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martes, 26 de marzo de 2013

Un año con mucha vida

El Barcelona despide un 2012 protagonizado por Guardiola, Vilanova, Abidal y Messi


Cuando el aficionado eche un vistazo al álbum de fotos del año del Fútbol Club Barcelona, tendrá muchas dificultades para quedarse con una. Han sido muchas las imágenes que ha dejado 2012 para el equipo azulgrana. Más que elegir una foto, elegirá nombres. Los nombres y apellidos de los protagonistas que han sido noticia en los últimos 12 meses. Y entre los diversos protagonistas le resultará muy complicado destacar a uno: Pep Guardiola, Tito Vilanova, Leo Messi, Eric Abidal… Las historias por encima de los resultados. Las personas por delante de los deportistas. Menos títulos pero más vidas. La dificultad para elegir un solo instante y a un único protagonista se comienzan a manifestar desde las primeras páginas del desplegable. Las emociones comenzaron muy pronto. Allá por el mes de enero.

Pronto se comprobó que 2012 iba a ser un año muy intenso para el barcelonismo. En enero disputaron un doble duelo con el Real Madrid en los cuartos de final de la Copa del Rey. La ida se jugó en el Santiago Bernabéu y, como es tradición en cada clásico del siglo, hubo un torbellino de emociones. 1-2 para el Barça gracias a los goles de Puyol y Abidal. Dos defensas se encargaron de remontar el gol inicial de Cristiano Ronaldo. Pero la imagen del partido fue el pisotón de Pepe a Messi en la mano. Esas imágenes polémicas que nunca gusta ver sobre un terreno de juego. Fue el reflejo de un duelo al sol, sin concesiones, que dejó todo abierto para el partido de vuelta en el Camp Nou. En la Ciudad Condal, la igualdad fue mayor si cabe a pesar de que los azulgranas dispusieron de un 2-0 a su favor, golazo incluido de Dani Alves, pero los blancos remontaron, empataron y a punto estuvieron de dar la vuelta a la eliminatoria y clasificarse para semifinales. Al final, el Barça salvó los muebles y superó con éxito el primer gran reto de la temporada. Mientras, la Liga se ponía muy cuesta arriba, a 7 puntos del Madrid, y Messi dedicando su tercer Balón de Oro a la afición. Cada genio con su tema.


La preocupación no solo se explicaba por la clasificación en la Liga. En febrero, las miradas de incertidumbre también apuntaban a la enfermería. Alexis, Pedro y Xavi estaban tocados y Guardiola urgía al cuerpo médico a resolver el misterio de las lesiones. El bálsamo era la Copa. No iba a resultar sencillo administrar esa anestesia copera porque las semifinales contra el Valencia presentaban muchas aristas, pero el Barcelona solventó la papeleta con autoridad ante un buen equipo. Tras empatar a un gol en Mestalla, gracias a un testarazo de Puyol, todo se resolvió en el Camp Nou con un 2-0 que clasificó a los azulgranas para la gran final contra el Athletic de Bilbao. La final de los reyes de Copas. La reedición del duelo de 2009 en Mestalla. Una oportunidad para la revancha de los leones. Mientras, las opciones de ganar la cuarta Liga consecutiva se seguían desvaneciendo después de la derrota ante Osasuna en el Reyno de Navarra y que elevó a 10 puntos la distancia con el Real Madrid. Febrero también fue el mes en que aumentaron los rumores de la posible marcha de Guardiola al acabar la temporada. Messi, por su parte, impresionaba al mundo marcando 4 goles al Valencia y todas las ilusiones estaban puestas en la Champions League. Los goles de Alexis y Messi al Bayer Leverkussen en el BayArena dejaban más cerca los cuartos de final.


Pero fue en marzo cuando se vivió una de las noche más mágicas del año azulgrana. En la Copa de Europa, el partido de vuelta de los octavos contra el Bayer Leverkussen se convirtió en el partido de Messi. El argentino se vistió de historia y marcó 5 goles, convirtiéndose en el primer jugador que lo consigue en la Champions. El mundo entero contemplaba asombrado una nueva hazaña del futbolista 10 y soñaba con un Barça-Madrid en la final del torneo. En este mes comenzaron los cuartos de final de la Champions con un empate a cero en Milan y se animó la pelea por el título de Liga después de los empates del Madrid ante el Málaga en el Bernabéu y el Villarreal en El Madrigal; la distancia se rebajó a 6 puntos. Aunque la peor noticia de este mes saltó el 15 de marzo cuando el Barcelona anunció en un comunicado, justo un año después de la detección del tumor y tras ser intervenido posteriormente, que Eric Abidal sería sometido a un trasplante de hígado. Todo el fútbol mandó mensajes de apoyo al defensa francés porque, a partir de ese momento, el mayor triunfo del año iba a ser su recuperación.


La temporada llegaba a su recta final. Abril fue el mes decisivo. Todos confiaban en que saliese cara. Pero salió cruz. Tras acercarse a 4 puntos del Real Madrid, después de su empate en casa ante el Valencia, las últimas jornadas de la Liga fueron de infarto. El Barcelona goleó al Getafe y ganó por la mínima al Levante en el Ciudad de Valencia antes de jugárselo a todo o nada contra su eterno rival en el Camp Nou. Ese clásico sí que fue un partido del siglo de verdad porque dilucidó las opciones ligueras de ambos equipos. El Barça confiaba en la inspiración de Messi y un gran planteamiento estratégico de Guardiola para tumbar al Madrid. Pero los de Mourinho, con Cristiano al frente, autor del gol decisivo, desactivaron al crack argentino, vencieron (1-2) en la Ciudad Condal y sentenciaron la Liga.
Todas las esperanzas de los culés pasaron a estar en la Copa de Europa. Tras caer (1-0) en Stamford Bridge ante el Chelsea, después de una posesión de escándalo y un chorreo de ocasiones, se aferraron a Messi y a la genialidad de sus futbolistas para dar la vuelta a la eliminatoria en el Camp Nou y clasificarse así para otra final. Confiaban en que la mala suerte se había acabado ya. La cosa se puso de cara gracias a los goles de Busquets e Iniesta. 2-0 a los 43 minutos. Ni en los guiones más optimistas. Pero todo se enfrió antes del descanso, cuando Ramires recortó distancias y sembró el desconcierto entre el barcelonismo. En la segunda parte, el Barça dispuso de varias ocasiones, incluyendo un penalti que Messi estrelló en el larguero y otro disparo del argentino al palo, pero fue incapaz de marcar otro gol a pesar de que encerraron al equipo inglés en su campo. Cerrojazo a la inglesa. En plena ofensiva barcelonista, a un suspiro de la finalización del encuentro, el Chelsea lanzó una contra letal que finalizó Fernando Torres. La puntilla. El Niño firmó la sentencia más dolorosa. Adiós a las opciones de revalidar título. Ningún equipo ha conseguido hasta ahora repetir victoria en la Copa de Europa.

Y para culminar un mes de abril maldito, Guardiola confirmó los rumores y anunció su intención de dejar de entrenar al Barcelona para tomarse un año sabático. Máxima conmoción entre los barcelonistas porque nadie se quería creer que el de Santpedor se iba a levantar del banquillo culé. Desgastado, vaciado y presionado, el entrenador más laureado en la historia del club decidía dar un paso al costado para reflexionar y recuperar fuerzas. Después de muchos meses sin despejar la incógnita sobre su futuro, de aplazar su respuesta a las reiteradas y millonarias ofertas de renovación, Guardiola dio por cerrada la etapa más brillante en la historia del club. Su sustituto iba a ser su mano derecha, Tito Vilanova. Un hombre de la casa, que había sido también partícipe de los éxitos logrados por la entidad azulgrana. La apuesta, arriesgada, solo el tiempo se encargará de dilucidar si fue acertada o no, parece un relevo natural para mantener vigente la idea futbolística promulgada por el “guardiolismo”. Para la historia queda el discurso que Guardiola, visiblemente emocionado, dedicó a su afición en el Camp Nou después del partido de Liga ante el Espanyol y el posterior paseo por el césped del coliseo azulgrana junto a su familia.



