lunes, 26 de enero de 2009

Una manita que sonroja al sportinguismo



No pudo ser peor el debut del portero Iñaki Lafuente. Tras el bálsamo de la Copa del Rey, el Sporting volvió a sacar a relucir sus clamorosas carencias defensivas y las irritantes faltas de criterio ofensivo que se manifiestan en los últimos partidos. Desde la victoria en Montjuic contra el Espanyol (0-1) el 30 de noviembre de 2008, el equipo de Preciado no ha vencido a domicilio. Se entregó al Athletic en San Mamés (3-0); no pudo con el Málaga en La Rosaleda (1-0); perdió en Zorrilla ante el Valladolid en la Copa del Rey (2-1), aunque el resultado le valía para acceder a cuartos de final; y naufragó ante el Recreativo de Huelva en el Nuevo Colombino (2-0). El bagaje es horrendo. La mala imagen de ayer en el Coliseo Alfonso Pérez, que se suma a la mostrada en los últimos desplazamientos, rebaja la fuerza del Sporting como visitante, le arranca un enorme pedazo de crédito y alimenta las incógnitas sobre la confección de la plantilla. La manita endosada por el Getafe, abrumadoramente superior, pone en evidencia a un conjunto que agoniza lejos de El Molinón sin que nadie lo remedie. El club no advierte el peligro, satisfecho con los detalles técnicos de Carmelo, la disposición táctica de Pedro y las arrancadas de Barral, que sirven para ganar partidos en feudo propio pero no levantan remontadas.

Pese a que el Sporting pudo inaugurar el marcador con un cabezazo de Matabuena, el partido ya estaba sentenciado a los 20 minutos. Tiempo suficiente para que el Getafe encarrilara el encuentro gracias a dos tempraneros goles. El primer tanto es sonrojante porque es la demostración clara de cómo no debe defender un equipo de fútbol. Soldado, que acababa de entrar al terreno de juego, superó a placer a Lafuente aprovechando una innecesaria cesión de Jorge. A partir de aquí, el Sporting se convirtió en un pelele a merced de su rival. Hasta el endiablado disparo de Granero, que se inventó un lanzamiento portentoso e imprevisible, contó con la inestimable colaboración de la cabeza del central rojiblanco Neru antes de colarse en la meta sportinguista. La mala suerte y la falta de concentración condenaron a los hombres de Preciado, que no mostraron la picardia necesaria para superar la adversidad. Mucho toque en campo contrario, pero pocas ocasiones. Aún así, David Barral recortó distancias antes del descanso tras una buena acción individual culminada con una precisa definición ante el guardameta Jacobo. Se volvió a demostrar que este equipo puede hacer grandes cosas cuando quiere.

Tras el descanso, Barral volvió a disponer de una clara oportunidad para marcar gracias a un buen pase de Kike Mateo, pero el gaditano envió su disparo al cuerpo de Jacobo. Ahí se acabaron las oportunidades rojiblancas. El Getafe se lanzó con decisión hacia la porteria del Sporting, conscientes de que Lafuente y los zagueros sportinguistas no tenían su día. Soldado consiguió el tercer tanto gracias a una magnífica jugada de Uche, que cabalgó sin freno hasta el área sportinguista para poner un sensacional pase en boca de gol. Tras otra ocasión de Soldado, Preciado sustituyó a Camacho por Maldonado, y a Pedro por Bilic, lo que fomentaba el desbarajuste. Uche marcó el cuarto desde el área grande aprovechando un magistral pase de Casquero mirando al tendido al más puro estilo Michael Laudrup. Soldado logró el humillante quinto gol al transformar un penalty cometido por Neru, que no supo frenar el avance del punta valenciano y lo derribó de manera clara. Hay determinados errores que un gángster que se precie no puede cometer si no quiere ser alimento para las carpas. Por si el panorama no fuera suficientemente terrorífico, Preciado, en plena tormenta, sacó a Lora en lugar de Carmelo, inédito. El canario navega sin rumbo cuando el equipo naufraga. En los último minutos, el público del Coliseo coreó con "olés" las jugadas de su equipo mientras que el entrenador del Gefafe, Víctor Muñoz, agradecía a sus rivales la inyección de liquidez que le dispensaron.

Más allá de los errores que se cometieron ayer, la derrota del Sporting es consecuencia de un error de cálculo a la hora de afrontar la actual situación con el equipo vivo en dos competiciones. Nadie puso sobre la mesa la necesidad de una renovación defensiva urgente, imprescindible tanto para mejorar la zaga, como para aportar profesionalidad a un bloque a medio hacer. La solución de urgencia que se sacó de la manga el entrendor cántabro, con Camacho y Matabuena en el doble pivote, no dio resultado y se mostró insuficiente a la hora de corregir la falta de entendimiento. La responsabilidad de los fichajes la comparten presidente, director deportivo y entrenador, además de los medios de comunicación a los que se les debe exigir mayor capacidad para la crítica y, en algunos casos, más claridad a la hora de difundir informaciones y opiniones.

Preciado es responsable de no haber gestionado con eficacia la política de las rotaciones (que ha provocado grandes incongruencias), por no moverse con suficiente rapidez en el banquillo, por ser excesivamente generoso con los suplentes y por no apostar decididamente por futbolistas competentes y comprometidos como Jorge, al que no se puede condenar al ostracismo por haber cometido un error puntal después de ser una referencia en el equipo del ascenso y el autor del gol que resucitó al equipo en la Copa; Camacho; Castro; Bilic; Canella; Mateo; Sastre o Gerard. La culpa de Preciado es que no se aclara entre el equipo de Liga y el de la Copa. Pero no es el culpable. Los jugadores deben tener una capacidad mayor para buscar soluciones sobre el terreno de juego sin necesidad de mirar al banquillo o a la grada. Ni egoísmo ni ingenuidad, simplemente saber jugar al fútbol con sentido común, optando por la solución más coherente en cada caso. Esta petición se puede extender al guardameta Lafuente, al que se fichó para ser un digno reemplazo de Sergio Sánchez y no un coladero. En la nómina de presuntos incluyo al "Tati", cuyo fichaje me empieza a oler a podrido por su falta de compromiso en el campo y su escasa aportación al juego del equipo.

Si este equipo aspira a clasificarse para las semifinales de la Copa del Rey superando al Athletic de Bilbao, ¿no va a tener oficio suficiente para jugar con criterio a los equipos de la mitad de la tabla de Primera? Veremos qué pasa en los cuatro próximos partidos ante los grandes (Sevilla, Barcelona, Real Madrid y Villareal). Tengamos la esperanza de que este Sporting, a medio camino entre su juego gris de empaque, tránsito lento, balón al pie y maravillas de cuando en cuando, vuelva a ser un equipo dinámico, de presión, toque, desmarque y salida rápida como en la mayor parte de la primera vuelta. Ocasiones no le van a faltar.

No hay comentarios: