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martes, 26 de marzo de 2013

Un año con mucha vida

El Barcelona despide un 2012 protagonizado por Guardiola, Vilanova, Abidal y Messi


Cuando el aficionado eche un vistazo al álbum de fotos del año del Fútbol Club Barcelona, tendrá muchas dificultades para quedarse con una. Han sido muchas las imágenes que ha dejado 2012 para el equipo azulgrana. Más que elegir una foto, elegirá nombres. Los nombres y apellidos de los protagonistas que han sido noticia en los últimos 12 meses. Y entre los diversos protagonistas le resultará muy complicado destacar a uno: Pep Guardiola, Tito Vilanova, Leo Messi, Eric Abidal… Las historias por encima de los resultados. Las personas por delante de los deportistas. Menos títulos pero más vidas. La dificultad para elegir un solo instante y a un único protagonista se comienzan a manifestar desde las primeras páginas del desplegable. Las emociones comenzaron muy pronto. Allá por el mes de enero.

Pronto se comprobó que 2012 iba a ser un año muy intenso para el barcelonismo. En enero disputaron un doble duelo con el Real Madrid en los cuartos de final de la Copa del Rey. La ida se jugó en el Santiago Bernabéu y, como es tradición en cada clásico del siglo, hubo un torbellino de emociones. 1-2 para el Barça gracias a los goles de Puyol y Abidal. Dos defensas se encargaron de remontar el gol inicial de Cristiano Ronaldo. Pero la imagen del partido fue el pisotón de Pepe a Messi en la mano. Esas imágenes polémicas que nunca gusta ver sobre un terreno de juego. Fue el reflejo de un duelo al sol, sin concesiones, que dejó todo abierto para el partido de vuelta en el Camp Nou. En la Ciudad Condal, la igualdad fue mayor si cabe a pesar de que los azulgranas dispusieron de un 2-0 a su favor, golazo incluido de Dani Alves, pero los blancos remontaron, empataron y a punto estuvieron de dar la vuelta a la eliminatoria y clasificarse para semifinales. Al final, el Barça salvó los muebles y superó con éxito el primer gran reto de la temporada. Mientras, la Liga se ponía muy cuesta arriba, a 7 puntos del Madrid, y Messi dedicando su tercer Balón de Oro a la afición. Cada genio con su tema.


La preocupación no solo se explicaba por la clasificación en la Liga. En febrero, las miradas de incertidumbre también apuntaban a la enfermería. Alexis, Pedro y Xavi estaban tocados y Guardiola urgía al cuerpo médico a resolver el misterio de las lesiones. El bálsamo era la Copa. No iba a resultar sencillo administrar esa anestesia copera porque las semifinales contra el Valencia presentaban muchas aristas, pero el Barcelona solventó la papeleta con autoridad ante un buen equipo. Tras empatar a un gol en Mestalla, gracias a un testarazo de Puyol, todo se resolvió en el Camp Nou con un 2-0 que clasificó a los azulgranas para la gran final contra el Athletic de Bilbao. La final de los reyes de Copas. La reedición del duelo de 2009 en Mestalla. Una oportunidad para la revancha de los leones. Mientras, las opciones de ganar la cuarta Liga consecutiva se seguían desvaneciendo después de la derrota ante Osasuna en el Reyno de Navarra y que elevó a 10 puntos la distancia con el Real Madrid. Febrero también fue el mes en que aumentaron los rumores de la posible marcha de Guardiola al acabar la temporada. Messi, por su parte, impresionaba al mundo marcando 4 goles al Valencia y todas las ilusiones estaban puestas en la Champions League. Los goles de Alexis y Messi al Bayer Leverkussen en el BayArena dejaban más cerca los cuartos de final.


Pero fue en marzo cuando se vivió una de las noche más mágicas del año azulgrana. En la Copa de Europa, el partido de vuelta de los octavos contra el Bayer Leverkussen se convirtió en el partido de Messi. El argentino se vistió de historia y marcó 5 goles, convirtiéndose en el primer jugador que lo consigue en la Champions. El mundo entero contemplaba asombrado una nueva hazaña del futbolista 10 y soñaba con un Barça-Madrid en la final del torneo. En este mes comenzaron los cuartos de final de la Champions con un empate a cero en Milan y se animó la pelea por el título de Liga después de los empates del Madrid ante el Málaga en el Bernabéu y el Villarreal en El Madrigal; la distancia se rebajó a 6 puntos. Aunque la peor noticia de este mes saltó el 15 de marzo cuando el Barcelona anunció en un comunicado, justo un año después de la detección del tumor y tras ser intervenido posteriormente, que Eric Abidal sería sometido a un trasplante de hígado. Todo el fútbol mandó mensajes de apoyo al defensa francés porque, a partir de ese momento, el mayor triunfo del año iba a ser su recuperación.


La temporada llegaba a su recta final. Abril fue el mes decisivo. Todos confiaban en que saliese cara. Pero salió cruz. Tras acercarse a 4 puntos del Real Madrid, después de su empate en casa ante el Valencia, las últimas jornadas de la Liga fueron de infarto. El Barcelona goleó al Getafe y ganó por la mínima al Levante en el Ciudad de Valencia antes de jugárselo a todo o nada contra su eterno rival en el Camp Nou. Ese clásico sí que fue un partido del siglo de verdad porque dilucidó las opciones ligueras de ambos equipos. El Barça confiaba en la inspiración de Messi y un gran planteamiento estratégico de Guardiola para tumbar al Madrid. Pero los de Mourinho, con Cristiano al frente, autor del gol decisivo, desactivaron al crack argentino, vencieron (1-2) en la Ciudad Condal y sentenciaron la Liga.
Todas las esperanzas de los culés pasaron a estar en la Copa de Europa. Tras caer (1-0) en Stamford Bridge ante el Chelsea, después de una posesión de escándalo y un chorreo de ocasiones, se aferraron a Messi y a la genialidad de sus futbolistas para dar la vuelta a la eliminatoria en el Camp Nou y clasificarse así para otra final. Confiaban en que la mala suerte se había acabado ya. La cosa se puso de cara gracias a los goles de Busquets e Iniesta. 2-0 a los 43 minutos. Ni en los guiones más optimistas. Pero todo se enfrió antes del descanso, cuando Ramires recortó distancias y sembró el desconcierto entre el barcelonismo. En la segunda parte, el Barça dispuso de varias ocasiones, incluyendo un penalti que Messi estrelló en el larguero y otro disparo del argentino al palo, pero fue incapaz de marcar otro gol a pesar de que encerraron al equipo inglés en su campo. Cerrojazo a la inglesa. En plena ofensiva barcelonista, a un suspiro de la finalización del encuentro, el Chelsea lanzó una contra letal que finalizó Fernando Torres. La puntilla. El Niño firmó la sentencia más dolorosa. Adiós a las opciones de revalidar título. Ningún equipo ha conseguido hasta ahora repetir victoria en la Copa de Europa.

