Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana
Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas
Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés
Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el
Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un
rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la
que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes
del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a
favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de
Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera
profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar
ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.
Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios
mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut
de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas
las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1
empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que
también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la
temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este
equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó
Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su
disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y
Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito
esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros.
Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido
de pivote defensivo.
No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El
hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos.
Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que
este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los
dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es
un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su
paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el
Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden
ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona
parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes
ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los
mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa,
Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con
sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al
ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el
chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este
grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo
y salió trasquilado.
Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un
duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana.
Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante,
cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un
estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener
la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un
romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió.
Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que
el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos
jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco
del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es
uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la
lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y
Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área
cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra
que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas
futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos
que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí,
tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo
más goleado de Primera con 22 goles encajados.
David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el
once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como
delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de
Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de
Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos
en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de
moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó
sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy
compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo
después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente
combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El
lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra
y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300
goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a
recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la
opción premiada era la segunda.
Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató
la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda
izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también
tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de
Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera
División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle
otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana
para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias,
que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también
es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a
ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se
quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si
fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy
presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el
máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de
alcanzar los 75 de Pelé en 1959.
Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por
Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la
excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria.
Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el
armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante
el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes
de tiempo.
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lunes, 29 de octubre de 2012
viernes, 24 de agosto de 2012
Valdés enreda la Supercopa
Di María aprovecha un error del guardameta del Barcelona para avivar las opciones del Real Madrid
Los madridistas se quejan de que Pedro estaba en fuera de juego en el gol del empate
Recital de Iniesta y oportuna aparición de Messi para adelantar al Barça de penalti
Estamos en agosto. Seguimos en pretemporada. Aunque haya comenzado ya la Liga, los equipos están de rodaje. La Supercopa de España no deja de ser una partida de poker de andar por casa. Si tienes una buena mano, te puedes llevar el premio pero sin llegar a hacer un ´All In´. Hasta entonces, te lo pasas bien. El intercambio de movimientos es entretenido e interesante, intenso e imprevisible. Juegos reunidos. Fútbol de verano. Una buena opción para combatir el calor veraniego. Cuando los jugadores tienen cartas tan buenas, el resultado es una partida como la de esta noche en el Camp Nou.
El primer periodo dejó malas sensaciones entre el respetable. Que si no hay ocasiones, que si faltan estrellas, que si no hay ritmo… Entre el calor y la falta de minutos de los jugadores, el partido era una cama sin sábanas. Te las quitas porque tienes calor, pero temes el traicionero frío de madrugada. Me refiero a las ausencias de Jordi Alba, Cesc Fábregas, Di María o Higuaín en los onces titulares. Ellos son las sábanas que calientan un partido y esa fue la razón que dejó fríos a muchos aficionados al final de los primeros 45 minutos. A pesar de todo hubo ocasiones y jugadas interesantes. Diamantes compartidos.
Piqué hizo un gran trabajo de contención, e incluso de creación; Xavi, una vez más, fue el mariscal de la posesión del esférico; Alves, hiperactivo en las incursiones por la banda derecha. En el Real Madrid, Xabi Alonso era la brújula que orientaba el juego y la defensa formada por Coentrao, Ramos, Albiol y Arbeloa resolvía los ataques de los azulgrana con acierto, aunque para ello empleando mucha dureza en algunos momentos. El Camp Nou dedicó una monumental pitada a Clos Gómez por no penalizar una dura entrada de Coentrao sobre Messi. Al descanso se fueron con amarilla Xabi Alonso, Arbeloa y Mascherano, este último por una durísima entrada sobre el lateral portugués madridista. Los aficionados bostezaban. Entre la hora y el desarrollo del primer tiempo, echaban en falta estar en una terraza tomando algo al raso disfrutando de la canícula estival.
