Según Wikipedia, la gran enciclopedia virtual, el editorial periodístico es "un texto tradicional de los periódicos, suele ocupar un lugar destacado en la sección de opinión de un medio de comunicación y no lleva firma". Esto da pie a que muchos profesionales del periodismo renieguen de los editoriales porque no les parecen ni valientes ni honestos. Les genera dudas la ausencia de la rúbrica de una persona que, poniendo por delante su nombre y apellidos, quiere dejar clara su opinión sobre unos determinados acontecimientos. A pesar de todo, no hay un sólo periódico que no utilice este género periodístico para enjuiciar hechos de singular importancia. Afortunadamente cada vez hay más casos de publicaciones en las que el director tiene su espacio para posicionar la línea editorial de su periódico. Un ejemplo de juego limpio.
Las nuevas tecnologías han contribuido a que cualquier ciudadano tenga la oportunidad de interactuar con los medios de comunicación para ejercer el periodismo. No debemos renegar ni criticar esta circunstancia porque la interacción no se puede catalogar como intrusismo profesional. Es éste un oficio en el que se trabaja sin obligación de tener la licenciatura en Ciencias de la Información, un tema que ha generado un amplio debate social, de manera que no nos podemos alarmar porque cualquier ciudadano pueda aportar noticias, fotografías, vídeos y opiniones a un medio que le abre las puertas de la interactividad. Es un testigo excepcional y admirable que se toma la molestia de perder una parte de su tiempo en contribuir a la mejoría de un medio. Tiene además un mérito singular porque no presenta ningún interés particular en narrar, ordenar y analizar los hechos de una determinada forma para llegar a una numerosa cantidad de población sobre la que se quiere influir a partir de intereses económicos o vigorosos. Una tendencia muy habitual en algunos medios, y sobre la que también habrá que opinar algún día.
El periodismo es una actividad que se enseña en las facultades de Ciencias de la Información pero se ejerce a partir de unas dosis altas de vocación y talento personal. Aunque es muy recomendable estudiar la carrera, se podría citar el ejemplo de brillantes profesionales que trabajan como periodistas por ser autodidactas que han sido capaces de instruirse a partir de sus propias cualidades. Ningún editor de medios en su sano juicio renegará de esta premisa. En las redacciones se aprenden muchas habilidades, pero en Internet y en las redes sociales se aprenden otras. Hay que cambiar el ´chip´ y asumir que Internet es el medio de comunicación más importante porque es el que cada día utilizan más personas e instituciones (según un informe de Discovery Channel, actualmente hay mil cien millones de usuarios de Internet y se prevé que para el año 2015 habrá dos mil millones). No se puede negar esta realidad. La World Wide Web tiene la ventaja de llegar a las masas; es el medio de comunicación con mayor impacto global y tiene un alcance mayor que cualquier medio tradicional.
Es comprensible la inquietud que existe en algunos diarios regionales que se están quedando fuera del tren de las nuevas tecnologías. El diseño de sus publicaciones no se ajusta al del resto de periódicos y eso se nota con el simple ejercicio de comparar la maquetación de sus páginas. También se puede reparar en su calidad tipográfica y en la paginación diaria. Mientras se renueva su competencia (El Comercio, un periódico decano que pertenece a Vocento, grupo de comunicación multimedia líder en España, y La Voz de Asturias, otro prestigioso diario que ha sido adquirido por Mediapro, el grupo de comunicación de Jaume Roures), ellos permanecen anclados en un modelo arcaico repleto de premisas pasadas de moda, silogismos rebuscados, prejuicios y rencores alimentados por la frustración de saber que la crisis financiera les atenaza y sus mejores trabajadores terminan emigrando en busca de nuevas oportunidades profesionales en medios de comunicación adaptados a la nueva era. Un presente periodístico repleto de herramientas tecnológicas que ya es una realidad incuestionable y que, obviamente, ejerce un significativo magnetismo sobre los profesionales que quieren trabajar con fidelidad, independencia, rigor, amenidad e imparcialidad. No es un tiempo de tantas dudas sino de realidades: la realidad que marca el saber hacer bien las cosas en todos los órdenes de la vida y periodísticamente en particular.
No se puede tachar de ´amateurs´ ni de "falsos periodistas" a todos los que participan en las webs que abundan en Internet. No atomizan la capacidad de control ni entorpecen ni muchísimo menos hacen más cómoda la vida del gobernante. Más bien todo lo contrario. Es de necios y completos inadaptados a la era digital negar el valor de la Red para movilizar a las masas. Los editores de muchos blogs son auténticos líderes de opinión, que tienen un gran poder como medios de información con una notable influencia y una amplia autoridad para tratar diversos asuntos. Y es una locura concluir que hay cierta opacidad en el universo cibernético por el tsunami de datos que en él se concentra. Como señala el magnate de la informática Bill Gates, "Internet facilita la información adecuada, en el momento adecuado, para el propósito adecuado".
