El Barcelona completa el mejor arranque liguero de su historia
Trabajada victoria blaugrana frente a un extraordinario Celta
Marcaron Adriano, Villa y Alba, en fuera de juego. Bermejo, para los vigueses
Tres goles y un biberón. Un día después de que Thiago Messi apareciera por este mundo, el Barcelona de Tito Vilanova dio a luz un nuevo récord. Firma el mejor arranque liguero de un entrenador en la historia del club blaugrana, con nueve triunfos y un empate en 10 jornadas. El empate a 2 que firmaron contra el Real Madrid en el Camp Nou es un pequeño islote en mitad del océano triunfal por el que navega imparable la nave del capitán Vilanova: 28 puntos de 30 posibles. Louis Van Gaal, que ostentaba la mejor plusmarca desde la temporada 1997-98, contempla desde la popa la envidiable singladura que lleva el transatlántico. Cruyff y Guardiola divisan con catalejo el rumbo victorioso, admirando la mano firme con la que Tito lo conduce. El marinero ejerce magistralmente de capitán. Lo reconocen los veteranos.
Como no todo van a ser flores en el bosque, Messi no marcó. E incluso terminó el partido con molestias en su rodilla derecha. El argentino quería marcar a toda costa para dedicarle el gol a su hijo, pero se quedó con las ganas. Se obcecó más de la cuenta y su excesivo afán de protagonismo quedó retratado en la jugada que no concretó porque quiso ser el niño en el bautizo. Y ni había bautizo, ni banquete. Pudo haberlo, pero Papá Messi se recreó ante Javi Varas y perdió la oportunidad de brindarle el primer tanto a su vástago. No le faltarán oportunidades. Quizás cuando no se encuentre delante con Varas, que ya le paró un penalti la pasada temporada, se le iluminará la bombilla y podrá definir con mayor precisión. El orgullo paternal y personal, después de ofrecer la Bota de Oro al respetable del Camp Nou, le jugaron una mala pasada. Los genios también estornudan.
En la fiesta de Messi se coló un extraordinario Celta. Ofrece un fútbol de quilates el conjunto de Paco Herrera, que cuenta con un futbolista majestuoso: Iago Aspas, hombre sin complejos, atrevido y de mucho talento. El pontevedrés se mueve con peligro por todo el frente de ataque, es muy rápido y se sabe asociar con sus compañeros. Da gusto verlo. Pueden presumir en Vigo de tener en su equipo a un jugador tan desequilibrante. Pero eso no debe restar mérito al entrenador. Herrera, que se reencontró en el Camp Nou con su pupilo Vilanova, al que entrenó en el Badajoz. Esta vez, el alumno le ganó la partida al profesor aunque no se puede desdeñar el planteamiento del técnico visitante, que consiguió en varias contras sacarle las costuras al Barcelona. Fútbol valiente.
Con la presencia de Busquets y Mascherano en el centro de la defensa, Vilanova apostó por la salida fluida del balón. Jugaron adelantados para asociarse con facilidad con los mediocentros y de esto se aprovechó el Celta. Busquets era el péndulo del reloj: reculaba cuando tocaba defender y se adelantaba en los ataques. No fue una buena idea porque el equipo vigués se aprovechó de su desconcertante movimiento y creó peligro. La mejor ocasión fue un mano a mano de Aspas contra Valdés, que salvó milagrosamente el portero del Barça. Al final, Busquets se vio obligado a fijar su demarcación en el centro de la zaga. Su tarea se limitaría a cortar balones y a facilitar la circulación del esférico. Sin más. Sincronizados los relojes, se sucedieron las operaciones ofensivas del equipo blaugrana. En una de esas marcó Adriano aprovechándose de una buena combinación con Pedro Rodríguez. Entre tanto delantero, el de Coritiba se hizo fuerte en el área rival y marcó su tercer gol en esta Liga, convirtiéndose junto a San José en el defensa más goleador del campeonato. Desgraciadamente para él, se lesionó en esa jugada en el aductor de su pierna derecha y estará tres semanas de baja.
Pero el Celta no estaba dispuesto a servir el banquete por el nacimiento de Thiago Messi. Mario Bermejo, que ha marcado 2 goles en los 2 partidos que ha jugado en el Camp Nou, se aprovechó del rechace de Valdés tras un mano a mano con Alex López y estableció el empate. Los vigueses encontraron una autopista por la derecha y de ahí nació la contra de Krohn-Dehli que culminó el delantero santanderino. El partido estaba loco. Y tuvo que ser David Villa el que calmase la situación. El delantero más eficaz de la actual edición de la Liga BBVA (1 gol cada 54 minutos) no desperdició una impresionante incursión de Iniesta, por la izquierda, hasta la línea de fondo. Villa, que jugó de extremo izquierdo, inquietó constantemente a los zagueros vigueses. Aunque no lo inviten, El Guaje acude a todos los saraos.