Ya en mayo, Messi estableció un récord histórico al ganar el pichichi marcando 50 goles. El Barcelona se preparó a conciencia para despedir a Guardiola con un nuevo título. La final de la Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao en el Vicente Calderón era una oportunidad inmejorable de brindar una gran despedida al entrenador que revolucionó el fútbol español. Y ejerciendo de buen rey de Copas, con doblete de Pedro y uno de Messi, el Barça arrolló al Athletic y dedicó la victoria al de Santpedor. Despedida triunfal de Pep después de ganar 14 títulos de 19 posibles. Una marca histórica, que tardará muchos años en batirse, si es que existe algún entrenador capaz de superar semejante registro. Para la historia queda la imagen de Xavi levantando al cielo de Madrid la Copa, tras un gran detalle del capitán, Carles Puyol, que le permitió levantar el trofeo a su compañero y amigo.


En junio, Valdés, Piqué, Busquets, Xavi, Iniesta, Fábregas y Pedro se proclamaron campeones de la Eurocopa con la selección española y rubricaron de la mejor manera posible la temporada. Llegó la hora de descansar para los futbolistas, aunque el trabajo pasó a concentrarse en los despachos, como es habitual en el verano. Jordi Alba y Alexandre Song fueron los dos fichajes estivales; Keita, Afellay y Fontás, por su parte, abandonaron la nave azulgrana. Julio se dedicó al tradicional tiempo de pretemporada: pruebas, acoplamiento y adaptación al nuevo concepto futbolístico que promulga Vilanova. En pleno mes de agosto, arrancó una nueva edición del campeonato nacional de Liga. La expectación era máxima porque el Barcelona iniciaba el primer año de Vilanova. Y entre medias, la Supercopa de España contra el Real Madrid. Primer asalto del Barça de Tito contra el Madrid de Mourinho. El Barcelona se impuso en el partido de ida en el Camp Nou, pero el gol de Di María, precedido de un fallo garrafal de Valdés, alimentó las opciones madridistas para la vuelta. Y en el Bernabéu, el Madrid se impuso por la mínima y se llevó el primer torneo de la temporada, aunque los azulgranas asustaron al madridismo y Messi casi empata el partido en los últimos minutos, lo que le hubiese dado el primer trofeo de la temporada a los barcelonistas.


En septiembre se comenzó a percibir que la andadura del Barcelona por la Liga iba a resultar imparable. En la cuarta jornada, el Real Madrid ya estaba a 8 puntos después de su derrota en Sevilla, mientras que el Barcelona superaba con solvencia sus partidos guiado por los goles de Messi. Victorias en casa ante Valencia y Granada, y a domicilio frente a Getafe y Sevilla, para terminar el mes como líder destacado de la Liga BBVA. Mientras que en la Champions debutó con buen pie tras remontar al Spartak de Emery con dos goles de Messi. Y que el ritmo no pare.
A principios de octubre volvió a la Liga el gran clásico del fútbol mundial. Empate a 2 goles en un apasionante partido con goles de Messi y Cristiano. En la primera parte puso el fútbol el Real Madrid, mientras que el Barça se entonó en la segunda y dispuso de ocasiones para ganar el partido. En la Liga también se vivió otro extraordinario partido ante el Deportivo en Riazor. 4-5 para los azulgranas, con hat-trick de Messi. El argentino marcó otro doblete ante el Rayo en la manita que el equipo de Tito le infligió al conjunto vallecano. De este modo consiguió su segunda Bota de Oro que le distingue como el máximo goleador europeo. Merecido galardón. El Atlético de Madrid se convirtió en el inmediato perseguidor azulgrana en la clasificación liguera y este mes también se produjo la concesión del premio Príncipe de Asturias a uno de los estándartes del barcelonismo, Xavi Hernández, que recogió el galardón junto al capitán del Real Madrid, Íker Casillas. Un premio a la amistad que prevalece por encima de colores y rivalidades futbolísticas. El juego limpio por bandera.
Recién nacido el mes de noviembre, vino Thiago Messi al mundo y el Barça firmó el mejor arranque de su historia tras vencer al Celta en el Camp Nou. Concatenación de buenas noticias. La extraordinaria andadura azulgrana no se vio ensombrecida ni por la derrota ante el Celtic en Champions. No pasará a la historia esa derrota salvo por un motivo feliz para el barcelonismo: Messi le dedicó su primer gol a su hijo. Y la máquina no se detuvo en este punto ni mucho menos. Con su doblete en Mallorca, Messi, con 76 goles, superó a Pelé. Una marca extraordinaria, pero temporal, que solo fue la antesala de lo que estaba por venir. El argentino salía a gol por partido y comenzaba a otear en el horizonte una plusmarca histórica de 85 tantos que había logrado Gerd Müller en 1972. Tras marcar dos dobletes ante el Zaragoza en la Liga y el Spartak en la Champions, se situó a solo 5 del alemán. Todas las miradas se centraban en la impresionante racha goleadora del argentino, que coincidía con la imperial marcha culé por la Liga que le distanció 11 puntos del Real Madrid y le consolidó como líder destacado del campeonato por delante del Atlético.
Tito y Messi se repartieron el protagonismo en el último mes de 2012. Diciembre fue un mes raro, de situaciones encontradas y sentimientos cruzados. Por un lado, el entrenador fue protagonista al entrar en la leyenda por ser el entrenador del equipo que firmó el mejor arranque en la historia de la Liga española (13 triunfos y un empate). El otro motivo, su recaída en esa dichosa enfermedad llamada cáncer, representa la tan temible negatividad. Lógicamente, Vilanova tuvo que abandonar la actividad para centrarse en la recuperación. Lo sustituyó Jordi Roura.
Aporta la necesaria dosis de felicidad, por su parte, el argentino que, con su doblete ante el Betis en el Ruiz de Lopera, superó lo que parecía inalcanzable hasta el 9 de diciembre de 2012: el récord de Müller de 85 goles en un año. Pero la voracidad goleadora del argentino no se paró ahí. Siguió goleando y dejó la plusmarca en 90 goles tras su tanto ante el Valladolid en Zorrilla en la última jornada liguera del año 2012. Tardaremos muchos años en vivir algo parecido. O quizás no. Porque el propio Messi puede ser capaz de superar su propio récord a medio plazo. Todo es posible con este colosal futbolista, que tiene un reto permanente contra sí mismo por ser cada vez más legendario. Entretanto, Villa lucha por ganarse un hueco en el once barcelonista para acallar los rumores que le sitúan lejos de Barcelona.

La marcha de Guardiola, el comienzo del ciclo de Vilanova, la victoria en la Copa del Rey, la andadura triunfal del equipo de Tito, los goles de Messi… Hay mucho donde elegir para resumir lo que ha significado el año 2012 para el Fútbol Club Barcelona. Deportivamente ha tenido más nubes que claros, a pesar de que no ganaron ni la Liga ni la Champions de la pasada campaña; no obstante, el extraordinario comienzo de la temporada 2012-13 y las plusmarcas goleadoras del incansable crack argentino abrillantan el balance azulgrana. Pero la principal lectura a extraer del año barcelonista es el ejemplo de superación que representa este equipo y cuyos máximos exponentes son Abidal y Tito. Aquejados de una complicada enfermedad, ambos han decidido no rendirse para demostrar que todo es posible. Sus ejemplos, el legado de Guardiola y los goles de Messi demuestran que, en la vida como en el deporte, se puede aspirar a cualquier cosa, incluso a la felicidad. Y que a la negatividad se la derrota a base de goles y sonrisas.



jueves, 8 de noviembre de 2012

El Barcelona pierde el tren de Glasgow

El Celtic saca petróleo de su solidez defensiva y su veloz contraataque

Wanyama y Watts marcaron para los escoceses y Messi recortó distancias en el 90'

Los de Vilanova siguen líderes de su grupo y se jugarán el pase a octavos contra el Spartak


Tenía el Barcelona la ocasión de sacar el billete para clasificarse en clase VIP a los octavos de final, pero perdió el tren de Glasgow. Los de Vilanova se durmieron en el andén de la estación escocesa y perdieron la oportunidad de clasificarse como primeros de grupo para la siguiente ronda de la Liga de Campeones. Messi no pudo erigirse en una suerte moderna de Bruce Reynolds y fue incapaz de llevar a cabo el asalto. Operación fracasada. Esta vez, el ingenio y la eficiencia del futbolista argentino no fueron suficientes para ejecutar a la perfección la embestida. Si el pequeño Thiago no trajo un gol debajo del brazo, a la segunda intentona fue la vencida y Papá Messi se pudo llevar el dedo pulgar a la boca para dedicarle su primer gol paternal. "A buenas horas", pensará el retoño, no sin razón.