La segunda parte fue otra historia. Parecía el Carranza. O el Teresa Herrera. Los jugadores de ambos equipos salieron muy mentalizados al terreno de juego y la partida se puso muy interesante. El intercambio de golpes comenzó con un dudoso penalti sobre Alexis, que Clos Gómez no señaló. El colegiado aragonés no defraudó las expectativas y tuvo mucho protagonismo. Como lo tuvo el día que Mourinho salió a la sala de prensa del Santiago Bernabeu con la famosa lista, o cuando expulsó a Guardiola en Almería. Muchos árbitros poseen la extraña habilidad de sacar de quicio a simios y troyanos. Y en la vuelta, cita con Mateu Lahoz. Pedro Piqueras pide la palabra para describir lo que se puede vivir ese día en Madrid.
Pero los indiscutibles protagonistas del segundo tiempo fueron los jugadores. Cristiano Ronaldo apareció de la nada para marcar el primero con un cabezazo a la salida de un corner botado por Ozil y marcar su cuarto gol consecutivo en el Camp Nou. El portugués siempre tiene una buena mano. Pero no tardó en llegar la respuesta del Barça. Pedro también se maneja bien en la línea del azar y, aprovechando un pase magistral de Mascherano, le ganó la espalda a Coentrao y batió a Casillas con un disparo cruzado. Los madridistas lamentan que el canario se maneja tan bien porque hace trampas e inciden en que partió en posición anti reglamentaria en la jugada del gol. Empate técnico en la partida hasta que Messi desniveló la balanza al transformar un penalti claro de Ramos sobre Iniesta.
Hay jugadores para los que no existe la pretemporada. Ellos siempre juegan al máximo nivel. Caso de Andrés Iniesta. Afronta cada partido como si fuera una final, incluso las semifinales veraniegas a doble partido. Su recital de pases, controles y regates en cada partido debería de grabarse en vídeo y difundirlo por escuelas de futbolistas de todo el país. El de ayer no fue una excepción. Y la prueba irrefutable es el pase que le sirvió a Xavi para lograr el 3-1. Volvía a aparecer la pareja más productiva del fútbol internacional. Todo parecía encarrilado para el Barcelona, que buscaba el cuarto gol para vencer la partida a lo grande.
Pero en esas se enredaron Adriano y Valdés con un “quitame allá esa cesión” y el más listo de la clase, Di María, se movió con la agilidad de un fideo para marcar un gol que enreda la Supercopa y pone picante al primer trofeo de la temporada futbolística. Las complicaciones del guardameta del Barça con las cesiones son dignas de estudio, aunque no se puede obviar la mala actuación defensiva en los goles del Real Madrid. Marcajes inexistentes.
El desenlace, en unos días, en el Santiago Bernabéu. Habrá que volver a escribir rápido para no terminar esta crónica a la hora del desayuno. A estas horas, uno ya no sabe si toca cenar o desayunar. Probablemente, los futbolistas tampoco.
Esta crónica también se puede leer en una página web de referencia, www.iquattro.es
Los madridistas se quejan de que Pedro estaba en fuera de juego en el gol del empate
Recital de Iniesta y oportuna aparición de Messi para adelantar al Barça de penalti
Estamos en agosto. Seguimos en pretemporada. Aunque haya comenzado ya la Liga, los equipos están de rodaje. La Supercopa de España no deja de ser una partida de poker de andar por casa. Si tienes una buena mano, te puedes llevar el premio pero sin llegar a hacer un ´All In´. Hasta entonces, te lo pasas bien. El intercambio de movimientos es entretenido e interesante, intenso e imprevisible. Juegos reunidos. Fútbol de verano. Una buena opción para combatir el calor veraniego. Cuando los jugadores tienen cartas tan buenas, el resultado es una partida como la de esta noche en el Camp Nou.
El primer periodo dejó malas sensaciones entre el respetable. Que si no hay ocasiones, que si faltan estrellas, que si no hay ritmo… Entre el calor y la falta de minutos de los jugadores, el partido era una cama sin sábanas. Te las quitas porque tienes calor, pero temes el traicionero frío de madrugada. Me refiero a las ausencias de Jordi Alba, Cesc Fábregas, Di María o Higuaín en los onces titulares. Ellos son las sábanas que calientan un partido y esa fue la razón que dejó fríos a muchos aficionados al final de los primeros 45 minutos. A pesar de todo hubo ocasiones y jugadas interesantes. Diamantes compartidos.