La lesión de Adriano obigó a Vilanova a hacer cambios en el once. Metió a Alves en su lugar y a Bartra por Cesc. Un cambio que aplaudió Busquets porque le permitió recuperar su posición privilegiada en el centro del campo. Justo en la reanudación, Aspas, el mago celtiña, se plantó en el área de Valdés, se escoró demasiado, pero aun así se sacó del interior de su bota izquierda un remate con veneno que se perdió por un palmo a la derecha de la portería de Valdés. Después llegó la polémica. Motivado por el gol de Adriano, demostrando que el zaguero brasileño no tiene la exclusividad goleadora en la defensa blaugrana, Jordi Alba lanzó un órdago a la grande, se sumó al ataque para tratar de transformar la ocasión que antes había desperdiciado Messi y no falló. Pero la jugada está ensombrecida porque Alba estaba en posición antireglamentaria. Fernández Borbalán lo pasó por alto y el segundo tanto liguero del ex defensa del Valencia sentenció un animado partido. El Celta bajó los brazos, el ritmo paró y los invitados se fueron a sus respectivas casas.
El resultado mantiene al Barcelona en lo más alto de la clasificación. Messi no le pudo dedicar un gol a Thiago y se marchó tocado del terreno de juego, pero al menos puede estar contento porque su reciente paternidad no le impidió disputar un vibrante partido. Y el primer biberón para Messi Junior tiene forma de 3 puntos escritos con letras de récord histórico. A la salud de Vilanova.
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lunes, 5 de noviembre de 2012
viernes, 2 de noviembre de 2012
Goles, abrazos y caricias
Victoria burocrática del Barcelona en Vitoria
Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut
Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció
La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.
Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.
No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.
A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.
Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.
Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.
Iniesta celebra con un gol magistral el décimo aniversario de su debut
Villa y Cesc también marcan en un partido al que el Alavés no renunció
La Segunda División B es el tercer escalón del fútbol español. Conviene recordarlo. Si algo de bueno tiene la Copa del Rey, es que vuelve a poner en el mapa a ilustres equipos de nuestro balompié. Equipos que nunca debieron abandonar la Primera División pero que, por jugar a la dichosa y bendita ruleta que es este deporte, se han visto abocados a estar en las categorías inferiores. Esas en las que no todo el césped es orégano. Nos olvidamos de ellos injustamente, pero ellos no se olvidan de nosotros. Y la Copa tiene ese componente de justicia divina que nos permite reencontrarnos con viejos amigos.
Ilusos, ufanos y sobrados, nos acostumbramos a convivir con la rutina de la Primera División. Pero hay más árboles en el bosque. Ayer, el Alavés nos refrescó la memoria y nos reconcilió con nuestro pasado. Volvimos a 2001. Geli, Contra, Javi Moreno, Coloccini… Ellos formaban parte de aquel inolvidable equipo que, no hace tanto, disputó una final de la UEFA contra el Liverpool. Parece que fue ayer. Hoy, no lo olvidemos, el club vitoriano sigue siendo El Glorioso. Manque pierda. Porque los galones, igual que los galanes, no hacen distinciones. Viendo al Alavés esforzarse anoche contra el Fútbol Club Barcelona solo se puede lamentar que no marcara. Caprichos de la divina providencia futbolística. Y de la inefable Federación, que mantiene el sistema de eliminatorias a doble partido. Así solo se consigue que algunos presten más atención al precio del refresco y los gusanitos que al desarrollo del partido. La crisis y sus derivadas.
No merecieron una derrota tan severa los hombres de Natxo González. Se puede achacar a la diferencia de categoría y presupuesto. Incluso a la lógica deportiva, aunque ya se sabe que la fe puede mover montañas futbolísticas. No fue el caso anoche en Mendizorroza. Se impuso la superioridad azulgrana. La victoria fue suya por pura lógica; solo había que ver el once que sacó Tito Vilanova. Messi ni se vistió. Bastante tiene el hombre con lidiar con premios y chupetes. Tito es comprensivo y aprovechó para mezclar a titulares y suplentes. El encomiable gesto empezó a resultar un inconveniente a partir del minuto 40 cuando se advirtió la esperada superioridad. No iba a ser noche para sorpresas.
A falta de Messi, Villa se convirtió en la referencia azulgrana en ataque. En cuanto olfateó el gol, le hincó el diente. No quiere El Guaje desaprovechar las oportunidades que le ofrecen para reivindicarse como el único e indiscutible delantero blaugrana. Al principio amagó por la izquierda para abrir el campo por ese costado, pero en cuanto Iniesta le sirvió un apetitoso plato con forma de pase, el asturiano no le hizo ascos. Incluso se permitió el lujo de hacer un delicioso control orientado. Culminó con un duro disparo ante el que poco pudo hacer Urtzi. Gol de cuchillo y tenedor. Bendecido por el larguero. Iniesta se lo guisó y Villa lo degustó con clase.
