Manita en Vallecas que demuestra el poderío ofensivo de equipo blaugrana
Doblete de Messi, que marcó su gol 300 de azulgrana; también marcaron Villa, Xavi y Fábregas
Valiente partido del Rayo que merodeó con peligro la portería de Víctor Valdés
Se acabaron las medias tintas. Conviene decirlo con claridad: el
Barcelona de Tito Vilanova es un rayo. Una máquina de hacer goles. Un
rodillo goleador que sigue con el mismo hambre e idéntica eficacia a la
que le consagró durante la etapa de Guardiola. Se mantienen así líderes
del Campeonato Nacional de Liga con 25 puntos de 27 posibles y 29 goles a
favor, de los cuales ha marcado 13 el extraterrestre que vino de
Rosario, Leo Messi, el hombre 300. Ya lleva 301 goles en toda su carrera
profesional (269 con el Barça y 31 con Argentina). Atrévanse a dudar
ahora de un futbolista que parece lanzado a por su cuarto Balón de Oro.
Los datos son aplastantes y sirven para desterrar los prejuicios
mostrados hacia el entrenador del Barça. Tito ha igualado el mejor debut
de un entrenador en la historia de la Primera División, transcurridas
las 9 primeras jornadas del torneo liguero, al contar 8 victorias y 1
empate. Paradójicamente empata con el holandés Louis Van Gaal, que
también consiguió esta plusmarca ocupando el banquillo blaugrana en la
temporada 1997-98. Despejada la duda del poderío ofensivo de este
equipo, cabe centrarse en el aspecto defensivo: el Barcelona arrasó
Vallecas sin encajar ni un solo gol. Y Vilanova sigue sin tener a su
disposición a la defensa teóricamente titular: Alves, Puyol, Piqué y
Abidal. Montoya, Adriano, Busquets y Jordi Alba han cubierto con éxito
esas ausencias de postín. Con Song al acecho para tapar agujeros.
Acertado fichaje el del camerunés, que anoche completó un gran partido
de pivote defensivo.
No hace falta que arrojen flores al paso del tanque azulgrana. El
hormigón no se ha fabricado para resistir el choque de los pétalos.
Tampoco le tiren besos. Al menos, no lo hagan si esperan conseguir que
este ejército se apiade de sus rivales. Háganlo si pretenden emular los
dos besos que las azafatas dirigen a los campeones. Porque este Barça es
un rodillo dispuesto a aplastar a cuantos enemigos se encuentre a su
paso. Y de vez en cuando se permite un empate, como el conseguido en el
Camp Nou contra el Real Madrid, para disimular. Los soldados pueden
ceder una batalla, pero jamás perderán una guerra. Y este Barcelona
parece concebido para las grandes batallas. Da igual las variantes
ofensivas que pueda adoptar el general Vilanova: al final saca los
mejores réditos. No obstante, la titularidad del trío MVP (Messi, Villa,
Pedro) parece un bastión atacante de grueso calibre. Tito cuenta con
sus particulares cañones de Navarone para derrotar definitivamente al
ejército de Jose Mourinho y a cuantos se crucen en su camino. Y con el
chileno Alexis Sánchez en la reserva. ¿Miedo? ¿Respeto? Alíense con este
grupo de combatientes. No le busquen las cosquillas. Lo intentó el Rayo
y salió trasquilado.
Encomiable apuesta del Rayo Vallecano, que afrontó el partido como un
duelo al sol aspirando a destruir la inexpugnable fortaleza blaugrana.
Es un equipo valiente, no se arruga y pelea hasta el último instante,
cuando ya no se pueden derramar más gotas de sudor, para ser fiel a un
estilo. Admirable. Sería injusto que el Rayo pasara apuros para mantener
la categoría. Su lugar natural es la Primera División. Paco Jémez es un
romántico del fútbol: aseguró que no iba a jugar a lo Celtic y cumplió.
