Di María aprovecha un error del guardameta del Barcelona para avivar las opciones del Real Madrid
Los madridistas se quejan de que Pedro estaba en fuera de juego en el gol del empate
Recital de Iniesta y oportuna aparición de Messi para adelantar al Barça de penalti
Estamos en agosto. Seguimos en pretemporada. Aunque haya comenzado ya la Liga, los equipos están de rodaje. La Supercopa de España
no deja de ser una partida de poker de andar por casa. Si tienes una
buena mano, te puedes llevar el premio pero sin llegar a hacer un ´All
In´. Hasta entonces, te lo pasas bien. El intercambio de movimientos es
entretenido e interesante, intenso e imprevisible. Juegos reunidos.
Fútbol de verano. Una buena opción para combatir el calor veraniego.
Cuando los jugadores tienen cartas tan buenas, el resultado es una
partida como la de esta noche en el Camp Nou.
El primer periodo dejó malas sensaciones entre el respetable. Que si
no hay ocasiones, que si faltan estrellas, que si no hay ritmo… Entre
el calor y la falta de minutos de los jugadores, el partido era una cama
sin sábanas. Te las quitas porque tienes calor, pero temes el
traicionero frío de madrugada. Me refiero a las ausencias de Jordi Alba, Cesc Fábregas, Di María o Higuaín
en los onces titulares. Ellos son las sábanas que calientan un partido y
esa fue la razón que dejó fríos a muchos aficionados al final de los
primeros 45 minutos. A pesar de todo hubo ocasiones y jugadas
interesantes. Diamantes compartidos.
Piqué hizo un gran trabajo de contención, e incluso de creación; Xavi, una vez más, fue el mariscal de la posesión del esférico; Alves, hiperactivo en las incursiones por la banda derecha. En el Real Madrid, Xabi Alonso era la brújula que orientaba el juego y la defensa formada por Coentrao, Ramos, Albiol y Arbeloa
resolvía los ataques de los azulgrana con acierto, aunque para ello
empleando mucha dureza en algunos momentos. El Camp Nou dedicó una
monumental pitada a Clos Gómez por no penalizar una dura entrada de
Coentrao sobre Messi. Al descanso se fueron con amarilla Xabi Alonso, Arbeloa y Mascherano,
este último por una durísima entrada sobre el lateral portugués
madridista. Los aficionados bostezaban. Entre la hora y el desarrollo
del primer tiempo, echaban en falta estar en una terraza tomando algo al
raso disfrutando de la canícula estival.
La segunda parte fue otra historia. Parecía el Carranza. O el Teresa Herrera.
Los jugadores de ambos equipos salieron muy mentalizados al terreno de
juego y la partida se puso muy interesante. El intercambio de golpes
comenzó con un dudoso penalti sobre Alexis, que Clos Gómez no señaló. El colegiado aragonés no defraudó las expectativas y tuvo mucho protagonismo. Como lo tuvo el día que Mourinho salió a la sala de prensa del Santiago Bernabeu con la famosa lista, o cuando expulsó a Guardiola en Almería. Muchos árbitros poseen la extraña habilidad de sacar de quicio a simios y troyanos. Y en la vuelta, cita con Mateu Lahoz. Pedro Piqueras pide la palabra para describir lo que se puede vivir ese día en Madrid.
Pero los indiscutibles protagonistas del segundo tiempo fueron los jugadores. Cristiano Ronaldo apareció de la nada para marcar el primero con un cabezazo a la salida de un corner botado por Ozil y marcar su cuarto gol consecutivo en el Camp Nou. El portugués siempre
tiene una buena mano. Pero no tardó en llegar la respuesta del Barça.
Pedro también se maneja bien en la línea del azar y, aprovechando un
pase magistral de Mascherano, le ganó la espalda a Coentrao y batió a Casillas
con un disparo cruzado. Los madridistas lamentan que el canario se
maneja tan bien porque hace trampas e inciden en que partió en posición
anti reglamentaria en la jugada del gol. Empate técnico en la partida
hasta que Messi desniveló la balanza al transformar un penalti claro de
Ramos sobre Iniesta.