Y para culminar un mes de abril maldito, Guardiola confirmó los rumores y anunció su intención de dejar de entrenar al Barcelona para tomarse un año sabático. Máxima conmoción entre los barcelonistas porque nadie se quería creer que el de Santpedor se iba a levantar del banquillo culé. Desgastado, vaciado y presionado, el entrenador más laureado en la historia del club decidía dar un paso al costado para reflexionar y recuperar fuerzas. Después de muchos meses sin despejar la incógnita sobre su futuro, de aplazar su respuesta a las reiteradas y millonarias ofertas de renovación, Guardiola dio por cerrada la etapa más brillante en la historia del club. Su sustituto iba a ser su mano derecha, Tito Vilanova. Un hombre de la casa, que había sido también partícipe de los éxitos logrados por la entidad azulgrana. La apuesta, arriesgada, solo el tiempo se encargará de dilucidar si fue acertada o no, parece un relevo natural para mantener vigente la idea futbolística promulgada por el “guardiolismo”. Para la historia queda el discurso que Guardiola, visiblemente emocionado, dedicó a su afición en el Camp Nou después del partido de Liga ante el Espanyol y el posterior paseo por el césped del coliseo azulgrana junto a su familia.



Ya en mayo, Messi estableció un récord histórico al ganar el pichichi marcando 50 goles. El Barcelona se preparó a conciencia para despedir a Guardiola con un nuevo título. La final de la Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao en el Vicente Calderón era una oportunidad inmejorable de brindar una gran despedida al entrenador que revolucionó el fútbol español. Y ejerciendo de buen rey de Copas, con doblete de Pedro y uno de Messi, el Barça arrolló al Athletic y dedicó la victoria al de Santpedor. Despedida triunfal de Pep después de ganar 14 títulos de 19 posibles. Una marca histórica, que tardará muchos años en batirse, si es que existe algún entrenador capaz de superar semejante registro. Para la historia queda la imagen de Xavi levantando al cielo de Madrid la Copa, tras un gran detalle del capitán, Carles Puyol, que le permitió levantar el trofeo a su compañero y amigo.


En junio, Valdés, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta, Fábregas y Pedro se proclamaron campeones de la Eurocopa con la selección española y rubricaron de la mejor manera posible la temporada. Llegó la hora de descansar para los futbolistas, aunque el trabajo pasó a concentrarse en los despachos, como es habitual en el verano. Jordi Alba y Alexandre Song fueron los dos fichajes estivales; Keita, Afellay y Fontás, por su parte, abandonaron la nave azulgrana. Julio se dedicó al tradicional tiempo de pretemporada: pruebas, acoplamiento y adaptación al nuevo concepto futbolístico que promulga Vilanova. En pleno mes de agosto, arrancó una nueva edición del campeonato nacional de Liga. La expectación era máxima porque el Barcelona iniciaba el primer año de Vilanova. Y entre medias, la Supercopa de España contra el Real Madrid. Primer asalto del Barça de Tito contra el Madrid de Mourinho. El Barcelona se impuso en el partido de ida en el Camp Nou, pero el gol de Di María, precedido de un fallo garrafal de Valdés, alimentó las opciones madridistas para la vuelta. Y en el Bernabéu, el Madrid se impuso por la mínima y se llevó el primer torneo de la temporada, aunque los azulgranas asustaron al madridismo y Messi casi empata el partido en los últimos minutos, lo que le hubiese dado el primer trofeo de la temporada a los barcelonistas.