La operación tuvo un comienzo prometedor para los intereses blaugranas. El contingente se desplegó con puntualidad británica, conscientes de que la formalidad puntúa el doble en la vieja Copa de Europa. Tocaba y tocaba el Barça a la espera de encontrar la oportunidad de lanzar la ofensiva definitiva. Xavi e Iniesta ejercían de Tom Wisbey y Robert Welch. Centralizaban la conducción del balón para hipnotizar a los contrarios. El procedimiento habitual para maniatar a los rivales. Messi culminó una aproximación con un disparo que se marchó alto. Los escoceses esperaban su oportunidad a la contra.

En su primera aproximación a la meta de Valdés forzaron un córner. Malas noticias para el barcelonismo. Sufre el Barça en las acciones a balón parado. La incertidumbre era máxima porque Tito partió con Mascherano y Bartra en el centro de la zaga, con Song de pivote defensivo. Piqué, estandarte del juego aéreo, en el banquillo. La enfervorizada grada de Celtic Park celebró con júbilo el saque de esquina. Y sus jugadores no defraudaron las expectativas. Wanyama se elevó imperial en el segundo palo, evidenciando el miedo a las alturas de Jordi Alba, y remató de cabeza a la red. Alba (1.70 metros) contra Wanyama (1.88 metros): gigantes y cabezuso. O el espectáculo del bombero torero a la escocesa. Desconcierto en Can Barça.

Con Messi moviéndose por todo el frente del ataque, Alexis se constituyó en la principal referencia ofensiva del Barcelona. El objetivo era distraer a los centrales del Celtic, dos férreos agentes de seguridad. Y tuvo que ser el argentino el autor de la mejor ocasión para el conjunto blaugrana con un remate que se marchó fuera después de acariciar el larguero. Iniesta inició una jugada de tiralíneas que culminó el zurdazo envenenado de Messi. A punto estuvieron de meter mano al botín que se escondía en el vagón del convoy escocés. La intentona no tuvo éxito. Tenían desviado el punto de mira. Alexis cabeceó al palo tras un centro de Alves. Entre las maderas y Foster no encontraban los blaugranas la llave para abrir el convoy del dinero. La posesión era culé, pero el marcador sonreía a los escoceses. Eficacia absoluta. La fortuna no siempre sonríe a los ladrones.

El capitán Neil Lennon había desplegado un férreo dispositivo de seguridad. No quería sorpresas. El arranque del segundo tiempo siguió un guión parecido al de la primera parte. El Barça acechaba la portería del Celtic. Alexis buscaba el gol desesperadamente, pero se le disipaban las ideas en los últimos metros y no lograba definir con acierto. Tiene un problema Vilanova con el chileno. Parece una temeridad dejar a Villa en el banquillo para dar minutos en su lugar a un futbolista demasiado impetuoso. Es cuestión de lógica: la anarquía chilena contra la precisión asturiana. Cuestión de gustos.

Vilanova volvió a recurrir al Guaje en el minuto 65, con 25 minutos por delante más el descuento para desequilibrar el encuentro. Pero volvió a ser Messi el que tuvo la mejor ocasión ante la meta de Forster, aunque nuevamente el cancerbero hizo una estirada felina para abortar la oportunidad. Tito agitó el carrusel de cambios y dio entrada a Piqué y Cesc al rectángulo de juego. Pero la imprecisión era manifiesta. Y como reza el tópico, cuando se perdona, se paga. No se roba. Y en una contra fulgurante, aprovechando un saque rápido de Forster, Xavi no acertó a tocar en el centro del campo, le llegó el cuero a Watt que definió a la perfección con un remate cruzado ante el que nada pudo hacer Valdés. En el último minuto marcó Messi aprovechando un rechace de Forster tras una magistral jugada de tiralíneas del conjunto blaugrana.


Perdió el Barcelona. No jugó mal, pero los de Vilanova sufrieron su segunda derrota en 17 partidos tras la del 29 de agosto en la Supercopa de España contra el Real Madrid. Llevaban 6 años sin perder fuera de casa en la fase de grupos de la Champions League. Hasta que fracasó el asalto al tren de Glasgow. Una pelicula que tiene como banda sonora el "You´ll never walk alone" no puede terminar mal para los que la cantan espontáneamente. Porque cantar bien también tiene premio.

lunes, 29 de octubre de 2012

El Barça de Tito es un rayo

Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana

Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas

Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés


Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.

Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1 empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros. Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido de pivote defensivo.

No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos. Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa, Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo y salió trasquilado.

Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana. Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante, cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió. Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí, tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo más goleado de Primera con 22 goles encajados.

David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300 goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la opción premiada era la segunda.

Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias, que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de alcanzar los 75 de Pelé en 1959.

Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria. Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes de tiempo.

Jordi Alba ejerce de Cesarini

Un providencial gol del lateral azulgrana en el 94 decide un agitado partido

Las aportaciones de Villa resultaron determinantes en los últimos minutos

Sostenido por su portero, el Celtic puso en muchos aprietos al Barcelona


Jugador singular, imprevisible, pillo y oportuno. Renato Cesarini fue un futbolista argentino que pasó a la posteridad por tener la virtud de marcar en los últimos minutos de los partidos decidiendo encuentros trabados y disputados. En homenaje a ese espadachín del tiempo se acuñó la expresión de ´Zona Cesarini´ para definir esa franja final  en la que se mezcla lo divino con lo terrenal.  Mitad suerte, mitad justicia. Mitad partido, mitad descuento. Entre la vida y la muerte circula ese intervalo temporal en el que se marcan los goles más decisivos e inesperados. Los bocados de chocolate que más se saborean porque ya no queda ninguna unidad más al alcance de la mano. Caviar para los paladares más inconformistas. Pecados para la posteridad.

Jordi Alba ejerció de Cesarini tres una agitada noche en el Camp Nou. No es argentino, pero ha demostrado que los de Hospitalet de Llobregat también son indetectables y determinantes. No pongan un radar en su camino porque se lo saltará. Se las sabe todas. Es un Lazarillo del fútbol español que tiene la capacidad de adelantarse a los ratones para comerse el queso. Posee el ingenio suficiente para ser obispo y monaguillo. Y todo a una velocidad fulgurante porque, al igual que al mítico futbolista argentino, el reloj sonríe a Alba. Cuando las manillas enfilaban la dirección del túnel de vestuarios y la sufrida afición clamaba al cielo, apareció este habilidoso lateral para darle la victoria al Barça. Chico listo este Jordi.

Como se trataba de ganar para encarrilar el acceso a los octavos de final de la Copa de Europa y se ganó, el barcelonismo tuvo una noche feliz. Se mueve bien este Barça al filo de la navaja. Así son estos malabaristas del fútbol, capaces de hacer equilibrios con el balón y el paso de los minutos. No conviene abusar de este talento, pero todo vale en el circo del fútbol. Aunque la función estuvo a punto de terminar mal para los equilibristas de Vilanova porque el Celtic de Glasgow plantó el autobús en el Camp Nou y cerca estuvo de atropellar a los intrépidos acróbatas azulgranas. Apoyados en una sujección defensiva férrea, con diez hombres metidos en su propia área, y en un buen parachoques en la portería, los escoceses averiaron las correas de distribución del juego culé. Le encontraron las vueltas a Song en el centro del campo y causaron estragos al bueno de Bartra, gran novedad del once barcelonista. El entrenador del equipo escocés, Neil Lennon, apuntó en su libreta los puntos débiles del Barcelona y dio donde más duele.
En el minuto 17, en su primera aproximación al área de Valdés, colgaron una falta desde la derecha, se aprovecharon de su superioridad en el juego aéreo, el gigante Samaras se convirtió en Gulliver ante Alba, cabeceó y el liliputiense Mascherano no pudo evitar que el cuero rebotara en su espalda y se colara en la meta de un impotente Valdés. Los aficionados veían pisoteadas sus esperanzas de encarrilar por la vía rápida el pase a octavos y asistían malhumorados a la melodía que tocaban los gaiteros de Lennon. No encontró una mejor excusa el técnico escocés para llamar a la calma y apelar al sentido común de sus huestes: cabeza, cabeza y cabeza. Contaba con que el golpe iba a cortocircuitar al Barcelona. Y así fue.

El Barcelona disparó las revoluciones y se echó en tromba sobre la portería de Foster. Avisó Messi con un lanzamiento de falta que bailó por la red superior de la portería. Pocos minutos después, combinaron Messi, Iniesta y Xavi, jugando a la quema en el área escocesa y culminó el de Fuentealbilla, medio cayéndose, con un remate ajustado que se coló en la portería escocesa. No pudo elegir una ocasión mejor el manchego para estrenar su cuenta goleadora esta temporada.

Las infructíferas combinaciones y carambolas de billar eran la unica alternativa azulgrana para acechar la meta de Foster. Pero el arquero estaba empeñado en demostrar que el fútbol escocés también puede fabricar magníficos porteros. Sacó tres manoplas determinantes: primero ante Messi, luego ante Alexis y, de nuevo, ante el argentino, en un remate a bocajarro que el guardameta rechazó con su guante izquierdo en una estirada felina. Partidazo del portero escocés que estaba impacientando a la gent blaugrana, que se encomendó al Guaje Villa. Salió el asturiano al campo en el minuto 80 de partido. Se podría escribir una tesis sobre el concepto de urgencias que maneja Tito Vilanova ya que metió a su único delantero a diez minutos del final del encuentro. El caso es que el 7 blaugrana a punto estuvo de demostrarle por qué se merece ser el único ariete del Barça. Lanzó un balón al palo en el minuto 87. Muchos pensaban que ahí había estado la victoria azulgrana y el langreano no iba a tener más oportunidades.

Hasta que en tiempo de descuento, Adriano sirvió un buen balón al corazón del área, Villa fijó a dos defensas del Celtic para habilitar la llegada por sorpresa de Jordi ´Lazarillo´Alba, que ganó la espalda a la zaga, entró como un cohete para tocar lo justo y marcar en el minuto 94. Delirio en el Camp Nou. Se volvió loco el barcelonismo al ver que se habían ganado un encuentro durísimo. No se sabe si celebraban el triunfo de la fe, la suerte o la pillería. Hubo una liberación total. Exorcismo completado. Homenaje a Cesarini.

lunes, 22 de octubre de 2012

Papá Messi manda en el patio

El hat trick del crack argentino decidió un partido de locos

Los errores de ambos equipos mantuvieron la emoción hasta el final

El Barça suma su séptima victoria liguera pero se queja del arbitraje de Paradas



Messi ya ejerce de padre. Puso orden en un partido de locos. Lo que se disputó en Riazor fue una pachanga de patio de colegio, un espectáculo que encandila a los aficionados pero que pone de los nervios a los entrenadores. El fútbol más puro. Un canto a favor de la anarquía futbolística. Un choque a la inglesa. Con un ritmo electrizante, constantes imprecisiones y puntuales variaciones en el marcador. Lo más normal es que este encuentro hubiese terminado en empate. Por el número de errores que se produjeron en las dos áreas, cabía pensar en las tablas. Pero ya se sabe que este Barcelona va a contracorriente, camina sobre las aguas y es capaz de salir airoso de los envites más peliagudos.

Le van los retos al Barça de Tito, que firma un registro espectacular al comienzo del campeonato liguero: 22 puntos sobre 24 posibles, 7 partidos ganados sobre 8 disputados y 24 goles a favor. Los duendes sonríen al proyecto de Vilanova porque anteponen los datos positivos al preocupante bagaje defensivo: 11 goles encajados. No recibía tantos goles en las 8 primeras jornadas desde la Liga 2002-03. Se lo tienen que hacer mirar, aunque poco tiene que ver este Barcelona con aquel equipo al que entrenaba Louis Van Gaal. La envergadura de este conjunto se comprueba a la perfección cuando se mira con perspectiva histórica, ya sea con catalejo, prismáticos y telescopio. En otra época, no hace muchos años, el Barcelona no hubiese ganado el partido de Riazor. Pero seguramente tampoco habría ganado los choques contra el Osasuna y el Sevilla. Ni tan siquiera hubiera empatado contra el Real Madrid en el Camp Nou. Ahora tiene ángel y vive cómodo bajo la inspiración divina de un espíritu celestial procedente de Rosario.

El crack argentino es insaciable. No para. Vive en una mejoría permanente. Pasan los años, los partidos y los campeonatos, y no se cansa de añadir sorpresas a su inabarcable repertorio. De mejorar su estilo de juego. No deja de perfeccionar su inagotable talento. Mientras, los rivales se estrujan los sesos en el microscopio para tratar de encontrar una fórmula mágica que les permita frenar a la pulga más peligrosa del fútbol mundial. De momento, el proceso es arduo e infructuoso. Sus números meten miedo: con sus 3 goles y su asistencia en Riazor, ya suma 267 goles y 100 asistencias en 341 partidos disputados. Esta temporada ya lleva 11 goles y es el máximo goleador de la Liga. Messi no entiende ni de virus, ni de maldiciones, ni de despistes. Vive por y para el fútbol. Además, ahora ya puede presumir de que sabe imponer a los partidos sus condiciones usando para ello su emergente instinto paternal. Lo tiene todo.

En el patio de Messi se colaron los goles de Jordi Alba, Tello y las asistencias de Fábregas. Fue un partido no apto para los más tardones y despistados. A los 18 minutos ya ganaba 0-3 el Barcelona. Abrió la espita Jordi Alba en una jugada que recordó a la de su gol en la final de la Eurocopa, pero con menos recorrido y distinto asistente: en aquella ocasión fue Xavi el que sirvió un balón envenenado a la llegada de la bala de Hospitalet, y esta vez fue Cesc Fábregas quien dio el pase decisivo al supersónico lateral para que marcara con un zurdazo raso y ajustado ante la salida de Aranzubia estrenando así su cuenta goleadora con el Barça. Poco después, Messi comenzó su exhibición con una buena jugada que culminó con una apertura hacia Tello, que se perfiló, buscó el remate y marcó con un potente disparo cruzado. Y el tercero de la noche fue obra de Messi, que sorprendió con un imponente trallazo desde fuera del área aprovechando un extraordinario pase de tacón de Fábregas. A esta hora se sigue sin saber el número de telas de arañas que destrozó el disparo del argentino. Cuando el partido parecía irse encaminado hacia una goleada de escándalo de los azulgranas, apareció Paradas Romero para inventarse que un derribo fuera del área de Mascherano sobre Riki era penalti y Pizzi no perdonó desde el punto fatídico. Poco después, Bergantiños añadió más picante al encuentro con un remate que se coló por debajo de los brazos de Víctor Valés. El Barça estaba tirando por la borda su fulgurante arraque, hasta que volvió a aparecer Messi para marcar su segundo de la noche aprovechando una nueva asistencia de Fábregas.

