jueves, 20 de noviembre de 2008

La ilusión de sentirse una estrella


2.20 A.M. Se va un día agradable de conversaciones profundas y sinceras. Por la mañana desayuné con Gabi y por la noche, cené con Rubén. Dos grandes amigos que, una vez más, me emocionaron y sacaron lo mejor de mí. Recuperaron mi ilusión por sentirme una estrella. Ese ideal de ser periodista que viví en aquella inolvidable temporada 2002-03 en la que formé parte de la gran familia de la Cadena SER. Esa temporada en la que compaginé el primer curso de Periodismo, la carrera que siempre quise estudiar, con mis prácticas en la redacción de deportes de Radio SER Gijón gracias a la oportunidad que me concedió su jefe de deportes, Manfredo Álvarez, de incorporarme al programa de deporte juvenil "Jóvenes y campeones". Jamás olvidaré los momentos tan especiales que viví en aquella emisora con aquellos compañeros tan genuinos, en esos estudios tan coquetos y rodeado de tanta profesionalidad.

Era un tornado y actuaba como tal. Me costaba estar quieto un sólo minuto. Quería trabajar, trabajar y trabajar. Desde el mismo día en que me confirmaron que contaban conmigo, me puse a punto para rendir al 100 por ciento. Sabía que me iba a enfundar el maillot amarillo de los números uno y no quería defraudar. La declaración de intenciones fue contundente: "Mi intención es llegar algún día a presentar Carrusel Deportivo en Madrid". Se lo dije a Manfredo cara a cara en nuestro primer encuentro y alucinó. "Veo que eres ambicioso", me preguntó con una complicidad notable. Tal vez pecara de excesiva ambición pero los grandes del periodismo y mis mejores amigos, grandes de la vida, siempre me recomendaron luchar al máximo por cumplir mis sueños. Como dice Juan Antonio Alcalá, redactor de deportes de la Cadena SER y un profesional a seguir, "cuando los sueños se persiguen con ganas y buena voluntad, se terminan cumpliendo". Y con estas ideas en la cabeza, me puse por primera vez delante del micrófono. Aquel joven inmaduro y entrometido que, a sus 18 años, se sentía Paco González, Pepe Domingo Castaño, Manolo Lama, Juanma Castaño...

Juanma Castaño, actual presentador de los deportes en Noticias Cuatro y redactor de la Cadena SER, fue mi referente. Consciente de que también debutó en "Jóvenes y campeones" y trabajó en SER Gijón durante 8 años antes de llegar a Madrid, me fijé la meta de emular sus pasos. Sospechaba que iba a ser un buen modelo para cumplir mis sueños. Intentar seguir una trayectoria similar a la suya. Podría ser una garantía de acceso a la capital, pensé. Unos años después, he comprobado que yo voy por otro camino. Opté por terminar los estudios de Periodismo y, al tiempo, probé experiencia en otros medios. El resultado es que ahora estoy en un periódico que no me gusta y en el que soporto unas condiciones leoninas, tal y como he apuntado aquí varias veces. Aguantar, aguantar y aguantar hasta que llegue la hora. Ese es el lema que sigo desde 2003 y, transcurridos 5 años desde mi "hasta siempre" en "Jóvenes y campeones", continuo esperando mi turno. En esto de los ejemplos, mi amigo Gabi me lleva mucha ventaja, seguro que a él se le ocurriría algo más preciso, elegante y comprensible. En mi opinión, mi situación debe resultar muy similar a la de ese futbolista que juega durante una temporada con el filial del Madrid, sueña con la opción de debutar con el primer equipo y, al final, acaba fuera por planteamientos de los técnicos. Después milita en equipos de Segunda y Segunda B para destacar y recibir una llamada del Madrid. Transcurridos 3 años recibe esa llamada, consigue esa oportunidad soñada, se va a Madrid, realiza la prueba, le sale bien, lo seleccionan para hacer la pretemporada con el primer equipo pero no se puede ir para el Real Madrid porque su economía no se lo permite. Es una triste historia propia de cuento de hadas pero esa es mi historia personal. Ni más ni menos. Y en esa espiral estamos. Como al principio.

Pero me gusta el periodismo, adoro esta profesión. El País de Nunca Jamás es aquel entresuelo en la calle Jovellanos, aquella redacción tan acogedora, ese pequeño estudio de emisión desde el que se informa y entretiene a los gijoneses, en ese esfuerzo tan sano, tan ejemplar, por contar la vida, con sus miserias y sus grandezas. Por eso me gustó trabajar en SER Gijón, sentía que cada día en lugar de un resultado, una crónica o una pequeña noticia iba a contar un cuento que me iban dictando los logros sucesivos de los jovenes deportistas asturianos. Daba gusto ir a trabajar porque vivía rodeado y estimulado por modelos a seguir, por ejemplos de superación, por la búsqueda continua de la excelencia, por el fin eterno de ser una estrella. Cada día tengo más claro que quiero volver a vivir aquellos momentos tan especiales, esas ganas que tuve en aquel tiempo y ya nunca más he vuelto a sentir. Cosas del paso de los años. Fue bonito, pero algún duende juega al escondite con mi felicidad. Pero sigo en mis trece de que trabajar con ese espíritu es la mejor manera de pasar la vida, que el trabajo puede resultar hermoso para sentirse persona, para sentir personas a los demás.