Después, marcó Iniesta. Más que el fondo, la noticia es la forma de marcar. El manchego dibujó una obra de arte. Llegó desde atrás, recibió fuera el área, oteó la portería del Alavés y con una suave caricia puso el balón en la escuadra de la portería vitoriana. Otra demostración artística a cargo del mago de Fuentealbilla, que no encontró una manera mejor de soplar las velas de sus diez años en el primer equipo del Barcelona. El Glorioso no se arrugó, siguió presionando la salida del balón del rival y acechando con peligro la portería de Pinto. Pero la presencia de Dos Santos y Sergi Roberto, junto a la constante movilidad de Cesc y la insistencia de Alexis, les causaron estragos. Cesc se encargó de marcar el tercero de la noche aprovechando un preciso centro de Alves. Le anularon otro a Alexis, aunque Villa reconoció al chileno con un abrazo de fraternidad. Goles, caricias y abrazos. Así fue el partido.
Al margen del trámite de la vuelta en el Camp Nou, más que partido será un entrenamiento con público (poco) y árbitro, lo mejor del encuentro de anoche en Mendizorroza es que volvió al primer plano de la actualidad deportiva un histórico que nunca debió abandonar la portada mediática. Apagadas las luces de la Copa del Rey en Vitoria, se deben encender los focos para alumbrar al Alavés, un equipo que aun tiene que deparar muchos momentos gloriosos a nuestro fútbol. De momento, tienen que paladear el partido de vuelta en el Camp Nou. Aunque solo sea para hacer turismo y grabar en vídeo esa inolvidable jornada. Lo hizo en su día un ex futbolista del Numancia llamado Raúl Ruiz y ahora es una estrella de la tele. Para eso también sirve la Copa. Y si quedan eliminados, al menos siempre podrán presumir de que cayeron con las botas puestas ante el vigente campeón, el Rey de Copas.
lunes, 29 de octubre de 2012
El Barça de Tito es un rayo
Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana
Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas
Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés
Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.
Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1 empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros. Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido de pivote defensivo.
No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos. Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa, Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo y salió trasquilado.
Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana. Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante, cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió. Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí, tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo más goleado de Primera con 22 goles encajados.
David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300 goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la opción premiada era la segunda.
Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias, que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de alcanzar los 75 de Pelé en 1959.
Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria. Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes de tiempo.
Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas
Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés
Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.
Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1 empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros. Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido de pivote defensivo.
No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos. Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa, Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo y salió trasquilado.
Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana. Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante, cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió. Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí, tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo más goleado de Primera con 22 goles encajados.
David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300 goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la opción premiada era la segunda.
Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias, que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de alcanzar los 75 de Pelé en 1959.
Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria. Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes de tiempo.
Jordi Alba ejerce de Cesarini
Un providencial gol del lateral azulgrana en el 94 decide un agitado partido
Las aportaciones de Villa resultaron determinantes en los últimos minutos
Sostenido por su portero, el Celtic puso en muchos aprietos al Barcelona
Jugador singular, imprevisible, pillo y oportuno. Renato Cesarini fue un futbolista argentino que pasó a la posteridad por tener la virtud de marcar en los últimos minutos de los partidos decidiendo encuentros trabados y disputados. En homenaje a ese espadachín del tiempo se acuñó la expresión de ´Zona Cesarini´ para definir esa franja final en la que se mezcla lo divino con lo terrenal. Mitad suerte, mitad justicia. Mitad partido, mitad descuento. Entre la vida y la muerte circula ese intervalo temporal en el que se marcan los goles más decisivos e inesperados. Los bocados de chocolate que más se saborean porque ya no queda ninguna unidad más al alcance de la mano. Caviar para los paladares más inconformistas. Pecados para la posteridad.
Jordi Alba ejerció de Cesarini tres una agitada noche en el Camp Nou. No es argentino, pero ha demostrado que los de Hospitalet de Llobregat también son indetectables y determinantes. No pongan un radar en su camino porque se lo saltará. Se las sabe todas. Es un Lazarillo del fútbol español que tiene la capacidad de adelantarse a los ratones para comerse el queso. Posee el ingenio suficiente para ser obispo y monaguillo. Y todo a una velocidad fulgurante porque, al igual que al mítico futbolista argentino, el reloj sonríe a Alba. Cuando las manillas enfilaban la dirección del túnel de vestuarios y la sufrida afición clamaba al cielo, apareció este habilidoso lateral para darle la victoria al Barça. Chico listo este Jordi.
Como se trataba de ganar para encarrilar el acceso a los octavos de final de la Copa de Europa y se ganó, el barcelonismo tuvo una noche feliz. Se mueve bien este Barça al filo de la navaja. Así son estos malabaristas del fútbol, capaces de hacer equilibrios con el balón y el paso de los minutos. No conviene abusar de este talento, pero todo vale en el circo del fútbol. Aunque la función estuvo a punto de terminar mal para los equilibristas de Vilanova porque el Celtic de Glasgow plantó el autobús en el Camp Nou y cerca estuvo de atropellar a los intrépidos acróbatas azulgranas. Apoyados en una sujección defensiva férrea, con diez hombres metidos en su propia área, y en un buen parachoques en la portería, los escoceses averiaron las correas de distribución del juego culé. Le encontraron las vueltas a Song en el centro del campo y causaron estragos al bueno de Bartra, gran novedad del once barcelonista. El entrenador del equipo escocés, Neil Lennon, apuntó en su libreta los puntos débiles del Barcelona y dio donde más duele.
