Empieza una nueva era de ilusión global con Barack Obama en la Casa Blanca. Ya sé que me estoy metiendo en un terreno ajeno al deporte, pero no me puedo resistir a analizar un momento histórico. Lo que hasta ahora parecía un sueño, se ha convertido en realidad. Se despide una época marcada por la zafiedad, la incompetencia y el rencor del mandato de George W. Bush, para iniciar una nueva etapa. Luminosa, electrizante, prometedora. Obama se convirtió a las doce del mediodía (hora local en Washington) del 20 de enero de 2009, en el primer presidente afroamericano en la historia de los Estados Unidos, un hecho insólito que culmina el viejo sueño americano por alcanzar la igualdad de oportunidades y la libertad de todos sus habitantes. Millones de personas en todo el planeta siguieron con atención la toma de posesión del 44º presidente estadounidense, guiados por la emoción y el interés que desprende un hombre con una gran dimensión política y moral. Unas cualidades innatas que este hombre pondrá al servicio de la superación de la crisis que el mundo padece en la actualidad. En su discurso de investidura ya dejó ver que la resolución de la recesión económica, el final de dos guerras y la caída del prestigio americano serán sus principales retos."La esperanza se impondrá al miedo y la voluntad común se impondrá al conflicto y al desacuerdo", prometió Obama. No será fácil y el presidente asume que necesitará el trabajo de todos, grandes cambios y la recuperación de viejos valores soterrados en los últimos ocho años. Un tiempo oscuro que recibe como un catálogo completo de problemas, cada uno con una solución muy difícil, y que supone una herencia aplastante. Pero él no se acobarda y apela al comienzo de "una nueva era de responsabilidad", en la que cada ciudadano deberá aportar su esfuerzo al bien del país y de la humanidad, para solventar el desafío. El idealista discurso de Obama lo deja claro. "Hay que decir adiós a la infancia porque eso ya es algo superado". Para ser poderoso "hay que creer en la justicia y en el respeto a los derechos del hombre", apuntó. Su fé absoluta en la fuerza motriz de la esperanza la respalda un pueblo entregado y completamente optimista ante el porvenir.
"Quiero deciros hoy que los desafíos que tenemos por delante son reales, serios y muchos. No podremos resolverlos ni fácilmente ni en un corto periodo de tiempo", advirtió. "Nuestra capacidad", añadió, "se mantiene intacta. Pero el tiempo de quedarse quieto, de proteger intereses estrechos o de relegar las decisiones incómodas, ese tiempo, seguramente, ha pasado. A partir de hoy, tenemos que ponernos de pie, reinventarnos y empezar otra vez el trabajo de rehacer América". ¿Cómo? Obama tiene la fórmula. "Valores como el trabajo duro y la honestidad, el coraje y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo son cosas viejas, pero son cosas de verdad. Hoy se requiere el retorno a esas verdades. Lo que se requiere de nosotros ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento de parte de cada estadounidense de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, con nuestra nación y con el mundo". En resumen, mirar al pasado para encarar el futuro. El mejor instrumental para afrontar los retos porque entiende que esos ideales encierran una gigantesca capacidad de transformación.
Debemos concederle un margen a Barack Obama. Seguir su recomendación de actuar con humildad y contención para enterrar las turbulencias que confundieron a todos los habitantes del planeta durante el difuso mandato de Bush. Aceptemos que Obama apela a recorrer un nuevo camino en relación al mundo musulmán; tiene la voluntad de juzgar a los líderes que culpan a Occidente de los problemas de sus sociedades; a su interés por combatir a los corruptos y a los tiranos; confíemos en que cumplirá sus promesas de que las tropas de Estados Unidos abandonarán Irak y acabar con el calentamiento global; y soñemos con una derrota inminente del terrorismo y de todos los asesinos que causan la muerte de inocentes. La avaricia, la irresponsabilidad y los intereses estrechos que orientaron la legislación neoliberal de Bush han fracasado. Nace una nueva filosofía que demuestra que los ecos del clásico puritanismo norteamericano no desaparecieron. Sin perder de vista esos conceptos, ahora, cuando el mundo comparte una misma sensación de que la fiesta ha terminado, se reclama una nueva conciencia del sacrificio. Y el presidente de los Estados Unidos extiende esta advertencia a todo el planeta porque confía en lo que "hombres y mujeres libres pueden conseguir con imaginación cuando unen sus fuerzas en un mismo propósito".
El día de la toma de posesión de Barack Obama fue mágico, propio de una superproducción de Hollywood, al igual que toda la carrera política de este afroamericano. Todo el mundo celebra su coronación, que constituye un deslumbrante tributo a la democracia. No creo que Obama frecuente las bases navales tantas veces como su antecesor, entre otras cosas porque le cogerá lejos de casa y los conflictos le apartarán de afrontar desafíos mayores. Sí, es verdad que es el comandate en jefe de las Fuerzas Armadas pero eso es un cargo que no le apartará del sueño de hacer un mundo mejor inspirado en la justicia y la paz para lograr un futuro próspero. España seguirá sus pasos y esperemos que él también siga los nuestros con el fin de conseguir un mayor estrechamiento de las relaciones. La unión de todos los esfuerzos es la mejor receta para afrontar los males de una herencia nefasta. Tengamos ilusión, sin hacernos ilusiones.

