Al comienzo del segundo tiempo surgió de nuevo Pizzi para superar a la barrera y a Víctor Valdés con un impecable lanzamiento de falta. No acabaron aquí los disgustos para la parroquia culé porque, a continuación, Paradas expulsó a Mascherano por un golpe sobre Riki. El argentino vio la segunda amarilla y fue el chico malo de la clase que tuvo que irse a la caseta antes de tiempo. Queda en el aire la duda de si ese golpe del argentino sobre el atacante del Depor se merecía la doble amonestación. A Tito le entraron las prisas y decidió combatir esta ostensible baja con las incorporaciones de Adriano, Pedro y Xavi al terreno de juego con el fin de ganar en control del juego. La igualdad y la incertidumbre eran máximas. Deportivistas, colchoneros y madridistas soñaban con el gol del empate, un tanto que pondría picante a la lucha por el liderazgo. Pero Messi no estaba dispuesto a una sorprendente indigestión.

La Pulga impuso su ley, comenzó una arrancada endiablada desde la zona de tres cuartos, se plantó, amagó y dribló a Laure y Ze Castro, ganó posición de tiro y disparó un misil a nivel de tierra que superó a Aranzubia. El argentino culminaba su hat trick convirtiéndose de este modo (15) en el futbolista del Barça que ha marcado 3 o más goles en más partidos de Liga. La batalla parecía que estaba decidida, pero en esas Alba emuló a Romario y picó el balón ante la media salida del guardameta azulgrana para recortar distancias. Jordi no quería. Su error avivó el espíritu de remontada de los coruñeses, que soñaron con culminar con un empate. Así llegaron a los últimos minutos, en los que el propio Aranzubia subió al remate de un saque de esquina recordando su tanto ante el Almería el 20 de febrero de 2011. Era la gran esperanza, pero la defensa del Barça alejó el peligro y ratificó la victoria.

La inminente paternidad de Messi no le ha restado ni un ápice de voracidad goleadora. Su hat trick en Riazor ha vuelto a demostrar que es el chico más listo de la clase y el referente para la mayoría de sus compañeros. Él ganó el partido contra el Depor tendiendo una manita que las imprecisiones defensivas de sus compañeros estuvieron a punto de estropear. Ante tanta locura, Messi volvió a ser el más cuerdo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Valdés enreda la Supercopa

Di María aprovecha un error del guardameta del Barcelona para avivar las opciones del Real Madrid

Los madridistas se quejan de que Pedro estaba en fuera de juego en el gol del empate

Recital de Iniesta y oportuna aparición de Messi para adelantar al Barça de penalti


Estamos en agosto. Seguimos en pretemporada. Aunque haya comenzado ya la Liga, los equipos están de rodaje. La Supercopa de España no deja de ser una partida de poker de andar por casa. Si tienes una buena mano, te puedes llevar el premio pero sin llegar a hacer un ´All In´. Hasta entonces, te lo pasas bien. El intercambio de movimientos es entretenido e interesante, intenso e imprevisible. Juegos reunidos. Fútbol de verano. Una buena opción para combatir el calor veraniego. Cuando los jugadores tienen cartas tan buenas, el resultado es una partida como la de esta noche en el Camp Nou.

El primer periodo dejó malas sensaciones entre el respetable. Que si no hay ocasiones, que si faltan estrellas, que si no hay  ritmo… Entre el calor y la falta de minutos de los jugadores, el partido era una cama sin sábanas. Te las quitas porque tienes calor, pero temes el traicionero frío de madrugada. Me refiero a las ausencias de Jordi Alba, Cesc Fábregas, Di María o Higuaín en los onces titulares. Ellos son las sábanas que calientan un partido y esa fue la razón que dejó fríos a muchos aficionados al final de los primeros 45 minutos. A pesar de todo hubo ocasiones y jugadas interesantes. Diamantes compartidos.

Piqué hizo un gran trabajo de contención, e incluso de creación; Xavi, una vez más, fue el mariscal de la posesión del esférico; Alves, hiperactivo en las incursiones por la banda derecha. En el Real Madrid, Xabi Alonso era la brújula que orientaba el juego y la defensa formada por Coentrao, Ramos, Albiol y Arbeloa resolvía los ataques de los azulgrana con acierto, aunque para ello empleando mucha dureza en algunos momentos. El Camp Nou dedicó una monumental pitada a Clos Gómez por no penalizar una dura entrada de Coentrao sobre Messi.  Al descanso se fueron con amarilla Xabi Alonso, Arbeloa y Mascherano, este último por una durísima entrada sobre el lateral portugués madridista. Los aficionados bostezaban. Entre la hora y el desarrollo del primer tiempo, echaban en falta estar en una terraza tomando algo al raso disfrutando de la canícula estival.


La segunda parte fue otra historia. Parecía el Carranza. O el Teresa Herrera. Los jugadores de ambos equipos salieron muy mentalizados al terreno de juego y la partida se puso muy interesante. El intercambio de golpes comenzó con un dudoso penalti sobre Alexis, que Clos Gómez no señaló. El colegiado aragonés no defraudó las expectativas y tuvo mucho protagonismo. Como lo tuvo el día que Mourinho salió a la sala de prensa del Santiago Bernabeu con la famosa lista, o cuando expulsó a Guardiola en Almería. Muchos árbitros poseen la extraña habilidad de sacar de quicio a simios y troyanos. Y en la vuelta, cita con Mateu Lahoz. Pedro Piqueras pide la palabra para describir lo que se puede vivir ese día en Madrid.

Pero los indiscutibles protagonistas del segundo tiempo fueron los jugadores. Cristiano Ronaldo apareció de la nada para marcar el primero con un cabezazo a la salida de un corner botado por Ozil y marcar su cuarto gol consecutivo en el Camp Nou. El portugués siempre tiene una buena mano. Pero no tardó en llegar la respuesta del Barça. Pedro también se maneja bien en la línea del azar y, aprovechando un pase magistral de Mascherano, le ganó la espalda a Coentrao y batió a Casillas con un disparo cruzado. Los madridistas lamentan que el canario se maneja tan bien porque hace trampas e inciden en que partió en posición anti reglamentaria en la jugada del gol. Empate técnico en la partida hasta que Messi desniveló la balanza al transformar un penalti claro de Ramos sobre Iniesta.

Hay jugadores para los que no existe la pretemporada. Ellos siempre juegan al máximo nivel. Caso de Andrés Iniesta. Afronta cada partido como si fuera una final, incluso las semifinales veraniegas a doble partido. Su recital de pases, controles y regates en cada partido debería de grabarse en vídeo y difundirlo por escuelas de futbolistas de todo el país. El de ayer no fue una excepción. Y la prueba irrefutable es el pase que le sirvió a Xavi para lograr el 3-1. Volvía a aparecer la pareja más productiva del fútbol internacional. Todo parecía encarrilado para el Barcelona, que buscaba el cuarto gol para vencer la partida a lo grande.

Pero en esas se enredaron Adriano y Valdés con un “quitame allá esa cesión” y el más listo de la clase, Di María, se movió con la agilidad de un fideo para marcar un gol que enreda la Supercopa y pone picante al primer trofeo de la temporada futbolística. Las complicaciones del guardameta del Barça con las cesiones son dignas de estudio, aunque no se puede obviar la mala actuación defensiva en los goles del Real Madrid. Marcajes inexistentes.

El desenlace, en unos días, en el Santiago Bernabéu. Habrá que volver a escribir rápido para no terminar esta crónica a la hora del desayuno. A estas horas, uno ya no sabe si toca cenar o desayunar. Probablemente, los futbolistas tampoco.

