El Celtic saca petróleo de su solidez defensiva y su veloz contraataque
Wanyama y Watts marcaron para los escoceses y Messi recortó distancias en el 90'
Los de Vilanova siguen líderes de su grupo y se jugarán el pase a octavos contra el Spartak
Tenía el Barcelona la ocasión de sacar el billete para clasificarse en clase VIP a los octavos de final, pero perdió el tren de Glasgow. Los de Vilanova se durmieron en el andén de la estación escocesa y perdieron la oportunidad de clasificarse como primeros de grupo para la siguiente ronda de la Liga de Campeones. Messi no pudo erigirse en una suerte moderna de Bruce Reynolds y fue incapaz de llevar a cabo el asalto. Operación fracasada. Esta vez, el ingenio y la eficiencia del futbolista argentino no fueron suficientes para ejecutar a la perfección la embestida. Si el pequeño Thiago no trajo un gol debajo del brazo, a la segunda intentona fue la vencida y Papá Messi se pudo llevar el dedo pulgar a la boca para dedicarle su primer gol paternal. "A buenas horas", pensará el retoño, no sin razón.
La operación tuvo un comienzo prometedor para los intereses blaugranas. El contingente se desplegó con puntualidad británica, conscientes de que la formalidad puntúa el doble en la vieja Copa de Europa. Tocaba y tocaba el Barça a la espera de encontrar la oportunidad de lanzar la ofensiva definitiva. Xavi e Iniesta ejercían de Tom Wisbey y Robert Welch. Centralizaban la conducción del balón para hipnotizar a los contrarios. El procedimiento habitual para maniatar a los rivales. Messi culminó una aproximación con un disparo que se marchó alto. Los escoceses esperaban su oportunidad a la contra.
En su primera aproximación a la meta de Valdés forzaron un córner. Malas noticias para el barcelonismo. Sufre el Barça en las acciones a balón parado. La incertidumbre era máxima porque Tito partió con Mascherano y Bartra en el centro de la zaga, con Song de pivote defensivo. Piqué, estandarte del juego aéreo, en el banquillo. La enfervorizada grada de Celtic Park celebró con júbilo el saque de esquina. Y sus jugadores no defraudaron las expectativas. Wanyama se elevó imperial en el segundo palo, evidenciando el miedo a las alturas de Jordi Alba, y remató de cabeza a la red. Alba (1.70 metros) contra Wanyama (1.88 metros): gigantes y cabezuso. O el espectáculo del bombero torero a la escocesa. Desconcierto en Can Barça.
Con Messi moviéndose por todo el frente del ataque, Alexis se constituyó en la principal referencia ofensiva del Barcelona. El objetivo era distraer a los centrales del Celtic, dos férreos agentes de seguridad. Y tuvo que ser el argentino el autor de la mejor ocasión para el conjunto blaugrana con un remate que se marchó fuera después de acariciar el larguero. Iniesta inició una jugada de tiralíneas que culminó el zurdazo envenenado de Messi. A punto estuvieron de meter mano al botín que se escondía en el vagón del convoy escocés. La intentona no tuvo éxito. Tenían desviado el punto de mira. Alexis cabeceó al palo tras un centro de Alves. Entre las maderas y Foster no encontraban los blaugranas la llave para abrir el convoy del dinero. La posesión era culé, pero el marcador sonreía a los escoceses. Eficacia absoluta. La fortuna no siempre sonríe a los ladrones.
El capitán Neil Lennon había desplegado un férreo dispositivo de seguridad. No quería sorpresas. El arranque del segundo tiempo siguió un guión parecido al de la primera parte. El Barça acechaba la portería del Celtic. Alexis buscaba el gol desesperadamente, pero se le disipaban las ideas en los últimos metros y no lograba definir con acierto. Tiene un problema Vilanova con el chileno. Parece una temeridad dejar a Villa en el banquillo para dar minutos en su lugar a un futbolista demasiado impetuoso. Es cuestión de lógica: la anarquía chilena contra la precisión asturiana. Cuestión de gustos.
