No, admito que ya nunca podré conocer personalmente a mi paisano y colega Ernesto López Feito. Sin embargo, siempre conservaré un recuerdo especial de ese periodista que nos acompañaba cada noche, realizando una labor oscura, eficaz y meritoria tanto detrás como delante del micrófono. Estoy particularmente apenado por este fallecimiento que considero totalmente injusto e inmerecido. Una desaparición inoportuna e innecesaria de un gran hombre. Un personaje intransferible, de los que no venden pero tampoco se venden, que cultivó su sapiencia y humildad entre sus seres más próximos. Todos los que estuvieron a su lado en algún momento se sienten orgullosos de haber coincidido con Feito. Seguro que él, allá donde esté, se sentirá muy feliz por todas las semblanzas que le hemos dedicado en esta fecha tan lamentable. Asumo que, allá donde esté, habrá disfrutando con la emisión de El Larguero en la noche del jueves. Como hacía cada noche. Seguro que Feito gozó con los análisis de los miembros del Sanedrín sobre el fichaje astronómico de Cristiano Ronaldo, con las aportaciones de Lama y Romero desde África del Sur, y con el resto del programa hasta sentirse tan feliz como cualquier noche al final de la emisión. Lo que más le apenará, seguro, es no haberle podido leer a José Ramón de la Morena los periódicos al final del programa, esa mini sección que personalizó hasta el extremo y que no me parecerá lo mismo sin su voz. Una voz que dibujaba una personalidad tranquila y cabal que envolvía a un periodista admirable.
Sí, desgraciadamente sé que ya no podré mirar nunca a los ojos a Don Ernesto, pero estoy orgulloso de haber disfrutado de su voz durante tantas noches. Me siento feliz por haberle considerado parte de mi familia. Como se sentirá él por haber formado parte de la familia de tantas y tantas personas. Los familiares, compañeros, amigos y conocidos de López Feito se merecen un fuerte abrazo que sirve como mínima muestra de gratitud por la encomiable labor realizada por un gran periodista, un buen hombre, un galáctico de las ondas. Sin él, la emisión diaria de El Larguero no será lo mismo y los deportes de la Cadena SER pierden a un pilar fundamental. Sin embargo, su eterno recuerdo guiará para siempre el trabajo de sus compañeros. Descanse en paz, Don Ernesto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario