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martes, 13 de diciembre de 2011

Mucho Barça para tan poco Madrid


LA CRÓNICA

Debe de ser cierto eso de que se ha terminado el ciclo triunfal del Barcelona. Encajó un gol tonto en los primeros minutos y no dio la sensación de equipo sólido, e incluso cruel, de otras temporadas. Lo extraño es que el Madrid no fue capaz de aprovecharlo y apenas frecuentó el área de Valdés. Algún mal pensado incluso ensalza el mérito de Mourinho y lo señalan con el dedo, aunque no está bien eso de señalar, porque ha conseguido que la diferencia entre el Barça del primer año de Guardiola y el de esta temporada se haya reducido a la mitad: se ha pasado del 2-6 al 1-3. Ya se sabe aquello de que ocuparse en exceso de la alimentación de los cuervos lleva a que estas aves te extirpen los ojos. Anoche en el Bernabéu no cantaron las golondrinas, ni siquiera los gallos, aparecieron los cuervos y los buitres. Para disgusto de Don Emilio Butragueño y el resto de la nobleza madridista.

El Madrid echó cuerpo a tierra en cuanto el Barcelona se apoderó del balón. Y fió su suerte a la brillantez de sus estrellas, pero anoche estaba nublado en Concha Espina. No apareció la Luna. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Y eso que no había eclipse. Lo constatable, más allá del hermoso entorno, es que el Madrid ha hincado la rodilla en el peor momento, a su vez el más importante de lo que llevamos de temporada. No crean que me olvido de la Supercopa de España, pero el alzheimer selectivo no permite florituras en partidos de este calibre. Mundo cruel ese en el que el glamour de Cristiano, la magia de Ozil y el misticismo de Benzema choca con la testiculina de Puyol, la clarividencia de Xavi y el divismo de Messi. Como el buen comer, el fútbol es un arte y se saborea mucho mejor cuando acostumbras al paladar a los mejores platos. Y en Barcelona han demostrado tener mejor mano para este arte.


El partido fue una ensalada. Tuvo de todo y en sus justas proporciones. Fruto de un formidable barullo en el área del Barcelona, Benzema abrió el marcador con un gol que no ejerció un efecto balsámico. Fue aceite de colza envenenado para el Madrid porque a partir de aquí el plato que había cocinado Mourinho comenzó a desprender un fuerte olor a podrido. A ello contribuyo el guiso de Guardiola, que no apagó el fuego y fue fiel a sus convicciones. Renunció a la defensa de cuatro y, siguiendo las lecciones magistrales de Johan Cruyff, el Panoramix del Barça, pasó a una defensa formada por Puyol, Piqué y Abidal. Y Valdés, entre tanto, luciendo palmito porque se mantuvo en su línea habitual de juego combinativo, como si fuera un jugador más.

El paradón de Casillas a Messi sirvió de preámbulo de lo que estaba por llegar. Rayos y truenos, polvos y centellas, romanos contra galos. El gol del empate de Alexis, aprovechando una mano en forma de pase que le había tendido Messi,  demostró que se puede matar con elegancia. La segunda parte de la batalla fue un paseo para el Barcelona, que se exhibió al toque de clarines, trompetas y violines de Xavi. Busquets y un superlativo Iniesta. Por si no fuera suficiente, el zumbido de Messi y Alexis terminó de cortocircuitar por completo las ideas del ejército de Mourinho. El colmo ya fue el gol de Xavi, ayudado por el desvío involuntario de Marcelo, que desmontó por completo a la tropa madridista. Y como una sentencia dulce, una forma de morir con una sonrisa, surgió Cesc Fábregas. El de Arenys recogió un bombón relleno de nata que le sirvió Alves desde la derecha y estableció el 1-3 definitivo ante un pueblo hundido, machacado y resignado a su suerte. Al Madrid no le quedó más remedio que plegar banderas y reconocer la superioridad del rival. Porque el gran mérito del Barça de Guardiola es que es capaz de llevarte feliz a la silla eléctrica.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Madrid, Barça y el miedo escénico