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miércoles, 25 de abril de 2012

Un final no apto para niños


Absténganse los culés más jóvenes de continuar leyendo esta crónica. Puede herir su sensibilidad. El Barcelona cayó ayer en la Copa de Europa de la manera más cruel. Víctima de un gol de ese al que llamaban "Fallando" Torres. De un muchacho de Fuenlabrada de eterno aspecto infantil. Un futbolista acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre, en las dudas, en un pero continuo. Por cada halago recibe un palo. Que si tiene grandes condiciones técnicas y físicas, pero le cuesta convivir con la presión; que si tiene mucho futuro, pero no se merece ser una estrella porque el Chelsea pagó demasiado por él (58,5 millones de euros); que si asume muchas responsabilidades y tiene mucho futuro, pero le falta instinto asesino y es la eterna promesa... Pues si no quieres taza, toma taza y media. Ayer, Torres les dijo a sus detractores "aquí estoy yo" y se reivindicó en el Camp Nou para caldear aún más el ambiente de una olla a presión en la que El Niño quiso administrar la dosis letal al Barça.

El partido fue una película de suspense, que tuvo ritmo rápido, acción frecuente, héroes ingeniosos y poderosos villanos. Máxima tensión. Alto riesgo. Un vertiginoso guión que se comenzó a escribir desde los minutos previos al inicio del encuentro gracias a la piña de los azulgranas y al ambientazo en las gradas del Camp Nou. Y en cuanto echó a rodar el balón, se dispararon las pulsaciones. El Barcelona tomó el control del esférico y comenzó a acosar la meta de Petr Cech. Pero la noche tenía preparadas fuertes emociones para los culés. Era un encuentro no recomendado para menores de 12 años. Tampoco para los más mayores por aquello de los peligros de los corazones cuando hiperventilan en exceso. Fruto de esa incertidumbre llegó un choque que revolucionó los corazones de la "gent" blaugrana. Valdés salió con todo a despejar el balón tras un saque en largo y se llevó un trompazo con su compañero Piqué, que permaneció tendido en el terreno de juego durante varios angustiosos minutos. Fue tan duro este choque que Piqué se quedó groggy y, después de varios dimes y diretes con Guardiola, tuvo que abandonar el terreno de juego para dejar paso a Alves, que hizo las veces de lateral.

A pesar de la mala noticia de la retirada de Piqué del frente de batalla, la táctica de máximo ataque del Barça no se detuvo. Continuaron las aproximaciones a la portería del equipo inglés, aunque en cada descuido defensivo, el eterno y solitario delantero de los blues, Didier Drogba, causaba estragos. En una de sus llegadas, el marfileño se fue de Piqué tras un saque en largo de Cech y, tras escorarse demasiado, no pudo superar a Valdés. A partir de esta jugada, el partido fue un monólogo del Barcelona. Parecía un partido de balonmano. El Chelsea se convirtió defendió con diez hombres que se plantaron en la frontal de su área y al Barcelona no le quedó más remedio que mover con paciencia el balón de un lado a otro para crear situaciones de superioridad hasta batir a Cech. Absoluta perseverancia de los azulgranas hasta que se abrieron las aguas gracias a una incursión de Isaac Cuenca por la izquierda, sirvió un pase atrás a Busquets que, con frialdad, mandó a la red. No se terminaron aquí las buenas noticias para los hombres de Guardiola porque no habían pasado ni dos minutos del gol de "Busi" cuando llegó la fechoría de Terry, que fue expulsado merecidamente por un absurdo rodillazo sobre Alexis sin balón de por medio. Se prodigaba así la leyenda negra del capitán del Chelsea en la Liga de Campeones después de fallar el penalti decisivo contra el Manchester United en la final de la Champions League de 2008.


El rugido del Camp Nou fue el grito de un King Kong furioso, que no se conformaba con cazar a la presa menor. Después de completar la primera parte del objetivo con el gol de Busquets y de cobrarse la pieza de John Terry, el Barcelona no se resignó y quiso destrozar a su oponente. Nadie quería que se repitiera el guion de la recordada eliminatoria frente al Inter en 2010. Y llegó el gol de Iniesta tras una extraordinaria asistencia de Messi, que ayer volvió a ser determinante en la labor creativa sin necesidad de prodigarse en exceso en la búsqueda del gol. Así se parecían conjurar todos los maleficios y espantar los fantasmas de perder la opción de jugar la final de la Copa de Europa la misma semana en la que se produjo la pérdida virtual de la Liga por la derrota contra el Real Madrid. El Barcelona estaba matemáticamente clasificado y muchos pensaban que otro Iniestazo volvería a resultar mágico y decisivo. Perfectamente engrasada, la maquinaria azulgrana funcionaba a las mil maravillas y parecía que esta historia iba a tener un final feliz. Un 2-0 era un óptimo resultado para llegar al descanso. En éstas apareció la conexión Lampard-Ramires. La defensa del Barça se abrió en canal y dejó en posición franca al brasileño, que se plantó con total tranquilidad ante Valdés al que superó con una vaselina perfecta. El suspense volvía a hacer acto de presencia en el coliseo azulgrana. Guardiola estaba frenético. Al igual que en Stamford Bridge, un contraataque del equipo inglés le había costado un gol. De nada habían servido los concienzudos análisis de los errores encadenados que costaron el gol de Drogba en el partido de ida.



Con el mazazo del inesperado gol de Ramires, se llegó al descanso y los futbolistas de ambos equipos afrontaron el intermedio francamente sorprendidos por el desarrollo de los acontecimientos durante el primer asalto. La superioridad del Barça era tan evidente como el golazo de Ramires, pero la reacción azulgrana no se hizo esperar. Al inicio del segundo periodo, el tiempo se congeló en el corazón del área del equipo londinense, Drogba derribó a Cesc y el árbitro señaló al punto de penalti. Pena máxima favorable al Barcelona que lanzó Messi y que se estrelló en la escuadra derecha. El argentino ha fallado tres de 13 penaltis lanzados con el Barça en esta temporada. Falló ante Sevilla (Liga), Valencia (Copa) y ayer ante el Chelsea (Europa). El partido se había convertido en una montaña rusa de emociones. El Camp Nou miraba continuamente la hora y los minutos pasaban de manera vertiginosa. Se sucedían las ocasiones azulgranas pero no había manera de superar el entramado defensivo que había dispuesto Roberto di Matteo. El guión resultaba muy angustioso y contrario a los intereses de la afición que llenaba las gradas del Camp Nou. Y la puñalada final estaba por llegar.


Al contrario de lo que sucede en muchas películas de guión fácil, esta película no tuvo final feliz. Y llegó de la manera más cruel. Con un protagonista inesperado con el que solo contaban los madridistas más optimistas y los culés más pesimistas. Fernando Torres ingresó al terreno de juego, tomó el testigo del trabajo que había realizado un incombustible jabato llamado Drogba, reciclado al lateral izquierdo, y se quedó con las orejas tiesas a la expectativa de aprovechar algún contraataque para establecer la igualdad. Los minutos pasaban como centellas para la afición del Barça y, en plena impotencia culé, Torres cazó un balón en el centro del campo y se fue en carrera a por Víctor Valdés al que encaró, regateó y batió en una jugada que recordó a la del gol de Raúl en la final de la Copa de Europa del año 2000 contra el Valencia. 

El fútbol tenía una deuda con el Chelsea desde que perdió trágicamente la final de la Champions de 2008 con el Manchester y cayó eliminado en las semifinales de la edición de 2009 con el Barça. Ayer, el Chelsea se cobró esa deuda y pudo haber finiquitado un ciclo glorioso del Fútbol Club Barcelona. Y lo hizo como llegan las muertes más dolorosas: con cara de niño.

martes, 13 de diciembre de 2011

Mucho Barça para tan poco Madrid


LA CRÓNICA

Debe de ser cierto eso de que se ha terminado el ciclo triunfal del Barcelona. Encajó un gol tonto en los primeros minutos y no dio la sensación de equipo sólido, e incluso cruel, de otras temporadas. Lo extraño es que el Madrid no fue capaz de aprovecharlo y apenas frecuentó el área de Valdés. Algún mal pensado incluso ensalza el mérito de Mourinho y lo señalan con el dedo, aunque no está bien eso de señalar, porque ha conseguido que la diferencia entre el Barça del primer año de Guardiola y el de esta temporada se haya reducido a la mitad: se ha pasado del 2-6 al 1-3. Ya se sabe aquello de que ocuparse en exceso de la alimentación de los cuervos lleva a que estas aves te extirpen los ojos. Anoche en el Bernabéu no cantaron las golondrinas, ni siquiera los gallos, aparecieron los cuervos y los buitres. Para disgusto de Don Emilio Butragueño y el resto de la nobleza madridista.