Hay jugadores para los que no existe la pretemporada. Ellos siempre
juegan al máximo nivel. Caso de Andrés Iniesta. Afronta cada partido
como si fuera una final, incluso las semifinales veraniegas a doble
partido. Su recital de pases, controles y regates en cada partido
debería de grabarse en vídeo y difundirlo por escuelas de futbolistas de
todo el país. El de ayer no fue una excepción. Y la prueba irrefutable
es el pase que le sirvió a Xavi para lograr el 3-1. Volvía a aparecer la
pareja más productiva del fútbol internacional. Todo parecía
encarrilado para el Barcelona, que buscaba el cuarto gol para vencer la
partida a lo grande.
Pero en esas se enredaron Adriano y Valdés
con un “quitame allá esa cesión” y el más listo de la clase, Di María,
se movió con la agilidad de un fideo para marcar un gol que enreda la
Supercopa y pone picante al primer trofeo de la temporada futbolística.
Las complicaciones del guardameta del Barça con las cesiones son dignas
de estudio, aunque no se puede obviar la mala actuación defensiva en los
goles del Real Madrid. Marcajes inexistentes.
El desenlace, en unos días, en el Santiago Bernabéu. Habrá que volver a
escribir rápido para no terminar esta crónica a la hora del desayuno.
A estas horas, uno ya no sabe si toca cenar o desayunar. Probablemente,
los futbolistas tampoco.
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viernes, 24 de agosto de 2012
domingo, 11 de diciembre de 2011
Italia, Irlanda y Croacia, los rivales de España en la Eurocopa 2012
España debutará en la Eurocopa 2012 el domingo 10 de junio ante Italia, a las 18:00 horas, en Gdansk (Polonia). Se medirá a Irlanda, en el mismo estadio, el jueves 14 de junio a las 20:45 horas y el tercer partido será ante Croacia, el lunes 18 de junio, también a las 20:45 y en Gdansk. En consecuencia, España ha evitado a Alemania, una de las selecciones más temidas por Vicente del Bosque y los miembros de la Federación Española. La vigente campeona de Europa y del mundo también se ha visto beneficiada porque disputará la primera fase del campeonato en Polonia, tal y como había pedido el staff técnico federativo.
El llamado grupo de la muerte será el B, que lo integran Holanda, Dinamarca, Alemania y Portugal. Robben, Sneijder, Ozil, Cristiano Ronaldo y los daneses que enviaron a la repesca a los hombres de Paulo Bento, se cruzarán en una liguilla que deparará duelos muy intensos. El cruce de cuartos para la selección española será con el grupo D, que lo integran Ucrania, Suecia, Francia e Inglaterra. En cuanto al grupo A, lo componen Polonia, Grecia, Rusia y República Checa, y teóricamente es el más flojo del torneo.
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lunes, 19 de septiembre de 2011
Somos los mejores
¿Y España, qué? ¿Otra vez campeona de Europa? Sí. Una vez más. Como en 2009. Como en el inolvidable Mundial de Japón de 2006, un campeonato histórico porque allí nació la etapa más gloriosa del baloncesto español. Allí se vivió la génesis de una generación de oro; la generación de los Gasol, Calderón, Navarro, Rudy, Mumbrú… Son admirables. Han conseguido que muchos ya no solo queramos ser tan guapos, ricos y buenos como los futbolistas. Ahora queremos ser jugadores de baloncesto. Nos dejamos barba como ellos ya que no podemos ser tan altos como ellos. Así es la vida. Pero la principal lección que se extrae de su triunfo es que para triunfar no solo importan la belleza y la cuenta corriente, sino que en la vida deben imperar otros valores como el compañerismo, la solidaridad, la lealtad, el buen rollo, la amistad… Y el talento, una aptitud que abunda en el grupo humano que dirige Sergio Scariolo. Si a ese talento innato se le añade la cohesión, el resultado es una pandilla de triunfadores a los que no les asustan los retos, por muy elevados que parezcan.
Ya no hay supersticiones, ni prejuicios, ni ogros. Los deportistas españoles se han sacudido los complejos y ya pueden mirar de tú a tú a cualquier rival. Sin miedo alguno. Vivimos la edad de oro del deporte español y tenemos que pararnos, pensarlo y disfrutarlo. No, no se moleste en pellizcarse: es real. Ya no nos queda ni un fantasma. Ya podemos ser los mejores en fútbol y en baloncesto. El mundo encaja. Se puede ser favorito y ganar, se puede jugar al balón y vivir, se puede ser pequeño y ser grande. El grupo de Scariolo ha demostrado que querer es poder; ellos se empeñaron en asaltar el oro de Lituania porque sabían que partían como favoritos, y lo consiguieron. No les asustaron las expectativas que se habían depositado sobre ellos. Y el inicio dubitativo del Europeo de Lituania no fue más que un espejismo. Esta selección nunca perdió el hambre de títulos, aunque no faltaron las dificultades desde que se lanzó el balón al aire por primera vez en este campeonato. Los jugadores espantaron las dudas a manotazos. Y las hicieron trizas. Como buenos gigantes que son.
Ni la Francia de los siempre amenazantes Parker, Noah, Diaw o Batum pudo resistir la fuerza de España. Son un equipo magnífico, repleto de jugadores con potencial NBA, pero ni eso les bastó para derrotar a la selección española. El músculo francés claudicó ante un rival que no necesitó de grandes esfuerzos defensivos para dominar el encuentro. Le bastó con tener fluidez en el juego de ataque, moviendo el balón de lado a lado, y en estar acertados en los lanzamientos a canasta. Nada más. La baza de Parker en ataque era el único recurso, pero su fogosidad siempre se encontró con el acierto anotador de España. La dirección de Calderón, los lanzamientos de Navarro y los tapones de Ibaka sirvieron para que los hombres de Scariolo empezaran a abrir brecha en el marcador hasta alcanzar los doce puntos de ventaja (46-34).
Solo hubo un momento de incertidumbre. Cuando Rudy cometió una falta antideportiva sobre Parker que provocó una formidable polémica sobre la pista. Se calentó el ambiente y se produjo un desbarajuste que perjudicó a España porque derivó en un triple de Batum y en un parcial desfavorable de 0-7. Pero aparecieron Gasol y Sada para calmar los ánimos y aportaron la lucha e inteligencia, que se echaba en falta en ataque y en defensa. Los franceses se volvieron a acercar al comienzo del tercer cuarto y se redujeron distancias en el marcador (56-49). Entonces volvió a explotar Navarro y, ayudado por la dirección de Calderón, consiguieron hacerse con el dominio de la situación y asfaltaron su camino hacia el oro. Parker se fue a menos, al tiempo que Navarro aumentaba su cuenta de anotación hasta conseguir 27 puntos que vuelven a demostrar quién es el mejor.
Y España ganó. Triunfó el talento, la estrategia y el trabajo en equipo. La generación de oro del deporte español se resiste a abandonar su hábitat natural: el podio, ese mágico lugar en el que todos somos guapos, ricos y buenos. La selección de Scariolo reina en Europa y concentra todos los argumentos que la convierten en un equipo de leyenda. Jamás había alcanzado cotas tan altas el baloncesto español. Jamás tantos quisimos vestirnos la camiseta de tirantes, el pantalón corto y las zapatillas para imitar a las estrellas del basket. Jamás amamos tanto al deporte de la canasta. Y no será porque no estábamos avisados: el ex seleccionador Pepu Hernández ya pronunció una palabra mágica después de ganar el Mundobasket de 2006: “Ba-lon-ces-to”. Él, mejor que nadie, sabía lo que estaba por venir. Ahora solo falta conseguir la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres para conseguir la cuadratura del círculo: la gloria total.
Este relato pudo haber sido una pléyade de elogios a todos y cada uno de los convocados. Méritos para ello han hecho. Pero el recuerdo que mejor destaca el campeonato tan extraordinario que disputaron los hombres de Scariolo, es la imagen de Felipe Reyes levantando el trofeo de campeón de Europa. Felipe, que perdió a su padre durante la fase de preparación, vivió un torneo muy duro. Cuesta mucho afrontar el día a día después de vivir una tragedia como esa. Arropado por la calidad humana que predomina en esta selección, el pívot ha tirado hacia adelante con la mente despejada y sin perder la ilusión. Este compañerismo se reflejó en el gesto del capitán, Juan Carlos Navarro, que le dejó levantar el título. La gloria reserva un lugar eterno para Navarro, tanto por factores deportivos como por humanidad. Y en ese olimpo de la historia también ocupará un lugar destacado Felipe Reyes, cuya entereza demuestra que estos deportistas son oro puro.
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domingo, 18 de septiembre de 2011
Navarro es "ba-lon-ces-to"
Hace unos días se cumplió un lustro desde que Pepu Hernández pronunció una palabra muy importante: “Ba-lon-ces-to”. España acababa de ganar en Japón el Mundial de baloncesto de 2006 y al ex seleccionador español no se le ocurrió un término mejor para definir lo que pensaba en aquellos momentos. En ese combinado estaba un tal Juan Carlos Navarro que, sin ir más lejos, en la final de aquel torneo anotó 2o puntos. Después llegaron las medallas de plata en el Eurobasket de 2007 y los Juegos Olimpicos de Pekín, y el oro en el Europeo de 2009. En estos campeonatos, Navarro jugó un papel fundamental y se convirtió en el jugador más determinante del baloncesto español. No iba a dejar de serlo en el Eurobasket que se disputa estos días en Lituania, y en la semifinal, “La Bomba” volvió a explotar para hacer papilla de la selección de Macedonia. Anotó 35 puntos y lideró una trabajada victoria española, que vale para jugar la gran final y clasificarse directamente para los Juegos Olímpicos que se celebrarán el próximo verano. Se cumplía así el objetivo prioritario con el que afrontaron el torneo continental los hombres de Sergio Scariolo: clasificarse para Londres 2012.
A pesar de lo holgado del marcador (92-80, favorable a los nuestros), no resultó un partido sencillo para España, que no encarriló las cosas hasta los últimos minutos. Macedonia, que venía de derrotar a Lituania, no fue una perita en dulce. Liderados por McCalebb (25 puntos), el combinado macedonio demostró ser un conjunto muy trabajado y correoso, que sabe mover el balón y convierte la movilidad de sus jugadores en una de sus principales armas. Eran conscientes de que jugaban contra colosos, y actuaron como colosos. Portaban con orgullo la bandera del baloncesto balcánico y, en algunas fases del partido, jugaron como si fueran Yugoslavia. ¿Quién se lo iba a decir a ellos? Pero Marin Dokuzovski ha inculcado tal mentalidad ganadora en su equipo, que hombres hasta ahora desconocidos como McCalebb, Ilievski o Antic fueron unos auténticos gigantes del baloncesto. Intensidad, inteligencia, equilibrio y juego colectivo fueron las recetas macedonias para llegar al descanso con ventaja de un punto en el luminoso (44-45).
Y eso que España dominó el partido con holgura de inicio. Scariolo asumió que McCalebb era el principal enemigo del rival y le encargó a Rudy Fernández la tarea de frenarlo. Esa decisión táctica anuló durante el primer cuarto al estadounidense nacionalizado macedonio, al que Llull también ató en corto. El juego interior de Samardzinski y la presencia en el ataque de Antic fueron los principales peligros hasta la salida de Ibaka que, junto a Marc Gasol, lideraron una ofensiva que detuvo la progresión macedonia. Después apareció Navarro y también se sumó a la fiesta Llull, de tal forma que España adquirió una cómoda ventaja (28-18). Y hasta Ricky Rubio participó en la juerga al anotar su primer triple del torneo después de 13 intentos. Pero esta buena noticia se quedó en nada porque Macedonia se repuso.
Los macedonios se recolocaron sobre la cancha y tomaron la iniciativa con un parcial contundente (3-14); el partido se animaba y las expectativas de Macedonia aumentaban. Cortocircuitaron los sistemas del juego español y convirtieron en un vía crucis para España el segundo cuarto. Les entraba todo y alcanzaron los 45 puntos con una facilidad insultante. Solo los triples de “La Bomba” y Calderón, y el trabajo de Pau en la pintura, mantuvieron vivas las opciones españolas. Los de Scariolo se fueron con una desventaja mínima al vestuario y esa era, sin ninguna duda, la mejor noticia.
