Victoria burocrática del Barcelona en Vitoria
Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut
Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció
La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.
Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.
No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.
A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.
Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.
Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.