El miedo escénico ha tomado el puente aéreo. El miedo escénico, esa célebre expresión de Gabriel García Márquez que Jorge Valdano tomó prestada para definir el miedo que un jugador sentía cuando saltaba al césped del estadio Santiago Bernabéu. Gabo admitía tener miedo cuando saltaba a un escenario por el terror que le producía estar solo en el escenario, ante un auditorio pendiente de sus palabras. Ese mismo sentimiento de pánico, según Valdano, paralizaba a los rivales europeos del Real Madrid en el Bernabéu. La presencia machacona de un público agobiante, bullicioso e impulsivo, que creaba un ambiente muy tenso, atenazaba cuerpo y mente de los visitantes que salían bloqueados, y muchas veces goleados, del coliseo madridista. Y no solo los equipos europeos jugaban amordazados, el propio Fútbol Club Barcelona fue víctima del miedo escénico cuando jugaba contra su eterno rival. Cada visita al feudo merengue se convertía en un marrón para el Barça. Por ahí se puede encontrar respuesta a varias derrotas sonadas de los culés en Chamartín: 5-0 en 1995, 2-0 en 1996, 3-0 en 2000, 4-1 en 2008...

Pero la historia ha cambiado. Y de qué forma. La etapa triunfal que vive el barcelonismo desde hace tres temporadas ha cambiado las tornas y el miedo escénico cunde ahora entre el madridismo. Los madridistas ya no afrontan de la misma forma un partido contra el máximo rival. Lógicamente se mantiene el respeto, pero el miedo escénico se ha instalado entre los propios madridistas. Los jugadores están acosados por los rumores, las críticas y el juego del rival, mientras que los aficionados sufren desconfianza, incertidumbre, miedo y vergüenza ajena al ver que sus futbolistas y ellos mismos son víctimas de las burlas hirientes de sus eternos rivales. Grandes jugadores como Casillas, Cristiano, Xabi Alonso y Sergio Ramos salen acogotados en los clásicos, y la razón de fondo es el miedo escénico que aparece como un fantasma en cuanto las cosas se tuercen mínimamente. No pierden el espíritu ganador, por supuesto, pero la ola invisible de la desconfianza les coarta.

De eso se beneficia el Barcelona. Lo lleva haciendo en las últimas temporadas. Se nota la mano de Guardiola. Desde que el de Santpedor es el entrenador culé, la atmósfera del positivismo se ha instalado en el Camp Nou y el miedo escénico del Bernabéu se ha vuelto en contra del Madrid. El propio Guardiola es consciente de ello aunque haya declarado que envidia la mentalidad ganadora y la tradicional tendencia al éxito del madridismo. No le falta razón, pero esa humildad va acompañada de una rebeldía ante la historia. Porque Guardiola no está de acuerdo con la concepción histórica del miedo escénico que apadrinó Jorge Valdano, quien a su vez sostiene que el Barça ha derrotado al Madrid en el terreno de la propaganda. Guardiola ha vivido intensamente esta rivalidad y por eso conoce como nadie las entrañas del adversario. Y ataca por ahí.

Guardiola ha conseguido exprimir al máximo las fobias históricas de los madridistas hacia su equipo. Y las utiliza como arma arrojadiza. Sabe muy bien que el madridismo se puede volver en contra de sus jugadores en el momento que las cosas les salgan mal. Mete mano por ahí porque sabe que lo necesita para reforzar la moral de sus hombres. Porque sabe que el Barcelona necesita más para superar a un enemigo tan poderoso. Goles, ruido, impulso, rabia, mentalidad ganadora. Necesita ese viento que genera la afición madridista y que se propaga como un rodillo por el terreno de juego, allí donde solo saben mantener la cabeza fría los más grandes. Necesita del miedo escénico. Ese miedo escénico se dejó sentir anoche en el Bernabéu a pesar de que el Madrid navegó a favor de corriente por el tempranero gol de Benzema que convirtió al estadio en una caldera. Pero esa fogosidad se puede volver en contra del que la genera cuando las cosas no salen como se imaginan. Y ayer muchos madridistas creyeron que le iban a devolver la manita al Barça. Con eso, y con la calidad de sus futbolistas, contaba ayer el de Santpedor, que se ha permitido el lujo de relegar a un segundo plano a David Villa.

