El Barcelona completa el mejor arranque liguero de su historia
Trabajada victoria blaugrana frente a un extraordinario Celta
Marcaron Adriano, Villa y Alba, en fuera de juego. Bermejo, para los vigueses
Tres goles y un biberón. Un día después de que Thiago Messi apareciera por este mundo, el Barcelona de Tito Vilanova dio a luz un nuevo récord. Firma el mejor arranque liguero de un entrenador en la historia del club blaugrana, con nueve triunfos y un empate en 10 jornadas. El empate a 2 que firmaron contra el Real Madrid en el Camp Nou es un pequeño islote en mitad del océano triunfal por el que navega imparable la nave del capitán Vilanova: 28 puntos de 30 posibles. Louis Van Gaal, que ostentaba la mejor plusmarca desde la temporada 1997-98, contempla desde la popa la envidiable singladura que lleva el transatlántico. Cruyff y Guardiola divisan con catalejo el rumbo victorioso, admirando la mano firme con la que Tito lo conduce. El marinero ejerce magistralmente de capitán. Lo reconocen los veteranos.
Como no todo van a ser flores en el bosque, Messi no marcó. E incluso terminó el partido con molestias en su rodilla derecha. El argentino quería marcar a toda costa para dedicarle el gol a su hijo, pero se quedó con las ganas. Se obcecó más de la cuenta y su excesivo afán de protagonismo quedó retratado en la jugada que no concretó porque quiso ser el niño en el bautizo. Y ni había bautizo, ni banquete. Pudo haberlo, pero Papá Messi se recreó ante Javi Varas y perdió la oportunidad de brindarle el primer tanto a su vástago. No le faltarán oportunidades. Quizás cuando no se encuentre delante con Varas, que ya le paró un penalti la pasada temporada, se le iluminará la bombilla y podrá definir con mayor precisión. El orgullo paternal y personal, después de ofrecer la Bota de Oro al respetable del Camp Nou, le jugaron una mala pasada. Los genios también estornudan.
En la fiesta de Messi se coló un extraordinario Celta. Ofrece un fútbol de quilates el conjunto de Paco Herrera, que cuenta con un futbolista majestuoso: Iago Aspas, hombre sin complejos, atrevido y de mucho talento. El pontevedrés se mueve con peligro por todo el frente de ataque, es muy rápido y se sabe asociar con sus compañeros. Da gusto verlo. Pueden presumir en Vigo de tener en su equipo a un jugador tan desequilibrante. Pero eso no debe restar mérito al entrenador. Herrera, que se reencontró en el Camp Nou con su pupilo Vilanova, al que entrenó en el Badajoz. Esta vez, el alumno le ganó la partida al profesor aunque no se puede desdeñar el planteamiento del técnico visitante, que consiguió en varias contras sacarle las costuras al Barcelona. Fútbol valiente.
Con la presencia de Busquets y Mascherano en el centro de la defensa, Vilanova apostó por la salida fluida del balón. Jugaron adelantados para asociarse con facilidad con los mediocentros y de esto se aprovechó el Celta. Busquets era el péndulo del reloj: reculaba cuando tocaba defender y se adelantaba en los ataques. No fue una buena idea porque el equipo vigués se aprovechó de su desconcertante movimiento y creó peligro. La mejor ocasión fue un mano a mano de Aspas contra Valdés, que salvó milagrosamente el portero del Barça. Al final, Busquets se vio obligado a fijar su demarcación en el centro de la zaga. Su tarea se limitaría a cortar balones y a facilitar la circulación del esférico. Sin más. Sincronizados los relojes, se sucedieron las operaciones ofensivas del equipo blaugrana. En una de esas marcó Adriano aprovechándose de una buena combinación con Pedro Rodríguez. Entre tanto delantero, el de Coritiba se hizo fuerte en el área rival y marcó su tercer gol en esta Liga, convirtiéndose junto a San José en el defensa más goleador del campeonato. Desgraciadamente para él, se lesionó en esa jugada en el aductor de su pierna derecha y estará tres semanas de baja.
Pero el Celta no estaba dispuesto a servir el banquete por el nacimiento de Thiago Messi. Mario Bermejo, que ha marcado 2 goles en los 2 partidos que ha jugado en el Camp Nou, se aprovechó del rechace de Valdés tras un mano a mano con Alex López y estableció el empate. Los vigueses encontraron una autopista por la derecha y de ahí nació la contra de Krohn-Dehli que culminó el delantero santanderino. El partido estaba loco. Y tuvo que ser David Villa el que calmase la situación. El delantero más eficaz de la actual edición de la Liga BBVA (1 gol cada 54 minutos) no desperdició una impresionante incursión de Iniesta, por la izquierda, hasta la línea de fondo. Villa, que jugó de extremo izquierdo, inquietó constantemente a los zagueros vigueses. Aunque no lo inviten, El Guaje acude a todos los saraos.
La lesión de Adriano obigó a Vilanova a hacer cambios en el once. Metió a Alves en su lugar y a Bartra por Cesc. Un cambio que aplaudió Busquets porque le permitió recuperar su posición privilegiada en el centro del campo. Justo en la reanudación, Aspas, el mago celtiña, se plantó en el área de Valdés, se escoró demasiado, pero aun así se sacó del interior de su bota izquierda un remate con veneno que se perdió por un palmo a la derecha de la portería de Valdés. Después llegó la polémica. Motivado por el gol de Adriano, demostrando que el zaguero brasileño no tiene la exclusividad goleadora en la defensa blaugrana, Jordi Alba lanzó un órdago a la grande, se sumó al ataque para tratar de transformar la ocasión que antes había desperdiciado Messi y no falló. Pero la jugada está ensombrecida porque Alba estaba en posición antireglamentaria. Fernández Borbalán lo pasó por alto y el segundo tanto liguero del ex defensa del Valencia sentenció un animado partido. El Celta bajó los brazos, el ritmo paró y los invitados se fueron a sus respectivas casas.
El resultado mantiene al Barcelona en lo más alto de la clasificación. Messi no le pudo dedicar un gol a Thiago y se marchó tocado del terreno de juego, pero al menos puede estar contento porque su reciente paternidad no le impidió disputar un vibrante partido. Y el primer biberón para Messi Junior tiene forma de 3 puntos escritos con letras de récord histórico. A la salud de Vilanova.