Un hombre de palabra. Durante 20 minutos tutearon al Barça, hasta que
el ejército desplegó su armamento y arrasó Vallecas. Pero los vallecanos
jugaron con una osadía elogiable. Y aunque Pérez Lasa expulsó a Paco
del terreno de juego al grito de “Váyase, señor Jémez”, el canario es
uno de esos entrenadores que caen bien porque no tiene pelos en la
lengua, sabe lo que quiere y apuesta por el fútbol. Javi Fuego y
Baptistao, que protestó un derribo de Cesc en las proximidades del área
cuando todavía imperaba el empate a 0, son dos buenos botones de muestra
que, si se administran bien, pueden garantizar grandes veladas
futboleras. No se puede dudar del buen olfato de Paco, un trotamundos
que antes pasó por Alcalá, Córdoba, Cartagena y Las Palmas. Eso sí,
tiene un serio problema defensivo que no puede desdeñar: es el equipo
más goleado de Primera con 22 goles encajados.
David Villa disparó primero. El Guaje se está haciendo hueco en el
once blaugrana paulatinamente y a la menor ocasión se reivindica como
delantero de referencia del Barça. Recogiendo un magistral pase de
Fábregas, el asturiano definió con su habitual calidad ante la salida de
Rubén. Lección de efectividad de Villa, que marca 1 gol cada 54 minutos
en esta Liga y solo le supera el colombiano Falcao, el delantero de
moda (1 cada 52). Después del gol, el Rayo trató de aguantar e intentó
sorprender en alguna contra, pero el equipo blaugrana estaba muy
compacto y compenetrado. No iba a ser noche para sorpresas. Y justo
después del descanso lo corroboró Messi aprovechando una excelente
combinación por el costado derecho del ataque entre Pedro y Montoya. El
lateral sirvió el regalo para que el argentino la pusiera en la escuadra
y solo se encargase de soplar las velas de su flamante aniversario: 300
goles. Partido encarrilado. Quedaba por dirimir si el Rayo iba a
recortar distancias o esto iba a acabar en goleada. Finalmente, la
opción premiada era la segunda.
Comenzó un intenso bombardeo sobre el césped de Vallecas. Se desató
la maquinaria blaugrana. Apuró Alba la línea de fondo por la banda
izquierda para servirle un balón de lujo al príncipe Xavi, que también
tenía mucho que festejar. Recién proclamado Príncipe de Asturias, el de
Terrassa celebró su gol número 50 en 423 partidos disputados en Primera
División. Y sin tiempo para abrir el envoltorio de un chicle o darle
otro bocado al bocadillo, volvió a incordiar Pedro a la zaga vallecana
para servirle una precisa asistencia a Cesc. El rey de las asistencias,
que ya es el máximo asistente de la Liga con seis pases de gol, también
es un excelente finalizador. La incógnita ahí ya era si el Barça iba a
ser capaz de emular el 0-7 de la pasada campaña. Al final, la cosa se
quedó en una manita que culminó Messi. Ahora la polémica radica en si
fue el 300 o el 301. La duda del gol de Alexis en Mallorca sigue muy
presente. En cualquier caso, con apenas 25 años, el 10 argentino es el
máximo goleador del campeonato y lleva 73 goles en 2012, a solo 2 de
alcanzar los 75 de Pelé en 1959.
Paseo triunfal del Barcelona en Vallecas. El ejército capitaneado por
Vilanova camina con paso firme por la Liga a la búsqueda de la
excelencia y de la redención. Parece muy bien engrasada la maquinaria.
Ahora solo hace falta que la sigan engrasando y cuidando muy bien el
armamento. El resumen es que el público de Vallecas terminó rendido ante
el poderío blaugrana, aunque a su entrenador lo mandasen a casa antes
de tiempo.
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lunes, 29 de octubre de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
Un final no apto para niños
Absténganse los culés más jóvenes de continuar leyendo esta crónica. Puede herir su sensibilidad. El Barcelona cayó ayer en la Copa de Europa de la manera más cruel. Víctima de un gol de ese al que llamaban "Fallando" Torres. De un muchacho de Fuenlabrada de eterno aspecto infantil. Un futbolista acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre, en las dudas, en un pero continuo. Por cada halago recibe un palo. Que si tiene grandes condiciones técnicas y físicas, pero le cuesta convivir con la presión; que si tiene mucho futuro, pero no se merece ser una estrella porque el Chelsea pagó demasiado por él (58,5 millones de euros); que si asume muchas responsabilidades y tiene mucho futuro, pero le falta instinto asesino y es la eterna promesa... Pues si no quieres taza, toma taza y media. Ayer, Torres les dijo a sus detractores "aquí estoy yo" y se reivindicó en el Camp Nou para caldear aún más el ambiente de una olla a presión en la que El Niño quiso administrar la dosis letal al Barça.