Quienes apuntan a una sobreinformación manipulada deberían reparar en que la responsabilidad, veracidad y honestidad no deben primar sólo en los blogs y webs influyentes; también los consumidores deben hacerse valer para que las empresas y los negocios estén más cerca de sus apreciaciones, inquietudes, quejas, comentarios y opiniones. Separar el grano de la paja no es una tarea exclusiva de los emisores, sino que los receptores también tienen que cumplir con este deber que les atañe en aras de favorecer la interacción y la fiabilidad del universo 2.0. Responsabilizar única y exclusivamente al periodista de esta tarea, así como de la creatividad, supone una visión egocéntrica, sesgada y absolutamente ilógica porque equivale a infravalorar a los usuarios de Internet. Los blogs y redes sociales pueden ser perfectamente útiles como medios de defensa y denuncia por parte del consumidor cuando pretende publicar situaciones cotidianas que, sin este altavoz virtual, haría valer a duras penas. Otra cualidad democrática y plural que presenta la informática al alcance de todos. Por eso, los centros educativos deberían educar y orientar a los niños desde bien pequeños en el uso, manejo y disfrute de las herramientas tecnológicas.
Es incuestionable que los grandes periódicos siguen presentando una capacidad colosal para explorar la información que se genera en el día a día. Pero cada vez tienen más problemas para presentar cosas nuevas ante el consumidor. Esa es la gran preocupación que tienen los responsables de periódicos como "The New York Times", "The Guardian", o "El País". La divulgación de los cables de Wikileaks, que reveló informes inéditos sobre la política global, estableció un hito notable que demuestra hasta donde puede llegar el periodismo bien interpretado y ejecutado. Conviene mantenerse en esta línea para anticiparse, orientar bien a la audiencia y cumplir a la perfección con la función social de la prensa. De lo contrario, los vaticinios de los agoreros sobre la desaparición del periodismo tal y como lo concebimos en la actualidad, estarían perfectamente justificados. Establecer Wikileaks como referencia para ejercer el periodismo en un contexto de crisis global tan aguda, supondría un motivo de optimismo para todos los trabajadores dedicados al periodismo.
No se trata de jugar a ser fatalista y poner hora, día y año a la muerte del papel. Los directores de los principales periódicos del mundo sostienen que Internet no arrastrará al papel a las catacumbas; los diarios continúan siendo un bien muy preciado por parte de los ciudadanos interesados en obtener una visión muy amplia de la actualidad. No obstante, los editores son los primeros que asumen el impacto de la cultura digital, reconocen que se está modificando la distribución de los contenidos, así como las pautas de consumo, y advierten que el periodismo debe respirar con más fuerza que nunca si quiere resistir el envite de la realidad tecnológica. La era digital está aquí y es imprescindible renovarse para adaptar las tradiciones al presente.
La fuerza de la telefonía móvil 3G, favorecida por el Iphone y los smartphones; el auge de la informática, en versión Apple y Microsoft; y la imparable adaptación del Ipad a los usos cotidianos dan buena cuenta de la aldea global en la que vivimos y demuestran que cualquier acontecimiento puede llegar al público de muchas formas a través de múltiples vías. No hay motivo para pensar que la actualidad ha dejado de interesar, más bien todo lo contrario. No es una era tan confusa como pintan algunos. Es un tiempo en el que la renovación y adaptación del periodismo se torna en imprescindible para ayudar a interpretar una realidad muy compleja en la que el periodista no se debe limitar a cumplir con su horario de trabajo, ejecutando las informaciones al dictado que marcan las instituciones. Hay que implantar la cultura del esfuerzo con gratificación para que el profesional tenga consciencia del valor que sigue teniendo el trabajo bien hecho.
Se trata de ser humilde, por supuesto, pero también se trata de apartar razonamientos populistas, ventajistas y demagogos a la hora de la verdad. En el momento de dar la cara con la persona que recibe una información para la que ya está suficientemente preparada y orientada, por lo que ya no busca frases huecas entrelazadas con malas construcciones gramaticales. También conviene luchar contra la precariedad que azota a la profesión periodística, marcada por sueldos irrisorios y condiciones de trabajo leoninas; una pandemia que supone el mayor peligro para el periodismo actual. En algunos casos, por desgracia, el mileurismo casi se convierte en un hito. En la era digital, ese es el principal caballo de batalla ante el que deben revelarse los propietarios de medios.