
0.16 A.M. ¡Cómo está el patio! Asombrado me hayo, que diría un buen amigo. Vayamos por partes. Escucho a Abellán desvelar en "El Tirachinas" los trapos sucios del Real Madrid y directamente alucino. Este periodista denuncia que una empresa dedicada al márketing y a la organización de eventos revende entradas destinadas a protocolo que corresponden a localidades de Palco VIP del Santiago Bernabéu por un precio astronómico. Al parecer, se están enriqueciendo algunas personas que no tienen nada que ver con el equipo madridista pero sí podrían tener vínculos con el presidente merengue, Ramón Calderón. Un movidón. Si se demuestra lo que denuncia la Cope, es corrupción pura y dura. No creo que se basen en simples fotocopias para sacar a la luz semejante disparate que confirmaría que el Madrid está podrido y sus actuales directivos deberían irse a prisión con viento fresco. Por la salud de esa institución y del fútbol español. No conviene pasar por alto estas prácticas grasientas de unos cuantos golfos que podrían estar llenando sus asquerosos bolsillos en plena crisis financiera global.
No, no quería hablar de la dichosa crisis en este bar pero parece que todo lleva a lo mismo. Y ahí fuera no se habla de otra cosa. O sí, pero abulta poco. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Poco a poco, cada vez somos más los que estamos marcados por esta coyuntura económica que está agotando la liquidez de las empresas. Entiendo poco de asuntos económicos, pero estoy al corriente, por si las moscas. Comprendo algunas denuncias de la oposición y las explicaciones del Gobierno, pero desconozco de que lado está la razón, sé que de mi lado, el de los ciudadanos corrientes, el de los más débiles. Aquellos que son las víctimas directas de los escalofriantes datos del paro en España. No se puede ocultar la realidad durante más tiempo. Según los últimos datos registrados por los Servicios Públicos de Empleo, el número de desempleados se incrementó en 171.243 personas durante el pasado mes de noviembre, lo que sitúa el número total de parados en 2.989.269 personas, un 6,08% más que un mes antes y la mayor cifra desde febrero de 1996. Vaya tela. Se empieza a rozar el umbral de los tres millones y lo peor está por venir. Dice el vicepresidente del Gobierno y ministro de economía, el "entrañable" Pedro Solbes, que 2009 va a ser todavía peor que 2008. Gracias por la información, señor. Le podríamos contestar al buen hombre pero ni es el momento de los agradecimientos ni somos máquinas expendedoras de tabaco que, tras vender el producto, dicen: "Su tabaco, gracias". Es el turno de las exigencias, es el momento de exigir la aplicación de medidas solventes para terminar con esta sangría que afecta a los trabajadores. Sirva como botón de muestra que la mayoría de mis amigos (unas 10 personas) no tiene trabajo y que salvan los muebles con chollos puntuales que les permiten sobrevivir. ¿A quién hay que apuntar? Lo desconozco. No sé quien puede ser el responsable de esta crisis, pero ruego soluciones eficaces y urgentes para el mercado laboral. De lo contrario, la confianza se podría resentir en las urnas y no me parece que estén los políticos para andarse con bromas. Confío en mi Gobierno, insisto, pero le solicito que se ponga a trabajar con urgencia para que todos nos vayamos colocando donde nos corresponde y aspiramos.
Una colega, que acaba de padecer en sus carnes los daños colaterales de esta vergonzosa realidad al no ser renovada en su puesto de trabajo, me lo decía bien claro en un mensaje: "Pues sí, es lo que se lleva ahora, estar apuntando en el Inem". Como si fuera una moda. Pero no lo es, por desgracia. Muchos están viviendo con la soga al cuello por esta desagradable tendencia y no se puede permitir que se prolongue hasta el año que viene. Con este panorama se justifican las nulas, o escasas, posibilidades que tengo de progresar laboralmente. Se suceden los despidos, las rescisiones de contratos precarios y se aprovechan las rescisiones de los compromisos laborales para justificar salidas. Así estamos. Y me rebelo. La esclavitud se abolió hace siglos. "Aguanta, aguanta, que ya te surgirá algo mejor", dirán algunos. Y yo respondo "no", porque esa mentalidad conservadora no es propia del siglo XXI. Si se hubiese pensado así, no se hubiera acabado con los trabajos esclavos. Todo evoluciona y la juventud ya no se cruza de brazos, con pasotismo, resignada a su suerte. Podemos y debemos cumplir nuestros sueños. Por convicciones, por principios. Sigamos el famoso "Yes, we can!". Debemos y podemos cambiar esta situación, señores políticos.
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