Vilanova volvió a recurrir al Guaje en el minuto 65, con 25 minutos por delante más el descuento para desequilibrar el encuentro. Pero volvió a ser Messi el que tuvo la mejor ocasión ante la meta de Forster, aunque nuevamente el cancerbero hizo una estirada felina para abortar la oportunidad. Tito agitó el carrusel de cambios y dio entrada a Piqué y Cesc al rectángulo de juego. Pero la imprecisión era manifiesta. Y como reza el tópico, cuando se perdona, se paga. No se roba. Y en una contra fulgurante, aprovechando un saque rápido de Forster, Xavi no acertó a tocar en el centro del campo, le llegó el cuero a Watt que definió a la perfección con un remate cruzado ante el que nada pudo hacer Valdés. En el último minuto marcó Messi aprovechando un rechace de Forster tras una magistral jugada de tiralíneas del conjunto blaugrana.
Perdió el Barcelona. No jugó mal, pero los de Vilanova sufrieron su segunda derrota en 17 partidos tras la del 29 de agosto en la Supercopa de España contra el Real Madrid. Llevaban 6 años sin perder fuera de casa en la fase de grupos de la Champions League. Hasta que fracasó el asalto al tren de Glasgow. Una pelicula que tiene como banda sonora el "You´ll never walk alone" no puede terminar mal para los que la cantan espontáneamente. Porque cantar bien también tiene premio.
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jueves, 8 de noviembre de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
Un final no apto para niños
Absténganse los culés más jóvenes de continuar leyendo esta crónica. Puede herir su sensibilidad. El Barcelona cayó ayer en la Copa de Europa de la manera más cruel. Víctima de un gol de ese al que llamaban "Fallando" Torres. De un muchacho de Fuenlabrada de eterno aspecto infantil. Un futbolista acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre, en las dudas, en un pero continuo. Por cada halago recibe un palo. Que si tiene grandes condiciones técnicas y físicas, pero le cuesta convivir con la presión; que si tiene mucho futuro, pero no se merece ser una estrella porque el Chelsea pagó demasiado por él (58,5 millones de euros); que si asume muchas responsabilidades y tiene mucho futuro, pero le falta instinto asesino y es la eterna promesa... Pues si no quieres taza, toma taza y media. Ayer, Torres les dijo a sus detractores "aquí estoy yo" y se reivindicó en el Camp Nou para caldear aún más el ambiente de una olla a presión en la que El Niño quiso administrar la dosis letal al Barça.
El partido fue una película de suspense, que tuvo ritmo rápido, acción frecuente, héroes ingeniosos y poderosos villanos. Máxima tensión. Alto riesgo. Un vertiginoso guión que se comenzó a escribir desde los minutos previos al inicio del encuentro gracias a la piña de los azulgranas y al ambientazo en las gradas del Camp Nou. Y en cuanto echó a rodar el balón, se dispararon las pulsaciones. El Barcelona tomó el control del esférico y comenzó a acosar la meta de Petr Cech. Pero la noche tenía preparadas fuertes emociones para los culés. Era un encuentro no recomendado para menores de 12 años. Tampoco para los más mayores por aquello de los peligros de los corazones cuando hiperventilan en exceso. Fruto de esa incertidumbre llegó un choque que revolucionó los corazones de la "gent" blaugrana. Valdés salió con todo a despejar el balón tras un saque en largo y se llevó un trompazo con su compañero Piqué, que permaneció tendido en el terreno de juego durante varios angustiosos minutos. Fue tan duro este choque que Piqué se quedó groggy y, después de varios dimes y diretes con Guardiola, tuvo que abandonar el terreno de juego para dejar paso a Alves, que hizo las veces de lateral.A pesar de la mala noticia de la retirada de Piqué del frente de batalla, la táctica de máximo ataque del Barça no se detuvo. Continuaron las aproximaciones a la portería del equipo inglés, aunque en cada descuido defensivo, el eterno y solitario delantero de los blues, Didier Drogba, causaba