
1.32 a.m. En plenas Navidades, mis preocupaciones son otras. Mis quebraderos de cabeza se dirigen a una fecha en concreto: la noche de fin de año. El día del desmadre, la pasión y la alegría. La pregunta surge sola. ¿Dónde celebrar la Nochevieja? En principio, aprovechando que éste es un bar abierto al mundo y que aquí se valoran todas las opciones, hay que recordar las muchas opciones que tenemos para recibir el 2009. Se puede optar por una noche loca en una casa rural o apartamento; cena más cotillón de gala, que puede incluir alojamiento; y una macrofiesta en un ambiente de desenfreno y locura. Los precios son variados; van desde los 12 hasta los 200 euros dependiendo de las características del fiestorro en cuestión. Oasis, Jardín y Castiello son las opciones que barajo en estos momentos. Las dos primeras propuestas pierden fuerza ante la tercera, una mega celebración en un llagar imponente con sidra, música a todo trapo, chocolate con churros, autobús y, sobre todo, chicas, a la que acudirán mis amigos Jorge, Bayón, Paco, Cova y Jose, entre otros. Interesante y prometedora propuesta pero tremendamente sofocante y cara (65 euros). Es cuestión de opiniones, como todas las cosas.
El caso es que aún no tengo entrada. El personal no perdona una noche tan especial y la venta de localidades marcha a un ritmo frenético. Mis amigos ya tienen las suyas y me invitan a sumarme a su juerga. Pero no me decido y el tiempo pasa. Agradezco su invitación y valoro su compañía. Salimos frecuentemente y no me gusta fallar en una fecha tan señalada. Un día de esos en los que, pase lo que pase, se recuerda todo aunque no se haga nada del otro mundo. Me acuerdo perfectamente de la noche del pasado año, a pesar de que salí y volví para casa en cuestión de 45 minutos. Luego llegaron las quejas, las decepciones y, ahora, las invitaciones. Se me propone un cambio radical. Es cuestión de animarse. Lo acepto y me resulta tentador pero, en un día tan marcado, no quiero equivocarme. La noche va de riesgos, lo sé. Y la liebre puede saltar en cualquier momento. Prefiero jugar con libertad, sin ataduras ni compromisos. Quiero pasarlo bien con mis amigos, pero también me gustaría seguir mi propio criterio sin amarres, deslices y dudas. Marcar mi territorio y dejarme llevar por mis convicciones hasta donde pueda llegar.
Entonces surge la propuesta de Pablo y su corte de camaradas. En principio, no parecen dispuestos a invertir en una mega fiesta, donde podrían terminar agobiados por el ambiente y las circunstancias. Van a lo seguro, o sea, a lo conocido. Ir de bares, la práctica habitual. Una buena fórmula para salir en Nochevieja sin límites horarios y trifulcas no deseadas e inesperadas. Si el sistema da resultado normalmente, ¿por qué no va a funcionar el 1 de enero? Comprendo su sencillo método y me sumo a su causa. Que cuenten conmigo. No quiero imprevistos ni lamentaciones, del tipo "a buenas horas decidí venir a este antro". Después de mucho pensar y consultar, he llegado a la conclusión de que vale más jugar sobre seguro. Tengo comprobado que no conviene comenzar mal el año y prefiero apostar con garantías. Más aún, en una situación como la actual tan necesitada de incentivos. Quién sabe si esta opción traerá agradables sorpresas y terminará con la sequía. Dejo en el aire la duda.
Conclusión: la opción que me ofrecen Jorge, Bayón, Cova y Paco es muy atractiva, sí, pero no lo veo del todo claro. Y las dudas son malas consejeras cuando se trata de decidir la fiesta de fin de año, que no suele perdonar los errores. No le quiero dar más vueltas. Así que me ahorraré los 65 euros de Castiello y los dejaré a buen recaudo (lejos del inefable Madoff y sus maneras especulativas con los dineros). Vuelvo al método empleado en las Nocheviejas de 2006 y 2007 cuando opté por salir a mi rollo. La cosa no fue mal y, en ambos casos, me lo pasé francamente bien con mis colegas. Estoy seguro de que, pase lo que pase el próximo 1 de enero, sacaré algo positivo de esa noche. Para animar los momentos previos, y cumpliendo con lo prometido en una entrada anterior, voy a amenizar la espera con un video muy especial. El fútbol descansa por Navidad y hay que rebobinar para vibrar con los goles pero el entusiasmo no se puede embalsamar. Hoy se cumplen 25 años del 12-1 de España a Malta y, siguiendo con el capítulo de grandes momentos vividos por nuestra selección, incluyo los mejores momentos de la final de los Juegos Olímpicos de Barcelona disputada el 8 de agosto de 1992. La primera medalla de oro conseguida por los nuestros. Un gran triunfo. Espero que os guste. Y la cosa no se queda aquí porque aún me guardo muchas y agradables sorpresas en la recámara.
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