El partido fue una película de suspense, que tuvo ritmo rápido, acción frecuente, héroes ingeniosos y poderosos villanos. Máxima tensión. Alto riesgo. Un vertiginoso guión que se comenzó a escribir desde los minutos previos al inicio del encuentro gracias a la piña de los azulgranas y al ambientazo en las gradas del Camp Nou. Y en cuanto echó a rodar el balón, se dispararon las pulsaciones. El Barcelona tomó el control del esférico y comenzó a acosar la meta de Petr Cech. Pero la noche tenía preparadas fuertes emociones para los culés. Era un encuentro no recomendado para menores de 12 años. Tampoco para los más mayores por aquello de los peligros de los corazones cuando hiperventilan en exceso. Fruto de esa incertidumbre llegó un choque que revolucionó los corazones de la "gent" blaugrana. Valdés salió con todo a despejar el balón tras un saque en largo y se llevó un trompazo con su compañero Piqué, que permaneció tendido en el terreno de juego durante varios angustiosos minutos. Fue tan duro este choque que Piqué se quedó groggy y, después de varios dimes y diretes con Guardiola, tuvo que abandonar el terreno de juego para dejar paso a Alves, que hizo las veces de lateral.A pesar de la mala noticia de la retirada de Piqué del frente de batalla, la táctica de máximo ataque del Barça no se detuvo. Continuaron las aproximaciones a la portería del equipo inglés, aunque en cada descuido defensivo, el eterno y solitario delantero de los blues, Didier Drogba, causaba estragos. En una de sus llegadas, el marfileño se fue de Piqué tras un saque en largo de Cech y, tras escorarse demasiado, no pudo superar a Valdés. A partir de esta jugada, el partido fue un monólogo del Barcelona. Parecía un partido de balonmano. El Chelsea se convirtió defendió con diez hombres que se plantaron en la frontal de su área y al Barcelona no le quedó más remedio que mover con paciencia el balón de un lado a otro para crear situaciones de superioridad hasta batir a Cech. Absoluta perseverancia de los azulgranas hasta que se abrieron las aguas gracias a una incursión de Isaac Cuenca por la izquierda, sirvió un pase atrás a Busquets que, con frialdad, mandó a la red. No se terminaron aquí las buenas noticias para los hombres de Guardiola porque no habían pasado ni dos minutos del gol de "Busi" cuando llegó la fechoría de Terry, que fue expulsado merecidamente por un absurdo rodillazo sobre Alexis sin balón de por medio. Se prodigaba así la leyenda negra del capitán del Chelsea en la Liga de Campeones después de fallar el penalti decisivo contra el Manchester United en la final de la Champions League de 2008.
El rugido del Camp Nou fue el grito de un King Kong furioso, que no se conformaba con cazar a la presa menor. Después de completar la primera parte del objetivo con el gol de Busquets y de cobrarse la pieza de John Terry, el Barcelona no se resignó y quiso destrozar a su oponente. Nadie quería que se repitiera el guion de la recordada eliminatoria frente al Inter en 2010. Y llegó el gol de Iniesta tras una extraordinaria asistencia de Messi, que ayer volvió a ser determinante en la labor creativa sin necesidad de prodigarse en exceso en la búsqueda del gol. Así se parecían conjurar todos los maleficios y espantar los fantasmas de perder la opción de jugar la final de la Copa de Europa la misma semana en la que se produjo la pérdida virtual de la Liga por la derrota contra el Real Madrid. El Barcelona estaba matemáticamente clasificado y muchos pensaban que otro Iniestazo volvería a resultar mágico y decisivo. Perfectamente engrasada, la maquinaria azulgrana funcionaba a las mil maravillas y parecía que esta historia iba a tener un final feliz. Un 2-0 era un óptimo resultado para llegar al descanso. En éstas apareció la conexión Lampard-Ramires. La defensa del Barça se abrió en canal y dejó en posición franca al brasileño, que se plantó con total tranquilidad ante Valdés al que superó con una vaselina perfecta. El suspense volvía a hacer acto de presencia en el coliseo azulgrana. Guardiola estaba frenético. Al igual que en Stamford Bridge, un contraataque del equipo inglés le había costado un gol. De nada habían servido los concienzudos análisis de los errores encadenados que costaron el gol de Drogba en el partido de ida.