estragos. En una de sus llegadas, el marfileño se fue de Piqué tras un saque en largo de Cech y, tras escorarse demasiado, no pudo superar a Valdés. A partir de esta jugada, el partido fue un monólogo del Barcelona. Parecía un partido de balonmano. El Chelsea se convirtió defendió con diez hombres que se plantaron en la frontal de su área y al Barcelona no le quedó más remedio que mover con paciencia el balón de un lado a otro para crear situaciones de superioridad hasta batir a Cech. Absoluta perseverancia de los azulgranas hasta que se abrieron las aguas gracias a una incursión de Isaac Cuenca por la izquierda, sirvió un pase atrás a Busquets que, con frialdad, mandó a la red. No se terminaron aquí las buenas noticias para los hombres de Guardiola porque no habían pasado ni dos minutos del gol de "Busi" cuando llegó la fechoría de Terry, que fue expulsado merecidamente por un absurdo rodillazo sobre Alexis sin balón de por medio. Se prodigaba así la leyenda negra del capitán del Chelsea en la Liga de Campeones después de fallar el penalti decisivo contra el Manchester United en la final de la Champions League de 2008.
El rugido del Camp Nou fue el grito de un King Kong furioso, que no se conformaba con cazar a la presa menor. Después de completar la primera parte del objetivo con el gol de Busquets y de cobrarse la pieza de John Terry, el Barcelona no se resignó y quiso destrozar a su oponente. Nadie quería que se repitiera el guion de la recordada eliminatoria frente al Inter en 2010. Y llegó el gol de Iniesta tras una extraordinaria asistencia de Messi, que ayer volvió a ser determinante en la labor creativa sin necesidad de prodigarse en exceso en la búsqueda del gol. Así se parecían conjurar todos los maleficios y espantar los fantasmas de perder la opción de jugar la final de la Copa de Europa la misma semana en la que se produjo la pérdida virtual de la Liga por la derrota contra el Real Madrid. El Barcelona estaba matemáticamente clasificado y muchos pensaban que otro Iniestazo volvería a resultar mágico y decisivo. Perfectamente engrasada, la maquinaria azulgrana funcionaba a las mil maravillas y parecía que esta historia iba a tener un final feliz. Un 2-0 era un óptimo resultado para llegar al descanso. En éstas apareció la conexión Lampard-Ramires. La defensa del Barça se abrió en canal y dejó en posición franca al brasileño, que se plantó con total tranquilidad ante Valdés al que superó con una vaselina perfecta. El suspense volvía a hacer acto de presencia en el coliseo azulgrana. Guardiola estaba frenético. Al igual que en Stamford Bridge, un contraataque del equipo inglés le había costado un gol. De nada habían servido los concienzudos análisis de los errores encadenados que costaron el gol de Drogba en el partido de ida.
Con el mazazo del inesperado gol de Ramires, se llegó al descanso y los futbolistas de ambos equipos afrontaron el intermedio francamente sorprendidos por el desarrollo de los acontecimientos durante el primer asalto. La superioridad del Barça era tan evidente como el golazo de Ramires, pero la reacción azulgrana no se hizo esperar. Al inicio del segundo periodo, el tiempo se congeló en el corazón del área del equipo londinense, Drogba derribó a Cesc y el árbitro señaló al punto de penalti. Pena máxima favorable al Barcelona que lanzó Messi y que se estrelló en la escuadra derecha. El argentino ha fallado tres de 13 penaltis lanzados con el Barça en esta temporada. Falló ante Sevilla (Liga), Valencia (Copa) y ayer ante el Chelsea (Europa). El partido se había convertido en una montaña rusa de emociones. El Camp Nou miraba continuamente la hora y los minutos pasaban de manera vertiginosa. Se sucedían las ocasiones azulgranas pero no había manera de superar el entramado defensivo que había dispuesto Roberto di Matteo. El guión resultaba muy angustioso y contrario a los intereses de la afición que llenaba las gradas del Camp Nou. Y la puñalada final estaba por llegar.
Al contrario de lo que sucede en muchas películas de guión fácil, esta película no tuvo final feliz. Y llegó de la manera más cruel. Con un protagonista inesperado con el que solo contaban los madridistas más optimistas y los culés más pesimistas. Fernando Torres ingresó al terreno de juego, tomó el testigo del trabajo que había realizado un incombustible jabato llamado Drogba, reciclado al lateral izquierdo, y se quedó con las orejas tiesas a la expectativa de aprovechar algún contraataque para establecer la igualdad. Los minutos pasaban como centellas para la afición del Barça y, en plena impotencia culé, Torres cazó un balón en el centro del campo y se fue en carrera a por Víctor Valdés al que encaró, regateó y batió en una jugada que recordó a la del gol de Raúl en la final de la Copa de Europa del año 2000 contra el Valencia.
El fútbol tenía una deuda con el Chelsea desde que perdió trágicamente la final de la Champions de 2008 con el Manchester y cayó eliminado en las semifinales de la edición de 2009 con el Barça. Ayer, el Chelsea se cobró esa deuda y pudo haber finiquitado un ciclo glorioso del Fútbol Club Barcelona. Y lo hizo como llegan las muertes más dolorosas: con cara de niño.
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jueves, 5 de mayo de 2011
El fútbol vuelve a casa
¡Qué tal, amigo!
¡Cuánto tiempo! Nada más y nada menos que 19 años. ¡19 añazos! Ya casi han pasado dos décadas desde aquel 20 de mayo de 1992. Qué día, ¿verdad? Un día tan lejano y tan próximo. Tan memorable para unas cosas como pasajero para otras. Un día que ha pasado a la historia. A la tuya y a la mía. Y a la de tanta gente. De aquella, yo tenía 8 años y no estaba tan crecidito como tú, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer. La emoción, la intriga, el miedo, los nervios y, sobre todo, el subidón de alegría. Aunque, espera, en realidad debería decir aquellos días, porque yo viví esta tremenda satisfacción un día después, por la tarde y en el sofá de mi casa. No podía estar ante la televisión un miércoles hasta las tantas de la noche. La dura vida del estudiante, amigo... Y lo disfruté al día siguiente. Jueves por la tarde. Lo veía mientras merendaba, sentado en el sofá del salón de mi casa. Todavía recuerdo el bote que di para celebrarlo. Ese día ha pasado a la historia como el día en el que me aficioné al fútbol, el día en que me hice seguidor de un equipo de fútbol llamado Fútbol Club Barcelona.
No, yo tampoco lo puedo evitar y se me sigue poniendo la piel de gallina cuando veo el gol de Koeman, cuando veo ese balón entrar ajustado a la derecha de Pagliuca, el portero de la Sampdoria. Este vídeo tiene, para mi, un significado muy especial porque, como habrás escuchado, suena de fondo la irrepetible "Barcelona", esa canción que inmortalizaron la gran Montserrat Caballé y el mito Freddy Mercury. Un sonido que, a la larga, acabó siendo la banda sonora de aquel 1992. Porque después vinieron los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Juegos que pusieron a España en el mapa internacional. Y el segundo Tour de Francia de Induráin, y la Expo de Sevilla... En fin, colega, un año para la historia. El mejor año posible para que cayera el Fútbol Club Barcelona ganara su primera Copa de Europa.