En septiembre se comenzó a percibir que la andadura del Barcelona por la Liga iba a resultar imparable. En la cuarta jornada, el Real Madrid ya estaba a 8 puntos después de su derrota en Sevilla, mientras que el Barcelona superaba con solvencia sus partidos guiado por los goles de Messi. Victorias en casa ante Valencia y Granada, y a domicilio frente a Getafe y Sevilla, para terminar el mes como líder destacado de la Liga BBVA. Mientras que en la Champions debutó con buen pie tras remontar al Spartak de Emery con dos goles de Messi. Y que el ritmo no pare.
A principios de octubre volvió a la Liga el gran clásico del fútbol mundial. Empate a 2 goles en un apasionante partido con goles de Messi y Cristiano. En la primera parte puso el fútbol el Real Madrid, mientras que el Barça se entonó en la segunda y dispuso de ocasiones para ganar el partido. En la Liga también se vivió otro extraordinario partido ante el Deportivo en Riazor. 4-5 para los azulgranas, con hat-trick de Messi. El argentino marcó otro doblete ante el Rayo en la manita que el equipo de Tito le infligió al conjunto vallecano. De este modo consiguió su segunda Bota de Oro que le distingue como el máximo goleador europeo. Merecido galardón. El Atlético de Madrid se convirtió en el inmediato perseguidor azulgrana en la clasificación liguera y este mes también se produjo la concesión del premio Príncipe de Asturias a uno de los estándartes del barcelonismo, Xavi Hernández, que recogió el galardón junto al capitán del Real Madrid, Íker Casillas. Un premio a la amistad que prevalece por encima de colores y rivalidades futbolísticas. El juego limpio por bandera.
Recién nacido el mes de noviembre, vino Thiago Messi al mundo y el Barça firmó el mejor arranque de su historia tras vencer al Celta en el Camp Nou. Concatenación de buenas noticias. La extraordinaria andadura azulgrana no se vio ensombrecida ni por la derrota ante el Celtic en Champions. No pasará a la historia esa derrota salvo por un motivo feliz para el barcelonismo: Messi le dedicó su primer gol a su hijo. Y la máquina no se detuvo en este punto ni mucho menos. Con su doblete en Mallorca, Messi, con 76 goles, superó a Pelé. Una marca extraordinaria, pero temporal, que solo fue la antesala de lo que estaba por venir. El argentino salía a gol por partido y comenzaba a otear en el horizonte una plusmarca histórica de 85 tantos que había logrado Gerd Müller en 1972. Tras marcar dos dobletes ante el Zaragoza en la Liga y el Spartak en la Champions, se situó a solo 5 del alemán. Todas las miradas se centraban en la impresionante racha goleadora del argentino, que coincidía con la imperial marcha culé por la Liga que le distanció 11 puntos del Real Madrid y le consolidó como líder destacado del campeonato por delante del Atlético.
Tito y Messi se repartieron el protagonismo en el último mes de 2012. Diciembre fue un mes raro, de situaciones encontradas y sentimientos cruzados. Por un lado, el entrenador fue protagonista al entrar en la leyenda por ser el entrenador del equipo que firmó el mejor arranque en la historia de la Liga española (13 triunfos y un empate). El otro motivo, su recaída en esa dichosa enfermedad llamada cáncer, representa la tan temible negatividad. Lógicamente, Vilanova tuvo que abandonar la actividad para centrarse en la recuperación. Lo sustituyó Jordi Roura.
Aporta la necesaria dosis de felicidad, por su parte, el argentino que, con su doblete ante el Betis en el Ruiz de Lopera, superó lo que parecía inalcanzable hasta el 9 de diciembre de 2012: el récord de Müller de 85 goles en un año. Pero la voracidad goleadora del argentino no se paró ahí. Siguió goleando y dejó la plusmarca en 90 goles tras su tanto ante el Valladolid en Zorrilla en la última jornada liguera del año 2012. Tardaremos muchos años en vivir algo parecido. O quizás no. Porque el propio Messi puede ser capaz de superar su propio récord a medio plazo. Todo es posible con este colosal futbolista, que tiene un reto permanente contra sí mismo por ser cada vez más legendario. Entretanto, Villa lucha por ganarse un hueco en el once barcelonista para acallar los rumores que le sitúan lejos de Barcelona.

La marcha de Guardiola, el comienzo del ciclo de Vilanova, la victoria en la Copa del Rey, la andadura triunfal del equipo de Tito, los goles de Messi… Hay mucho donde elegir para resumir lo que ha significado el año 2012 para el Fútbol Club Barcelona. Deportivamente ha tenido más nubes que claros, a pesar de que no ganaron ni la Liga ni la Champions de la pasada campaña; no obstante, el extraordinario comienzo de la temporada 2012-13 y las plusmarcas goleadoras del incansable crack argentino abrillantan el balance azulgrana. Pero la principal lectura a extraer del año barcelonista es el ejemplo de superación que representa este equipo y cuyos máximos exponentes son Abidal y Tito. Aquejados de una complicada enfermedad, ambos han decidido no rendirse para demostrar que todo es posible. Sus ejemplos, el legado de Guardiola y los goles de Messi demuestran que, en la vida como en el deporte, se puede aspirar a cualquier cosa, incluso a la felicidad. Y que a la negatividad se la derrota a base de goles y sonrisas.



miércoles, 25 de abril de 2012

Un final no apto para niños


Absténganse los culés más jóvenes de continuar leyendo esta crónica. Puede herir su sensibilidad. El Barcelona cayó ayer en la Copa de Europa de la manera más cruel. Víctima de un gol de ese al que llamaban "Fallando" Torres. De un muchacho de Fuenlabrada de eterno aspecto infantil. Un futbolista acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre, en las dudas, en un pero continuo. Por cada halago recibe un palo. Que si tiene grandes condiciones técnicas y físicas, pero le cuesta convivir con la presión; que si tiene mucho futuro, pero no se merece ser una estrella porque el Chelsea pagó demasiado por él (58,5 millones de euros); que si asume muchas responsabilidades y tiene mucho futuro, pero le falta instinto asesino y es la eterna promesa... Pues si no quieres taza, toma taza y media. Ayer, Torres les dijo a sus detractores "aquí estoy yo" y se reivindicó en el Camp Nou para caldear aún más el ambiente de una olla a presión en la que El Niño quiso administrar la dosis letal al Barça.

El partido fue una película de suspense, que tuvo ritmo rápido, acción frecuente, héroes ingeniosos y poderosos villanos. Máxima tensión. Alto riesgo. Un vertiginoso guión que se comenzó a escribir desde los minutos previos al inicio del encuentro gracias a la piña de los azulgranas y al ambientazo en las gradas del Camp Nou. Y en cuanto echó a rodar el balón, se dispararon las pulsaciones. El Barcelona tomó el control del esférico y comenzó a acosar la meta de Petr Cech. Pero la noche tenía preparadas fuertes emociones para los culés. Era un encuentro no recomendado para menores de 12 años. Tampoco para los más mayores por aquello de los peligros de los corazones cuando hiperventilan en exceso. Fruto de esa incertidumbre llegó un choque que revolucionó los corazones de la "gent" blaugrana. Valdés salió con todo a despejar el balón tras un saque en largo y se llevó un trompazo con su compañero Piqué, que permaneció tendido en el terreno de juego durante varios angustiosos minutos. Fue tan duro este choque que Piqué se quedó groggy y, después de varios dimes y diretes con Guardiola, tuvo que abandonar el terreno de juego para dejar paso a Alves, que hizo las veces de lateral.