Con el mazazo del inesperado gol de Ramires, se llegó al descanso y los futbolistas de ambos equipos afrontaron el intermedio francamente sorprendidos por el desarrollo de los acontecimientos durante el primer asalto. La superioridad del Barça era tan evidente como el golazo de Ramires, pero la reacción azulgrana no se hizo esperar. Al inicio del segundo periodo, el tiempo se congeló en el corazón del área del equipo londinense, Drogba derribó a Cesc y el árbitro señaló al punto de penalti. Pena máxima favorable al Barcelona que lanzó Messi y que se estrelló en la escuadra derecha. El argentino ha fallado tres de 13 penaltis lanzados con el Barça en esta temporada. Falló ante Sevilla (Liga), Valencia (Copa) y ayer ante el Chelsea (Europa). El partido se había convertido en una montaña rusa de emociones. El Camp Nou miraba continuamente la hora y los minutos pasaban de manera vertiginosa. Se sucedían las ocasiones azulgranas pero no había manera de superar el entramado defensivo que había dispuesto Roberto di Matteo. El guión resultaba muy angustioso y contrario a los intereses de la afición que llenaba las gradas del Camp Nou. Y la puñalada final estaba por llegar.
Al contrario de lo que sucede en muchas películas de guión fácil, esta película no tuvo final feliz. Y llegó de la manera más cruel. Con un protagonista inesperado con el que solo contaban los madridistas más optimistas y los culés más pesimistas. Fernando Torres ingresó al terreno de juego, tomó el testigo del trabajo que había realizado un incombustible jabato llamado Drogba, reciclado al lateral izquierdo, y se quedó con las orejas tiesas a la expectativa de aprovechar algún contraataque para establecer la igualdad. Los minutos pasaban como centellas para la afición del Barça y, en plena impotencia culé, Torres cazó un balón en el centro del campo y se fue en carrera a por Víctor Valdés al que encaró, regateó y batió en una jugada que recordó a la del gol de Raúl en la final de la Copa de Europa del año 2000 contra el Valencia.
El fútbol tenía una deuda con el Chelsea desde que perdió trágicamente la final de la Champions de 2008 con el Manchester y cayó eliminado en las semifinales de la edición de 2009 con el Barça. Ayer, el Chelsea se cobró esa deuda y pudo haber finiquitado un ciclo glorioso del Fútbol Club Barcelona. Y lo hizo como llegan las muertes más dolorosas: con cara de niño.
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jueves, 5 de mayo de 2011
El fútbol vuelve a casa
¡Qué tal, amigo!
¡Cuánto tiempo! Nada más y nada menos que 19 años. ¡19 añazos! Ya casi han pasado dos décadas desde aquel 20 de mayo de 1992. Qué día, ¿verdad? Un día tan lejano y tan próximo. Tan memorable para unas cosas como pasajero para otras. Un día que ha pasado a la historia. A la tuya y a la mía. Y a la de tanta gente. De aquella, yo tenía 8 años y no estaba tan crecidito como tú, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer. La emoción, la intriga, el miedo, los nervios y, sobre todo, el subidón de alegría. Aunque, espera, en realidad debería decir aquellos días, porque yo viví esta tremenda satisfacción un día después, por la tarde y en el sofá de mi casa. No podía estar ante la televisión un miércoles hasta las tantas de la noche. La dura vida del estudiante, amigo... Y lo disfruté al día siguiente. Jueves por la tarde. Lo veía mientras merendaba, sentado en el sofá del salón de mi casa. Todavía recuerdo el bote que di para celebrarlo. Ese día ha pasado a la historia como el día en el que me aficioné al fútbol, el día en que me hice seguidor de un equipo de fútbol llamado Fútbol Club Barcelona.