En el tercer cuarto, los españoles fiaron su futuro a la inspiración de Navarro y la apuesta salió bien. “La Bomba” se hizo fuerte en ataque y comenzó a guiar todas las ofensivas de España. El trabajo impagable de Pau Gasol bajo tableros hizo el resto y Scariolo respiraba al comprobar que sus jugadores habían encarrilado la situación. Pero la mayor cuota de responsabilidad de la reacción la tenía Navarro, que liquidó a Macedonia a base de triples, algunos de ellos auténticas bombas inteligentes inalcanzables para el común de los mortales. Consiguió 19 puntos en 10 minutos que aniquiló las opciones macedonias; a pesar de todo, reapareció McCalebb, que asumió el peso de su selección, y evitó que el último cuarto se conviertiera en un trámite. Hasta que volvió a emerger la colosal figura de “La Bomba” para anotar 6 puntos muy importantes consiguiendo cerrar su bagaje en una cifra estratosférica: 35 puntos, y solo 2 de tiros libres. Una bestialidad.
España se ha vuelto a clasificar para la final de un gran torneo de selecciones, lo que se convierte ya en una sana y bendita costumbre. El rival del próximo domingo será la selección francesa de los siempre amenazantes Parker y Batum, que venció a Rusia con relativa facilidad (79-71). Pero con Pau Gasol y Juan Carlos Navarro en pista, todo parece más fácil. Tienen el talento y el puño de hierro suficientes para solventar los compromisos más inciertos, y eso le da muchas garantías al combinado español. Estandartes de la brillante generación que ganó el Mundial júnior de 1999, Navarro y Gasol son los líderes de una selección de gigantes a la que conviene disfrutar, pase lo que pase el próximo domingo. Porque ya han conseguido que el baloncesto español viva en el cielo.
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
España golea a capela
Fue un amistoso con premio. Solo el aliciente de la clasificación matemática para la Eurocopa del próximo verano dio algo de valor a un simulacro de partido que resultó insultantemente fácil para la selección española. Los hombres de Del Bosque despacharon el trámite con mucha comodidad y una superioridad extrema. No hizo falta ningún esfuerzo extraordinario. Se trataba simplemente de recurrir a la vieja fórmula futbolística, más antigua que un violín: tocar la pelota de lado a lado, buscar los apoyos y llegar con frecuencia a la portería rival para aprovechar el escaso nivel de la limitadísima, e híperpoblada, defensa de Liechtenstein. La acumulación de hombres en la zaga fue el único recurso de un combinado plagado de figurantes de escasa talla internacional. No hubo adversario y España completó el set con facilidad para disfrute de los 15.000 espectadores que llenaron las gradas del viejo estadio de Las Gaunas.
Salvo los goles y las brillantes jugadas de los internacionales españoles, el partido no tuvo nada más. Por no tener no tuvo ni himnos. Hubo problemas con la megafonía del estadio riojano y los aficionados de Logroño, que calentaron ilusionados sus gargantas a la espera de que sonasen los acordes del himno nacional, se quedaron sin entonar el característico y emotivo “lo, lo, lo, lo”. El partido arrancó a capela y casi fue mejor, porque resultaba una ofensa que una pachanga de tal calibre comenzase con el ritual de las grandes ocasiones futbolísticas. Además, el concierto se interpretó sobre el terreno de juego y, en cuanto los españoles comenzaron su recital, el público se entregó a los artistas. Una sabia decisión. La batuta la llevó, una vez más, Xavi Hernández. El maestro dirigió a la orquesta con precisión, acompañado por dos violinistas de lujo: Xabi Alonso y Andrés Iniesta; entre los tres marcaron el ritmo y la intensidad de una interpretación que deleitó a la afición y ensimismó a los rivales. A medida que la partitura se iba interpretando, la goleada se acercaba. Empezaron a llegar los goles.