En el minuto 17, en su primera aproximación al área de Valdés, colgaron una falta desde la derecha, se aprovecharon de su superioridad en el juego aéreo, el gigante Samaras se convirtió en Gulliver ante Alba, cabeceó y el liliputiense Mascherano no pudo evitar que el cuero rebotara en su espalda y se colara en la meta de un impotente Valdés. Los aficionados veían pisoteadas sus esperanzas de encarrilar por la vía rápida el pase a octavos y asistían malhumorados a la melodía que tocaban los gaiteros de Lennon. No encontró una mejor excusa el técnico escocés para llamar a la calma y apelar al sentido común de sus huestes: cabeza, cabeza y cabeza. Contaba con que el golpe iba a cortocircuitar al Barcelona. Y así fue.
El Barcelona disparó las revoluciones y se echó en tromba sobre la portería de Foster. Avisó Messi con un lanzamiento de falta que bailó por la red superior de la portería. Pocos minutos después, combinaron Messi, Iniesta y Xavi, jugando a la quema en el área escocesa y culminó el de Fuentealbilla, medio cayéndose, con un remate ajustado que se coló en la portería escocesa. No pudo elegir una ocasión mejor el manchego para estrenar su cuenta goleadora esta temporada.
Las infructíferas combinaciones y carambolas de billar eran la unica alternativa azulgrana para acechar la meta de Foster. Pero el arquero estaba empeñado en demostrar que el fútbol escocés también puede fabricar magníficos porteros. Sacó tres manoplas determinantes: primero ante Messi, luego ante Alexis y, de nuevo, ante el argentino, en un remate a bocajarro que el guardameta rechazó con su guante izquierdo en una estirada felina. Partidazo del portero escocés que estaba impacientando a la gent blaugrana, que se encomendó al Guaje Villa. Salió el asturiano al campo en el minuto 80 de partido. Se podría escribir una tesis sobre el concepto de urgencias que maneja Tito Vilanova ya que metió a su único delantero a diez minutos del final del encuentro. El caso es que el 7 blaugrana a punto estuvo de demostrarle por qué se merece ser el único ariete del Barça. Lanzó un balón al palo en el minuto 87. Muchos pensaban que ahí había estado la victoria azulgrana y el langreano no iba a tener más oportunidades.
Hasta que en tiempo de descuento, Adriano sirvió un buen balón al corazón del área, Villa fijó a dos defensas del Celtic para habilitar la llegada por sorpresa de Jordi ´Lazarillo´Alba, que ganó la espalda a la zaga, entró como un cohete para tocar lo justo y marcar en el minuto 94. Delirio en el Camp Nou. Se volvió loco el barcelonismo al ver que se habían ganado un encuentro durísimo. No se sabe si celebraban el triunfo de la fe, la suerte o la pillería. Hubo una liberación total. Exorcismo completado. Homenaje a Cesarini.
Las aportaciones de Villa resultaron determinantes en los últimos minutos
Sostenido por su portero, el Celtic puso en muchos aprietos al Barcelona
Jugador singular, imprevisible, pillo y oportuno. Renato Cesarini fue un futbolista argentino que pasó a la posteridad por tener la virtud de marcar en los últimos minutos de los partidos decidiendo encuentros trabados y disputados. En homenaje a ese espadachín del tiempo se acuñó la expresión de ´Zona Cesarini´ para definir esa franja final en la que se mezcla lo divino con lo terrenal. Mitad suerte, mitad justicia. Mitad partido, mitad descuento. Entre la vida y la muerte circula ese intervalo temporal en el que se marcan los goles más decisivos e inesperados. Los bocados de chocolate que más se saborean porque ya no queda ninguna unidad más al alcance de la mano. Caviar para los paladares más inconformistas. Pecados para la posteridad.
Jordi Alba ejerció de Cesarini tres una agitada noche en el Camp Nou. No es argentino, pero ha demostrado que los de Hospitalet de Llobregat también son indetectables y determinantes. No pongan un radar en su camino porque se lo saltará. Se las sabe todas. Es un Lazarillo del fútbol español que tiene la capacidad de adelantarse a los ratones para comerse el queso. Posee el ingenio suficiente para ser obispo y monaguillo. Y todo a una velocidad fulgurante porque, al igual que al mítico futbolista argentino, el reloj sonríe a Alba. Cuando las manillas enfilaban la dirección del túnel de vestuarios y la sufrida afición clamaba al cielo, apareció este habilidoso lateral para darle la victoria al Barça. Chico listo este Jordi.
Como se trataba de ganar para encarrilar el acceso a los octavos de final de la Copa de Europa y se ganó, el barcelonismo tuvo una noche feliz. Se mueve bien este Barça al filo de la navaja. Así son estos malabaristas del fútbol, capaces de hacer equilibrios con el balón y el paso de los minutos. No conviene abusar de este talento, pero todo vale en el circo del fútbol. Aunque la función estuvo a punto de terminar mal para los equilibristas de Vilanova porque el Celtic de Glasgow plantó el autobús en el Camp Nou y cerca estuvo de atropellar a los intrépidos acróbatas azulgranas. Apoyados en una sujección defensiva férrea, con diez hombres metidos en su propia área, y en un buen parachoques en la portería, los escoceses averiaron las correas de distribución del juego culé. Le encontraron las vueltas a Song en el centro del campo y causaron estragos al bueno de Bartra, gran novedad del once barcelonista. El entrenador del equipo escocés, Neil Lennon, apuntó en su libreta los puntos débiles del Barcelona y dio donde más duele.