Piqué hizo un gran trabajo de contención, e incluso de creación; Xavi, una vez más, fue el mariscal de la posesión del esférico; Alves, hiperactivo en las incursiones por la banda derecha. En el Real Madrid, Xabi Alonso era la brújula que orientaba el juego y la defensa formada por Coentrao, Ramos, Albiol y Arbeloa resolvía los ataques de los azulgrana con acierto, aunque para ello empleando mucha dureza en algunos momentos. El Camp Nou dedicó una monumental pitada a Clos Gómez por no penalizar una dura entrada de Coentrao sobre Messi. Al descanso se fueron con amarilla Xabi Alonso, Arbeloa y Mascherano, este último por una durísima entrada sobre el lateral portugués madridista. Los aficionados bostezaban. Entre la hora y el desarrollo del primer tiempo, echaban en falta estar en una terraza tomando algo al raso disfrutando de la canícula estival.
La segunda parte fue otra historia. Parecía el Carranza. O el Teresa Herrera. Los jugadores de ambos equipos salieron muy mentalizados al terreno de juego y la partida se puso muy interesante. El intercambio de golpes comenzó con un dudoso penalti sobre Alexis, que Clos Gómez no señaló. El colegiado aragonés no defraudó las expectativas y tuvo mucho protagonismo. Como lo tuvo el día que Mourinho salió a la sala de prensa del Santiago Bernabeu con la famosa lista, o cuando expulsó a Guardiola en Almería. Muchos árbitros poseen la extraña habilidad de sacar de quicio a simios y troyanos. Y en la vuelta, cita con Mateu Lahoz. Pedro Piqueras pide la palabra para describir lo que se puede vivir ese día en Madrid.
Pero los indiscutibles protagonistas del segundo tiempo fueron los jugadores. Cristiano Ronaldo apareció de la nada para marcar el primero con un cabezazo a la salida de un corner botado por Ozil y marcar su cuarto gol consecutivo en el Camp Nou. El portugués siempre tiene una buena mano. Pero no tardó en llegar la respuesta del Barça. Pedro también se maneja bien en la línea del azar y, aprovechando un pase magistral de Mascherano, le ganó la espalda a Coentrao y batió a Casillas con un disparo cruzado. Los madridistas lamentan que el canario se maneja tan bien porque hace trampas e inciden en que partió en posición anti reglamentaria en la jugada del gol. Empate técnico en la partida hasta que Messi desniveló la balanza al transformar un penalti claro de Ramos sobre Iniesta.
Hay jugadores para los que no existe la pretemporada. Ellos siempre juegan al máximo nivel. Caso de Andrés Iniesta. Afronta cada partido como si fuera una final, incluso las semifinales veraniegas a doble partido. Su recital de pases, controles y regates en cada partido debería de grabarse en vídeo y difundirlo por escuelas de futbolistas de todo el país. El de ayer no fue una excepción. Y la prueba irrefutable es el pase que le sirvió a Xavi para lograr el 3-1. Volvía a aparecer la pareja más productiva del fútbol internacional. Todo parecía encarrilado para el Barcelona, que buscaba el cuarto gol para vencer la partida a lo grande.
Pero en esas se enredaron Adriano y Valdés con un “quitame allá esa cesión” y el más listo de la clase, Di María, se movió con la agilidad de un fideo para marcar un gol que enreda la Supercopa y pone picante al primer trofeo de la temporada futbolística. Las complicaciones del guardameta del Barça con las cesiones son dignas de estudio, aunque no se puede obviar la mala actuación defensiva en los goles del Real Madrid. Marcajes inexistentes.
El desenlace, en unos días, en el Santiago Bernabéu. Habrá que volver a escribir rápido para no terminar esta crónica a la hora del desayuno. A estas horas, uno ya no sabe si toca cenar o desayunar. Probablemente, los futbolistas tampoco.