A pesar de la mala noticia de la retirada de Piqué del frente de batalla, la táctica de máximo ataque del Barça no se detuvo. Continuaron las aproximaciones a la portería del equipo inglés, aunque en cada descuido defensivo, el eterno y solitario delantero de los blues, Didier Drogba, causaba estragos. En una de sus llegadas, el marfileño se fue de Piqué tras un saque en largo de Cech y, tras escorarse demasiado, no pudo superar a Valdés. A partir de esta jugada, el partido fue un monólogo del Barcelona. Parecía un partido de balonmano. El Chelsea se convirtió defendió con diez hombres que se plantaron en la frontal de su área y al Barcelona no le quedó más remedio que mover con paciencia el balón de un lado a otro para crear situaciones de superioridad hasta batir a Cech. Absoluta perseverancia de los azulgranas hasta que se abrieron las aguas gracias a una incursión de Isaac Cuenca por la izquierda, sirvió un pase atrás a Busquets que, con frialdad, mandó a la red. No se terminaron aquí las buenas noticias para los hombres de Guardiola porque no habían pasado ni dos minutos del gol de "Busi" cuando llegó la fechoría de Terry, que fue expulsado merecidamente por un absurdo rodillazo sobre Alexis sin balón de por medio. Se prodigaba así la leyenda negra del capitán del Chelsea en la Liga de Campeones después de fallar el penalti decisivo contra el Manchester United en la final de la Champions League de 2008.


El rugido del Camp Nou fue el grito de un King Kong furioso, que no se conformaba con cazar a la presa menor. Después de completar la primera parte del objetivo con el gol de Busquets y de cobrarse la pieza de John Terry, el Barcelona no se resignó y quiso destrozar a su oponente. Nadie quería que se repitiera el guion de la recordada eliminatoria frente al Inter en 2010. Y llegó el gol de Iniesta tras una extraordinaria asistencia de Messi, que ayer volvió a ser determinante en la labor creativa sin necesidad de prodigarse en exceso en la búsqueda del gol. Así se parecían conjurar todos los maleficios y espantar los fantasmas de perder la opción de jugar la final de la Copa de Europa la misma semana en la que se produjo la pérdida virtual de la Liga por la derrota contra el Real Madrid. El Barcelona estaba matemáticamente clasificado y muchos pensaban que otro Iniestazo volvería a resultar mágico y decisivo. Perfectamente engrasada, la maquinaria azulgrana funcionaba a las mil maravillas y parecía que esta historia iba a tener un final feliz. Un 2-0 era un óptimo resultado para llegar al descanso. En éstas apareció la conexión Lampard-Ramires. La defensa del Barça se abrió en canal y dejó en posición franca al brasileño, que se plantó con total tranquilidad ante Valdés al que superó con una vaselina perfecta. El suspense volvía a hacer acto de presencia en el coliseo azulgrana. Guardiola estaba frenético. Al igual que en Stamford Bridge, un contraataque del equipo inglés le había costado un gol. De nada habían servido los concienzudos análisis de los errores encadenados que costaron el gol de Drogba en el partido de ida.



Con el mazazo del inesperado gol de Ramires, se llegó al descanso y los futbolistas de ambos equipos afrontaron el intermedio francamente sorprendidos por el desarrollo de los acontecimientos durante el primer asalto. La superioridad del Barça era tan evidente como el golazo de Ramires, pero la reacción azulgrana no se hizo esperar. Al inicio del segundo periodo, el tiempo se congeló en el corazón del área del equipo londinense, Drogba derribó a Cesc y el árbitro señaló al punto de penalti. Pena máxima favorable al Barcelona que lanzó Messi y que se estrelló en la escuadra derecha. El argentino ha fallado tres de 13 penaltis lanzados con el Barça en esta temporada. Falló ante Sevilla (Liga), Valencia (Copa) y ayer ante el Chelsea (Europa). El partido se había convertido en una montaña rusa de emociones. El Camp Nou miraba continuamente la hora y los minutos pasaban de manera vertiginosa. Se sucedían las ocasiones azulgranas pero no había manera de superar el entramado defensivo que había dispuesto Roberto di Matteo. El guión resultaba muy angustioso y contrario a los intereses de la afición que llenaba las gradas del Camp Nou. Y la puñalada final estaba por llegar.


Al contrario de lo que sucede en muchas películas de guión fácil, esta película no tuvo final feliz. Y llegó de la manera más cruel. Con un protagonista inesperado con el que solo contaban los madridistas más optimistas y los culés más pesimistas. Fernando Torres ingresó al terreno de juego, tomó el testigo del trabajo que había realizado un incombustible jabato llamado Drogba, reciclado al lateral izquierdo, y se quedó con las orejas tiesas a la expectativa de aprovechar algún contraataque para establecer la igualdad. Los minutos pasaban como centellas para la afición del Barça y, en plena impotencia culé, Torres cazó un balón en el centro del campo y se fue en carrera a por Víctor Valdés al que encaró, regateó y batió en una jugada que recordó a la del gol de Raúl en la final de la Copa de Europa del año 2000 contra el Valencia. 

El fútbol tenía una deuda con el Chelsea desde que perdió trágicamente la final de la Champions de 2008 con el Manchester y cayó eliminado en las semifinales de la edición de 2009 con el Barça. Ayer, el Chelsea se cobró esa deuda y pudo haber finiquitado un ciclo glorioso del Fútbol Club Barcelona. Y lo hizo como llegan las muertes más dolorosas: con cara de niño.

martes, 13 de diciembre de 2011

Mucho Barça para tan poco Madrid


LA CRÓNICA

Debe de ser cierto eso de que se ha terminado el ciclo triunfal del Barcelona. Encajó un gol tonto en los primeros minutos y no dio la sensación de equipo sólido, e incluso cruel, de otras temporadas. Lo extraño es que el Madrid no fue capaz de aprovecharlo y apenas frecuentó el área de Valdés. Algún mal pensado incluso ensalza el mérito de Mourinho y lo señalan con el dedo, aunque no está bien eso de señalar, porque ha conseguido que la diferencia entre el Barça del primer año de Guardiola y el de esta temporada se haya reducido a la mitad: se ha pasado del 2-6 al 1-3. Ya se sabe aquello de que ocuparse en exceso de la alimentación de los cuervos lleva a que estas aves te extirpen los ojos. Anoche en el Bernabéu no cantaron las golondrinas, ni siquiera los gallos, aparecieron los cuervos y los buitres. Para disgusto de Don Emilio Butragueño y el resto de la nobleza madridista.