En el minuto 17, en su primera aproximación al área de Valdés, colgaron una falta desde la derecha, se aprovecharon de su superioridad en el juego aéreo, el gigante Samaras se convirtió en Gulliver ante Alba, cabeceó y el liliputiense Mascherano no pudo evitar que el cuero rebotara en su espalda y se colara en la meta de un impotente Valdés. Los aficionados veían pisoteadas sus esperanzas de encarrilar por la vía rápida el pase a octavos y asistían malhumorados a la melodía que tocaban los gaiteros de Lennon. No encontró una mejor excusa el técnico escocés para llamar a la calma y apelar al sentido común de sus huestes: cabeza, cabeza y cabeza. Contaba con que el golpe iba a cortocircuitar al Barcelona. Y así fue.
El Barcelona disparó las revoluciones y se echó en tromba sobre la portería de Foster. Avisó Messi con un lanzamiento de falta que bailó por la red superior de la portería. Pocos minutos después, combinaron Messi, Iniesta y Xavi, jugando a la quema en el área escocesa y culminó el de Fuentealbilla, medio cayéndose, con un remate ajustado que se coló en la portería escocesa. No pudo elegir una ocasión mejor el manchego para estrenar su cuenta goleadora esta temporada.
Las infructíferas combinaciones y carambolas de billar eran la unica alternativa azulgrana para acechar la meta de Foster. Pero el arquero estaba empeñado en demostrar que el fútbol escocés también puede fabricar magníficos porteros. Sacó tres manoplas determinantes: primero ante Messi, luego ante Alexis y, de nuevo, ante el argentino, en un remate a bocajarro que el guardameta rechazó con su guante izquierdo en una estirada felina. Partidazo del portero escocés que estaba impacientando a la gent blaugrana, que se encomendó al Guaje Villa. Salió el asturiano al campo en el minuto 80 de partido. Se podría escribir una tesis sobre el concepto de urgencias que maneja Tito Vilanova ya que metió a su único delantero a diez minutos del final del encuentro. El caso es que el 7 blaugrana a punto estuvo de demostrarle por qué se merece ser el único ariete del Barça. Lanzó un balón al palo en el minuto 87. Muchos pensaban que ahí había estado la victoria azulgrana y el langreano no iba a tener más oportunidades.
Hasta que en tiempo de descuento, Adriano sirvió un buen balón al corazón del área, Villa fijó a dos defensas del Celtic para habilitar la llegada por sorpresa de Jordi ´Lazarillo´Alba, que ganó la espalda a la zaga, entró como un cohete para tocar lo justo y marcar en el minuto 94. Delirio en el Camp Nou. Se volvió loco el barcelonismo al ver que se habían ganado un encuentro durísimo. No se sabe si celebraban el triunfo de la fe, la suerte o la pillería. Hubo una liberación total. Exorcismo completado. Homenaje a Cesarini.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
España golea a capela
Fue un amistoso con premio. Solo el aliciente de la clasificación matemática para la Eurocopa del próximo verano dio algo de valor a un simulacro de partido que resultó insultantemente fácil para la selección española. Los hombres de Del Bosque despacharon el trámite con mucha comodidad y una superioridad extrema. No hizo falta ningún esfuerzo extraordinario. Se trataba simplemente de recurrir a la vieja fórmula futbolística, más antigua que un violín: tocar la pelota de lado a lado, buscar los apoyos y llegar con frecuencia a la portería rival para aprovechar el escaso nivel de la limitadísima, e híperpoblada, defensa de Liechtenstein. La acumulación de hombres en la zaga fue el único recurso de un combinado plagado de figurantes de escasa talla internacional. No hubo adversario y España completó el set con facilidad para disfrute de los 15.000 espectadores que llenaron las gradas del viejo estadio de Las Gaunas.
Salvo los goles y las brillantes jugadas de los internacionales españoles, el partido no tuvo nada más. Por no tener no tuvo ni himnos. Hubo problemas con la megafonía del estadio riojano y los aficionados de Logroño, que calentaron ilusionados sus gargantas a la espera de que sonasen los acordes del himno nacional, se quedaron sin entonar el característico y emotivo “lo, lo, lo, lo”. El partido arrancó a capela y casi fue mejor, porque resultaba una ofensa que una pachanga de tal calibre comenzase con el ritual de las grandes ocasiones futbolísticas. Además, el concierto se interpretó sobre el terreno de juego y, en cuanto los españoles comenzaron su recital, el público se entregó a los artistas. Una sabia decisión. La batuta la llevó, una vez más, Xavi Hernández. El maestro dirigió a la orquesta con precisión, acompañado por dos violinistas de lujo: Xabi Alonso y Andrés Iniesta; entre los tres marcaron el ritmo y la intensidad de una interpretación que deleitó a la afición y ensimismó a los rivales. A medida que la partitura se iba interpretando, la goleada se acercaba. Empezaron a llegar los goles.