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martes, 13 de diciembre de 2011
Mucho Barça para tan poco Madrid
LA CRÓNICA
Debe de ser cierto eso de que se ha terminado el ciclo triunfal del Barcelona. Encajó un gol tonto en los primeros minutos y no dio la sensación de equipo sólido, e incluso cruel, de otras temporadas. Lo extraño es que el Madrid no fue capaz de aprovecharlo y apenas frecuentó el área de Valdés. Algún mal pensado incluso ensalza el mérito de Mourinho y lo señalan con el dedo, aunque no está bien eso de señalar, porque ha conseguido que la diferencia entre el Barça del primer año de Guardiola y el de esta temporada se haya reducido a la mitad: se ha pasado del 2-6 al 1-3. Ya se sabe aquello de que ocuparse en exceso de la alimentación de los cuervos lleva a que estas aves te extirpen los ojos. Anoche en el Bernabéu no cantaron las golondrinas, ni siquiera los gallos, aparecieron los cuervos y los buitres. Para disgusto de Don Emilio Butragueño y el resto de la nobleza madridista.
El Madrid echó cuerpo a tierra en cuanto el Barcelona se apoderó del balón. Y fió su suerte a la brillantez de sus estrellas, pero anoche estaba nublado en Concha Espina. No apareció la Luna. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Y eso que no había eclipse. Lo constatable, más allá del hermoso entorno, es que el Madrid ha hincado la rodilla en el peor momento, a su vez el más importante de lo que llevamos de temporada. No crean que me olvido de la Supercopa de España, pero el alzheimer selectivo no permite florituras en partidos de este calibre. Mundo cruel ese en el que el glamour de Cristiano, la magia de Ozil y el misticismo de Benzema choca con la testiculina de Puyol, la clarividencia de Xavi y el divismo de Messi. Como el buen comer, el fútbol es un arte y se saborea mucho mejor cuando acostumbras al paladar a los mejores platos. Y en Barcelona han demostrado tener mejor mano para este arte.
El partido fue una ensalada. Tuvo de todo y en sus justas proporciones. Fruto de un formidable barullo en el área del Barcelona, Benzema abrió el marcador con un gol que no ejerció un efecto balsámico. Fue aceite de colza envenenado para el Madrid porque a partir de aquí el plato que había cocinado Mourinho comenzó a desprender un fuerte olor a podrido. A ello contribuyo el guiso de Guardiola, que no apagó el fuego y fue fiel a sus convicciones. Renunció a la defensa de cuatro y, siguiendo las lecciones magistrales de Johan Cruyff, el Panoramix del Barça, pasó a una defensa formada por Puyol, Piqué y Abidal. Y Valdés, entre tanto, luciendo palmito porque se mantuvo en su línea habitual de juego combinativo, como si fuera un jugador más.
El paradón de Casillas a Messi sirvió de preámbulo de lo que estaba por llegar. Rayos y truenos, polvos y centellas, romanos contra galos. El gol del empate de Alexis, aprovechando una mano en forma de pase que le había tendido Messi, demostró que se puede matar con elegancia. La segunda parte de la batalla fue un paseo para el Barcelona, que se exhibió al toque de clarines, trompetas y violines de Xavi. Busquets y un superlativo Iniesta. Por si no fuera suficiente, el zumbido de Messi y Alexis terminó de cortocircuitar por completo las ideas del ejército de Mourinho. El colmo ya fue el gol de Xavi, ayudado por el desvío involuntario de Marcelo, que desmontó por completo a la tropa madridista. Y como una sentencia dulce, una forma de morir con una sonrisa, surgió Cesc Fábregas. El de Arenys recogió un bombón relleno de nata que le sirvió Alves desde la derecha y estableció el 1-3 definitivo ante un pueblo hundido, machacado y resignado a su suerte. Al Madrid no le quedó más remedio que plegar banderas y reconocer la superioridad del rival. Porque el gran mérito del Barça de Guardiola es que es capaz de llevarte feliz a la silla eléctrica.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
España golea a capela
Fue un amistoso con premio. Solo el aliciente de la clasificación matemática para la Eurocopa del próximo verano dio algo de valor a un simulacro de partido que resultó insultantemente fácil para la selección española. Los hombres de Del Bosque despacharon el trámite con mucha comodidad y una superioridad extrema. No hizo falta ningún esfuerzo extraordinario. Se trataba simplemente de recurrir a la vieja fórmula futbolística, más antigua que un violín: tocar la pelota de lado a lado, buscar los apoyos y llegar con frecuencia a la portería rival para aprovechar el escaso nivel de la limitadísima, e híperpoblada, defensa de Liechtenstein. La acumulación de hombres en la zaga fue el único recurso de un combinado plagado de figurantes de escasa talla internacional. No hubo adversario y España completó el set con facilidad para disfrute de los 15.000 espectadores que llenaron las gradas del viejo estadio de Las Gaunas.