Aprovechando un perfecto pase desde la divisoria de Xavi, que le dejó mano a mano con el portero, Álvaro Negredo abrió la lata con un zurdazo inapelable que fusiló al guardameta de Liechtenstein. El delantero del Sevilla, que estuvo muy activo desde el arranque del partido, está empeñado en abrirse paso y sacar el billete para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Sabe que para conseguirlo tiene que marcar muchos goles, y en ello está el ariete madrileño que también marcó el segundo de España. Villa tocó de espuela y Negredo, con el exterior del pie izquierdo, ejecutó junto al palo derecho. La orquesta ya estaba afinada y la composición resultaba magistral, acorde al director de orquesta, que también asumió su cuota de protagonismo. En su partido 103 con la selección española, Xavi transformó con mucha calidad una falta desde la frontal del área y demostró que su presencia ofensiva tampoco desmerece. El recital resultaba impagable: la gente quería goles, goles y más goles. Pocos partidos internaciones son propicios para una goleada de escándalo, pero éste era uno de ellos. Y el 3-0 con el que se llegó al descanso, le sabía a poco a más de uno.
A la vuelta de los vestuarios, el recital goleador siguió. Marcó el cuarto Sergio Ramos, casi sin querer, y a los pocos minutos llegó la manita gracias a un gol de Villa, que aprovechó un gran jugada hasta la línea de fondo de su paisano Juanín Mata. Y en esas estábamos cuando Las Gaunas se convirtió en una fiesta total con la entrada de Fernando Llorente al terreno de juego. Se desconoce si la afición riojana lo quiere más por ser hijo adoptivo de la localidad riojana de Rincón de Soto, por buen chaval, por extraordinario futbolista o por guapetón, una circunstancia que puntúa el doble. Lo demuestra la cerrada ovación de las cientos de aficionadas que entraron en éxtasis cuando vieron corretear por el césped al agraciado delantero. En eso, como en tantas otras cosas, ellas tienen la última palabra. Y a los demás no nos queda más que conformarnos con detalles más terrenales como el sexto tanto con el que se certificó la goleada. Un remate de Villa en la línea de gol que aprovechó un gran servicio de Xabi Alonso desde la derecha, y ya lleva 49 goles con la selección. La pena que sienten algunos porque El Guaje no pudo marcar ayer su gol número 50 con La Roja, es directamente proporcional a la que sienten ellas porque no marcase Llorente. Mondo cane.
Lo importante es que todos los instrumentos de la orquesta de Del Bosque volvieron a sonar perfectamente y el recital certificó la clasificación de España para la próxima Eurocopa, en la que tratará de revalidar el triunfo conseguido en Austria hace 3 años y coronar así el Everest del fútbol internacional: enlazar dos Eurocopas y el Mundial. Un reto fascinante por el que también luchará Thiago Alcántara, un virtuoso del balón que ayer debutó con la selección española, cerrando cualquier remota posibilidad de que Brasil nos lo arrebate. Una gran noticia. Todo es armonía en un equipo que suena a gloria.
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martes, 30 de agosto de 2011
¿Hay Liga?
Después de unas semanas muy convulsas por la huelga de los futbolistas españoles, que ha provocado que la Liga comience con una semana de retraso, el desarrollo de la primera jornada no ha servido para cambiar la dinámica de las últimas temporadas. El domingo, el Real Madrid le metió media docena de goles al Zaragoza en La Romareda y, ayer, el Barcelona le endosó una manita al Villarreal. Ante este panorama, el mundo del fútbol se hace una pregunta: “¿Somos la nueva Liga escocesa?”. Algunos creen que no y se basan en el esfuerzo diario de los equipos aspirantes, que pueden subir al trono si a los grandes les llegan las vacas flacas; mientras, otros opinan que la actual situación es insostenible y reclaman “un reparto justo” de los derechos televisivos; a la cabeza se sitúa el denominado “G-6″, formado por Sevilla, Espanyol, Zaragoza, Athletic de Bilbao, Villarreal y Real Sociedad. “O arreglamos esto, o esta Liga es la mierda de Europa”, dijo el presidente del Sevilla el pasado 5 de julio en ´El partido de las 12´ de la COPE. Su pensamiento lo apoyan cada vez más personas. La mejor prueba es que, en las últimas horas, el hashtag #ligademierda se ha convertido en Trending Topic, una de las palabras más usadas en Twitter.