Aprovechando un perfecto pase desde la divisoria de Xavi, que le dejó mano a mano con el portero, Álvaro Negredo abrió la lata con un zurdazo inapelable que fusiló al guardameta de Liechtenstein. El delantero del Sevilla, que estuvo muy activo desde el arranque del partido, está empeñado en abrirse paso y sacar el billete para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Sabe que para conseguirlo tiene que marcar muchos goles, y en ello está el ariete madrileño que también marcó el segundo de España. Villa tocó de espuela y Negredo, con el exterior del pie izquierdo, ejecutó junto al palo derecho. La orquesta ya estaba afinada y la composición resultaba magistral, acorde al director de orquesta, que también asumió su cuota de protagonismo. En su partido 103 con la selección española, Xavi transformó con mucha calidad una falta desde la frontal del área y demostró que su presencia ofensiva tampoco desmerece. El recital resultaba impagable: la gente quería goles, goles y más goles. Pocos partidos internaciones son propicios para una goleada de escándalo, pero éste era uno de ellos. Y el 3-0 con el que se llegó al descanso, le sabía a poco a más de uno.
A la vuelta de los vestuarios, el recital goleador siguió. Marcó el cuarto Sergio Ramos, casi sin querer, y a los pocos minutos llegó la manita gracias a un gol de Villa, que aprovechó un gran jugada hasta la línea de fondo de su paisano Juanín Mata. Y en esas estábamos cuando Las Gaunas se convirtió en una fiesta total con la entrada de Fernando Llorente al terreno de juego. Se desconoce si la afición riojana lo quiere más por ser hijo adoptivo de la localidad riojana de Rincón de Soto, por buen chaval, por extraordinario futbolista o por guapetón, una circunstancia que puntúa el doble. Lo demuestra la cerrada ovación de las cientos de aficionadas que entraron en éxtasis cuando vieron corretear por el césped al agraciado delantero. En eso, como en tantas otras cosas, ellas tienen la última palabra. Y a los demás no nos queda más que conformarnos con detalles más terrenales como el sexto tanto con el que se certificó la goleada. Un remate de Villa en la línea de gol que aprovechó un gran servicio de Xabi Alonso desde la derecha, y ya lleva 49 goles con la selección. La pena que sienten algunos porque El Guaje no pudo marcar ayer su gol número 50 con La Roja, es directamente proporcional a la que sienten ellas porque no marcase Llorente. Mondo cane.
Lo importante es que todos los instrumentos de la orquesta de Del Bosque volvieron a sonar perfectamente y el recital certificó la clasificación de España para la próxima Eurocopa, en la que tratará de revalidar el triunfo conseguido en Austria hace 3 años y coronar así el Everest del fútbol internacional: enlazar dos Eurocopas y el Mundial. Un reto fascinante por el que también luchará Thiago Alcántara, un virtuoso del balón que ayer debutó con la selección española, cerrando cualquier remota posibilidad de que Brasil nos lo arrebate. Una gran noticia. Todo es armonía en un equipo que suena a gloria.
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martes, 30 de agosto de 2011
¡Qué bueno es Messi!
En el deporte, como en la vida, puedes elegir entre lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo alegre y lo triste. Lejos de planteamientos individuales, en la vida casi todos podemos coincidir a la hora de definir el significado de estas aptitudes. En el fútbol ocurre lo mismo. Y el mejor ejemplo ha sido el partido de vuelta de la Supercopa de España entre el Barcelona y el Real Madrid. Hubo momentos buenos y malos, cosas positivas y negativas, y aspectos alegres y tristes. En este caso, la subjetividad puntúa al alza y cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Nos vamos conociendo y sabiendo quién es quién en este negocio. Por eso somos capaces de distinguir que el partido de anoche tuvo dos partes claramente diferenciadas: una parte atractiva, que valió la pena y en la que el fútbol brilló con luz propia, y otra parte más oscura, que envilece un espectáculo que atrae a millones de personas en todo el mundo. Y si hablamos de fútbol, una vez más, hay que hablar de Lionel Messi. Digámoslo claramente y desterremos los complejos: Messi es el fútbol.
Podemos recordar polémicas entre jugadores, duras entradas, gestos desagradables, miradas desafiantes, comentarios dantescos y comportamientos despreciables. Pero no. Eso no es fútbol. Quedémonos con lo bueno. Quedémonos con un partido en el que vimos 5 goles y que a nadie habrá dejado con una sensación de indiferencia después de verlo. Quedémonos con una generación de futbolistas que, independientemente de la camiseta que vistan ellos y vistamos nosotros, valen el precio de pagar una entrada al estadio o de pasar más de una hora y media pegados al televisor o a la radio. Fue una noche de fútbol del bueno. Vimos a Casillas, Valdés, Ramos, Alves, Pepe, Piqué, Khedira, Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Özil, Iniesta, Cristiano, Messi… También vimos el debut de Cesc Fábregas con la camiseta del Barça. Si por ver, hasta vimos de nuevo a Kaká con el que ya hacía tiempo que no nos encontrábamos en un partido de la máxima rivalidad. El resultado, eso sí, marca la diferencia entre un Real Madrid luchador, que se desfonda en el campo con tal de disparar entre los tres palos, y un Barcelona, que tiene tanta calidad que luce buen aspecto aún en estado embrionario. Porque este equipo todo lo que toca se convierte en oro y no pierde la elegancia ni aunque estemos en pleno verano.