Desde aquel inolvidable 1992 han cambiado muchas cosas. Tantas... Si me pusiera a enumerarlas todas, no acabaría nunca y me eternizaría. A nivel personal ya sabes todo lo que vino después: la mudanza, el cambio de "cole", el comienzo en el instituto, el Bachillerato, la PAU, la carrera de Periodismo, las prácticas, el Master... En fin, tantas y tantas cosas, que sería imposible acordarme de todas. Sinceramente, yo creo que me ha ido bien y no me quejo, aunque no te niego que podría estar mucho mejor si no fuera por la puñetera crisis que hay en el mundo y que padecemos de manera singular en España. Supongo que hasta Reino Unido llegarían las alarmantes cifras de paro que padecemos en nuestro país: ya somos 4,9 millones de parados. ¡Qué desastre, tío! Como supondrás, la gente anda muy preocupada y alterada. No te digo nada en el periodismo, donde la precariedad campa a sus anchas. Si yo te contara... Ante este panorama tan mediocre, el deporte es la válvula de escape para olvidar los problemas que marcan el día a día. No quiero pecar de pesimista, pero los triunfos de nuestros deportistas y equipos de fútbol son el único bálsamo contra el malestar imperante. ¿Estás de acuerdo? Por si tienes alguna duda, mira este vídeo:
Jamás celebré tanto un gol. Fue, sin duda, la mayor alegría que me ha dado el fútbol hasta ahora. Y espero que sea el principio de muchas. Supongo que ese gol significará para ti lo mismo que para mi: la gloria. El gol de un tipo de Fuentealbilla llamado Andrés, que juega en el Barcelona y que dio al fútbol español la Copa del Mundo, el trofeo más deseado. Nada mejor que esta alegría para olvidar las penas que atenazan a diario a todos los españoles. Pensarás que te exagero si te digo que vi pasar mi vida entera mientras contemplaba ese partido de fútbol entre España y Holanda, pero no te miento. Es la verdad. Sabes que tengo muchos defectos pero ser un mentiroso no es ninguno de ellos. Y te puedo asegurar que aquel partido recorrió mi existencia durante unos 120 minutos aproximadamente. Sentí las patadas de los holandeses, metí la pierna junto a Íker para despejar el chut de Robben, salté para despejar de cabeza los balones que colgaban en nuestro área, golpee con fuerza el balón para alejar el peligro de nuestra portería y, por último, yo también chuté con Iniesta para marcar el gol de la victoria. Sufrí como nadie pero también lo disfruté como nadie. Y vivir estas sensaciones tan emocionantes en los tiempos que corren, no tiene precio.
Han pasado unos meses desde aquel mes de julio. Han pasado 19 años desde la primera gran alegría que viví gracias al fútbol. Ahora, en este mes de mayo de 2011, quiero volver a gozar con un deporte que consiste en algo más que en meter un balón dentro de una portería: es un deporte capaz de unir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de intriga, satisfacción, nerviosismo, indignación, desesperación, felicidad... Es el football, un deporte que nació en el Reino Unido y que actualmente practican más de 270 millones de personas. No me extraña. En tu honor y en el de aquellos precursores que tuvieron la genial idea de inventarlo, la final de la Copa de Europa de clubes de este año se disputará en Wembley. Y tú la verás porque tú la vas a acoger. Gracias Wembley. En tu honor va esta carta porque, en tu honor, el fútbol vuelve a casa, a Londres, para coronar a mi Barça o al grandísimo Manchester United de Sir Alex Ferguson. Posiblemente los dos mejores equipos del mundo; sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practican hoy por hoy. ¡Qué gran honor para ti recibirlos, amigo Wembley! Ocurra lo que ocurra, confiando en vivir una alegría como la de 1992, yo ya estoy satisfecho porque "Football´s coming home". El fútbol vuelve a casa, a tu casa. ¡Disfrútalo!
Algún día nos encontraremos y te daré un abrazo que ya nunca olvidaremos. Prometido.