El Madrid echó cuerpo a tierra en cuanto el Barcelona se apoderó del balón. Y fió su suerte a la brillantez de sus estrellas, pero anoche estaba nublado en Concha Espina. No apareció la Luna. Ni siquiera Cristiano Ronaldo. Y eso que no había eclipse. Lo constatable, más allá del hermoso entorno, es que el Madrid ha hincado la rodilla en el peor momento, a su vez el más importante de lo que llevamos de temporada. No crean que me olvido de la Supercopa de España, pero el alzheimer selectivo no permite florituras en partidos de este calibre. Mundo cruel ese en el que el glamour de Cristiano, la magia de Ozil y el misticismo de Benzema choca con la testiculina de Puyol, la clarividencia de Xavi y el divismo de Messi. Como el buen comer, el fútbol es un arte y se saborea mucho mejor cuando acostumbras al paladar a los mejores platos. Y en Barcelona han demostrado tener mejor mano para este arte.


El partido fue una ensalada. Tuvo de todo y en sus justas proporciones. Fruto de un formidable barullo en el área del Barcelona, Benzema abrió el marcador con un gol que no ejerció un efecto balsámico. Fue aceite de colza envenenado para el Madrid porque a partir de aquí el plato que había cocinado Mourinho comenzó a desprender un fuerte olor a podrido. A ello contribuyo el guiso de Guardiola, que no apagó el fuego y fue fiel a sus convicciones. Renunció a la defensa de cuatro y, siguiendo las lecciones magistrales de Johan Cruyff, el Panoramix del Barça, pasó a una defensa formada por Puyol, Piqué y Abidal. Y Valdés, entre tanto, luciendo palmito porque se mantuvo en su línea habitual de juego combinativo, como si fuera un jugador más.

El paradón de Casillas a Messi sirvió de preámbulo de lo que estaba por llegar. Rayos y truenos, polvos y centellas, romanos contra galos. El gol del empate de Alexis, aprovechando una mano en forma de pase que le había tendido Messi,  demostró que se puede matar con elegancia. La segunda parte de la batalla fue un paseo para el Barcelona, que se exhibió al toque de clarines, trompetas y violines de Xavi. Busquets y un superlativo Iniesta. Por si no fuera suficiente, el zumbido de Messi y Alexis terminó de cortocircuitar por completo las ideas del ejército de Mourinho. El colmo ya fue el gol de Xavi, ayudado por el desvío involuntario de Marcelo, que desmontó por completo a la tropa madridista. Y como una sentencia dulce, una forma de morir con una sonrisa, surgió Cesc Fábregas. El de Arenys recogió un bombón relleno de nata que le sirvió Alves desde la derecha y estableció el 1-3 definitivo ante un pueblo hundido, machacado y resignado a su suerte. Al Madrid no le quedó más remedio que plegar banderas y reconocer la superioridad del rival. Porque el gran mérito del Barça de Guardiola es que es capaz de llevarte feliz a la silla eléctrica.

martes, 30 de agosto de 2011

¡Qué bueno es Messi!


En el deporte, como en la vida, puedes elegir entre lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo alegre y lo triste. Lejos de planteamientos individuales, en la vida casi todos podemos coincidir a la hora de definir el significado de estas aptitudes. En el fútbol ocurre lo mismo. Y el mejor ejemplo ha sido el partido de vuelta de la Supercopa de España entre el Barcelona y el Real Madrid. Hubo momentos buenos y malos, cosas positivas y negativas, y aspectos alegres y tristes. En este caso, la subjetividad puntúa al alza y cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Nos vamos conociendo y sabiendo quién es quién en este negocio. Por eso somos capaces de distinguir que el partido de anoche tuvo dos partes claramente diferenciadas: una parte atractiva, que valió la pena y en la que el fútbol brilló con luz propia, y otra parte más oscura, que envilece un espectáculo que atrae a millones de personas en todo el mundo. Y si hablamos de fútbol, una vez más, hay que hablar de Lionel Messi. Digámoslo claramente y desterremos los complejos: Messi es el fútbol.

Podemos recordar polémicas entre jugadores, duras entradas, gestos desagradables, miradas desafiantes, comentarios dantescos y comportamientos despreciables. Pero no. Eso no es fútbol. Quedémonos con lo bueno. Quedémonos con un partido en el que vimos 5 goles y que a nadie habrá dejado con una sensación de indiferencia después de verlo. Quedémonos con una generación de futbolistas que, independientemente de la camiseta que vistan ellos y vistamos nosotros, valen el precio de pagar una entrada al estadio o de pasar más de una hora y media pegados al televisor o a la radio. Fue una noche de fútbol del bueno. Vimos a Casillas, Valdés, Ramos, Alves, Pepe, Piqué, Khedira, Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Özil, Iniesta, Cristiano, Messi… También vimos el debut de Cesc Fábregas con la camiseta del Barça. Si por ver, hasta vimos de nuevo a Kaká con el que ya hacía tiempo que no nos encontrábamos en un partido de la máxima rivalidad. El resultado, eso sí, marca la diferencia entre un Real Madrid luchador, que se desfonda en el campo con tal de disparar entre los tres palos, y un Barcelona, que tiene tanta calidad que luce buen aspecto aún en estado embrionario. Porque este equipo todo lo que toca se convierte en oro y no pierde la elegancia ni aunque estemos en pleno verano.

El partido dio síntomas de por donde iba a transcurrir desde el primer minuto, cuando Cristiano lanzó un aviso a Valdés de que esta noche iba a tener trabajo. El Madrid salió revolucionado y taponó con oficio la circulación de balón del Barça, que se veía obligado a jugar en su propio campo por la presión asfixiante de un rival muy bien plantado sobre el terreno de juego. Pero, sin comerlo ni beberlo, el Madrid se encontró con el primer gol en su contra cuando no habían pasado ni 15 minutos desde el inicio. Messi quiso homenajear a Cesc Fábregas, se puso el traje de mediapunta y se inventó una jugada de tiralíneas que terminó con una precisa asistencia para Iniesta, que le puso el sombrero a la jugada ante la impotente mirada de Casillas. El golpe desencajó durante unos minutos al Madrid, pero los blancos no iban a perder de vista la victoria tan temprano. A la salida de un córner, Cristiano, al que nunca se puede descuidar, se quedó solo en el corazón del área y marcó a placer al primer toque. El empate alteró el ritmo del partido y los dos equipos se lanzaron misiles. Pedro, Cristiano, Özil y Messi pusieron a prueba la agilidad y los reflejos de Íker y Valdés, dos colosos bajo los palos.


Pero el Madrid estaba demasiado alterado y ese ritmo alocado lo aprovechó el Barça para acercarse sutilmente al gol. A este equipo le sobran paciencia, inteligencia y bazas para esperar sin perder los nervios sus oportunidades. Hasta que llegan los goles. Forzó un saque de esquina, Piqué aprovechó un barullo en el área para servir un vistoso taconazo que Messi no desaprovechó y culminó con frialdad ante Casillas. Fue un mazazo para el ímpetu madridista que se resume perfectamente en la imagen de Cristiano, arrodillado e impotente ante la majestuosa presencia del crack argentino. Una imagen que vale más que mil comparativas entre ambos jugadores. Los blancos se iban perdiendo al descanso y Mourinho se vio obligado a subir el ánimo de la tropa. Metió a Marcelo en sustitución de Khedira y el equipo ganó en capacidad ofensiva por las bandas. El encuentro se trabó y el carrete ofensivo de los azulgrana se detuvo. En esa tesitura, el Madrid ganó fuelle hasta que empató a la salida de otro córner gracias a Benzema, que actuó como el más listo de la clase y batió a Valdés con un remate seco después de una cadena de rebotes. Todo parecía ir encaminado hacia la prórroga.