La fatiga acumulada por la fogosidad inicial pasó factura a los madridistas. La intensidad de los primeros minutos se fue apagando, al tiempo que caían embrujados por el insultante dominio de la pelota de los azulgrana. El público se impacientó y el Bernabéu bajó de revoluciones. El miedo escénico se apoderó de los jugadores y de los aficionados del Madrid. El Barça se creció y abrió el tarro de esencias. Iniesta, Xavi, Busquets, Fábregas y Messi se vistieron el traje de las grandes noches y tiraron de repertorio para lucir en el mejor escaparate posible. Llegaron tres goles como pudieron llegar seis. Cristiano se desesperó y la imagen de Casillas tumbado en el césped después del gol de Cesc ilustra a la perfección la impotencia blanca. Y el Madrid se fue al vestuario con la desesperación lógica de comprobar que el miedo escénico se ha vuelto en su contra.

viernes, 12 de junio de 2009

Réquiem por un galáctico de las ondas

4.35 a.m. Muchos recordarán el jueves 11 de junio por ser el día en que el Manchester United aceptó una oferta de 94 millones de euros del Real Madrid por el portugués Cristiano Ronaldo. Para otros, esta fecha pasará a la historia por un triste acontecimiento que ha conmocionado a la radio española. Falleció Ernesto López Feito, madrileño de ascendencia asturiana y Licenciado en Ciencias de la Información, productor de El Larguero. La gran mayoría de los oyentes del programa estrella de la radio deportiva nocturna recordará a López Feito por ser el encargado de acercar los datos de La Quiniela y el repaso a las portadas de los principales diarios deportivos españoles. Este redactor de deportes de la Cadena SER, de 56 años, falleció en la madrugada del jueves víctima de un traicionero infarto con parada cardiorespiratoria que sufrió cuando se dirigía a su casa tras haber terminado un día más su trabajo en la SER, emisora de la que formaba parte desde 1997. Todos los integrantes de la redacción deportiva de la SER están de luto por el fallecimiento del "Chato".

No, admito que ya nunca podré conocer personalmente a mi paisano y colega Ernesto López Feito. Sin embargo, siempre conservaré un recuerdo especial de ese periodista que nos acompañaba cada noche, realizando una labor oscura, eficaz y meritoria tanto detrás como delante del micrófono. Estoy particularmente apenado por este fallecimiento que considero totalmente injusto e inmerecido. Una desaparición inoportuna e innecesaria de un gran hombre. Un personaje intransferible, de los que no venden pero tampoco se venden, que cultivó su sapiencia y humildad entre sus seres más próximos. Todos los que estuvieron a su lado en algún momento se sienten orgullosos de haber coincidido con Feito. Seguro que él, allá donde esté, se sentirá muy feliz por todas las semblanzas que le hemos dedicado en esta fecha tan lamentable. Asumo que, allá donde esté, habrá disfrutando con la emisión de El Larguero en la noche del jueves. Como hacía cada noche. Seguro que Feito gozó con los análisis de los miembros del Sanedrín sobre el fichaje astronómico de Cristiano Ronaldo, con las aportaciones de Lama y Romero desde África del Sur, y con el resto del programa hasta sentirse tan feliz como cualquier noche al final de la emisión. Lo que más le apenará, seguro, es no haberle podido leer a José Ramón de la Morena los periódicos al final del programa, esa mini sección que personalizó hasta el extremo y que no me parecerá lo mismo sin su voz. Una voz que dibujaba una personalidad tranquila y cabal que envolvía a un periodista admirable.

Sí, desgraciadamente sé que ya no podré mirar nunca a los ojos a Don Ernesto, pero estoy orgulloso de haber disfrutado de su voz durante tantas noches. Me siento feliz por haberle considerado parte de mi familia. Como se sentirá él por haber formado parte de la familia de tantas y tantas personas. Los familiares, compañeros, amigos y conocidos de López Feito se merecen un fuerte abrazo que sirve como mínima muestra de gratitud por la encomiable labor realizada por un gran periodista, un buen hombre, un galáctico de las ondas. Sin él, la emisión diaria de El Larguero no será lo mismo y los deportes de la Cadena SER pierden a un pilar fundamental. Sin embargo, su eterno recuerdo guiará para siempre el trabajo de sus compañeros. Descanse en paz, Don Ernesto.