¡Cuánto tiempo! Nada más y nada menos que 19 años. ¡19 añazos! Ya casi han pasado dos décadas desde aquel 20 de mayo de 1992. Qué día, ¿verdad? Un día tan lejano y tan próximo. Tan memorable para unas cosas como pasajero para otras. Un día que ha pasado a la historia. A la tuya y a la mía. Y a la de tanta gente. De aquella, yo tenía 8 años y no estaba tan crecidito como tú, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer. La emoción, la intriga, el miedo, los nervios y, sobre todo, el subidón de alegría. Aunque, espera, en realidad debería decir aquellos días, porque yo viví esta tremenda satisfacción un día después, por la tarde y en el sofá de mi casa. No podía estar ante la televisión un miércoles hasta las tantas de la noche. La dura vida del estudiante, amigo... Y lo disfruté al día siguiente. Jueves por la tarde. Lo veía mientras merendaba, sentado en el sofá del salón de mi casa. Todavía recuerdo el bote que di para celebrarlo. Ese día ha pasado a la historia como el día en el que me aficioné al fútbol, el día en que me hice seguidor de un equipo de fútbol llamado Fútbol Club Barcelona.
No, yo tampoco lo puedo evitar y se me sigue poniendo la piel de gallina cuando veo el gol de Koeman, cuando veo ese balón entrar ajustado a la derecha de Pagliuca, el portero de la Sampdoria. Este vídeo tiene, para mi, un significado muy especial porque, como habrás escuchado, suena de fondo la irrepetible "Barcelona", esa canción que inmortalizaron la gran Montserrat Caballé y el mito Freddy Mercury. Un sonido que, a la larga, acabó siendo la banda sonora de aquel 1992. Porque después vinieron los Juegos Olímpicos de Barcelona, los Juegos que pusieron a España en el mapa internacional. Y el segundo Tour de Francia de Induráin, y la Expo de Sevilla... En fin, colega, un año para la historia. El mejor año posible para que cayera el Fútbol Club Barcelona ganara su primera Copa de Europa.
Desde aquel inolvidable 1992 han cambiado muchas cosas. Tantas... Si me pusiera a enumerarlas todas, no acabaría nunca y me eternizaría. A nivel personal ya sabes todo lo que vino después: la mudanza, el cambio de "cole", el comienzo en el instituto, el Bachillerato, la PAU, la carrera de Periodismo, las prácticas, el Master... En fin, tantas y tantas cosas, que sería imposible acordarme de todas. Sinceramente, yo creo que me ha ido bien y no me quejo, aunque no te niego que podría estar mucho mejor si no fuera por la puñetera crisis que hay en el mundo y que padecemos de manera singular en España. Supongo que hasta Reino Unido llegarían las alarmantes cifras de paro que padecemos en nuestro país: ya somos 4,9 millones de parados. ¡Qué desastre, tío! Como supondrás, la gente anda muy preocupada y alterada. No te digo nada en el periodismo, donde la precariedad campa a sus anchas. Si yo te contara... Ante este panorama tan mediocre, el deporte es la válvula de escape para olvidar los problemas que marcan el día a día. No quiero pecar de pesimista, pero los triunfos de nuestros deportistas y equipos de fútbol son el único bálsamo contra el malestar imperante. ¿Estás de acuerdo? Por si tienes alguna duda, mira este vídeo:
Jamás celebré tanto un gol. Fue, sin duda, la mayor alegría que me ha dado el fútbol hasta ahora. Y espero que sea el principio de muchas. Supongo que ese gol significará para ti lo mismo que para mi: la gloria. El gol de un tipo de Fuentealbilla llamado Andrés, que juega en el Barcelona y que dio al fútbol español la Copa del Mundo, el trofeo más deseado. Nada mejor que esta alegría para olvidar las penas que atenazan a diario a todos los españoles. Pensarás que te exagero si te digo que vi pasar mi vida entera mientras contemplaba ese partido de fútbol entre España y Holanda, pero no te miento. Es la verdad. Sabes que tengo muchos defectos pero ser un mentiroso no es ninguno de ellos. Y te puedo asegurar que aquel partido recorrió mi existencia durante unos 120 minutos aproximadamente. Sentí las patadas de los holandeses, metí la pierna junto a Íker para despejar el chut de Robben, salté para despejar de cabeza los balones que colgaban en nuestro área, golpee con fuerza el balón para alejar el peligro de nuestra portería y, por último, yo también chuté con Iniesta para marcar el gol de la victoria. Sufrí como nadie pero también lo disfruté como nadie. Y vivir estas sensaciones tan emocionantes en los tiempos que corren, no tiene precio.