El partido dio síntomas de por donde iba a transcurrir desde el primer minuto, cuando Cristiano lanzó un aviso a Valdés de que esta noche iba a tener trabajo. El Madrid salió revolucionado y taponó con oficio la circulación de balón del Barça, que se veía obligado a jugar en su propio campo por la presión asfixiante de un rival muy bien plantado sobre el terreno de juego. Pero, sin comerlo ni beberlo, el Madrid se encontró con el primer gol en su contra cuando no habían pasado ni 15 minutos desde el inicio. Messi quiso homenajear a Cesc Fábregas, se puso el traje de mediapunta y se inventó una jugada de tiralíneas que terminó con una precisa asistencia para Iniesta, que le puso el sombrero a la jugada ante la impotente mirada de Casillas. El golpe desencajó durante unos minutos al Madrid, pero los blancos no iban a perder de vista la victoria tan temprano. A la salida de un córner, Cristiano, al que nunca se puede descuidar, se quedó solo en el corazón del área y marcó a placer al primer toque. El empate alteró el ritmo del partido y los dos equipos se lanzaron misiles. Pedro, Cristiano, Özil y Messi pusieron a prueba la agilidad y los reflejos de Íker y Valdés, dos colosos bajo los palos.
Pero el Madrid estaba demasiado alterado y ese ritmo alocado lo aprovechó el Barça para acercarse sutilmente al gol. A este equipo le sobran paciencia, inteligencia y bazas para esperar sin perder los nervios sus oportunidades. Hasta que llegan los goles. Forzó un saque de esquina, Piqué aprovechó un barullo en el área para servir un vistoso taconazo que Messi no desaprovechó y culminó con frialdad ante Casillas. Fue un mazazo para el ímpetu madridista que se resume perfectamente en la imagen de Cristiano, arrodillado e impotente ante la majestuosa presencia del crack argentino. Una imagen que vale más que mil comparativas entre ambos jugadores. Los blancos se iban perdiendo al descanso y Mourinho se vio obligado a subir el ánimo de la tropa. Metió a Marcelo en sustitución de Khedira y el equipo ganó en capacidad ofensiva por las bandas. El encuentro se trabó y el carrete ofensivo de los azulgrana se detuvo. En esa tesitura, el Madrid ganó fuelle hasta que empató a la salida de otro córner gracias a Benzema, que actuó como el más listo de la clase y batió a Valdés con un remate seco después de una cadena de rebotes. Todo parecía ir encaminado hacia la prórroga.
El factor Cesc
Pero Guardiola es un hombre que sabe jugar sus cartas. Lo ha demostrado sobradamente desde que se sienta en el banquillo del Barça. Barajó sus cartas y se la jugó con un as: sacó a Cesc Fábregas al campo. Con un Camp Nou puesto en pie para rendir tributo al hijo pródigo, el Madrid perdió el paso y el baile se descompuso. No adivinó Mourinho ningún antídoto para la fórmula futbolística que dispuso su rival y dejó jugar a Cesc. El de Arenys tuvo metros para moverse a su antojo y, en una de sus primeras intervenciones, abrió a la banda derecha para la llegada de Adriano que sirvió un centro al corazón del área que cazó de primeras Messi para batir a Casillas y convertirse así en el máximo goleador de la historia de la Supercopa de España con 8 tantos. El argentino volvía a frustrar las esperanzas madridistas. Porque Messi es así. Cuando le pones a Casillas y la camiseta del Real Madrid delante, vuela y no le hace falta motor para aparecer en el momento oportuno. Lo lleva haciendo toda la vida y aún así sigue sorprendiendo a su rival preferido. Y eso que, paradójicamente, llevaba sin marcar un gol al equipo blanco en el Camp Nou desde el 13 de diciembre de 2008. Cosas del fútbol.
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lunes, 21 de febrero de 2011
Messi es el león del Barcelona
Cuando más lo necesitaba el Barcelona, Messi volvió a aparecer. Y lo hizo como mejor sabe: marcando. Para suerte de su equipo, el crack argentino reapareció en un momento clave. En el segundo tiempo, con empate a un gol en el marcador, para desnivelar el duro encuentro que le había planteado el Athletic al Barça. Es la forma que tiene ´La Pulga´ de demostrar que no cree en las malas rachas ni en los tópicos que sostienen que febrero es un mes triste para el conjunto azulgrana. Solo cree en el fútbol.