Salvo los goles y las brillantes jugadas de los internacionales españoles, el partido no tuvo nada más. Por no tener no tuvo ni himnos. Hubo problemas con la megafonía del estadio riojano y los aficionados de Logroño, que calentaron ilusionados sus gargantas a la espera de que sonasen los acordes del himno nacional, se quedaron sin entonar el característico y emotivo “lo, lo, lo, lo”. El partido arrancó a capela y casi fue mejor, porque resultaba una ofensa que una pachanga de tal calibre comenzase con el ritual de las grandes ocasiones futbolísticas. Además, el concierto se interpretó sobre el terreno de juego y, en cuanto los españoles comenzaron su recital, el público se entregó a los artistas. Una sabia decisión. La batuta la llevó, una vez más, Xavi Hernández. El maestro dirigió a la orquesta con precisión, acompañado por dos violinistas de lujo: Xabi Alonso y Andrés Iniesta; entre los tres marcaron el ritmo y la intensidad de una interpretación que deleitó a la afición y ensimismó a los rivales. A medida que la partitura se iba interpretando, la goleada se acercaba. Empezaron a llegar los goles.
Aprovechando un perfecto pase desde la divisoria de Xavi, que le dejó mano a mano con el portero, Álvaro Negredo abrió la lata con un zurdazo inapelable que fusiló al guardameta de Liechtenstein. El delantero del Sevilla, que estuvo muy activo desde el arranque del partido, está empeñado en abrirse paso y sacar el billete para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Sabe que para conseguirlo tiene que marcar muchos goles, y en ello está el ariete madrileño que también marcó el segundo de España. Villa tocó de espuela y Negredo, con el exterior del pie izquierdo, ejecutó junto al palo derecho. La orquesta ya estaba afinada y la composición resultaba magistral, acorde al director de orquesta, que también asumió su cuota de protagonismo. En su partido 103 con la selección española, Xavi transformó con mucha calidad una falta desde la frontal del área y demostró que su presencia ofensiva tampoco desmerece. El recital resultaba impagable: la gente quería goles, goles y más goles. Pocos partidos internaciones son propicios para una goleada de escándalo, pero éste era uno de ellos. Y el 3-0 con el que se llegó al descanso, le sabía a poco a más de uno.
A la vuelta de los vestuarios, el recital goleador siguió. Marcó el cuarto Sergio Ramos, casi sin querer, y a los pocos minutos llegó la manita gracias a un gol de Villa, que aprovechó un gran jugada hasta la línea de fondo de su paisano Juanín Mata. Y en esas estábamos cuando Las Gaunas se convirtió en una fiesta total con la entrada de Fernando Llorente al terreno de juego. Se desconoce si la afición riojana lo quiere más por ser hijo adoptivo de la localidad riojana de Rincón de Soto, por buen chaval, por extraordinario futbolista o por guapetón, una circunstancia que puntúa el doble. Lo demuestra la cerrada ovación de las cientos de aficionadas que entraron en éxtasis cuando vieron corretear por el césped al agraciado delantero. En eso, como en tantas otras cosas, ellas tienen la última palabra. Y a los demás no nos queda más que conformarnos con detalles más terrenales como el sexto tanto con el que se certificó la goleada. Un remate de Villa en la línea de gol que aprovechó un gran servicio de Xabi Alonso desde la derecha, y ya lleva 49 goles con la selección. La pena que sienten algunos porque El Guaje no pudo marcar ayer su gol número 50 con La Roja, es directamente proporcional a la que sienten ellas porque no marcase Llorente. Mondo cane.