Han pasado unos meses desde aquel mes de julio. Han pasado 19 años desde la primera gran alegría que viví gracias al fútbol. Ahora, en este mes de mayo de 2011, quiero volver a gozar con un deporte que consiste en algo más que en meter un balón dentro de una portería: es un deporte capaz de unir a miles de personas bajo un mismo sentimiento de intriga, satisfacción, nerviosismo, indignación, desesperación, felicidad... Es el football, un deporte que nació en el Reino Unido y que actualmente practican más de 270 millones de personas. No me extraña. En tu honor y en el de aquellos precursores que tuvieron la genial idea de inventarlo, la final de la Copa de Europa de clubes de este año se disputará en Wembley. Y tú la verás porque tú la vas a acoger. Gracias Wembley. En tu honor va esta carta porque, en tu honor, el fútbol vuelve a casa, a Londres, para coronar a mi Barça o al grandísimo Manchester United de Sir Alex Ferguson. Posiblemente los dos mejores equipos del mundo; sin duda alguna, los dos equipos que mejor fútbol practican hoy por hoy. ¡Qué gran honor para ti recibirlos, amigo Wembley! Ocurra lo que ocurra, confiando en vivir una alegría como la de 1992, yo ya estoy satisfecho porque "Football´s coming home". El fútbol vuelve a casa, a tu casa. ¡Disfrútalo!
Algún día nos encontraremos y te daré un abrazo que ya nunca olvidaremos. Prometido.
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miércoles, 23 de febrero de 2011
El empate de las contradicciones
La imagen de Florentino Pérez en el palco del Gerland resume a la perfección cómo fue el partido de anoche para el Real Madrid. Viendo esta instantánea, a la gente le entran las dudas. No se sabe si el presidente celebraba el gol de Benzema, reclamaba el posible penalti por manos de Gourcuff o se lamentaba tras perder la oportunidad de dejar sentenciada la eliminatoria. En cualquier caso, la foto de un Florentino más espontáneo de lo habitual capta muy bien el ambiente contradictorio que ha dejado entre el madridismo el empate conseguido anoche ante el Olympique de Lyon.
En los últimos minutos se ha confirmado que Florentino Pérez festejó así el gol de Benzema. Una imagen que recuerda a las celebraciones que protagoniza el nuevo dueño del Racing de Santander, el jeque indio Ali Syed. La foto da pie a pensar que, si Florentino Pérez es el protagonista de los minutos posteriores a un partido de octavos de la Liga de Campeones, el encuentro fue muy raro. ¿Lo fue? No es fácil descifrar el partido que sacó a la luz la cara más locuaz del presidente del Real Madrid.
Fue un partido contradictorio. Por un lado deja un poso de ilusión entre los madridistas que han vuelto a disfrutar con un Benzema capaz de decidir una eliminatoria por si mismo. Ya lo hizo en las semifinales de la Copa del Rey, con su gol en el Sánchez Pizjuán, y repitió faena en su antiguo hogar futbolístico. Sin embargo, al francés no le debió de parecer el tanto más importante y feliz de su carrera deportiva porque no lo celebró. Karim no quería ofender a los que habían sido sus compañeros y a la que había sido su afición. Por eso optó por contenerse ante su gente. "Les marcó, sí, pero que sepan que lo siento mucho", pareció reflexionar el delantero después de su ´fechoría´.
