
Ayer se celebró el Día de los Santos Inocentes. Todos hemos podido ser autores y víctimas de alguna inocentada, acorde a una vieja tradición que se conmemora cada 28 de diciembre. En este espacio no voy a hacer ninguna. No procede. Primero porque no pretendo molestar a nadie, ni ofender a la gente que se puede sentir mal embromada. Y también porque en estos días han ocurrido tantas cosas (como la crisis financira global que sigue afectando a todos los ciudadanos, el temporal que ha producido un desprendimiento en el santuario de Montserrat (Barcelona) que ha atrapado a 1.500 personas, o la última ofensiva israelí sobre la ciudad de Gaza que ha dejado un rastro terrible de fallecidos y heridos), que desgraciadamente ya no hay barbaridad que nos parezca irreal.
Así que he preferido sumarme a la singularidad del día presentándome tal como era unos cuantos años atrás, cuando vivía en la inocencia, en el delicioso país de Nunca Jamás. No me resisto a abandonar ese lugar tan agradable, donde todos los sueños se hacen realidad. Y lo hago porque es así como quiero sentir la vida, como un mundo mágico de héroes y victorias, donde las trampas y los malos salen siempre derrotados, igual que el Capitán Garfio ante Peter Pan. Sé que pasan muchas cosas malas, y me preocupan, pero vivo con la ilusión permanente de que el mundo es, sobre todo, lo contrario: nobleza, superación, magia, ejemplo. Sentirlo así es lo que me hace tan agradable despertar cada mañana. Manteniendo ese espíritu que me ha guiado durante toda mi existencia. Ese ánimo de jugar, saltar, correr, reir y llorar que ya ponía en práctica dese bien pequeño cuando jugaba con los patos,las ocas, los pavos reales y las palomas en el parque Isabel la Católica. Pensando y sintiendo libremente como ese personaje de dibujos animados que se resistía a crecer y que vivía junto a un grupo de niños con el mismo rango de edad que él, a los que llamaba Niños Perdidos. Y todo en una isla donde conviven piratas, hadas y sirenas en donde se viven numerosas aventuras fantásticas durante toda la eternidad. Así es mi vida.
Y me presento así también en homenaje a esos niños que ya han iniciado en Gran Canaria el campeonato Alevín de Fútbol 7. Una maravilla, ese clásico torneo de verano y de invierno, que mantiene vivo con su esfuerzo otro niño grande, el periodista José Ramón de la Morena, al que la vida ha dado poder y sabe utilizarlo para bien. Fútbol limpio y puro, sin codazos que abren cabezas o rompen narices, sin penaltis fingidos, sin acosos al árbitro. Fútbol jugado desde la nobleza y la inocencia, como fue concebido. Fútbol de niños para disfrute de todos nosotros, niños también cuando les vemos. Yo el primero que me miro en el espejo de los Andrés Iniesta, Cesc Fábregas, Fernando Torres, Iker Casillas, Fernando Llorente y Bojan Krkic del futuro. Todos se guían por un admirable afán de superación y una valentía imperturbable. Esa inocencia por no crecer nunca es la que reflejan Dani Martín y el resto de componentes de El Canto del Loco en su nuevo éxito "Peter Pan". Os la recomiendo. Es una gran canción.
No hay comentarios:
Publicar un comentario