¿Cuál es la solución? Muchos empiezan a pensar en la Superliga Europea, un viejo sueño de los grandes clubs europeos que piensan que así podrían incrementar sus actuales ingresos. Incluso algunos aficionados de los equipos modestos creen que es la mejor alternativa al abrumador dominio que ejercen Barça y Madrid en la Liga española. La idea de la Superliga incluye tres divisiones en base al criterio deportivo y un bonus histórico por los títulos conseguidos que protegería a grandes en crisis como Milan o Ajax. Esta competición, que significaría el adiós a las actuales competiciones de la Champions League y la UEFA Cup, es una vieja reclamación de Florentino Pérez para que los grandes equipos se estén enfrentando continuamente. Barça y Manchester United también hacen fuerza para que la UEFA apoye este proyecto, en el que ya trabajan varios clubs, que podría incluir un sistema de ascensos y descensos similar al que ya existe en los campeonatos ligueros de cada país.
Es pronto para saber si llegaremos a ver esta competición. Hasta que Platini no se pronuncie, no sabremos si habrá la NBA del fútbol mundial. En cualquier caso, no parece una solución descabellada para que los grandes equipos de Europa (Barça, Manchester United, City, Inter, Milan, Bayern, Real Madrid, Chelsea, Liverpool, Galatasaray…) compitan entre sí con una cierta igualdad. En el caso concreto de España, como todos sabemos, los poderosos golean plácidamente a sus rivales y solo se permiten tropiezos puntuales, como la derrota sufrida por el Madrid contra el Sporting en el Santiago Bernabeu (0-1) o del Barça ante el Hércules en el Camp Nou (0-2), sus dos mayores tropiezos ligueros la pasada temporada. Exceptuando traspiés puntuales, los grandes parten con mucha ventaja a nivel económico y deportivo a la hora de aspirar a la victoria en los torneos domésticos. Si no se lucha porque haya cierta ecuanimidad en el reparto del dinero de las televisiones o no se establece un tope salarial, el fútbol está condenado a una muerte lenta. Las gradas de los estadios se irán despoblando, los ingresos desaparecerán y muchos clubs estarán condenados a la desaparición. Y eso nadie lo desea. ¿O sí?
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¡Qué bueno es Messi!
En el deporte, como en la vida, puedes elegir entre lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo, lo alegre y lo triste. Lejos de planteamientos individuales, en la vida casi todos podemos coincidir a la hora de definir el significado de estas aptitudes. En el fútbol ocurre lo mismo. Y el mejor ejemplo ha sido el partido de vuelta de la Supercopa de España entre el Barcelona y el Real Madrid. Hubo momentos buenos y malos, cosas positivas y negativas, y aspectos alegres y tristes. En este caso, la subjetividad puntúa al alza y cada uno puede sacar sus propias conclusiones. Nos vamos conociendo y sabiendo quién es quién en este negocio. Por eso somos capaces de distinguir que el partido de anoche tuvo dos partes claramente diferenciadas: una parte atractiva, que valió la pena y en la que el fútbol brilló con luz propia, y otra parte más oscura, que envilece un espectáculo que atrae a millones de personas en todo el mundo. Y si hablamos de fútbol, una vez más, hay que hablar de Lionel Messi. Digámoslo claramente y desterremos los complejos: Messi es el fútbol.
Podemos recordar polémicas entre jugadores, duras entradas, gestos desagradables, miradas desafiantes, comentarios dantescos y comportamientos despreciables. Pero no. Eso no es fútbol. Quedémonos con lo bueno. Quedémonos con un partido en el que vimos 5 goles y que a nadie habrá dejado con una sensación de indiferencia después de verlo. Quedémonos con una generación de futbolistas que, independientemente de la camiseta que vistan ellos y vistamos nosotros, valen el precio de pagar una entrada al estadio o de pasar más de una hora y media pegados al televisor o a la radio. Fue una noche de fútbol del bueno. Vimos a Casillas, Valdés, Ramos, Alves, Pepe, Piqué, Khedira, Busquets, Xabi Alonso, Xavi, Özil, Iniesta, Cristiano, Messi… También vimos el debut de Cesc Fábregas con la camiseta del Barça. Si por ver, hasta vimos de nuevo a Kaká con el que ya hacía tiempo que no nos encontrábamos en un partido de la máxima rivalidad. El resultado, eso sí, marca la diferencia entre un Real Madrid luchador, que se desfonda en el campo con tal de disparar entre los tres palos, y un Barcelona, que tiene tanta calidad que luce buen aspecto aún en estado embrionario. Porque este equipo todo lo que toca se convierte en oro y no pierde la elegancia ni aunque estemos en pleno verano.