El Madrid echó cuerpo a tierra en cuanto el Barcelona se apoderó del balón. Y fió su suerte a la brillantez de sus estrellas, pero anoche estaba nublado en Concha Espina. No apareció la Luna. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Y eso que no había eclipse. Lo constatable, más allá del hermoso entorno, es que el Madrid ha hincado la rodilla en el peor momento, a su vez el más importante de lo que llevamos de temporada. No crean que me olvido de la Supercopa de España, pero el alzheimer selectivo no permite florituras en partidos de este calibre. Mundo cruel ese en el que el glamour de Cristiano, la magia de Ozil y el misticismo de Benzema choca con la testiculina de Puyol, la clarividencia de Xavi y el divismo de Messi. Como el buen comer, el fútbol es un arte y se saborea mucho mejor cuando acostumbras al paladar a los mejores platos. Y en Barcelona han demostrado tener mejor mano para este arte.


El partido fue una ensalada. Tuvo de todo y en sus justas proporciones. Fruto de un formidable barullo en el área del Barcelona, Benzema abrió el marcador con un gol que no ejerció un efecto balsámico. Fue aceite de colza envenenado para el Madrid porque a partir de aquí el plato que había cocinado Mourinho comenzó a desprender un fuerte olor a podrido. A ello contribuyo el guiso de Guardiola, que no apagó el fuego y fue fiel a sus convicciones. Renunció a la defensa de cuatro y, siguiendo las lecciones magistrales de Johan Cruyff, el Panoramix del Barça, pasó a una defensa formada por Puyol, Piqué y Abidal. Y Valdés, entre tanto, luciendo palmito porque se mantuvo en su línea habitual de juego combinativo, como si fuera un jugador más.

El paradón de Casillas a Messi sirvió de preámbulo de lo que estaba por llegar. Rayos y truenos, polvos y centellas, romanos contra galos. El gol del empate de Alexis, aprovechando una mano en forma de pase que le había tendido Messi,  demostró que se puede matar con elegancia. La segunda parte de la batalla fue un paseo para el Barcelona, que se exhibió al toque de clarines, trompetas y violines de Xavi. Busquets y un superlativo Iniesta. Por si no fuera suficiente, el zumbido de Messi y Alexis terminó de cortocircuitar por completo las ideas del ejército de Mourinho. El colmo ya fue el gol de Xavi, ayudado por el desvío involuntario de Marcelo, que desmontó por completo a la tropa madridista. Y como una sentencia dulce, una forma de morir con una sonrisa, surgió Cesc Fábregas. El de Arenys recogió un bombón relleno de nata que le sirvió Alves desde la derecha y estableció el 1-3 definitivo ante un pueblo hundido, machacado y resignado a su suerte. Al Madrid no le quedó más remedio que plegar banderas y reconocer la superioridad del rival. Porque el gran mérito del Barça de Guardiola es que es capaz de llevarte feliz a la silla eléctrica.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Madrid, Barça y el miedo escénico


El miedo escénico ha tomado el puente aéreo. El miedo escénico, esa célebre expresión de Gabriel García Márquez que Jorge Valdano tomó prestada para definir el miedo que un jugador sentía cuando saltaba al césped del estadio Santiago Bernabéu. Gabo admitía tener miedo cuando saltaba a un escenario por el terror que le producía estar solo en el escenario, ante un auditorio pendiente de sus palabras. Ese mismo sentimiento de pánico, según Valdano, paralizaba a los rivales europeos del Real Madrid en el Bernabéu. La presencia machacona de un público agobiante, bullicioso e impulsivo, que creaba un ambiente muy tenso, atenazaba cuerpo y mente de los visitantes que salían bloqueados, y muchas veces goleados, del coliseo madridista. Y no solo los equipos europeos jugaban amordazados, el propio Fútbol Club Barcelona fue víctima del miedo escénico cuando jugaba contra su eterno rival. Cada visita al feudo merengue se convertía en un marrón para el Barça. Por ahí se puede encontrar respuesta a varias derrotas sonadas de los culés en Chamartín: 5-0 en 1995, 2-0 en 1996, 3-0 en 2000, 4-1 en 2008...

Pero la historia ha cambiado. Y de qué forma. La etapa triunfal que vive el barcelonismo desde hace tres temporadas ha cambiado las tornas y el miedo escénico cunde ahora entre el madridismo. Los madridistas ya no afrontan de la misma forma un partido contra el máximo rival. Lógicamente se mantiene el respeto, pero el miedo escénico se ha instalado entre los propios madridistas. Los jugadores están acosados por los rumores, las críticas y el juego del rival, mientras que los aficionados sufren desconfianza, incertidumbre, miedo y vergüenza ajena al ver que sus futbolistas y ellos mismos son víctimas de las burlas hirientes de sus eternos rivales. Grandes jugadores como Casillas, Cristiano, Xabi Alonso y Sergio Ramos salen acogotados en los clásicos, y la razón de fondo es el miedo escénico que aparece como un fantasma en cuanto las cosas se tuercen mínimamente. No pierden el espíritu ganador, por supuesto, pero la ola invisible de la desconfianza les coarta.

De eso se beneficia el Barcelona. Lo lleva haciendo en las últimas temporadas. Se nota la mano de Guardiola. Desde que el de Santpedor es el entrenador culé, la atmósfera del positivismo se ha instalado en el Camp Nou y el miedo escénico del Bernabéu se ha vuelto en contra del Madrid. El propio Guardiola es consciente de ello aunque haya declarado que envidia la mentalidad ganadora y la tradicional tendencia al éxito del madridismo. No le falta razón, pero esa humildad va acompañada de una rebeldía ante la historia. Porque Guardiola no está de acuerdo con la concepción histórica del miedo escénico que apadrinó Jorge Valdano, quien a su vez sostiene que el Barça ha derrotado al Madrid en el terreno de la propaganda. Guardiola ha vivido intensamente esta rivalidad y por eso conoce como nadie las entrañas del adversario. Y ataca por ahí.