No, yo tampoco lo puedo evitar y se me sigue poniendo la piel de gallina cuando veo el gol de Koeman, cuando veo ese balón entrar ajustado a la derecha de Pagliuca, el portero de la Sampdoria. Este vídeo tiene, para mi, un significado muy especial porque, como habrás escuchado, suena de fondo la irrepetible "Barcelona", esa canción que inmortalizaron la gran Montserrat Caballé y el mito Freddy Mercury. Un sonido que, a la larga, acabó siendo la banda sonora de aquel 1992. Porque después vinieron los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Juegos que pusieron a España en el mapa internacional. Y el segundo Tour de Francia de Induráin, y la Expo de Sevilla... En fin, colega, un año para la historia. El mejor año posible para que cayera el Fútbol Club Barcelona ganara su primera Copa de Europa.
Desde aquel inolvidable 1992 han cambiado muchas cosas. Tantas... Si me pusiera a enumerarlas todas, no acabaría nunca y me eternizaría. A nivel personal ya sabes todo lo que vino después: la mudanza, el cambio de "cole", el comienzo en el instituto, el Bachillerato, la PAU, la carrera de Periodismo, las prácticas, el Master... En fin, tantas y tantas cosas, que sería imposible acordarme de todas. Sinceramente, yo creo que me ha ido bien y no me quejo, aunque no te niego que podría estar mucho mejor si no fuera por la puñetera crisis que hay en el mundo y que padecemos de manera singular en España. Supongo que hasta Reino Unido llegarían las alarmantes cifras de paro que padecemos en nuestro país: ya somos 4,9 millones de parados. ¡Qué desastre, tío! Como supondrás, la gente anda muy preocupada y alterada. No te digo nada en el periodismo, donde la precariedad campa a sus anchas. Si yo te contara... Ante este panorama tan mediocre, el deporte es la válvula de escape para olvidar los problemas que marcan el día a día. No quiero pecar de pesimista, pero los triunfos de nuestros deportistas y equipos de fútbol son el único bálsamo contra el malestar imperante. ¿Estás de acuerdo? Por si tienes alguna duda, mira este vídeo:
Jamás celebré tanto un gol. Fue, sin duda, la mayor alegría que me ha dado el fútbol hasta ahora. Y espero que sea el principio de muchas. Supongo que ese gol significará para ti lo mismo que para mi: la gloria. El gol de un tipo de Fuentealbilla llamado Andrés, que juega en el Barcelona y que dio al fútbol español la Copa del Mundo, el trofeo más deseado. Nada mejor que esta alegría para olvidar las penas que atenazan a diario a todos los españoles. Pensarás que te exagero si te digo que vi pasar mi vida entera mientras contemplaba ese partido de fútbol entre España y Holanda, pero no te miento. Es la verdad. Sabes que tengo muchos defectos pero ser un mentiroso no es ninguno de ellos. Y te puedo asegurar que aquel partido recorrió mi existencia durante unos 120 minutos aproximadamente. Sentí las patadas de los holandeses, metí la pierna junto a Íker para despejar el chut de Robben, salté para despejar de cabeza los balones que colgaban en nuestro área, golpee con fuerza el balón para alejar el peligro de nuestra portería y, por último, yo también chuté con Iniesta para marcar el gol de la victoria. Sufrí como nadie pero también lo disfruté como nadie. Y vivir estas sensaciones tan emocionantes en los tiempos que corren, no tiene precio.
Han pasado unos meses desde aquel mes de julio. Han pasado 19 años desde la primera gran alegría que viví gracias al fútbol. Ahora, en este mes de mayo de 2011, quiero volver a gozar con un deporte que consiste en algo más que en meter un balón dentro de una portería: es un deporte capaz de unir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de intriga, satisfacción, nerviosismo, indignación, desesperación, felicidad... Es el football, un deporte que nació en el Reino Unido y que actualmente practican más de 270 millones de personas. No me extraña. En tu honor y en el de aquellos precursores que tuvieron la genial idea de inventarlo, la final de la Copa de Europa de clubes de este año se disputará en Wembley. Y tú la verás porque tú la vas a acoger. Gracias Wembley. En tu honor va esta carta porque, en tu honor, el fútbol vuelve a casa, a Londres, para coronar a mi Barça o al grandísimo Manchester United de Sir Alex Ferguson. Posiblemente los dos mejores equipos del mundo; sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practican hoy por hoy. ¡Qué gran honor para ti recibirlos, amigo Wembley! Ocurra lo que ocurra, confiando en vivir una alegría como la de 1992, yo ya estoy satisfecho porque "Football´s coming home". El fútbol vuelve a casa, a tu casa. ¡Disfrútalo!