El factor Cesc

Pero Guardiola es un hombre que sabe jugar sus cartas. Lo ha demostrado sobradamente desde que se sienta en el banquillo del Barça. Barajó sus cartas y se la jugó con un as: sacó a Cesc Fábregas al campo. Con un Camp Nou puesto en pie para rendir tributo al hijo pródigo, el Madrid perdió el paso y el baile se descompuso. No adivinó Mourinho ningún antídoto para la fórmula futbolística que dispuso su rival y dejó jugar a Cesc. El de Arenys tuvo metros para moverse a su antojo y, en una de sus primeras intervenciones, abrió a la banda derecha para la llegada de Adriano que sirvió un centro al corazón del área que cazó de primeras Messi para batir a Casillas y convertirse así en el máximo goleador de la historia de la Supercopa de España con 8 tantos. El argentino volvía a frustrar las esperanzas madridistas. Porque Messi es así. Cuando le pones a Casillas y la camiseta del Real Madrid delante, vuela y no le hace falta motor para aparecer en el momento oportuno. Lo lleva haciendo toda la vida y aún así sigue sorprendiendo a su rival preferido. Y eso que, paradójicamente, llevaba sin marcar un gol al equipo blanco en el Camp Nou desde el 13 de diciembre de 2008. Cosas del fútbol.


Lo que sucedió después del gol de Messi no fue fútbol. Fue un comportamiento vergonzoso y barriobajero por parte de los jugadores de uno y otro equipo que no se puede justificar de ninguna manera. Una dura entrada de Marcelo sobre Fábregas desató un clima prebélico en el terreno de juego y se formó una tangana que terminó con roja para Villa y Özil. Según recoge el acta escrito al finalizar el encuentro por Fernández Borbalán, ambos fueron expulsados por agarrarse y encararse con el juego parado después de salir desde el banquillo. Fue una imagen penosa que desgraciadamente contemplaron los espectadores de todo el mundo y que incluyó un gesto pandillero de Mourinho. El portugués le metió el dedo en el ojo, textualmente, al segundo entrenador del Barcelona, Tito Vilanova, que reaccionó con un empujón sobre el entrenador madridista. Mou no se vino abajo y le respondió poniendo morritos, un guión propio de una tragicomedia para olvidar que refleja algunos momentos impresentables que se producen en la sociedad y que conviene olvidar. No obstante, si el Comité Español de Disciplina Deportiva lo tiene a bien, sería interesante que abriera un expediente para depurar las responsabilidades pertinentes con los autores de los incidentes del Camp Nou. En cualquier caso, vale más quedarse con lo bueno. Con el fútbol. Con un futbolista como Leo Messi, el Di Stefano del siglo XXI.


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viernes, 29 de abril de 2011

Cuando manda la genialidad

Al margen de la polémica generada por las declaraciones realizadas por los entrenadores de ambos equipos y la discutida expulsión de Pepe, el último clásico ha dejado varias imágenes para la posteridad. No se puede esperar menos de un Madrid-Barça; máxime cuando el partido se disputa en las semifinales de la UEFA Champions League, la competición de clubes más importante del mundo. Y si se trata de recopilar imágenes para la eternidad, hay que enfocar sí o sí a Lionel Messi. El crack argentino, posiblemente el mejor jugador del mundo y el último ganador del FIFA Balón de Oro. Pero recurriendo al diccionario de tópicos y frases hechas, como no sólo de reconocimientos vive el hombre y vale más una imagen que mil palabras, aquí dejo los vídeos que resumen a la perfección el Real Madrid 0 Barcelona 2, un resultado que pone al equipo de Guardiola con pie y medio en la final de Wembley. Esta vez, la genialidad sí se ha impuesto.

0-1, Messi


0-2, Messi


Y de postre, Cristiano Ronaldo protesta por estar en el centro de un rondo entre jugadores del Barça

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con suspense, pero en cuartos

- El Barcelona sella la clasificación tras superar a un Arsenal conservador
- Messi volvió a ser el azote de la defensa del equipo inglés


Fue un partido enigmático, de los que parecen sacados de una serie de intriga. Había buenos y malos. Repartan ustedes los papeles, aunque el desarrollo del encuentro se encargó de aclarar el reparto. El resultado (3-1) hace justicia a los méritos futbolísticos de uno y otro equipo, por encima de discusiones puntuales sobre el papel que jugó el árbitro en el desenlace de la eliminatoria. El Barcelona fue muy superior al Arsenal, que no remató ni una sola vez contra la portería de Víctor Valdés.

Las bajas en ambos equipos, las declaraciones de los entrenadores y, sobre todo, el resultado del partido de ida cargaron de suspense las horas previas al partido. Como si se sintiera cómodo dentro de ese ambiente, Arsene Wenger planteó el partido a la defensiva sin importarle que el Barcelona fuese el amo y señor del balón. El guión le falló poco antes del descanso, cuando Messi culminó una obra de arte que había iniciado Iniesta y daba la clasificación momentánea al equipo catalán. Sin embargo, el destino le concedió una segunda oportunidad a Wenger cuando marcó Busquets en propia puerta y establecía el empate.


Pero el Barcelona no estaba dispuesto a doblar la rodilla ante los maquiavélicos planteamientos de Wenger. Realizó su propio partido, sin ninguna concesión hacia el rival y con la esperanza de que la inspiración de Messi volviese a desequilibrar la balanza. No se sintieron presionados y controlaron la circulación del balón a la espera de que su asedio a la meta de Almunia, que había sustituido a Szczesny mediada la primera parte, obtuviera su recompensa. Y el premio llegó para jolgorio de los culés. Alguno incluso se acordó de los que reprocharon al equipo de Guardiola que le faltaba una remontada.

La presencia de Van Persie en el once inicial del Arsenal constituyó uno de los grandes alicientes del partido. Después, comprobando la aportación del delantero holandés al juego de su equipo, se comprobó que su participación no pasó de mera anécdota. Eso sí, en la segunda parte, él fue el protagonista de la jugada polémica del encuentro. El ariete continuó una jugada cuando el árbitro ya había señalado el fuera de juego y tiró a puerta. Al colegiado suizo Massimo Bussaca no le tembló el pulso y le expulsó al sacarle la segunda amarilla. Los jugadores del Arsenal protestaron con mucha severidad esta decisión alegando que Van Persie no escuchó el pitido del trencilla por el tremendo ruido que había en el campo.


Ante un Arsenal debilitado por la expulsión de uno de sus mejores hombres, todo parecía encaminado hacia la clasificación del Barcelona. Iniesta asumió la responsabilidad de conducir la mayoría de los ataques de su equipo y dirigió una jugada magistral que terminó en las botas de Xavi, que tocó lo justo para superar a Almunia. Poco después llegó el tercer gol azulgrana gracias a un penalti de Koscielny sobre Pedro y que transformó Messi con sangre fría. Parecía que este tanto iba a servir para finiquitar el partido y los últimos minutos se iban a convertir en un mero trámite.

El Arsenal no estaba dispuesto a darse por vencido con tanta facilidad y, en un giro inesperado del guión del partido, Bendtner se plantó solo ante Víctor Valdés. Una excelente llegada que parecía encaminada a terminar irremisiblemente con el segundo gol del equipo inglés. En esas surgió de la nada Mascherano, que se jugó el tipo y la expulsión para cortar la jugada, tocar lo necesario y entregar el balón mansamente a Valdés. El Barcelona había desbaratado con éxito la mejor ocasión del Arsenal. La clasificación estaba sellada. Ahora toca esperar un rival en cuartos de final, pero el Barcelona puede presumir de haber superado el sinuoso guión que le deparó una eliminatoria digna de Champions, que afortunadamente terminó con final feliz para los intereses del equipo catalán.