Bien es cierto que no tuve mucho tiempo para disfrutar de aquella hermosa estancia. Fueron unos 6 meses, segmentados en trabajar viernes, sábado y domingo que se me pasaron en un suspiro. Y, curiosamente, era feliz. Desconozco si por exceso o por defecto, pero cada domingo me sentía bien al irme de la redacción. Principalmente porque me sentía orgulloso de mí mismo por el trabajo que había hecho durante la jornada, y también influía el sonido de fondo de Carrusel Deportivo. La mejor banda sonora dominical que me amenizaba el trayecto, a pie o en autobús, hasta mi domicilio. La mezcla de goles, ocasiones, preguntas de Paco González y los puritos, las Coronitas, los talonarios y la Quiniela de Pepe Domingo animaban mucho el recorrido. Si a eso le sumas las amenas conversaciones de mesa y mantel que mantenía con mi compañero de fatigas, Julio Alberto, el resultado era muy agradable. Alguna vez se sumaba Néstor a lo que yo llamaba el "Comer por comer para hablar". Qué tiempos...Según escribo estas líneas se me vienen a la mente mil imágenes y mil experiencias que viví en la emisora. Las charlas con el director, Joaquín Fernández-Carvajal, en las que me explicaba la historia e intrahistoria de la radio para un trabajo de clase; las eternas disertaciones de Manfredo en las que cruzaba con una facilidad pasmosa el deporte y el periodismo (cosas de los deportivos de la SER); mis revelaciones prematuras a Julio Alberto; las conversaciones periodísticas con Paloma Llanos, José Ángel Leiras o David Fernández; los consejos de Néstor Domínguez; las bromas de Juan Ahuja y mis esfuerzos permanentes por superarme cada día en antena. En resumen, momentos de radio. También viví sensaciones peores por discusiones puntuales, algo normal en toda convivencia. Si ellos lo olvidan, yo lo olvido.

Entre esos momentos, insisto, no puedo olvidarme de los domingos. David González se encerraba en el estudio de control de emisiones para comenzar su Carruselín, conexión incluida con Manfredo que estaba a pie de césped en El Molínón; mientras tanto Julio Alberto y un servidor se quedaban sólos en medio de la redacción con cara de incredulidad por la engañosa soledad. Eran las 15.30 horas, comenzaba Carrusel Deportivo. "El de los goles, el de la emoción, el del espectáculo..." Tensión, satisfacción y responsabilidad se apoderaban de mí mientras Pepe Domingo apuraba la presentación antes de que Paco tomara el testigo para repasar rápidamente la actualidad deportiva del fin de semana. Sin tiempo para asimilar tal mezcla de sensaciones, se cumplían las 15.36 horas. "Desde ahora y hasta que sean las 4, las 3 en Canarias, su información local y regional, en el Carrusel, que ya empieza en la SER". Estas palabras de Paco significaban el ingreso inmediato en el estudio de emisiones. Yo me colocaba en el micrófono central y Julio, a mi derecha. David, al otro lado de la pecera. ¡Qué momento! Me sentía importante y los nervios los intentaba templar como podía. David repasaba el calendario del fin de semana y a los pocos minutos llegaba nuestro turno. Micrófono levantado, cabeza alta y mirada al frente. Pose marcial, prácticamente. "Repasamos ahora los marcadores en categorías inferiores que nos traen Alejandro Rozada y Julio Alberto Morales..." Y allá vamos. Repasaba los resultados con las mismas ganas que Heri Frade relataba los de Segunda División B en la edición nacional y me compenetraba con Julio como si ya fuesen las 7 de la tarde y estuviera media España pendiente de los marcadores en Primera, Segunda y resto de categorías del fútbol español que ibamos a leer nosotros. Toda la magia de la radio se escenificaba en aquellos momentos. Al salir del estudio, de cumplir mi pequeña misión, tenía la satisfacción del deber cumplido.

El caso es que pasan los años y no ceso en mi interés de repetir esos momentos. Salvando las distancias y el tiempo, me encantaría volver a esa silla sobre la que se sentaba un muchacho vehemente que se sentía uno de los grandes. Desde allí me tocó despedir la edición de "Jóvenes y campeones" de esa temporada, que cerré con un contundente "Hasta siempre". Porque no me gusta la palabra adiós. Porque la vida da muchas vueltas y nunca se puede descartar que me acabe reencontrando a mitad del camino con aquel estudio, aquellas mesas, esos micrófonos amarillos tan inconfundibles, tan solemnes. Llevo muchos años con la espina del reencuentro clavada en mi alma y no me la termino de arrancar. Quiero volver a ser ese chaval tan ilusionado de por aquel entonces. A pesar de que muchos parecen empeñados en quitarme ese anhelo, no les haré caso y seguiré a lo mío. Ellos deben disfrutar lo que tienen porque el Dios de la vida les ha sonreido. Otros confiamos en un milagro. Ese milagro que tocó a todos los grandes de la comunicación para llegar a lo más alto. Mi sueño es llegar a decir lo mismo que Iñaki Gabilondo cuando se despidió de "Hoy por hoy" en 2005: "Aquel niño que pasaba por delante de la radio y que quería vivir ahí, ha superado sus sueños".

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