un confesonario digital a una prolongación de los diarios deportivos. Llegados a este punto, me temo que no hablamos de revolución, sino de frescura. La repetición puede limar las puntas del ingenio, y me preocupa. Pero no busco excusas y aprovecharé esta reflexión para dar un giro a los contenidos de este espacio que surgió para hablar sin cortapisas sobre cualquier asunto. Para ello intentaré escribir en modo diálogo y no en modo discurso. Como siempre, el tiempo irá puliendo los defectos de fabricación. Lo importante es que, tras una injustificada tardanza, este salón virtual creado para dialogar sobre lo divino y lo humano reabre sus puertas.

4.23 a.m. Sé que me he desviado de los asuntos que quería sacar a debate. Esta noche iba a hablar sobre el dinero y sus repercusiones sociales. Si había alguna duda se ha disipado en los últimos días. Entre los fichajes galácticos de Florentino Pérez y la subida de impuestos de los hidrocarburos y del tabaco aprobada por el Gobierno el pasado viernes, todos tenemos el maldito parné en la boca. De todas partes salen defensores y detractores de ambas estrategias aunque todos coincidimos en el mismo punto: la pela es la pela. En esta etapa de crisis, cualquier movimiento económico es sometido a un riguroso control por parte de la población. Me parece una estrategia lógica y coherente. Cualquier persona tiene autoridad para emitir una valoración sobre movimientos empresariales y decisiones gubernamentales. Lo que me resulta incuestionable es que el dinero marca la agenda. A la espera de que se traduzca en hechos la petición realizada por la ministra de Economía, Elena Salgado, a los bancos y cajas para que hagan llegar crédito a las empresas y familias, los impuestos acaparan la atención. Este martes se hizo efectiva la subida del tabaco. Las marcas más populares han subido de golpe 35 céntimos: 19 son de impuestos y el resto de propina de los fabricantes. Cualquier paquete de tabaco, incluido el negro, ronda ahora en los estancos los 3 euros. El tabaco de liar también se verá incrementado por un impuesto específico de 6 euros por kilo. El Gobierno sube los impuestos con el fin de hacer frente a la peor tormenta económica de las últimas décadas y frenar el consumo de tabaco.

4.40 a.m. Me declaro abiertamente a favor de la subida del precio del tabaco. Es una decisión acertada para tratar de detener los fallecimientos y los problemas de salud que esta adicción causa cada año en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que para el 2030 morirán anualmente 8 millones de personas de enfermedades relacionadas con el tabaquismo. En ese mismo informe, publicado a principios del pasado año, la OMS advierte de que la mejor manera de reducir el uso del tabaco es mediante impuestos a la venta de ese producto. La coordinadora de la acción sanitaria en el sistema de las Naciones Unidas insiste en que el tabaco provoca enfermedades cardíacas, respiratorias y tumores cancerígenos, entre otros perjuicios. Sin embargo, muchos consumidores defienden su vicio al declarar que los ingresos del Estado proceden del consumo de tabaco en un 50%, lo que garantiza la financiación de la Sanidad Pública. En mi opinión, este argumento respetable no se sostiene en pie por una razón muy sencilla: si los fumadores amparan su vicio porque creen así engordan las cuentas estatales, deberían pensar en que no tiene la misma importancia la economía de un país que la propia salud. El mejor ejemplo es que aún se puede vivir con una hipoteca, pero a duras penas se puede sobrevivir al cáncer sin esperar milagros de la medicina.

PD: Para concluir esta intervención adjunto el video de la campaña publicitaria en contra del consumo del tabaco que protagonizó Johan Cruyff a principios de la década de los noventa. El mito holandés sobrevivió a un infarto de miocardio causado por su gran adicción. Entre el tabaco y el deporte, Cruyff escogió el deporte. Fumador, ¿por qué no pruebas a seguir su ejemplo?

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