¡Qué tal, amigo!
¡Cuánto tiempo! Nada más y nada menos que 19 años. ¡19 añazos! Ya casi han pasado dos décadas desde aquel 20 de mayo de 1992. Qué día, ¿verdad? Un día tan lejano y tan próximo. Tan memorable para unas cosas como pasajero para otras. Un día que ha pasado a la historia. A la tuya y a la mía. Y a la de tanta gente. De aquella, yo tenía 8 años y no estaba tan crecidito como tú, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer. La emoción, la intriga, el miedo, los nervios y, sobre todo, el subidón de alegría. Aunque, espera, en realidad debería decir aquellos días, porque yo viví esta tremenda satisfacción un día después, por la tarde y en el sofá de mi casa. No podía estar ante la televisión un miércoles hasta las tantas de la noche. La dura vida del estudiante, amigo... Y lo disfruté al día siguiente. Jueves por la tarde. Lo veía mientras merendaba, sentado en el sofá del salón de mi casa. Todavía recuerdo el bote que di para celebrarlo. Ese día ha pasado a la historia como el día en el que me aficioné al fútbol, el día en que me hice seguidor de un equipo de fútbol llamado Fútbol Club Barcelona.
No, yo tampoco lo puedo evitar y se me sigue poniendo la piel de gallina cuando veo el gol de Koeman, cuando veo ese balón entrar ajustado a la derecha de Pagliuca, el portero de la Sampdoria. Este vídeo tiene, para mi, un significado muy especial porque, como habrás escuchado, suena de fondo la irrepetible "Barcelona", esa canción que inmortalizaron la gran Montserrat Caballé y el mito Freddy Mercury. Un sonido que, a la larga, acabó siendo la banda sonora de aquel 1992. Porque después vinieron los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Juegos que pusieron a España en el mapa internacional. Y el segundo Tour de Francia de Induráin, y la Expo de Sevilla... En fin, colega, un año para la historia. El mejor año posible para que cayera el Fútbol Club Barcelona ganara su primera Copa de Europa.
Desde aquel inolvidable 1992 han cambiado muchas cosas. Tantas... Si me pusiera a enumerarlas todas, no acabaría nunca y me eternizaría. A nivel personal ya sabes todo lo que vino después: la mudanza, el cambio de "cole", el comienzo en el instituto, el Bachillerato, la PAU, la carrera de Periodismo, las prácticas, el Master... En fin, tantas y tantas cosas, que sería imposible acordarme de todas. Sinceramente, yo creo que me ha ido bien y no me quejo, aunque no te niego que podría estar mucho mejor si no fuera por la puñetera crisis que hay en el mundo y que padecemos de manera singular en España. Supongo que hasta Reino Unido llegarían las alarmantes cifras de paro que padecemos en nuestro país: ya somos 4,9 millones de parados. ¡Qué desastre, tío! Como supondrás, la gente anda muy preocupada y alterada. No te digo nada en el periodismo, donde la precariedad campa a sus anchas. Si yo te contara... Ante este panorama tan mediocre, el deporte es la válvula de escape para olvidar los problemas que marcan el día a día. No quiero pecar de pesimista, pero los triunfos de nuestros deportistas y equipos de fútbol son el único bálsamo contra el malestar imperante. ¿Estás de acuerdo? Por si tienes alguna duda, mira este vídeo:
Jamás celebré tanto un gol. Fue, sin duda, la mayor alegría que me ha dado el fútbol hasta ahora. Y espero que sea el principio de muchas. Supongo que ese gol significará para ti lo mismo que para mi: la gloria. El gol de un tipo de Fuentealbilla llamado Andrés, que juega en el Barcelona y que dio al fútbol español la Copa del Mundo, el trofeo más deseado. Nada mejor que esta alegría para olvidar las penas que atenazan a diario a todos los españoles. Pensarás que te exagero si te digo que vi pasar mi vida entera mientras contemplaba ese partido de fútbol entre España y Holanda, pero no te miento. Es la verdad. Sabes que tengo muchos defectos pero ser un mentiroso no es ninguno de ellos. Y te puedo asegurar que aquel partido recorrió mi existencia durante unos 120 minutos aproximadamente. Sentí las patadas de los holandeses, metí la pierna junto a Íker para despejar el chut de Robben, salté para despejar de cabeza los balones que colgaban en nuestro área, golpee con fuerza el balón para alejar el peligro de nuestra portería y, por último, yo también chuté con Iniesta para marcar el gol de la victoria. Sufrí como nadie pero también lo disfruté como nadie. Y vivir estas sensaciones tan emocionantes en los tiempos que corren, no tiene precio.
Han pasado unos meses desde aquel mes de julio. Han pasado 19 años desde la primera gran alegría que viví gracias al fútbol. Ahora, en este mes de mayo de 2011, quiero volver a gozar con un deporte que consiste en algo más que en meter un balón dentro de una portería: es un deporte capaz de unir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de intriga, satisfacción, nerviosismo, indignación, desesperación, felicidad... Es el football, un deporte que nació en el Reino Unido y que actualmente practican más de 270 millones de personas. No me extraña. En tu honor y en el de aquellos precursores que tuvieron la genial idea de inventarlo, la final de la Copa de Europa de clubes de este año se disputará en Wembley. Y tú la verás porque tú la vas a acoger. Gracias Wembley. En tu honor va esta carta porque, en tu honor, el fútbol vuelve a casa, a Londres, para coronar a mi Barça o al grandísimo Manchester United de Sir Alex Ferguson. Posiblemente los dos mejores equipos del mundo; sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practican hoy por hoy. ¡Qué gran honor para ti recibirlos, amigo Wembley! Ocurra lo que ocurra, confiando en vivir una alegría como la de 1992, yo ya estoy satisfecho porque "Football´s coming home". El fútbol vuelve a casa, a tu casa. ¡Disfrútalo!
Algún día nos encontraremos y te daré un abrazo que ya nunca olvidaremos. Prometido.