La tarde se antojaba complicada para los chicos de Guardiola. En un principio porque jugaba con la presión del Real Madrid, que tras su victoria del sábado ante el Levante se ponía a solo dos puntos del liderato. Además, a primera hora de la tarde del domingo saltó la noticia de la lesión del portero azulgrana Víctor Valdés, que se veía obligado a ceder su lugar en el arco a Pinto. La tradicional tendencia al fatalismo de algún culé invitaba a pensar en una tarde desfavorable para el Barça.
Pero una vez que echó a rodar el balón, las dudas desaparecieron del ambiente y el Barcelona se dedicó a hacer lo que más le gusta: jugar a fútbol. Y no tardó en marcar. A los 3 minutos, Villa puso a su equipo por delante en el marcador culminando una buena asistencia de Dani Alves al primer toque después de ganarle la espalda a los defensas del Athletic aprovechando una jugada que inició Xavi, que volvió a poner de manifiesto que él es uno de los hombres que mejor sabe jugar a este deporte. El Guaje ya le ha marcado 11 goles en 16 partidos al Athletic, y ya lleva 15 en la presente edición de la Liga. Números muy interesantes para un delantero superlativo; no obstante, conviene destacar que la posición de Alves estaba al límite del fuera de juego.
El gol no cambió el planteamiento de los hombres de Caparrós, que siguieron replegados y taparon los huecos al Barça a la espera de las apariciones de su delantero Fernando Llorente. Y Llorente apareció para fabricar una clara ocasión de gol en la que bailó a Piqué, sirvió al primer palo donde apareció Iraola para mandar el balón fuera. muy cerca del palo izquierdo de Pinto. Acto seguido, Villa estuvo a punto de reeditar el gol de la pasada jornada. Después volvió a aparecer Llorente para rematar un centro de Gabilondo que Pinto despejó con una estirada felina. Posiblemente fue el paradón de la jornada.
La entrada de Toquero al terreno de juego sirvió para exigir aún más a la defensa azulgrana. Y lo consiguió porque la defensa de Guardiola comenzó a dudar. A ello contribuye la ausencia de Puyol, que ha obligado a un reajuste general de la zaga. Fruto de esta inestabilidad vino el gol del empate. Abidal, que fue trasladado al lateral izquierdo, falló una cesión que recogió Llorente y se metió en el área donde se cruzó con Busquets, que lo derribó. El penalti lo transformó Iraola con un lanzamiento raso a la izquierda de Pinto. El empate obligaba al Barcelona a realizar un esfuerzo adicional para no dar aún más vida a la lucha por el título de Liga.
Piqué, que lleva un mes excesivamente dubitativo, casi se gana la expulsión por derribar a Toquero cuando éste enfilaba la meta de Pinto. El efecto de la entrada del delantero vitoriano atenazaba al Barcelona, pero en estas volvió a surgir el carácter ganador de Messi. El argentino se echó el equipo a la espalda y comenzó a asumir responsabilidades. Fue víctima de un penalti cometido por Javi Martínez que el árbitro no quiso señalar. El argentino no se rindió y siguió tirando combinaciones, paredes e intentando jugadas para espolear a sus compañeros que se empeñaron en desequilibrar el resultado. Y su insistencia al final obtuvo recompensa con una jugada muy parecida a la del primer gol del partido.
Abidal inició la jugada con una anticipación en defensa, combinó con Xavi, éste optó por una apertura a la banda derecha hacia la llegada de Dani Alves. El lateral brasileño centró y apareció Messi por el primer palo para finalizar con un sutil toque de primeras a media altura ante el que poco podía hacer Iraizoz. El Barça volvía a recurrir a su fórmula magistral futbolística para cambiar el signo de un complicado encuentro. La victoria ante el Athletic de Bilbao otorga una dosis extra de moral a los azulgranas que disfrutarán de una semana de descanso para preparar su próximo encuentro contra el Mallorca de un viejo conocido, Michael Laudrup.
LA FICHA TÉCNICA
Barcelona: Pinto; Alves, Piqué, Busquets, Abidal; Mascherano (Maxwell, min.65), Xavi, Iniesta; Messi, Villa (Keita, min.84) y Pedro (Afellay, min.90+2).
Athletic: Iraizoz, Iraola, Ekiza, Amorebieta, Koikili, Susaeta (David López, min.84), Javi Martínez, Gurpegi, Gabilondo (Munianin, min.71), Iturraspe (Toquero, min.46) y Llorente.
Goles: 1-0: Villa, min.4. 1-1: Iraola (p), min.50. 2-1: Messi, min.77.
Árbitro: Ramírez Domínguez (Colegio andaluz). Mostró tarjeta amarilla a Koikili (min.24), Iraola (min.32), Alves (min.36), Sergio Busquets (min.49), Piqué (min.52) y Guerpegui (min.90+2).
Incidencias: Partido de la 24ª jornada de Liga de Primera División disputado en el Camp Nou ante 83.533 espectadores. Las secciones del Barcelona baloncesto, fútbol sala y hockey patines aprovecharon el encuentro para ofrecer a la afición sus últimos títulos, sendas Copas del Rey, y una Copa Continental, respectivamente.
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