Algún día nos encontraremos y te daré un abrazo que ya nunca olvidaremos. Prometido.
¡Cuánto tiempo! Nada más y nada menos que 19 años. ¡19 añazos! Ya casi han pasado dos décadas desde aquel 20 de mayo de 1992. Qué día, ¿verdad? Un día tan lejano y tan próximo. Tan memorable para unas cosas como pasajero para otras. Un día que ha pasado a la historia. A la tuya y a la mía. Y a la de tanta gente. De aquella, yo tenía 8 años y no estaba tan crecidito como tú, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer. La emoción, la intriga, el miedo, los nervios y, sobre todo, el subidón de alegría. Aunque, espera, en realidad debería decir aquellos días, porque yo viví esta tremenda satisfacción un día después, por la tarde y en el sofá de mi casa. No podía estar ante la televisión un miércoles hasta las tantas de la noche. La dura vida del estudiante, amigo... Y lo disfruté al día siguiente. Jueves por la tarde. Lo veía mientras merendaba, sentado en el sofá del salón de mi casa. Todavía recuerdo el bote que di para celebrarlo. Ese día ha pasado a la historia como el día en el que me aficioné al fútbol, el día en que me hice seguidor de un equipo de fútbol llamado Fútbol Club Barcelona.
No, yo tampoco lo puedo evitar y se me sigue poniendo la piel de gallina cuando veo el gol de Koeman, cuando veo ese balón entrar ajustado a la derecha de Pagliuca, el portero de la Sampdoria. Este vídeo tiene, para mi, un significado muy especial porque, como habrás escuchado, suena de fondo la irrepetible "Barcelona", esa canción que inmortalizaron la gran Montserrat Caballé y el mito Freddy Mercury. Un sonido que, a la larga, acabó siendo la banda sonora de aquel 1992. Porque después vinieron los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Juegos que pusieron a España en el mapa internacional. Y el segundo Tour de Francia de Induráin, y la Expo de Sevilla... En fin, colega, un año para la historia. El mejor año posible para que cayera el Fútbol Club Barcelona ganara su primera Copa de Europa.
Desde aquel inolvidable 1992 han cambiado muchas cosas. Tantas... Si me pusiera a enumerarlas todas, no acabaría nunca y me eternizaría. A nivel personal ya sabes todo lo que vino después: la mudanza, el cambio de "cole", el comienzo en el instituto, el Bachillerato, la PAU, la carrera de Periodismo, las prácticas, el Master... En fin, tantas y tantas cosas, que sería imposible acordarme de todas. Sinceramente, yo creo que me ha ido bien y no me quejo, aunque no te niego que podría estar mucho mejor si no fuera por la puñetera crisis que hay en el mundo y que padecemos de manera singular en España. Supongo que hasta Reino Unido llegarían las alarmantes cifras de paro que padecemos en nuestro país: ya somos 4,9 millones de parados. ¡Qué desastre, tío! Como supondrás, la gente anda muy preocupada y alterada. No te digo nada en el periodismo, donde la precariedad campa a sus anchas. Si yo te contara... Ante este panorama tan mediocre, el deporte es la válvula de escape para olvidar los problemas que marcan el día a día. No quiero pecar de pesimista, pero los triunfos de nuestros deportistas y equipos de fútbol son el único bálsamo contra el malestar imperante. ¿Estás de acuerdo? Por si tienes alguna duda, mira este vídeo:
Jamás celebré tanto un gol. Fue, sin duda, la mayor alegría que me ha dado el fútbol hasta ahora. Y espero que sea el principio de muchas. Supongo que ese gol significará para ti lo mismo que para mi: la gloria. El gol de un tipo de Fuentealbilla llamado Andrés, que juega en el Barcelona y que dio al fútbol español la Copa del Mundo, el trofeo más deseado. Nada mejor que esta alegría para olvidar las penas que atenazan a diario a todos los españoles. Pensarás que te exagero si te digo que vi pasar mi vida entera mientras contemplaba ese partido de fútbol entre España y Holanda, pero no te miento. Es la verdad. Sabes que tengo muchos defectos pero ser un mentiroso no es ninguno de ellos. Y te puedo asegurar que aquel partido recorrió mi existencia durante unos 120 minutos aproximadamente. Sentí las patadas de los holandeses, metí la pierna junto a Íker para despejar el chut de Robben, salté para despejar de cabeza los balones que colgaban en nuestro área, golpee con fuerza el balón para alejar el peligro de nuestra portería y, por último, yo también chuté con Iniesta para marcar el gol de la victoria. Sufrí como nadie pero también lo disfruté como nadie. Y vivir estas sensaciones tan emocionantes en los tiempos que corren, no tiene precio.