Lo importante es que todos los instrumentos de la orquesta de Del Bosque volvieron a sonar perfectamente y el recital certificó la clasificación de España para la próxima Eurocopa, en la que tratará de revalidar el triunfo conseguido en Austria hace 3 años y coronar así el Everest del fútbol internacional: enlazar dos Eurocopas y el Mundial. Un reto fascinante por el que también luchará Thiago Alcántara, un virtuoso del balón que ayer debutó con la selección española, cerrando cualquier remota posibilidad de que Brasil nos lo arrebate. Una gran noticia. Todo es armonía en un equipo que suena a gloria.
Esta crónica también se puede leer en una página web de referencia, www.iquattro.es
miércoles, 9 de marzo de 2011
Con suspense, pero en cuartos
- El Barcelona sella la clasificación tras superar a un Arsenal conservador
- Messi volvió a ser el azote de la defensa del equipo inglés
Las bajas en ambos equipos, las declaraciones de los entrenadores y, sobre todo, el resultado del partido de ida cargaron de suspense las horas previas al partido. Como si se sintiera cómodo dentro de ese ambiente, Arsene Wenger planteó el partido a la defensiva sin importarle que el Barcelona fuese el amo y señor del balón. El guión le falló poco antes del descanso, cuando Messi culminó una obra de arte que había iniciado Iniesta y daba la clasificación momentánea al equipo catalán. Sin embargo, el destino le concedió una segunda oportunidad a Wenger cuando marcó Busquets en propia puerta y establecía el empate.
Pero el Barcelona no estaba dispuesto a doblar la rodilla ante los maquiavélicos planteamientos de Wenger. Realizó su propio partido, sin ninguna concesión hacia el rival y con la esperanza de que la inspiración de Messi volviese a desequilibrar la balanza. No se sintieron presionados y controlaron la circulación del balón a la espera de que su asedio a la meta de Almunia, que había sustituido a Szczesny mediada la primera parte, obtuviera su recompensa. Y el premio llegó para jolgorio de los culés. Alguno incluso se acordó de los que reprocharon al equipo de Guardiola que le faltaba una remontada.
La presencia de Van Persie en el once inicial del Arsenal constituyó uno de los grandes alicientes del partido. Después, comprobando la aportación del delantero holandés al juego de su equipo, se comprobó que su participación no pasó de mera anécdota. Eso sí, en la segunda parte, él fue el protagonista de la jugada polémica del encuentro. El ariete continuó una jugada cuando el árbitro ya había señalado el fuera de juego y tiró a puerta. Al colegiado suizo Massimo Bussaca no le tembló el pulso y le expulsó al sacarle la segunda amarilla. Los jugadores del Arsenal protestaron con mucha severidad esta decisión alegando que Van Persie no escuchó el pitido del trencilla por el tremendo ruido que había en el campo.
Ante un Arsenal debilitado por la expulsión de uno de sus mejores hombres, todo parecía encaminado hacia la clasificación del Barcelona. Iniesta asumió la responsabilidad de conducir la mayoría de los ataques de su equipo y dirigió una jugada magistral que terminó en las botas de Xavi, que tocó lo justo para superar a Almunia. Poco después llegó el tercer gol azulgrana gracias a un penalti de Koscielny sobre Pedro y que transformó Messi con sangre fría. Parecía que este tanto iba a servir para finiquitar el partido y los últimos minutos se iban a convertir en un mero trámite.
El Arsenal no estaba dispuesto a darse por vencido con tanta facilidad y, en un giro inesperado del guión del partido, Bendtner se plantó solo ante Víctor Valdés. Una excelente llegada que parecía encaminada a terminar irremisiblemente con el segundo gol del equipo inglés. En esas surgió de la nada Mascherano, que se jugó el tipo y la expulsión para cortar la jugada, tocar lo necesario y entregar el balón mansamente a Valdés. El Barcelona había desbaratado con éxito la mejor ocasión del Arsenal. La clasificación estaba sellada. Ahora toca esperar un rival en cuartos de final, pero el Barcelona puede presumir de haber superado el sinuoso guión que le deparó una eliminatoria digna de Champions, que afortunadamente terminó con final feliz para los intereses del equipo catalán.
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