Guardiola ha conseguido exprimir al máximo las fobias históricas de los madridistas hacia su equipo. Y las utiliza como arma arrojadiza. Sabe muy bien que el madridismo se puede volver en contra de sus jugadores en el momento que las cosas les salgan mal. Mete mano por ahí porque sabe que lo necesita para reforzar la moral de sus hombres. Porque sabe que el Barcelona necesita más para superar a un enemigo tan poderoso. Goles, ruido, impulso, rabia, mentalidad ganadora. Necesita ese viento que genera la afición madridista y que se propaga como un rodillo por el terreno de juego, allí donde solo saben mantener la cabeza fría los más grandes. Necesita del miedo escénico. Ese miedo escénico se dejó sentir anoche en el Bernabéu a pesar de que el Madrid navegó a favor de corriente por el tempranero gol de Benzema que convirtió al estadio en una caldera. Pero esa fogosidad se puede volver en contra del que la genera cuando las cosas no salen como se imaginan. Y ayer muchos madridistas creyeron que le iban a devolver la manita al Barça. Con eso, y con la calidad de sus futbolistas, contaba ayer el de Santpedor, que se ha permitido el lujo de relegar a un segundo plano a David Villa.

La fatiga acumulada por la fogosidad inicial pasó factura a los madridistas. La intensidad de los primeros minutos se fue apagando, al tiempo que caían embrujados por el insultante dominio de la pelota de los azulgrana. El público se impacientó y el Bernabéu bajó de revoluciones. El miedo escénico se apoderó de los jugadores y de los aficionados del Madrid. El Barça se creció y abrió el tarro de esencias. Iniesta, Xavi, Busquets, Fábregas y Messi se vistieron el traje de las grandes noches y tiraron de repertorio para lucir en el mejor escaparate posible. Llegaron tres goles como pudieron llegar seis. Cristiano se desesperó y la imagen de Casillas tumbado en el césped después del gol de Cesc ilustra a la perfección la impotencia blanca. Y el Madrid se fue al vestuario con la desesperación lógica de comprobar que el miedo escénico se ha vuelto en su contra.

jueves, 21 de abril de 2011

Un equipo tocado


El Barcelona ha perdido la Copa del Rey ante el Real Madrid. Algunos dirán que es solo un título y otros dirán que es, nada más y nada menos, que un título; el caso es que el equipo azulgrana no ha sido capaz de superar a su eterno rival en un partido a cara o cruz y ha perdido el primer título de la temporada. Salió cruz y el equipo de Cristiano, Mourinho y Florentino ha vuelto a ganar 19 años después el torneo del K.O. Con la Liga en el bolsillo, ahora los hombres de Guardiola solo tienen un objetivo en mente: ganar la Champions League, la Liga de Campeones, la vieja Copa de Europa, como se quiera llamar al torneo de clubes más prestigioso del mundo. Para ello tendrán que volver a superar al Real Madrid, su rival en semifinales, en una eliminatoria a doble partido que se prevé que volverá a ser electrizante. ¿Lo conseguirán? El que suscribe no lo tiene muy claro...

Muy justo de gasolina ha llegado el Barça al tramo final de la temporada. Ya sea por lesiones o sobrecarga de partidos, a algunos jugadores como Messi o Villa les falta esa chispa especial y esa claridad de ideas que les ha llevado a ser un terror constante para los defensores rivales. Si tus dos principales referencias ofensivas estornudan, el equipo se resfría. Y eso se traduce en un amontonamiento de jugadores en torno a la portería contraria a la que llegan los disparos con cuentagotas. Se juega más en horizontal que en vertical y eso, ante una defensa ordenada como la del Real Madrid, con hombres de la experiencia de Pepe y Carvalho, equivale a estrellarse una y otra vez contra una pared de ladrillos. Desde pequeño me enseñaron que una de las cosas más importantes en el mundo del fútbol es terminar las jugadas, o mejor dicho, tirar a puerta. Y amén de profundidad para dar el último pase, el Barça evidencia una preocupante falta de pegada. 

En honor a la verdad hay que reseñar que el Barça tuvo ocasiones más que de sobra para llevarse la final de la Copa. Tras un primer tiempo titubeante, el equipo se recuperó y la segunda parte fue un recital de posesión a cargo del conjunto azulgrana. Nadie discute que, hoy por hoy, el Barcelona es el mejor equipo del mundo con el balón en los pies. Los niveles de posesión de cada partido lo dejan muy claro. Y así terminan llegando las ocasiones, como las que ayer tuvieron Messi, Iniesta y Pedro, al que incluso se le anuló un gol por un más que cuestionable fuera de juego. Pero yo le pido más a un equipo que es capaz de practicar el juego más atractivo del mundo. Le pido goles, victorias, títulos. Y para eso hay que tirar a puerta. Desde que se fue Samuel Eto´o, actualmente en las filas del Inter de Milan, el Barça tira menos a puerta. Ni Ibrahimovic ni Villa tienen la contundencia y verticalidad del camerunés y eso se traduce en partidos como el que se jugó ayer en Valencia.

Lo confieso. No estoy de acuerdo con Guardiola en su decisión de recortar la plantilla hasta tal punto que cuenta con 14 jugadores para afrontar los partidos, amén de las distintas variantes que se puede ver obligado a introducir en función de lesiones o sanciones. Por la ingente calidad que tiene este bloque, se puede mantener esta filosofía durante la Liga sin que ello repercuta en una disminución del rendimiento del equipo en el campeonato doméstico. La Liga premia la regularidad y nadie discute que el juego del Barça nunca defrauda y siempre se mantiene fiel a una idea de fútbol. Esto está claro. Lo que no está tan claro es llegar a los meses más decisivos de la temporada con un banquillo en el que, de entrada, no hay un delantero suplente. Lesionado Bojan, más vale que Villa no coja ni un simple resfriado porque en ese caso, Guardiola se vería obligado a hacer filigranas en la línea atacante ubicando a Messi de delantero centro y permutando las posiciones de Pedro o Afellay, salvo que se suba a un delantero del filial. Es evidente que no resulta serio que un equipo como el Barcelona solo tenga un delantero centro (Villa) para afrontar 4 clásicos ante el Real Madrid, final de la Copa del Rey y semifinales de la Champions mediante, amén de los últimos partidos del campeonato liguero. De ahí viene la falta de gol que evidencia el equipo azulgrana en los exámenes finales del curso. Ahora mismo, tras las bajas de Bojan y Abidal, el Barcelona tiene un once tipo que es el formado por Valdés, Alves, Puyol (suponiendo que está para soportar el ritmo de la alta competición), Piqué, Adriano, Busquets, Xavi, Iniesta, Messi, Villa y Pedro, al que se le suman Keita, Mascherano y Afellay. Completan las convocatorias Pinto, Maxwell, Fontás y Thiago Alcántara, aunque sus participaciones suelen ser testimoniales.