Han pasado unos meses desde aquel mes de julio. Han pasado 19 años desde la primera gran alegría que viví gracias al fútbol. Ahora, en este mes de mayo de 2011, quiero volver a gozar con un deporte que consiste en algo más que en meter un balón dentro de una portería: es un deporte capaz de unir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de intriga, satisfacción, nerviosismo, indignación, desesperación, felicidad... Es el football, un deporte que nació en el Reino Unido y que actualmente practican más de 270 millones de personas. No me extraña. En tu honor y en el de aquellos precursores que tuvieron la genial idea de inventarlo, la final de la Copa de Europa de clubes de este año se disputará en Wembley. Y tú la verás porque tú la vas a acoger. Gracias Wembley. En tu honor va esta carta porque, en tu honor, el fútbol vuelve a casa, a Londres, para coronar a mi Barça o al grandísimo Manchester United de Sir Alex Ferguson. Posiblemente los dos mejores equipos del mundo; sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practican hoy por hoy. ¡Qué gran honor para ti recibirlos, amigo Wembley! Ocurra lo que ocurra, confiando en vivir una alegría como la de 1992, yo ya estoy satisfecho porque "Football´s coming home". El fútbol vuelve a casa, a tu casa. ¡Disfrútalo!
Algún día nos encontraremos y te daré un abrazo que ya nunca olvidaremos. Prometido.
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lunes, 21 de febrero de 2011
Messi es el león del Barcelona
Cuando más lo necesitaba el Barcelona, Messi volvió a aparecer. Y lo hizo como mejor sabe: marcando. Para suerte de su equipo, el crack argentino reapareció en un momento clave. En el segundo tiempo, con empate a un gol en el marcador, para desnivelar el duro encuentro que le había planteado el Athletic al Barça. Es la forma que tiene ´La Pulga´ de demostrar que no cree en las malas rachas ni en los tópicos que sostienen que febrero es un mes triste para el conjunto azulgrana. Solo cree en el fútbol.
La tarde se antojaba complicada para los chicos de Guardiola. En un principio porque jugaba con la presión del Real Madrid, que tras su victoria del sábado ante el Levante se ponía a solo dos puntos del liderato. Además, a primera hora de la tarde del domingo saltó la noticia de la lesión del portero azulgrana Víctor Valdés, que se veía obligado a ceder su lugar en el arco a Pinto. La tradicional tendencia al fatalismo de algún culé invitaba a pensar en una tarde desfavorable para el Barça.
Pero una vez que echó a rodar el balón, las dudas desaparecieron del ambiente y el Barcelona se dedicó a hacer lo que más le gusta: jugar a fútbol. Y no tardó en marcar. A los 3 minutos, Villa puso a su equipo por delante en el marcador culminando una buena asistencia de Dani Alves al primer toque después de ganarle la espalda a los defensas del Athletic aprovechando una jugada que inició Xavi, que volvió a poner de manifiesto que él es uno de los hombres que mejor sabe jugar a este deporte. El Guaje ya le ha marcado 11 goles en 16 partidos al Athletic, y ya lleva 15 en la presente edición de la Liga. Números muy interesantes para un delantero superlativo; no obstante, conviene destacar que la posición de Alves estaba al límite del fuera de juego.
