Fue un amistoso con premio. Solo el aliciente de la clasificación matemática para la Eurocopa del próximo verano dio algo de valor a un simulacro de partido que resultó insultantemente fácil para la selección española. Los hombres de Del Bosque despacharon el trámite con mucha comodidad y una superioridad extrema. No hizo falta ningún esfuerzo extraordinario. Se trataba simplemente de recurrir a la vieja fórmula futbolística, más antigua que un violín: tocar la pelota de lado a lado, buscar los apoyos y llegar con frecuencia a la portería rival para aprovechar el escaso nivel de la limitadísima, e híperpoblada, defensa de Liechtenstein. La acumulación de hombres en la zaga fue el único recurso de un combinado plagado de figurantes de escasa talla internacional. No hubo adversario y España completó el set con facilidad para disfrute de los 15.000 espectadores que llenaron las gradas del viejo estadio de Las Gaunas.
Salvo los goles y las brillantes jugadas de los internacionales españoles, el partido no tuvo nada más. Por no tener no tuvo ni himnos. Hubo problemas con la megafonía del estadio riojano y los aficionados de Logroño, que calentaron ilusionados sus gargantas a la espera de que sonasen los acordes del himno nacional, se quedaron sin entonar el característico y emotivo “lo, lo, lo, lo”. El partido arrancó a capela y casi fue mejor, porque resultaba una ofensa que una pachanga de tal calibre comenzase con el ritual de las grandes ocasiones futbolísticas. Además, el concierto se interpretó sobre el terreno de juego y, en cuanto los españoles comenzaron su recital, el público se entregó a los artistas. Una sabia decisión. La batuta la llevó, una vez más, Xavi Hernández. El maestro dirigió a la orquesta con precisión, acompañado por dos violinistas de lujo: Xabi Alonso y Andrés Iniesta; entre los tres marcaron el ritmo y la intensidad de una interpretación que deleitó a la afición y ensimismó a los rivales. A medida que la partitura se iba interpretando, la goleada se acercaba. Empezaron a llegar los goles.
Aprovechando un perfecto pase desde la divisoria de Xavi, que le dejó mano a mano con el portero, Álvaro Negredo abrió la lata con un zurdazo inapelable que fusiló al guardameta de Liechtenstein. El delantero del Sevilla, que estuvo muy activo desde el arranque del partido, está empeñado en abrirse paso y sacar el billete para la Eurocopa de Polonia y Ucrania. Sabe que para conseguirlo tiene que marcar muchos goles, y en ello está el ariete madrileño que también marcó el segundo de España. Villa tocó de espuela y Negredo, con el exterior del pie izquierdo, ejecutó junto al palo derecho. La orquesta ya estaba afinada y la composición resultaba magistral, acorde al director de orquesta, que también asumió su cuota de protagonismo. En su partido 103 con la selección española, Xavi transformó con mucha calidad una falta desde la frontal del área y demostró que su presencia ofensiva tampoco desmerece. El recital resultaba impagable: la gente quería goles, goles y más goles. Pocos partidos internaciones son propicios para una goleada de escándalo, pero éste era uno de ellos. Y el 3-0 con el que se llegó al descanso, le sabía a poco a más de uno.
A la vuelta de los vestuarios, el recital goleador siguió. Marcó el cuarto Sergio Ramos, casi sin querer, y a los pocos minutos llegó la manita gracias a un gol de Villa, que aprovechó un gran jugada hasta la línea de fondo de su paisano Juanín Mata. Y en esas estábamos cuando Las Gaunas se convirtió en una fiesta total con la entrada de Fernando Llorente al terreno de juego. Se desconoce si la afición riojana lo quiere más por ser hijo adoptivo de la localidad riojana de Rincón de Soto, por buen chaval, por extraordinario futbolista o por guapetón, una circunstancia que puntúa el doble. Lo demuestra la cerrada ovación de las cientos de aficionadas que entraron en éxtasis cuando vieron corretear por el césped al agraciado delantero. En eso, como en tantas otras cosas, ellas tienen la última palabra. Y a los demás no nos queda más que conformarnos con detalles más terrenales como el sexto tanto con el que se certificó la goleada. Un remate de Villa en la línea de gol que aprovechó un gran servicio de Xabi Alonso desde la derecha, y ya lleva 49 goles con la selección. La pena que sienten algunos porque El Guaje no pudo marcar ayer su gol número 50 con La Roja, es directamente proporcional a la que sienten ellas porque no marcase Llorente. Mondo cane.
Lo importante es que todos los instrumentos de la orquesta de Del Bosque volvieron a sonar perfectamente y el recital certificó la clasificación de España para la próxima Eurocopa, en la que tratará de revalidar el triunfo conseguido en Austria hace 3 años y coronar así el Everest del fútbol internacional: enlazar dos Eurocopas y el Mundial. Un reto fascinante por el que también luchará Thiago Alcántara, un virtuoso del balón que ayer debutó con la selección española, cerrando cualquier remota posibilidad de que Brasil nos lo arrebate. Una gran noticia. Todo es armonía en un equipo que suena a gloria.
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