Guardiola tiene un papelón ante sí. Después de lo que se pudo ver anoche en Mestalla, un partido vibrante en el que el Barça tuvo ocasiones más que sobradas para llevarse el triunfo, el entrenador azulgrana se ve en la obligación de levantar la moral de la tropa. Lo conseguirá, seguro, nadie puede discutir las dotes de motivador del entrenador de Santpedor. La principal tesitura a la que se verá sometido el entrenador es a la de realizar ajustes tácticos en la plantilla para superar partidos agónicos ante un rival de la categoría del Real Madrid de Jose Mourinho: un equipo que defiende con 7 hombres (Marcelo, Ramos, Pepe, Khedira, Carvalho, Xabi y Arbeloa se encargaron de frenar los ataques del Barça, anoche, en Mestalla) dejando a tres hombres de la calidad de Ozil, Cristiano Ronaldo y Di María en ataque para salir con velocidad a la contra y tratar de sorprender a la defensa azulgrana. Y eso sin contar a Benzema, Higuaín y Adebayor que parten como teóricos suplentes. Ese planteamiento, al que se le debe añadir la imprescindible presencia de Íker Casillas en la portería, es suficiente para combatir el fútbol de toque del Barça. Se demostró en la Copa del Rey y en el último clásico de la Liga, que terminó en empate a pesar de que el Madrid pudo desnivelarlo a su favor en los últimos minutos.

No me arriesgaré a dar un pronóstico sobre lo que ocurrirá en las semifinales de la Champions. En una eliminatoria a 180 minutos, si no hay prórroga, pueden suceder muchas cosas. Lo que sí tengo muy claro es que el Real Madrid es el favorito. Si Messi no recupera la inspiración, Villa no se reencuentra con el gol y la sombra del fuera de juego persigue a Pedro, el Real Madrid está un paso por delante. Porque el engranaje defensivo de Mourinho, formado por hombres curtidos en mil batallas futbolísticas, está más que capacitado para contener el tiki-taka de Busquets, Xavi e Iniesta y para sorprender a la contra a la inestable zaga azulgrana en la que Piqué, sin Puyol, se ve obligado a sobredimensionarse y su concentración defensiva se resiente. 

Sí, sé que peco de pesimista pero esta es una característica intrínseca a muchos barcelonistas. Que le vamos a hacer... Por eso me huelo que este año caerá "la décima".

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con suspense, pero en cuartos

- El Barcelona sella la clasificación tras superar a un Arsenal conservador
- Messi volvió a ser el azote de la defensa del equipo inglés


Fue un partido enigmático, de los que parecen sacados de una serie de intriga. Había buenos y malos. Repartan ustedes los papeles, aunque el desarrollo del encuentro se encargó de aclarar el reparto. El resultado (3-1) hace justicia a los méritos futbolísticos de uno y otro equipo, por encima de discusiones puntuales sobre el papel que jugó el árbitro en el desenlace de la eliminatoria. El Barcelona fue muy superior al Arsenal, que no remató ni una sola vez contra la portería de Víctor Valdés.

Las bajas en ambos equipos, las declaraciones de los entrenadores y, sobre todo, el resultado del partido de ida cargaron de suspense las horas previas al partido. Como si se sintiera cómodo dentro de ese ambiente, Arsene Wenger planteó el partido a la defensiva sin importarle que el Barcelona fuese el amo y señor del balón. El guión le falló poco antes del descanso, cuando Messi culminó una obra de arte que había iniciado Iniesta y daba la clasificación momentánea al equipo catalán. Sin embargo, el destino le concedió una segunda oportunidad a Wenger cuando marcó Busquets en propia puerta y establecía el empate.


Pero el Barcelona no estaba dispuesto a doblar la rodilla ante los maquiavélicos planteamientos de Wenger. Realizó su propio partido, sin ninguna concesión hacia el rival y con la esperanza de que la inspiración de Messi volviese a desequilibrar la balanza. No se sintieron presionados y controlaron la circulación del balón a la espera de que su asedio a la meta de Almunia, que había sustituido a Szczesny mediada la primera parte, obtuviera su recompensa. Y el premio llegó para jolgorio de los culés. Alguno incluso se acordó de los que reprocharon al equipo de Guardiola que le faltaba una remontada.

La presencia de Van Persie en el once inicial del Arsenal constituyó uno de los grandes alicientes del partido. Después, comprobando la aportación del delantero holandés al juego de su equipo, se comprobó que su participación no pasó de mera anécdota. Eso sí, en la segunda parte, él fue el protagonista de la jugada polémica del encuentro. El ariete continuó una jugada cuando el árbitro ya había señalado el fuera de juego y tiró a puerta. Al colegiado suizo Massimo Bussaca no le tembló el pulso y le expulsó al sacarle la segunda amarilla. Los jugadores del Arsenal protestaron con mucha severidad esta decisión alegando que Van Persie no escuchó el pitido del trencilla por el tremendo ruido que había en el campo.


Ante un Arsenal debilitado por la expulsión de uno de sus mejores hombres, todo parecía encaminado hacia la clasificación del Barcelona. Iniesta asumió la responsabilidad de conducir la mayoría de los ataques de su equipo y dirigió una jugada magistral que terminó en las botas de Xavi, que tocó lo justo para superar a Almunia. Poco después llegó el tercer gol azulgrana gracias a un penalti de Koscielny sobre Pedro y que transformó Messi con sangre fría. Parecía que este tanto iba a servir para finiquitar el partido y los últimos minutos se iban a convertir en un mero trámite.