El gol no cambió el planteamiento de los hombres de Caparrós, que siguieron replegados y taparon los huecos al Barça a la espera de las apariciones de su delantero Fernando Llorente. Y Llorente apareció para fabricar una clara ocasión de gol en la que bailó a Piqué, sirvió al primer palo donde apareció Iraola para mandar el balón fuera. muy cerca del palo izquierdo de Pinto. Acto seguido, Villa estuvo a punto de reeditar el gol de la pasada jornada. Después volvió a aparecer Llorente para rematar un centro de Gabilondo que Pinto despejó con una estirada felina. Posiblemente fue el paradón de la jornada.
La entrada de Toquero al terreno de juego sirvió para exigir aún más a la defensa azulgrana. Y lo consiguió porque la defensa de Guardiola comenzó a dudar. A ello contribuye la ausencia de Puyol, que ha obligado a un reajuste general de la zaga. Fruto de esta inestabilidad vino el gol del empate. Abidal, que fue trasladado al lateral izquierdo, falló una cesión que recogió Llorente y se metió en el área donde se cruzó con Busquets, que lo derribó. El penalti lo transformó Iraola con un lanzamiento raso a la izquierda de Pinto. El empate obligaba al Barcelona a realizar un esfuerzo adicional para no dar aún más vida a la lucha por el título de Liga.
Piqué, que lleva un mes excesivamente dubitativo, casi se gana la expulsión por derribar a Toquero cuando éste enfilaba la meta de Pinto. El efecto de la entrada del delantero vitoriano atenazaba al Barcelona, pero en estas volvió a surgir el carácter ganador de Messi. El argentino se echó el equipo a la espalda y comenzó a asumir responsabilidades. Fue víctima de un penalti cometido por Javi Martínez que el árbitro no quiso señalar. El argentino no se rindió y siguió tirando combinaciones, paredes e intentando jugadas para espolear a sus compañeros que se empeñaron en desequilibrar el resultado. Y su insistencia al final obtuvo recompensa con una jugada muy parecida a la del primer gol del partido.
Abidal inició la jugada con una anticipación en defensa, combinó con Xavi, éste optó por una apertura a la banda derecha hacia la llegada de Dani Alves. El lateral brasileño centró y apareció Messi por el primer palo para finalizar con un sutil toque de primeras a media altura ante el que poco podía hacer Iraizoz. El Barça volvía a recurrir a su fórmula magistral futbolística para cambiar el signo de un complicado encuentro. La victoria ante el Athletic de Bilbao otorga una dosis extra de moral a los azulgranas que disfrutarán de una semana de descanso para preparar su próximo encuentro contra el Mallorca de un viejo conocido, Michael Laudrup.
LA FICHA TÉCNICA
Barcelona: Pinto; Alves, Piqué, Busquets, Abidal; Mascherano (Maxwell, min.65), Xavi, Iniesta; Messi, Villa (Keita, min.84) y Pedro (Afellay, min.90+2).
Athletic: Iraizoz, Iraola, Ekiza, Amorebieta, Koikili, Susaeta (David López, min.84), Javi Martínez, Gurpegi, Gabilondo (Munianin, min.71), Iturraspe (Toquero, min.46) y Llorente.
Goles: 1-0: Villa, min.4. 1-1: Iraola (p), min.50. 2-1: Messi, min.77.
Árbitro: Ramírez Domínguez (Colegio andaluz). Mostró tarjeta amarilla a Koikili (min.24), Iraola (min.32), Alves (min.36), Sergio Busquets (min.49), Piqué (min.52) y Guerpegui (min.90+2).
Incidencias: Partido de la 24ª jornada de Liga de Primera División disputado en el Camp Nou ante 83.533 espectadores. Las secciones del Barcelona baloncesto, fútbol sala y hockey patines aprovecharon el encuentro para ofrecer a la afición sus últimos títulos, sendas Copas del Rey, y una Copa Continental, respectivamente.
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