Benzema es un jugador que ya está bastante rodado futbolísticamente pero que no termina de encontrar su sitio en el Real Madrid. Ese sitio que tan clarísimamente pareció encontrarle Florentino Pérez cuando le fue a fichar a su casa. El máximo mandatario del conjunto blanco creyó haber encontrado al nuevo Ronaldo. Y esa impresión le ha pasado factura al bueno de Karim durante todo este tiempo. Es cierto que por fortaleza física y regate en velocidad recuerda en cierto modo al eterno cazagoles brasileño, pero las comparaciones siempre han sido odiosas. Y cuando se trata de analizar asuntos futbolísticos, aún más. Benzema es Benzema. Ni es Ronaldo ni es Anelka. Tiene un estilo propio que gustará más o gustará menos. Pero tiene su estilo.
El aire de meritorio persigue a Benzema, algo que contrasta con el grado de implicación que se está dando con Adebayor. A pesar de que llegó hace poco más de un mes al Real Madrid, parece que el togolés lleva toda la vida en el equipo blanco por su desparpajo y su compromiso con la causa madridista. Sus compañeros lo saben y le tratan con el cariño, respeto y complicidad que merece un veterano. También lo sabe Mourinho y por eso le sacó de titular en el Gerland. El portugués confiaba en que la contundencia y el esfuerzo de ´Manolito´ bastarían para traer de cabeza a los defensas del Lyon. Y bien que lo intentó el chaval pero se dedicó en exceso a la contención más que a la definición. Al final, Mou tuvo que recurrir a Karim.
Con ese aire bohemio que le caracteriza, Karim saltó al campo recibiendo una calurosa ovación de una hinchada a la que sí le ha caído en gracia. Pero Karim había decidido que esta noche no tocaba ser Karim; tocaba ser Benzema, el profesional que es capaz de desequilibrar un partido en su primera intervención. Le bastó con ayudar a Ozil en la presión, seguir la jugada, estar bien colocado en posición de gol para recibir el balón y tirar a puerta. Una receta más vieja que la de las lentejas, sobre la que Mourinho le viene insistiendo a Benzema desde que lo entrena. Esta vez, el chaval captó el mensaje a la primera y ejecutó la receta a la perfección para poner por delante a su ´actual´ equipo. Conviene resaltar lo de actual porque parece que el Lyon lo quiere recuperar para su causa.
Con ventaja en el marcador y mayor determinación que en otras ocasiones, el Madrid vivía una tesitura muy favorable para romper su mala racha en el Gerland de Lyon. Antes del gol ya había dispuesto de tres buenas ocasiones protagonizadas por Cristiano Ronaldo y Sergio Ramos. En la primera, un durísimo lanzamiento de falta del portugués se estrelló en la cruceta de la meta defendida por Lloris; después, Sergio Ramos se anticipó a todos y cabeceó a la escuadra un saque de esquina y, a los pocos minutos, llegó la jugada polémica del partido. Cristiano ejecutó una falta que pegó en el codo de Gourcuff y generó múltiples protestas de todo el madridismo. Mourinho saltó al campo a protestar y, cumpliendo con el deseo del portugués, parecía que Florentino acompañaría su litigio desde el palco, pero el ser superior se reservaba para el gol del hijo pródigo.La hinchada francesa no parecía dispuesta a consentir que el equipo de su añorado Karim rompiese los maleficios y lanzó un conjuro en forma de ánimos continuos para espolear a su escuadra. Y lo consiguieron. El Lyon se fue con decisión al ataque, abriendo de par en par la posibilidad de un intercambio de golpes, y el Real Madrid lo pagó. Dejó huecos en defensa y por uno de esos huecos se coló el siempre astuto Gomis para marcar el gol del empate. Un tanto que mantiene el maleficio blanco en territorio francés y que deja al madridismo con una sensación contradictoria. Sin embargo, ganan los optimistas porque en la vuelta les valdría hasta con un 0-0 para pasar de ronda. De lo contrario, sí que deberían empezar a creer en un maleficio.
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