El Arsenal no estaba dispuesto a darse por vencido con tanta facilidad y, en un giro inesperado del guión del partido, Bendtner se plantó solo ante Víctor Valdés. Una excelente llegada que parecía encaminada a terminar irremisiblemente con el segundo gol del equipo inglés. En esas surgió de la nada Mascherano, que se jugó el tipo y la expulsión para cortar la jugada, tocar lo necesario y entregar el balón mansamente a Valdés. El Barcelona había desbaratado con éxito la mejor ocasión del Arsenal. La clasificación estaba sellada. Ahora toca esperar un rival en cuartos de final, pero el Barcelona puede presumir de haber superado el sinuoso guión que le deparó una eliminatoria digna de Champions, que afortunadamente terminó con final feliz para los intereses del equipo catalán.


lunes, 21 de febrero de 2011

Messi es el león del Barcelona


Cuando más lo necesitaba el Barcelona, Messi volvió a aparecer. Y lo hizo como mejor sabe: marcando. Para suerte de su equipo, el crack argentino reapareció en un momento clave. En el segundo tiempo, con empate a un gol en el marcador, para desnivelar el duro encuentro que le había planteado el Athletic al Barça. Es la forma que tiene ´La Pulga´ de demostrar que no cree en las malas rachas ni en los tópicos que sostienen que febrero es un mes triste para el conjunto azulgrana. Solo cree en el fútbol.

La tarde se antojaba complicada para los chicos de Guardiola. En un principio porque jugaba con la presión del Real Madrid, que tras su victoria del sábado ante el Levante se ponía a solo dos puntos del liderato. Además, a primera hora de la tarde del domingo saltó la noticia de la lesión del portero azulgrana Víctor Valdés, que se veía obligado a ceder su lugar en el arco a Pinto. La tradicional tendencia al fatalismo de algún culé invitaba a pensar en una tarde desfavorable para el Barça.

Pero una vez que echó a rodar el balón, las dudas desaparecieron del ambiente y el Barcelona se dedicó a hacer lo que más le gusta: jugar a fútbol. Y no tardó en marcar. A los 3 minutos, Villa puso a su equipo por delante en el marcador culminando una buena asistencia de Dani Alves al primer toque después de ganarle la espalda a los defensas del Athletic aprovechando una jugada que inició Xavi, que volvió a poner de manifiesto que él es uno de los hombres que mejor sabe jugar a este deporte. El Guaje ya le ha marcado 11 goles en 16 partidos al Athletic, y ya lleva 15 en la presente edición de la Liga. Números muy interesantes para un delantero superlativo; no obstante, conviene destacar que la posición de Alves estaba al límite del fuera de juego.

El gol no cambió el planteamiento de los hombres de Caparrós, que siguieron replegados y taparon los huecos al Barça a la espera de las apariciones de su delantero Fernando Llorente. Y Llorente apareció para fabricar una clara ocasión de gol en la que bailó a Piqué, sirvió al primer palo donde apareció Iraola para mandar el balón fuera. muy cerca del palo izquierdo de Pinto. Acto seguido, Villa estuvo a punto de reeditar el gol de la pasada jornada. Después volvió a aparecer Llorente para rematar un centro de Gabilondo que Pinto despejó con una estirada felina. Posiblemente fue el paradón de la jornada.

La entrada de Toquero al terreno de juego sirvió para exigir aún más a la defensa azulgrana. Y lo consiguió porque la defensa de Guardiola comenzó a dudar. A ello contribuye la ausencia de Puyol, que ha obligado a un reajuste general de la zaga. Fruto de esta inestabilidad vino el gol del empate. Abidal, que fue trasladado al lateral izquierdo, falló una cesión que recogió Llorente y se metió en el área donde se cruzó con Busquets, que lo derribó. El penalti lo transformó Iraola con un lanzamiento raso a la izquierda de Pinto. El empate obligaba al Barcelona a realizar un esfuerzo adicional para no dar aún más vida a la lucha por el título de Liga.

Piqué, que lleva un mes excesivamente dubitativo, casi se gana la expulsión por derribar a Toquero cuando éste enfilaba la meta de Pinto. El efecto de la entrada del delantero vitoriano atenazaba al Barcelona, pero en estas volvió a surgir el carácter ganador de Messi. El argentino se echó el equipo a la espalda y comenzó a asumir responsabilidades. Fue víctima de un penalti cometido por Javi Martínez que el árbitro no quiso señalar. El argentino no se rindió y siguió tirando combinaciones, paredes e intentando jugadas para espolear a sus compañeros que se empeñaron en desequilibrar el resultado. Y su insistencia al final obtuvo recompensa con una jugada muy parecida a la del primer gol del partido.


Abidal inició la jugada con una anticipación en defensa, combinó con Xavi, éste optó por una apertura a la banda derecha hacia la llegada de Dani Alves. El lateral brasileño centró y apareció Messi por el primer palo para finalizar con un sutil toque de primeras a media altura ante el que poco podía hacer Iraizoz. El Barça volvía a recurrir a su fórmula magistral futbolística para cambiar el signo de un complicado encuentro. La victoria ante el Athletic de Bilbao otorga una dosis extra de moral a los azulgranas que disfrutarán de una semana de descanso para preparar su próximo encuentro contra el Mallorca de un viejo conocido, Michael Laudrup.

LA FICHA TÉCNICA

Barcelona: Pinto; Alves, Piqué, Busquets, Abidal; Mascherano (Maxwell, min.65), Xavi, Iniesta; Messi, Villa (Keita, min.84) y Pedro (Afellay, min.90+2).

Athletic: Iraizoz, Iraola, Ekiza, Amorebieta, Koikili, Susaeta (David López, min.84), Javi Martínez, Gurpegi, Gabilondo (Munianin, min.71), Iturraspe (Toquero, min.46) y Llorente.

Goles: 1-0: Villa, min.4. 1-1: Iraola (p), min.50. 2-1: Messi, min.77.

Árbitro: Ramírez Domínguez (Colegio andaluz). Mostró tarjeta amarilla a Koikili (min.24), Iraola (min.32), Alves (min.36), Sergio Busquets (min.49), Piqué (min.52) y Guerpegui (min.90+2).

Incidencias: Partido de la 24ª jornada de Liga de Primera División disputado en el Camp Nou ante 83.533 espectadores. Las secciones del Barcelona baloncesto, fútbol sala y hockey patines aprovecharon el encuentro para ofrecer a la afición sus últimos títulos, sendas Copas del Rey, y una Copa Continental, respectivamente.