El partido dio síntomas de por donde iba a transcurrir desde el primer minuto, cuando Cristiano lanzó un aviso a Valdés de que esta noche iba a tener trabajo. El Madrid salió revolucionado y taponó con oficio la circulación de balón del Barça, que se veía obligado a jugar en su propio campo por la presión asfixiante de un rival muy bien plantado sobre el terreno de juego. Pero, sin comerlo ni beberlo, el Madrid se encontró con el primer gol en su contra cuando no habían pasado ni 15 minutos desde el inicio. Messi quiso homenajear a Cesc Fábregas, se puso el traje de mediapunta y se inventó una jugada de tiralíneas que terminó con una precisa asistencia para Iniesta, que le puso el sombrero a la jugada ante la impotente mirada de Casillas. El golpe desencajó durante unos minutos al Madrid, pero los blancos no iban a perder de vista la victoria tan temprano. A la salida de un córner, Cristiano, al que nunca se puede descuidar, se quedó solo en el corazón del área y marcó a placer al primer toque. El empate alteró el ritmo del partido y los dos equipos se lanzaron misiles. Pedro, Cristiano, Özil y Messi pusieron a prueba la agilidad y los reflejos de Íker y Valdés, dos colosos bajo los palos.
Pero el Madrid estaba demasiado alterado y ese ritmo alocado lo aprovechó el Barça para acercarse sutilmente al gol. A este equipo le sobran paciencia, inteligencia y bazas para esperar sin perder los nervios sus oportunidades. Hasta que llegan los goles. Forzó un saque de esquina, Piqué aprovechó un barullo en el área para servir un vistoso taconazo que Messi no desaprovechó y culminó con frialdad ante Casillas. Fue un mazazo para el ímpetu madridista que se resume perfectamente en la imagen de Cristiano, arrodillado e impotente ante la majestuosa presencia del crack argentino. Una imagen que vale más que mil comparativas entre ambos jugadores. Los blancos se iban perdiendo al descanso y Mourinho se vio obligado a subir el ánimo de la tropa. Metió a Marcelo en sustitución de Khedira y el equipo ganó en capacidad ofensiva por las bandas. El encuentro se trabó y el carrete ofensivo de los azulgrana se detuvo. En esa tesitura, el Madrid ganó fuelle hasta que empató a la salida de otro córner gracias a Benzema, que actuó como el más listo de la clase y batió a Valdés con un remate seco después de una cadena de rebotes. Todo parecía ir encaminado hacia la prórroga.
El factor Cesc
Pero Guardiola es un hombre que sabe jugar sus cartas. Lo ha demostrado sobradamente desde que se sienta en el banquillo del Barça. Barajó sus cartas y se la jugó con un as: sacó a Cesc Fábregas al campo. Con un Camp Nou puesto en pie para rendir tributo al hijo pródigo, el Madrid perdió el paso y el baile se descompuso. No adivinó Mourinho ningún antídoto para la fórmula futbolística que dispuso su rival y dejó jugar a Cesc. El de Arenys tuvo metros para moverse a su antojo y, en una de sus primeras intervenciones, abrió a la banda derecha para la llegada de Adriano que sirvió un centro al corazón del área que cazó de primeras Messi para batir a Casillas y convertirse así en el máximo goleador de la historia de la Supercopa de España con 8 tantos. El argentino volvía a frustrar las esperanzas madridistas. Porque Messi es así. Cuando le pones a Casillas y la camiseta del Real Madrid delante, vuela y no le hace falta motor para aparecer en el momento oportuno. Lo lleva haciendo toda la vida y aún así sigue sorprendiendo a su rival preferido. Y eso que, paradójicamente, llevaba sin marcar un gol al equipo blanco en el Camp Nou desde el 13 de diciembre de 2008. Cosas del fútbol.
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